Así como en la vida contamos con muchos personajes que nos son inolvidables....lo mismo que nos ocurre con ciertos lugares, hay algunos hábitos o costumbres tan arraigadas en uno que, sin adquirir una personalidad o identidad propias, han contribuido sin duda a forjar tanto la mía, que merecen al menos tener un rinconcido dentro de mis mejores recuerdos.
Uno de ellos es, sin lugar a dudas, "el tabaco", con el que nos conocimos hace muchísimos años, allá por mis 13, al terminar el primario, aun cuando mi primerísima experiencia fue a los 5 ó 6 cuando encontré un cigarrillo encendido en un cenicero y para imitar a los grandes me lo llevé a la boca, pero al revés, es decir con el fuego encendido hacia mi boca....y ahí terminó mi experiencia.
Después, como mi madre fumaba y me pedía que fuera hasta el kiosco a comprarle cigarrillos, alguna vez le robé alguno como para probar, en el baño y asomado por la ventana, para luego "comerme" un buen pedazo de dentífrico como para sacarme el olor.....en lo que fue como la prehistoria de esta historia que, en realidad, se hizo vicio recién durante el secundario cuando a los 14 ya tenía siempre conmigo un atado de negros, marca Particulares, que eran fuertes y sin filtro.
Como me las ingeniaba para comprarlos no me acuerdo, pero sí que siempre tenía algún billetito o monedas en el bolsillo, sobre todo después de las habituales visitas a mis tías abuelas de donde invariablemente me venía con algo más que el cariño que me regalaban. Sí tengo muy presentes las salidas del colegio, ya desde el segundo año, con mis orgullosos 14, en que me iba caminando hasta la parada del troley bus que me llevaba desde Belgrano hasta casa, por la vereda, charlando y fumando junto a mis compañeros que también lo hacían.
También tengo presente alguna "rata" que solíamos hacernos a alguna clase, en que nos escondíamos en el zótano que estaba justo debajo de nuestra aula, y allí nos poníamos a fumar, en absoluto silencio pero muertos de risa mientras escuchábamos lo que sucedía arriba, para luego enterarnos durante el recreo, que por entre los listones de madera del piso del aula se filtraba el humo de nuestros cigarrillos, que los alumnos miraban con horror pensando que el profesor -al que procuraban distraer- en cualquier momento se daría cuenta de todo; pero las veces en que lo hicimos, nunca nos agarraron.
Otro recuerdo que tengo bien presente es de las vacaciones, en la playa y en Miramar, adonde mi propósito -asustado por todo lo que fumaba- era de no sobrepasar los 10 por día, propósito que dificilmente lograba concretar. Es que uno de los placeres más grandes que sentía -y he sentido hasta de bien grande- es el de sentarme tranquilo a fumar después de un buen baño de mar, con la sal todavía presente en mi rostro y todo el cuerpo mojado, menos las manos, por supuesto.
Fumé cigarrillos negros durante casi toda mi primera historia tabacalera, que se extendió hasta los 40 años, pasando por las distintas alternativas que el mercado proveía: Particulares, de los fuertes y sin filtro y sobre todo los Monterrey de aquella famosa propaganda de las transmisiones de peleas de box por radio los sábados desde el Luna Parq: "fume como un rey....fume negros Monterrey", que convengamos eran fuertísimos.
Fumé cigarrillos negros durante casi toda mi primera historia tabacalera, que se extendió hasta los 40 años, pasando por las distintas alternativas que el mercado proveía: Particulares, de los fuertes y sin filtro y sobre todo los Monterrey de aquella famosa propaganda de las transmisiones de peleas de box por radio los sábados desde el Luna Parq: "fume como un rey....fume negros Monterrey", que convengamos eran fuertísimos.
Tuve una breve etapa de rubios, Los Sportman, Colorado o Saratoga y más tarde los Jockey Club -argentinos- o los importados Camel, Phillip Morris o Pall Mall, pero siempre regresaba a los negros ya que los rubios me mareaban un poquito y, además, al ser más suaves fumaba más cantidad.
Con cuanto placer disfrutaba en cambio de los negros uruguayos cuando llegaban a mis manos: los La Paz y los Oxibitué -que eran muy pero muy finitos- hasta que llegaron a la Argentina los Parisien, con filtro, más al estilo de los Galois franceses, y con aquellos terminé cerrando un trato de consumo que se prolongó durante muchos años..
Con cuanto placer disfrutaba en cambio de los negros uruguayos cuando llegaban a mis manos: los La Paz y los Oxibitué -que eran muy pero muy finitos- hasta que llegaron a la Argentina los Parisien, con filtro, más al estilo de los Galois franceses, y con aquellos terminé cerrando un trato de consumo que se prolongó durante muchos años..
¿ Cuantos fumaba? Llegué a superar los dos paquetes, sobre todo en aquellas jornadas que se extendían hacia la noche.....aun cuando siempre mantuve el propósito de limitarme a 10, distribuidos así: 1 después del desayuno (quizás uno de los más disfrutados de todo el día); el 2o. a media mañana y el 3o. después del almuerzo; dos más hasta la hora del té; con el café de la tarde el 6o., luego dos más, el penúltimo después de cenar y el último más tarde.
