....de Paris....
Por supuesto que fue París....así....todo.....completo.....pero puesto a elegir un sólo lugar creo que me quedo con una placita, la place des Voges en las cercanías de la Bastilla, en el Marais y según leí en algún lado, la zona más antigua de la ciudad. Es una plaza muy especial porque está rodeada de 36 casas simétricas, 9 por lado, exactamente iguales, con empinados techos de pizarra, grandes buhardillas, de estructura de madera pero pintadas imitando ladrillo vista, buenos ventanales y grandes arcos cubriendo una suerte de arcada, todo lo cual hace que mirando hacia donde se mire, se tiene siempre la misma visión.
( Place des Voges - París )
La plaza es muy agradable y bulliciosa, con bastante verde y buenos senderos para circular entre los cuidados canteros, bancos donde sentarse a descansar y algunos árboles frondosos como para poder tirarse debajo, a su sombra. La verdad una maravilla en el centro de la ciudad, y además, si se tiene suerte con los horarios, en uno de sus ángulos se encuentra la que fue la casa de Victor Hugo, el famoso escritos, dramaturgo y político, en donde actualmente funciona un museo
....de la Normandía.....
Sin dudas la Abadía del Mont St. Michel situado en lo alto de un promontorio que a su vez es una isla abierta al mar del Canal de la Mancha y que con las mareas queda totalmente aislada de la tierra firme por la cual -durante la bajamar- se accede. Arriba de todo, en la cumbre y luego de trepar algo más de 300 escalones de piedra, se encuentra la Iglesia Abacial, cuyo crucero principal se levanta sobre la propia roca y los laterales sobre los edificios más bajos.
( La Abadía del Mont. St. Michel)
No llegué hasta arriba porque, la verdad es que me asustó un poco cansarme, y me quedé sentado en un banco de piedra, más o menos hacia la mitad del recorrido, esperando que Anamá -que subió- regresara, pero la vista exterior, sus callecitas internas, lo incríble de su construcción bien merecen del apodo con el cual se la conoce: " la maravilla ". También pudimos verla de noche, totalmente iluminada, y a la distancia parecía como un barco lejano con el cual uno se puede cruzar en mitad de la noche.
....del Valle del Loira....
Es cierto que cada uno de los Castillos del Loira tienen su propio encanto y tuve la suerte de conocer unos cuantos. Sin embargo me quedé como prendado del pequeño pueblito que crece a la vera del de Amboise, cerca de Tours. Como detenido en el tiempo, con calles peatonales estrechas, negocios pequeños pero muy alegres, con gente tranquila y amable y sus casitas blancas y de techos de pizarra de no más de dos pisos.
( Amboise)
Tuve la suerte de recorrer sus calles dos veces; la primera fue más fugaz, durante una excursión en la que uno no puede manejar los tiempos, pero me quedó como prendido en mi memoria el deseo de volver....y muchos años después pude hacerlo a mi tiempo. Esta vez, además, con Anamá nos sentamos a almorzar una mañana de mucho sol, en una de las mesitas colocadas en la vereda de uno de los muchos barcitos y restaurantes que se extienden a lo largo de la calle contigua al costado del Castillo, como a su sombre, mientras veíamos el incesante desfile de personas. Un verdadero placer, y muy buen preludio de lo que sería la posterior visita al famoso Castillo de Francisco I, y que en la pasada anterior no habíamos tenido la oportunidad de visitar.
.....del país Vasco francés....
En el lugar que más me gustó de esta zona, en realidad nunca estuve, sino que lo ví desde la distancia y desde allí me cautivó. El puertito deportivo de Saint Jean du Lux en la frontera con España, entre Biarriz y San Sebastian y pegado a Hondarribia ó Fuenterrabía en euskera, ya en España. Estábamos parando en San Sebastian y nos habían recomendado visitar en la frontera el pequeño poblado de Hondarribie y allí estábamos cuando desde una especie de mirador que daba a una tranquila desembocadura de un río, vimos del otro lado de éste un lindísimo y tranquilo puerto de embarcaciones deportivas que, a esa hora del final de la tarde, se movían aletargados ante el movimiento provocado en el agua por el paso de un moderno velero.
( Puerto deportivo de Saint Jean du Lux
en la desembocadura del río Bidasoa)
No pude dejar de pensar en aquellas poéticas palabras de Gringo, mi padre, cuando escribió aquello de " quiero que me recuerden como a un viejo velero entrando a puerto, con la última brisa de la tarde ". Estar allí, en ese atardecer y viendo entrar al puerto a un velero, aunque fuera moderno, me puso un poco la piel de gallina por el recuerdo, pero al mismo tiempo me encontré pensando en cuanto habría disfrutado mi padre de un espectáculo así, no ya para recordarlo como uno de sus lugares favoritos sino para pedir que así le recordáramos. ¡ Disfrutar de esa vista fue un placer total!
