miércoles, 31 de diciembre de 2014

El "No"............


        " ¿ Siempre dice ´no´ ? Ahora entiendo por qué se la ve tan triste. Ha dejado instalar en su     interior el ´no´, y la sombra de esa palabra es alargada. Destierrela de una vez por todas o     acabará paralizándola"

       Angela Becerra - " Ella, que todo lo tuvo"



     La madre de un niño de poco más de dos años, que todavía no habla, me respondió -cuando me mostré sorprendido porque su pequeño manejaba muy bien el "no" y silenciaba totalmente el "si"- que quizás ello se debía al hecho de escuchar casi permanentemente el "no" en boca de los mayores, cuando se dirigían a él. "No te acerques a eso...."; "¡ no lo toques!!"....."noooooooooooo", expresado en distintas variantes y a diferentes niveles de voz.....y creo que tenía razón.

     No es habitual que nos dirijamos, sobre todo a los niños, instándolos a proseguir con lo que están haciendo con un efusivo "siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii", y en cambio los dejamos hacer simplemente en silencio, o a lo suma acompañándolos con una sonrisa, pero es dificil equiparar nuestras afirmaciones a las permanentes negaciones que nos van escuchando decir.

     Y esta idea, que me pareció correcta para explicar esa diferencia en el lenguaje, me permitió seguir pensando que, en realidad, aquella costumbre tan nuestra tiene aun mayores implicancias, al punto de poder llegar a condicionar muchas de las futuras conductas de esos niños, como con toda seguridad ha venido condicionando las nuestras.

     Ello así, porque pienso que en esa forma de educar, en el no, se encuentra el germen del temor a equivocarse, a no agradar, a no hacer lo que tenemos ganas o como tenemos ganas de hacerlo, en definitiva, nos quita la libertad y la espontaneidad al momento de actuar porque aquellos famosos "no" de nuestra lejana infancia condicionan nuestros deseos e intenciones más genuinas o espontáneas.

     Es más, cuando finalmente resolvemos igualmente transgredir lo que está "mandado hacer" o el "como debe hacerse", aparece casi automáticamente la noción de culpa, en forma más o menos grave, lo cual le quita a nuestro proceder parte de la alegría o del placer.

     Es por lo menos sorprendente que de un pequeño gesto, que es hasta de resguardo hacia los niños, pueda derivarse una consecuencia tan negativa, pero pensemos por un momento si esto no es así y, en todo caso, si no convendría que al dirigirnos a los niños utilizáramos alguna expresión menos terminante y, sobre todo, si no convendría alentar el uso de afirmaciones por sobre las negaciones, vale decir de expresiones que además de resguardarlos, siembren en los pequeños la idea de comenzar a conducirse, sobre todo, sin temores.

     En cuanto a los mayores, la invitación es a reflexionar sobre esos condicionamientos que muchas veces limitan o restringen nuestro proceder, analizando si son propios y por ende voluntariamente aceptados, o son resabios de lejanas negativas paternales e inclusive de temores insuflados con ligereza sobre nuestras mentes infantiles, incapaces de discernir términos tales como el del Cuco....el viejo de la bolsa....el señor que es malo!.....o hasta el abuelo, que se enoja. Creo que ganaríamos en libertad.    

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