La verdad es que visto así, ahora y a la distancia, parece una distribución por demás generosa....sólo que muy pocas veces logré ese objetivo. Es que para un fumador cualquier ocasión es motivo que justifica encender un pucho, ya sea frente a una situación de nerviosismo, algún altercado ocasional, un encuentro con alguien junto a un café, una espera prolongada, en fin, cualquier motivo era bueno para meter la mano en el atado y disfrutar de un nuevo encuentro, porque eso era lo más importante, el encontrar en el cigarrillo la compañía que calmaba, atenuaba, morigeraba o simplemente me acompañaba en determinados momentos.
Hoy en día no se podría fumar con esa frecuencia porque las compañas desatadas para combatir el tabaco hacen que aquellas experiencia tan cotidianas y rutinarias parezcan un sueño.....y no me parece mal, porque para algunas personas es muy dañino. No estoy de acuerdo, en cambio, con las prohibiciones terminantes porque entiendo que debería haber lugares especiales, bien aireados, adonde los fumadores pudieran reunirse sin tener que sentirse poco menos que delincuentes morales, a quienes se rechaza en todos lados.
En mi caso, llegó un día allá por mis 40, en que un examen de rutina indicó que existían algunas células del pulmón que se habían comenzado a deformar, hacia un conocido destino, y lo aconsejable -y deseable- fue dejar de fumar, a instancia de un médico ultra antitabaquiano, que ahora tengo la impresión que me engañó. Pero como todo tiene su razón de ser y uno puede seguir dusfrutando de los placeres o de los vicios en la medida en que no se afecte la salud, y parecía que a mí me estaba haciendo mal, tuve que encarar la decisión de abandonarlo.
Recuerdo que aun vivíamos en Beccar, vale decir que esto ocurrió allá por 1983 (hace 30 años) y el método fue el del susto. Siempre dije que ese era el mejor sistema para dejar de fumar.....pero me costó un montón. No sé bien porqué razones pero me ayudó mucho -además del susto a morirme- el tener a mano, en forma casi permanente, un cigarrillo apagado, que inclusive me llevaba a la boca para hacer luego los mismos gestos que si estuviese encendido, incluyendo la ceremonia de aspirar y luego soltar el aire, aunque sin humo.
Parecía medio loco, es cierto, pero a mí me ayudó mucho, y ahí dejaba "mis puchos" sin encender por todos lados, hasta que poco a poco el organismo se fue acostumbrando a la falta de nicotina, mis manos a no tener nada en ellas y mis bolsillos a la ausencia de atados y encendedores.....logrando superar la dificil coyuntura, aunque siempre con un dejo de tristeza.
Así habrán pasado algo más de 10 años hasta que un buen día, nuevas tensiones, atribuidas a circunstancias de angustias no resueltas, junto a un consecuente relajamiento general de mi conducta, me tentaron a probar un cigarrillo que me ofrecía un amigo en una reunión, y luego a este siguieron otros, robados de los paquetes de alguna de mis hijas, al igual que con aquellos que le tomara a mi madre, disfrutando nuevamente del viejo y nunca olvidado aroma del tabaco, también a escondidas
A esos, a los pocos días le siguieron otros y consciente de que no podía seguir robándolos de esos atados de Camel que mis hijas dejaban en cualquier parte, un buen día me planté frente a un kiosco y directamente pedí un Camel y un encendedor, que rápidamente abrí para sentir una vez más ese agradable aroma que acompaña al tabaco en su recorrida por la boca.....y por supuesto que de ahí en más seguí fumando, primero cada tanto, pero luego ya sin límite alguno y abiertamente. Había vuelto a fumar !
Es que una nueva consulta médica me hizo ver que mis pulmones estaban perfectos, y que si alguna vez sus células se habían comenzado a deteriorar, ya en ese momento todo se había superado, con lo cual mi tranquilidad de no estar haciendo algo grave se asoció a la alegría de poder volver a fumar. ¡ Que placer !!
Yo había resuelto, que cuando dejara de fumar no sería una decisión ni definitiva ni para toda la vida, y eso me ayudó mucho en la prolongada batalla de la abstinencia, algo así como pensar al levantarse de madrugada, que pocas horas después uno volverá a la cama a la hora de la siesta; es como un consuelo, tonto, pero que a mí me ha servido siempre para poder superarme y arrancar el día, y también a dejar de fumar. Lo que no sabía era cuando iba a volver, pero que volvería a hacerlo, no tenía dudas.
Pero los achaques propios de los 50 años y monedas, que por diferentes razones a la del cigarrillo iban apareciendo, me fueron poco a poco convenciendo que aun con los pulmones sanos, el fumar constituía un factor de riesgo adicional, que se sumaba a la presión alta, la diabetes, el colesterol en la sangre y algunos divertimentos más. Y entonces un buen día, después de haber fracasado con otros métodos, volví a las prácticas que entonces me dieran tan buen resultado: dejar de golpe, sin más vueltas, de una vez y para siempre, teniendo a mano un cigarrillo para hacer la representación, durante un tiempo.....Esta segunda vez también lo logré.