Reconozco que tengo -además- como una especie de atractivo especial por los veleros y los puertos deportivos que los albergan, pero ese que se veía allí, al otro lado del río que hace de frontera, era espectacular. "¿ Que es aquello" -recuerdo que pregunté- " es Saint Jean du Lux" me respondieron, el último pueblito francés antes de entrar a España.
En realidad todo el sector es el país vasco, de un lado y del otro de los Pirineos, y aunque a mis amigos españoles no les guste, reivindico haber sido educado por curas lourdistas, provenientes de esa zona dura de montaña que une -no separa- a los dos países, geográficamente hablando, pero que constituyen culturalmente un mismo pueblo, una misma etnia, muy anterior a la demarcación fronteriza.
.... de los Pirineos.....
Sin ninguna duda que fue esa maravilla que es Andorra, o más bien ese largo valle que se extiende desde lo más alto de la montaña hasta la ciudad de Andorra la Veja que allá abajo, aguarda la llegada del viajero. Claro que, en realidad, no pertenece a Francia, pero es como una pequeña isla dentro del territorio francés. Ese camino, salpicado de pequeños pueblitos que se extiende a lo largo del camino que va bajando desde los Pirineos, serpenteando entre los valles, es sin lugar a dudas un paisaje inolvidable.
( hacia Andorra la Veja por el Valle)
....de la Provence....
En este caso me ocurre lo mismo que con París ya que toda esta región es fascinante, pero puesto en la necesidad de elegir un punto me quedo con St. Paul de Vence, un pequeño pueblito medieval enclavado en un cerro, con callejuelas empedradas y construido dentro de una murallas levantadas en el siglo XVI, poblado en el que sus casas, hoy totalmente renovadas, han mantenido sus fachadas originales, y en las cuales funcionan una gran cantidad de galerías de arte de primer nivel.
St. Paul de Vence
....del sur....
Fue una ciudad de la cual había leído mucho por su historial vinculado al Pontificado: Avignon, adonde se instaló durante casi un siglo, la sede de los Papas en el siglo XIV, bajo "la protección" de los reyes de Francia. Siempre había querido conocerla, a lo cual se unía mi curiosidad por averiguar acerca de la realidad del puente bajo el cual, según la vieja canción infantil, todos bailan y todos cantan.
Por esa razón es que habiéndonos una tarde acercado a conocer un puente romano sobre el Ródano, al volver hacia nuestro hospedaje vimos en el camino una flechita indicando que allí cerca se encontraba Avignon, y por supuesto que para allá nos fuimos. La ciudad es, como casi todas las de esa zona del sur francés, de edificios bastante antiguos, calles empedradas, una costanera sobre el río, etc. etc.
Pero lo increíble fue encontrarnos repentinamente con la majestuosidad del Palacio de los Papas, una verdadera maravilla, por supuesto del siglo XIV, vale decir un siglo antes del descubrimiento de América. La visita fue muy interesante y muy bien explicada, pero lo que a mí me fascinó fue pensar todo lo que había ocurrido entre esas paredes y en los intereses tan materiales que por aquel entonces dominaban a la Iglesia.
Al salir, casi bajo una lluvia finita pero intensa que nos dificultaba mucho la marcha, llegamos a ver a la distancia el famosisimo puente de la canción, de piedra y construcción antigua, con dos o tres arcos y una casita de madera en el centro, como para imaginar por ahí a las lavanderas, las planchadoras, las cocineras y todas las bailarinas del planeta. Muy bueno !!
....bajo el puente de Avignon todos bailan....todos bailan !!!
...de la zona viñatera....
Si bien la ciudad de Burdeos, que es casi, casi, la capital mundial del vino, nos pareció un ensueño, lo que más me gustó de toda esa zona del sudoeste francés fue el pequeño poblado de St. Emilión, adonde creo que llegué más por la influencia del viejo blanquito que, bien frío, se tomaba en cálidas noches de verano en mi juventud.
Pero me encontré con un pueblito medieval muy simpático, pequeño, sobre la ladera de una montaña, lugar que fuera en sus orígenes el refugio de un viejo monje benedictino, muy ermitaño, que allá por el siglo VIII habitó allí en una cueva que aun hoy se venera como lugar de peregrinación. Todas las casas eran de piedra, macizas, al igual que las calles adoquinadas, y con dos o tres monumentos que se recorren en un rato, en pequeños grupos.
St. Emilión
También es una zona de importantes viñedos, junto a bodegas que utilizan las muchas cuevas que hay en el lugar como lugares de reposo y añejamiento de los vinos. La verdad, un lindísimo y muy recomendable lugar para quienes circulen por esa zona, del que además se destaca el camino de acceso que avanza entre el verde de los viñedos, el celeste del cielo y el blanco de las píedras de las casitan que, cada tanto, van salpicando ese valle.-








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