Sin embargo....nunca me había dado el gusto de probar a fumar habanos, ya que la pipa nunca me atrajo por lo engorroso del procedimiento de preparación previo y los habanos me parecían muy incómodos de fumar. Sin embargo estando en Cuba -aproximadamente cinco años después de haber dejado el cigarrillo por segunda vez-, nos ofrecieron de comprar habanos a un muy buen precio....y me vine con una cajita de 50 Cohibas de la mejor calidad, que además me arriesgué a probar una cálida noche cubana después de una buena cena, y durante un tiempo no los abandoné. La historia se repetía !
¡ Que placer más exquisito !! Pero lo que era una fiesta solo dominical, poco a poco se fue transformando en algo más cotidiano, y de la misma manera en que antes me habían atrapado los cigarrillos, esta vez me pasó con los habanos, que de a poco se fueron haciendo diarios y luego más de uno y más de dos por día también. Yo siempre he dicho que si mi cuerpo -¿ o mi voluntad?-fuesen un poquito menos demandantes, quizás podría seguir fumando sólo para su disfrute, como hace mucha gente que no es tabaco-dependiente, pero lamentablemente ese no es mi caso.
Por esa razón los habanos se fueron paulatinamente convirtiendo en una necesidad permanente, con el agravante de los costos que todo ello generaba, porque no son nada baratos y los baratos no son nada buenos. Es cierto que al final uno se las rebusca, pero el tema del presupuesto fue tomando una dimensión muy importante, unido a que no resultaba tan sencillo eso de andar fumando puros por cualquier parte, y además, una vez encendidos, hay que dedicarles un tiempo más o menos prolongado que ronda la media hora, todo lo cual -unido al tema de la salud, que siempre ha estado presente, como una pantalla sobre la cual se recuesta mi remordimiento- hizo que en vísperas de emprender un viaje a Europa fumara mi último habano....y así he permanecido hasta hoy, salvo alguna que otra honrosa ocasión.
¿ Cuando volveré a fumar? No lo sé....pero sí se que muchas veces me dan ganas de volver al re-encuentro con el tabaco y con todo lo que eso significa, para mí. Sin embargo también soy "semi" consciente que me hace daño....o contribuye a incrementar los riesgos que podrían acortar mi vida. De modo que en este momento logro resistir.....pero como me se débil y quizás, lo que es peor, nunca he sido un fumador vergonzante ni avergonzado sino convencido y muy gratificado de poder hacerlo, vamos a ver cuanto me dura este propósito.
Solo pido que si alguna vez alguno me viera fumando, por favor no me lo reproche.....porque lo voy a estar disfrutando.....y mucho.....una vez más.....y así quiero seguir haciéndolo hasta el día en que solo, por alguna razón que misteriosamente me convenza, lo vuelva a dejar.
¡ Que placer más exquisito !! Pero lo que era una fiesta solo dominical, poco a poco se fue transformando en algo más cotidiano, y de la misma manera en que antes me habían atrapado los cigarrillos, esta vez me pasó con los habanos, que de a poco se fueron haciendo diarios y luego más de uno y más de dos por día también. Yo siempre he dicho que si mi cuerpo -¿ o mi voluntad?-fuesen un poquito menos demandantes, quizás podría seguir fumando sólo para su disfrute, como hace mucha gente que no es tabaco-dependiente, pero lamentablemente ese no es mi caso.
Por esa razón los habanos se fueron paulatinamente convirtiendo en una necesidad permanente, con el agravante de los costos que todo ello generaba, porque no son nada baratos y los baratos no son nada buenos. Es cierto que al final uno se las rebusca, pero el tema del presupuesto fue tomando una dimensión muy importante, unido a que no resultaba tan sencillo eso de andar fumando puros por cualquier parte, y además, una vez encendidos, hay que dedicarles un tiempo más o menos prolongado que ronda la media hora, todo lo cual -unido al tema de la salud, que siempre ha estado presente, como una pantalla sobre la cual se recuesta mi remordimiento- hizo que en vísperas de emprender un viaje a Europa fumara mi último habano....y así he permanecido hasta hoy, salvo alguna que otra honrosa ocasión.
¿ Cuando volveré a fumar? No lo sé....pero sí se que muchas veces me dan ganas de volver al re-encuentro con el tabaco y con todo lo que eso significa, para mí. Sin embargo también soy "semi" consciente que me hace daño....o contribuye a incrementar los riesgos que podrían acortar mi vida. De modo que en este momento logro resistir.....pero como me se débil y quizás, lo que es peor, nunca he sido un fumador vergonzante ni avergonzado sino convencido y muy gratificado de poder hacerlo, vamos a ver cuanto me dura este propósito.
Solo pido que si alguna vez alguno me viera fumando, por favor no me lo reproche.....porque lo voy a estar disfrutando.....y mucho.....una vez más.....y así quiero seguir haciéndolo hasta el día en que solo, por alguna razón que misteriosamente me convenza, lo vuelva a dejar.


.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario