jueves, 29 de octubre de 2015

¿ En donde está el jabón ?


     Con los ojos enjabonados por el shampú que me caía desde lo alto, recuerdo haber gritado con desesperación "¿ adonde está el jabón?", para recibir como toda respuesta la lejana voz de mi padre que me decía " ¿ te fijaste en la jabonera?, cosa que efectivamente verifiqué con solo poner mi mano en ella.

     ¡ Cuantas veces, a lo largo de mi vida, tuve oportunidad de sentir esa extraña sensación de momentánea pérdida que padecemos cuando, volando casi a ciegas, no confiamos en que las cosas siguen su propio curso, sin alterarse ni inmutarse porque nosotros -por alguna razón- no las podamos ver.

     Y esto no solo ocurre con algunas pequeñas distracciones que, generalmente, vienen acompañando al transcurso de los años. Se da en otras circunstancias más graves, como cuando no vemos cerca a la mano amiga que necesitamos, o pensamos que nos falta el consejo oportuno que invariablemente nos devuelve la serenidad, o inclusive frente a esas ausencias ya sí permanentes de nuestros seres más queridos.

     Es que somos seres humanos muy frágiles, comparados con otras especies animales, y nunca dejamos de estar o de sentirnos "necesitados" de algo o de alguien, en situación que puede llegar a desestabilizarnos y hacernos perder el equilibrio, tal como si nos faltara algún sostén o ayuda para poder caminar.

     Es como si nos paralizáramos frente a la necesidad y no podemos avanzar si no vemos claro porque no nos han enseñado a vivir en las tinieblas y nuestros padres -pero mucho más nuestras madres- han estado allí siempre, pendientes de nosotros, inclusive sin dejarse ver, para tirarnos una soga, un consejo y porqué nó, muchas veces una solución, cuando volvemos a sentir en nuestros oídos aquello de " te fijaste en la jabonera? ".

     Creo, sinceramente, que nos hemos hecho, y nos han hecho, seres "dependientes" ; no podemos vivir aislados y a diario necesitamos contar con la ayuda de otros en un sinfín de situaciones o circunstancias. ¿ Es bueno?

     Realmente no lo sé porque nunca experimenté otra cosa y en aquellos momentos en que debí afrontarlas en situación de total aislamiento, me sentí morir y hasta creo que llegué a desearlo. Pero desde un plano objetivo ¿ es bueno el ser educados como seres dependientes? Entiendo que una cosa es ser culturalmente sociables, donde la interrelación con el otro es permanente, a ser dependientes o  necesitados del otro, y es esto lo que no se nos enseña o en lo que no se nos suele educar por una especie de temor al destete que les atrapa a los padres a quienes, muchas veces, les cuesta asumir que también forma parte de la educación que deben impartirnos el que podamos comenzar a no depender de ellos, ya desde niños. 

     Y eso para un padre -y no digo para una madre- es muy difícil de asumir, a diferencia de lo que sucede con otras especies animales en que -sin tanta racionalidad- la propia naturaleza les invita a dejar crecer a sus crías, y no solo en su aspecto físico, y me parece que es algo que deberíamos comenzar a imitar porque si la naturaleza lo aconseja no debe ser tan perverso. A uno de mis hijos, con bastante ironía no exenta de razón , le escuché decir que no le había enseñado a elegir, vale decir a escoger entre diferentes alternativas, por haberle impuesto -en general- mis propios criterios sin mayores explicaciones del porqué de cada cosa.

     Y claro, cuando llega la edad de elegir carrera les decimos muy sueltos de cuerpo que pueden optar por la que más les guste o sea de sus preferencias y ahí es cuando a ellos les agarra como una desesperación ya que en general, no les hemos dado las herramientas como para poder discernir entre diferentes alternativas, con la consecuencia de comenzar a peregrinar por varias propuestas hasta dar, finalmente, con la apropiada.

     ¿ Y cuantas veces nos encontramos a lo largo de nuestra vida con personas que adolecen como de una especie de falta de confianza en si mismas?; ¿ con un exceso de respeto por la opinión de los demás o del famoso "que diran"? No voy a ponerme a interpretar sobre el origen de tales conductas porque no soy psicólogo, pero ¿ no tendrá mucho que ver en ello aquella original y casi instintiva actitud parental de suplirles "todo" a nuestros hijos? ¿de resolver por ellos? ¿de acudir en su ayuda más reemplazándolos que ayudándolos a elegir la forma de superar ciertos obstáculos?

     Sin lugar a dudas que todos somos seres sociales y que por eso necesitamos del contacto permanente con el otro. Esa es una verdad de perogrullo; sin embargo, una cosa es necesitar de ese contacto, compartir vivencias, intercambiar ideas y otra muy diferente es necesitar del otro para poder desarrollarnos y en esto, insisto, como en casi todas las cosas, la responsabilidad principal es de los mayores, cualquiera que fuere la edad de quienes nos siguen, ya que ellos deben tener en claro que "el jabón normalmente está en la jabonera", sin necesidad que nos lo pregunten

     Por otro lado, también pudiera ocurrir que nosotros -padres- les consultáramos a ellos sobre el lugar del jabón, al no encontrarlo en su sitio porque líbremente han resuelto colocarlo en otro lugar, y entonces los mayores debemos respetarlo porque son decisiones o elecciones propias, diferentes de las nuestras, que tendremos que aceptar aunque no las compartamos, porque ellos tienen, incluso, el derecho hasta de apartarse de nuestras enseñanzas y convicciones, y seguir conviviendo todos en paz y armonía. No somos todos iguales, gracias a Dios!

   









  

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿ Dios o el infinito ?


     Según relatos de familia, mi tía "Chiquita", siendo una niña pequeña que jugaba sentada en las faldas de su abuelo, le preguntó intrigada sobre quien era más viejo, si Dios o el infinito, y el abuelo, importante profesor y Decano de la Facultad de Filosofía se quedó mudo y pensativo, sin saber que responder. Han pasado desde entonces casi cien años, y si bien ambos ya conocen bien la respuesta, a nosotros nos sigue dando vueltas el poder resolver el interrogante, de alguna manera racional.

     Sabemos que por definición "lo infinito" no puede admitir ninguna restricción, porque implica incondicionalidad e indeterminación, y cualquier determinación sería forzosamente una limitante, al dejar "algo" fuera. Por otra parte, toda limitación importa una negación, ya que poner un límite equivale a negarle a lo que está limitado todo lo que se le excluye, vale decir que lógicamente estaríamos frente a una afirmación (ya que la negación de una negación es una afirmación), y por ende a la negación de todo límite -que bien podría ser la definición de "lo infinito", ya que equivale a considerarlo de una manera total y absoluta.

     Vale decir, entonces, que lo que no tiene límites es aquello de lo cual no se puede negar nada y por ende, lo que contiene todo o aquello fuera de lo cual no hay nada y esta idea del infinito que sería así la más afirmativa de todas ya que comprende a todas las demás afirmaciones particulares, a decir verdad se asemeja bastante a como se suele caracterizar a Dios, de quien se dice que " Es el que Es" y que no ha tenido principio ni tendrá fin, de manera que bien se le podría atribuir la calidad de "infinito", pero relegando a "todo lo demás", incluido el infinito a ser "finito" lo que sería un contrasentido lógico, tal como lo sostiene Aristóteles que rechaza la idea de un infinito real.

     Desde luego que en matemáticas el infinito es un símbolo y en ella también se menciona a los "conjuntos infinitos"; algo similar ocurre con el lenguaje de la informática en donde también se lo utiliza, pero conforme a lo que más arriba se ha señalado, metafísicamente no puede hablarse de infinitud, porque hay elementos que no estarían comprendidos en el concepto y por ende, tiene límites.

     ¿ Que sería entonces "el infinito"? ¿Una cualidad propia de Dios? Si así fuera, los que no contamos con ella estaríamos afuera y en consecuencia ya no sería algo infinito porque tendría limitaciones. Y Dios ¿es verdaderamente infinito? Si nosotros -y tantas cosas- no son Dios, no podemos sino concluir que Dios tiene límites, todo lo que no es Dios, y al tener una limitación deja de ser "lógicamente" infinito. Por ello es que esas limitaciones de todo lo que no es Dios nos deben llevar como de la mano a concluir que filosóficamente el infinito no existe, o al menos nosotros no podemos alcanzar a considerarlo como posible, con nuestros parámetros lógicos del pensamiento.

      De modo, Chiquita, que tu pregunta tendría finalmente una respuesta: Dios es el que Es, sin más límites que los de su propia existencia, pero no es infinito, es Dios, y desde luego más viejo porque el infinito no existe.




miércoles, 16 de septiembre de 2015

De un jardín a otro.....


     Si bien mi ciudad de nacimiento fue Buenos Aires, desde muy chico frecuenté semanalmente una quinta que una de mis tías abuelas -por mamá- tenía en el Tigre, adonde inclusive nos quedábamos a pasar los meses veraniegos e inclusive a vivir también durante más de un invierno. Tengo, por lo tanto, del Tigre  recuerdos muy felices, los que se extienden hasta mi temprana adolescencia en que aquella enorme quinta fue subdividida en muchos lotes que a su vez fueron siendo posteriormente vendidos en remates, al mejor postor, para luego demoler esa vieja casa de mis primeros sueños. Creo que con ella desapareció mi infancia, aunque no los recuerdos que tengo de ambas, de la casa y de mi infancia en el Tigre.

     La quinta ocupaba un terreno de unas cuatro  hectáreas, con frente a la calle Lavalle que bordeaba el río Tigre, cruzando la cual dábamos con nuestro propio viejo embarcadero, que solía escabullirme para desde allí acercarme cuanto más pudiera a ese río, por aquel entonces bastante oscuro, que corría raudo a reunirse con el cercano Lujan. Disfrutaba mucho del Tigre, pero lo que más me agradaba -además de escuchar antiguos discos de pasta- era poder disfrutar a mis anchas del enorme jardín, porque realmente era muy grande, dividido por sectores bien definidos:

     Así estaban el gran cantero del frente, siempre cubierto con flores de todos colores; la palmera, alta y solitaria sobre el sector derecho, debajo de la cual se encontraba un banco blanco, de esos de plaza, en donde a veces se sentaban mis padres a la caída del sol, cuando volvían de una intensa jornada deportiva. Sobre la izquierda, tirado sobre la esquina, otro inmenso cantero servía de marco a un enorme árbol, que nunca supe si era un roble o alguno parecido, echando una gran sombra a quienes -como mi hermana y yo- nos acercábamos a jugar allí abajo.

     Desde este último sector hacia atrás, siguiendo el contorno de la calle con la que hacía esquina Lavalle, estaba el sector llamado "de las cañas", porque era un bosquecito de ellas que servía de reparo para que desde la calle no se pudiera ver hacia adentro. En ese sector, además, había una gran magnolia, entre las cañas y el camino, con sus enormes flores blancas -en verano- de vida tan efímera y una fragancia que aun me perfuma el alma, y que cada mañana de verano Francisco, nuestro querido jardinero, cortaba y entregaba para adornar la habitación de mi tía, la dueña de casa.

     Partían desde el portón de madera de la entrada dos caminos, hacia ambos lados, que daban toda la vuelta al jardín; por el de la derecha se llegaba a la entrada en galería de la casa; por el de la izquierda nos íbamos hacia atrás: a un sector de juegos, cercano a la casa y debajo de una tipas, esos árboles altos que de tanto en tanto escupían, y a "la cancha" esa enorme plaza de césped ubicada en la mitad del jardín, con sendos bancos techados a ambos lados, y que era el lugar preferido para todos los juegos.

     Detrás de la cancha comenzaba -separada por un cerco, la verdadera quinta, en donde se cuidaba del crecimiento de una enorme cantidad de plantas, que luego Francisco trasplantaba a los lugares indicados ni bien alcanzaban el tamaño adecuado. Al terminar el espacio de esta quinta, pasaba la calle -de tierra- que daba toda la vuelta y del otro lado estaba la quinta de verduras y frutas, adonde hice mi primera experiencia sembrando y regando hasta que brotaron, con rabanitos,  de semillas que mi padre me regalara. A la derecha de este sector, una inmensa construcción que en su momento se destinara a los carruajes y que en aquellos tiempos no era más que un depósito y otro lugar en el cual poder jugar, sobre todo en los días de lluvia.

     Me queda por describir todo el sector derecho, una ancha franja verde, casi virgen, donde crecían plantas y frutales -como membrillos- un poco en forma natural, y que para nosotros resultaba ideal porque allí nadie nos veía ni nos buscaba. Como se puede ver la quinta era sensacional e ideal para que unos chicos chicos se divirtieran a lo grande, inventando cientos de juegos a lo largo del día, ya que estando allí ni nadie se preocupaba por lo que nos pudiera pasar, ni nadie venía a obligarnos a hacer otra cosa que jugar o andar en bici.

     Sí me imagino que la mirada de alguien andaría sobrevolándonos, sobre todo la de Francisco que siempre estaba por el jardín haciendo alguna tarea, y que a los mediodías interrumpía para almorzar y nosotros nos acercábamos a su casita del fondo atraídos por el rico aroma de comida que, antes de haber almorzado, siempre provoca en quienes están cerca, y que generosamente nos convidaba de sus fideos con tuco de tomate o unos ajíes rellenos de arroz, que aun hoy en día son mi delicia cuando me los preparan.

     El jardín del Tigre !! Como se ha quedado grabado en mi espíritu, al punto que siempre que he podido he tratado de vivir en casas que tuvieran jardín, sin importar tanto su tamaño como su existencia y los disfruto mucho. Me encanta, por ejemplo, escuchar el canto de los pájaros, que es exactamente el mismo que se escuchaba en el Tigre, sobre todo en el verano y a la hora de la siesta. Los pájaros de entonces y los de hoy trinan igual, con la misma cadencia, ya se trate del "bicho feo" o de los simples gorgeos de los gorrioncitos.....todo es igual.....pareciera como si no hubiesen pasado más de 60 años y ese sonido me retrotrae a aquella época tan feliz de mi infancia.

     Porque ahora que vivo en Cipolletti, en el Alto Valle del rio Negro, he vuelto a tener un gran jardín; no como aquel, claro está, pero sus 1.500 mts. no estan nada mal: en él hay árboles, que aquí son en su mayoría abedules; cercos y plantas, sobre todo rosales blancos; y canteros con flores; y un sector en donde pronto voy a instalar una huerta, como aquella del Tigre.....y tengo pájaros, muchos pájaros que con sus trinos primaverales o veraniegos me acompañan desde muy temprano en la mañana hasta que se oculta el sol; y me hacen muy feliz    

  

martes, 25 de agosto de 2015

Mi hijo el dotor !


     La conocida obra teatral de Florencio Sánchez de comienzos del siglo XX aludía a un fenómeno muy propio de entonces y que era el de aquellos inmigrantes luchadores y trabajadores, venidos de remotas tierras a forjarse un futuro que allá les resultaba impensable, para ellos pero sobre todo para sus familias, y que coronaban todas sus ilusiones cuando lograban que alguno de sus hijos obtuviera un título universitario que les garantizaba un futuro más próspero que el vivido hasta entonces.

     Imagino -poniéndome en la piel de ellos- un orgullo que les desbordaría el alma; junto a una mirada retrospectiva calma y feliz que abarcara todos los padecimientos del pasado; que los minimizara y redujera a pequeños esfuerzos que habría valido la pena soportar, y que hoy lo hacían disfrutar, a la distancia y con una sonrisa, del triunfo de quien llevaba su propia sangre, y al que con satisfacción se asociaba.

      No sé -nunca lo hablamos- si esos pudieron haber sido los sentimientos de mi padre cuando supo de mi designación como Juez Federal, rondando apenas los 40, ya que como abogado que era, él no podía desconocer la importancia que ese hecho implica para todo abogado, también una especie de coronación de una vida volcada a la siembra de valores vinculados con la prudencia, la austeridad y la justicia, y que así  le permitirían mirar con aquella misma tranquilidad y sonrisas, tantos esfuerzos suyos para que su hijo pudiera alcanzar la meta que se había propuesto -¿ o que tal vez comenzaba?- y de ahí en más continuar con su propio esfuerzo en esa carrera de postas infinitas que es la vida, seguramente asociado -a la distancia y con una sonrisa- a éxitos y, porque no, también fracasos.

     ¿ Y que a que viene  todo esto ? Es muy fácil......hoy soy yo quien debe sentarse a disfrutar de los éxitos de un hijo de mi sangre; no me cuesta hacerlo, es como natural;  hace tiempo que sé que llegaría bien alto, no es mi hijo el dotor, ni el juez, es nada menos que uno de los Decanos de la tan prestigiosa Universidad Austral.

     Y los recuerdos, necesariamente, se vuelven hacia atrás:a su nacimiento, aquella fría mañana de mayo de hace 45 años; a sus dificultades infantiles; sus picardías adolescentes; sus ambiciones juveniles; sus esfuerzos constantes de la madurez; sus dolores sin consuelo; su paulatino crecimiento profesional; el reconocimiento de sus pares; todo seguido a la distancia, con admiración de padre y con la sonrisa de los que confían en que un día llegaría....y ese día llegó....y por eso me asocio a los sentimientos de todos aquellos padres que han sabido confiar en sus hijos, y por eso se sienten felices y en paz.

    Con seguridad Rodolfo hoy está comenzando otra etapa que, descarto, también será exitosa; la recorrerá pausada pero con constancia, como es su estilo, y un día -allá lejos- podrá entregar esta posta a quienes le siguen, con la misma paz y alegría con  que en algún momento nos ha tocado hacerlo a nosotros














martes, 21 de julio de 2015

Lo que más me gustó en el Caribe......











     Como uno se imagina siempre al Caribe, con esa eterna mezcla de mar turquesa , palmeras verdes, arena blanca, ron bronceado y sensación de paz y bienestar que se respira en todas partes, llegué una mañana para pasar simplemente unas horas en una de las islas de las Bahamas, ya que el mundo de los Cruceros son eso, una breve pincelada de lugares a los que luego es preciso volver, con mayor tranquilidad y mucho más tiempo.

     Aquella mañana nos prometimos volver y con todo el tiempo del mundo pudimos hacerlo, y eso es  lo que más me gustó de esa breve primera visita, encontrarme con un mundo hasta entonces desconocido, que me  despertara la curiosidad para regresar.

....de la Habana (Cuba)....

     Todo me resultó fascinante en esta ciudad maravillosa, más allá de la deliciosa naturaleza que comparte con el resto del Caribe, y de una de las cosas que llamó más mi atención y que fue la alegría permanente de su gente, que se traduce en canciones que se escuchan todo el tiempo y en todo lugar, ya sea como telón de fondo o en primera persona en conciertos de músicos improvisados en sus calles, alegría que sorprende o contrasta con la pobreza que se advierte a simple vista en una población ya acostumbrada a esas falencias.

       Pero por sobre todo eso, en la personal, lo que más me gustó de esta curiosísima ciudad fue haber podido conocer la casa quita "el Vigia", en donde viviera Ernest Hemingway. Para mí fue impactante recorrer la estancia adonde aun se encuentra su biblioteca; los amplios y frescos salones, la habitación de la torre, en donde escribía, y que le diera el nombre al lugar; la piscina de piedra -hoy vacía- debajo de árboles más que centenarios cubriéndola con su sombra, su viejo barco de pesca, descansando agotado después de tantas batallas en alta mar, las prolijas tumbas de sus cuatro o cinco perros, en fin, todo el clima que allí se podía respirar, como si el escritor aun anduviese por allí inspirándose para nuevos relatos.

    No sé si estará bien, pero se vino conmigo la ramita de un árbol que estaba en el suelo y que recogí con todo respeto, para que desde entonces se integrara a mi pequeña y extraña colección de "palitos" muy queridos que por alguna razón, me son entrañables, y que aun mantengo conmigo.

                                                                             
                                                                      El "Vigia" en La Habana

....de Trinidad (Cuba)....

      Fue el aire colonial que tiene toda la ciudad, con esas calles de adoquines, sus casas de colores fuertes y sus originales ventanas, angostas pero extremadamente alargadas, que parecen querer treparse a los techos de las casas. No he podido -al estar allí- olvidar que su puerto fue el del desembarco en América de miles de esclavos africanos que a partir de ese momento comenzaban a vivir una vida desconocida, con amos brutales o menos brutales, pero siempre severos, sin derecho alguno, casi ni siquiera a la vida que a los blancos  ni les importaba porque eran fichas reemplazables.

      Pero ese tenebroso pasado no me hizo perder de disfrutar de la paz de sus calles coloniales; ni del blanco casi permanente de las ropas de sus mujeres; ni del sol que separaba en dos las sombras que cubrían los adoquines de sus estrechas calles. Me encantó Trinidad, una ciudad detenida en el tiempo.

                                                                                 
                                                                       Trinidad

---- de Varadero y los Cayos cubanos.....

      Tanto la población de Varadero como sus cercanos cayos, son zonas típicamente tropicales, con todos los ingredientes de las que ellas sueles ser caracterizadas. Pero Varadero es un lugar de mucha concentración hotelera, lo que en cierta forma, impide disfrutar plenamente de los encantos caribeños, que deben ser compartidos con multitudes.

        En cambio en los callos -o islas e islotes- cercanos, su misma situación insular los torna más propicios para aquel disfrute, como por ejemplo ocurre con Cayo Blanco, un paraíso cercano a Varadero a la cual se llega en agradables barquitos, y que es una isla deshabitada adonde solamente es posible llegar para pasar un día de playa, disfrutar de esas arenas blancas, que no se calientan, al sol o debajo de la sombra de auténticas palmeras; disfrutar de una exquisita comida en base a langosta a la parrilla, darse interminables baños en las cálidas aguas de ese mar tan turquesa, sacarse miles de fotos y regresar tarde al poblado, en unos fantásticos catamaranes donde al ritmo de un buen son cubano, te sirven frescas bebidas con ron. ¡ Que más se puede pedir! ,¿ no?


                                                                          Cayo Blanco en Cuba
.....de Aruba....

      Aunque parezca insólito lo que más me gustó de esta espectacular isla fue aterrizar en su aeropuerto, porque fue impactante. El avión -de doble hélice- iba descendiendo sobre el mar, que cada vez se lo advertía más y más cerca, cual si fuéramos a aterrizar en un portaaviones o, mejor aun, a acuatizar, tal era esa proximidad. Y repentínamente aparece debajo nuestro, a escasos metros, la superficie de la tierra y allí no más la tocó, para luego corretear a lo largo de la pista, prácticamente hasta llegar nuevamente al mar.

         Lo que ocurría es que el aeropuerto en Aruba ocupa la parte más oriental de la isla, pero de lado a lado de la misma, de modo que se encuentra con el mar exactamente en sus dos cabeceras. Muy impactante por cierto.

                                                                             


....de Curazao......


       De esta otra isla paradisíaca, lo que más me gustó fue el colorido de sus casas. La isla fue en su momento colonizada por holandeses y la ciudad conserva esa arquitectura tan propia de Holanda, pero con un colorido muy particular, seguramente aportado por la gente del lugar. Todas las islas del Caribe son en cierta forma semejantes, pero al mismo tiempo, cada una de ellas tiene alguna caracteriza que las hace especiales; para mí, en esta, es ese colorido.
                                                                       
                                                                       Curazao

....de Bonaire....


      El A,B,C (Aruba, Bonaire y Curazao) de esta zona del Caribe más austral, se completa con esta lindísima y más pequeña isla en la que, en su momento, estuvieron los franceses. Excepto en algunas pocas (Cuba, Dominica o Puerto Rico) que permanecieron en manos de los conquistadores españoles, y excluyendo a los portugueses que optaron por las costas del Africa y de America del Sur, los demás países navegantes de Europa se repartieron el resto de estas islas, denominadas Las Antillas, entre colonias  francesas, holandesas o inglesas, y cada una de ellas mantienen, aun al día de hoy las características propias de aquellas improntas.

     A Bonaire la recuerdo como "muy perfectita", "muy prolijita y limpia", con comercios pulcros y casas bajas, y luego esas playas, extensas, con un enorme coral protegiéndolas de los cambios abruptos en el mar, ideales para practicar buceo o, en mi caso, snorqueling.

                                                                     
                                                                           Bonaire


.....de la isla de Santa Lucía......

     Esta pequeña isla del Caribe pasó de ser colonia inglesa a francesa, varias veces a lo largo de su existencia. Hoy es un estado independiente en donde se habla inglés y el criollo local. Me encantó el pueblito y su puerto, pero aquí lo que más me gustó fueron sus playas, largas y anchas, con un mar muy pero muy tranquilo, aguas frescas, para lo que es el Caribe, y sobre todo con ese marco incríble que le dan las cercanas montañas Pitons. Una maravilla......aunque el taxi que contratamos para regresar al puerto nunca llegara.

                                                                              
                                                             Una de las playas de Santa Lucía

....de Barbados.....


     Si bien esta es una isla como todas las del Caribe, la pudimos recorrer bien por su interior, por  caminos rodeados de cañas de azucar, subiendo pequeñas elevaciones y siempre con ese mar bien azul allá abajo, hasta que llegamos a una antigua iglesia, de piedra, junto a un viejo cementerio con lápidas muy antiguas, y todo rodeado por la sombra de árboles más que centenarios. Era un verdadero placer estar allí, sentados en un banco tambien de piedra, disfrutando de todo ese apacible ambiente, tan antiguo.

                                                                           
                                                               antiguo cementerio

....de Grenada......


         Esta isla es una de las que fue descubierta por Colón durante sus viajes iniciales por America, y la bautizó como Concepción, pero poco después otros conquistadores le pusieron el nombre de Granada dado que les recodaban a sus montañas allá en la Sierra Nevada. Al pasar a ser colonia inglesa o francesa su nombre trocó por el actual de Grenada o Le Grenade, cuando fue francesa.

        Si bien todo aquí es fascinante, lo que más recuerdo es la llegada por el mar, en un crucero, mientras nos íbamos internando poco a poco hasta el pequeño puerto de su capital, St. George, con toda una serie de pequeñas casitas trepando hacia arriba en las montañas cercanas, mientras dejábamos a nuestro lado algunas islas menores y un grupo de intrépidos adolescentes se nos acercaban peligrosamente al barco para pedirnos que les tiráramos monedas, que rápidamente se arrojaban al mar para bucerlas. Todo un espectáculo y una bienvenida bien diferente.

                                                                                   
                                                                        Grenada

.....de las Bahamas......

         Las Bahamas son un archipiélago de pequeñas islas bastante cercanas a las costas de los Estados Unidos, muchas de ellas asiento de impresionantes hoteles o de pequeños parque acuáticos y selváticos como la famosa de Gilligan. Pero a mí lo que más me gustó fue su capital, Nassau,

            Sus edificios son muy alegres y multicolores y si bien se trata de la capital de un país independiente, todo ocurre en un ambiente muy pero muy relajado, con un cálido sonido a regaee en sus calles, por donde se pasean sus mujeres morenas tambien vestidas de colores y todo con la sensación de estar viviendo -hoy- en un ambiente de mucha libertad, y desde luego del turismo, al que se brindan por entero, grandes y pequeños. Vale la pena llegarse hasta allí al menos unas horas.

                                                                                  
                                                                        Nassau


....de la isla de Guadalupe....    


       Si bien todos los paisajes en las distintas islas del Caribe son semejantes, cada una mantiene sus propias características que hacen que al recordarlas uno pueda distinguirlas. Aquí, en Guadapule, lo que más me gustó fue el entorno: una  bahía de aguas muy tranquilas, rodeada de verdes montañas, que contrastan con el fuerte celeste del mar, y cientos y cientos de pequeñas embarcaciones blancas salpicando todo ese maravilloso entorno, que se pega en las retinas como para no olvidarnos nunca de haber disfrutado de esa maravilla, descubierta por Colón en su segundo viaje colonizador, y que así la bautizó, preludiando el nombre de la Virgen que sería la patrona de toda America.


                                                                             
                                                                     Guadalupe

.....de la isla de San Andrés....


                 Si bien esta isla le pertenece actualmente a Colombia, se llega a ella tras más de una hora de vuelo -sobre el mar- ya que se encuentra aproximadamente a la altura de Nicaragua, que por su proximidad tambien la reclama, mientras que sus habitantes -negros tradicionales- aspiran a obtener su propia independencia. Es una isla "rara", porque si bien sus paisajes sus impresionantemente lindos y muy agradables, todo se encuentra como "a medias".

                  Hay si un par de cadenas hoteleras, pero todo da la sensación de poco, o de estar armado de modo suficiente como para dar lo mínimo. A mí la isla me gustó, como su pasado con historias de piratas que habían hecho de ella, su refugio entre escapada y escapada.....quizás ese mismo pasado es el que ha quedado como flotando en el aire, transmitiendo esa sensación de elemental que allí tiene todo.

                     En fin, que puesto a elegir lo que más me gustó fue haber podido nadar junto a rayas y jugar con ellas en el mar, muy cerca de un coral que encierra la isla. Una curiosidad sin dudas.
                                                                               
                                                                                   
....de Panamá.....

       ¡ Cuantas cosas fantásticas tiene este pais como para maravillarse ! Para empezar, sus dos costas oceánicas.....la simpática belleza de su ciudad antigua......con sus iglesias coloniales......su pasado....su presente......la impresionante e impactante ciudad moderna con sus enormes edificios y rascacielos.... En fin, todo aquí es sorprendente......hasta sus inmensas playas sobre ese Pacífico azul que se pierde allá lejos, en la distancia.

      Pero sin lugar a dudas lo que más me gustó fue haber podido ver de cerca la fantástica obra de ingeniería que son las reclusas del canal. He visto en otros lados funcionar ese sistema de llenado de reclusas para poder trasladar las embarcaciones hacia otras alturas, pero se trataba de pequeñas reclusas para pequeñas embarcaciones.

       Aqui lo que se transportan son barcos gigantescos, de carga o de pasajeros, pero a escala máxima, y verlos desfilar por allí delante de uno, es impactante, al punto que me hubiese quedado todo el día. Me fascinó.

                                                                   

jueves, 2 de julio de 2015

El fantástico sistema económico-social de Escandinavia




            Durante los últimos dos siglos el mundo se ha debatido entre dos sistemas económicos, con sus respectivas repercusiones sociales: el capitalismo y el socialismo, los dos con sus ventajas y también con sus propias falencias, sistemas que cada uno de los países que los encarnan y llevan adelante defienden además con un fuerza que no permite fisuras, casi diría, ni siquiera algún guiño hacia el otro.

            Sin embargo, en silencio pero con una tenacidad realmente envidiable, unos cuantos países han logrado lo que entiendo es la síntesis perfecta entre aquellos dos sistemas, son los países escandinavos: Dinamarca, Suecia y Noruega. Tres países con un pasado e historias comunes; en los que inclusive algunos han estado dominados durante un tiempo bajo la fuerza de otro, para luego invertirse las cosas y pasar a ser dominadores, o inclusive aceptando un gobierno en común ; que se han peleado y luchado hasta el cansancio, pero que finalmente han reconocido que todo ello los llevaría a la extinción mutua logrando a partir de entonces contar con una estabilidad política, económica y social realmente impactante y exitosa, con su consecuente estado de bienestar generalizado, es decir para todos sus habitantes, y que no se encuentra –así- en ninguna otra parte del mundo.

            Hay, claro está, países en donde muchos viven bien, e inclusive se podría decir, mejor, pero quienes así lo disfrutan son unos pocos; hay otros países en donde, desde el Estado, se procuran compensar esas falencias del sistema capitalista, pero lo hacen de una manera prepotente, muchas veces abusiva y sin lugar a dudas, a costa de los recursos de algunos pocos, a quienes nada se les compensa y entonces es hasta lógico que despotriquen y se enfurezcan.

            Los países escandinavos, en cambio, en silencio, con inteligencia, con un gran acompañamiento de su gente, con políticos responsables y comprometidos, han logrado una síntesis que es maravillosa, que a todos beneficia sin que nadie se sienta abusado, extorsionado o sencillamente robado. Es una maravilla.

Si bien hay trabajo para todo aquel que quiera hacerlo, pues el índice de desocupación anda en torno del 1%, lo cierto es que hasta quien no tiene o no encuentra un trabajo que sea de su agrado tiene garantizado, de por vida, una remuneración que le permite atender a sus necesidades básicas. Por otra parte, si una persona es despedida de su trabajo, la obligación del empleador es la de seguirle abonando el mismo sueldo que cobraba, pero sólo durante tres meses, que es el tiempo que se considera  suficiente como para lograr otro empleo, y si no lo consigue, entonces es el Estado el que toma la posta y se hace cargo de sus necesidades hasta que lo consiga.

Del mismo modo, cuando uno llega a la edad de jubilarse, que creo que es a los 68 años, a todos se les asegura un ingreso mínimo, aun cuando no hubiesen trabajado nunca en su vida, o lo hubiese hecho de manera interrumpida. Desde luego que quien ha trabajado y aportado conforme a sus ingresos, tiene derecho a una jubilación acorde con la entidad de sus aportes.

Hace unos años se advirtió que el índice de natalidad descendía a un ritmo que en pocos años, los llevaría prácticamente a la desaparición, porque era muy bajo. Fue entonces cuando una primera ministra logró se aprobara un sistema mediante el cual, cuando una madre tiene un hijo, a éste se le garantizan 10 años de atención económica completa, vale decir, con todos sus gastos pagos, y cuando digo todos es eso, todos; a su madre se le otorga un año ininterrumpido de licencia manteniendo el Estado sus mismos ingresos –los que fueren- licencia que se puede prorrogar por uno más, para que al niño no le falte su presencia, y la misma opción la puede hacer el padre; o ambos si así lo considerar conveniente.

De más está decir que aquel índice se modificó totalmente y hoy vemos por la calle a muchísimas madres -y también padres-paseando felices a sus niños. No importa el costo, importa que esas naciones no desaparezcan y esto es importante para todos. ¿Y como se financia todo este sistema? Sencillamente con el aporte de todos, en esto no hay privilegios ni nadie considera que se trata de un impuesto al trabajo. Todos aportan al sistema aproximadamente entre el 40 y el 45% de sus ingresos, o inclusive algo más; quien gana más dinero, paga más y quien menos, menos, pero la obligación es igual para todos.

Claro está que con esos fondos el Estado se hace cargo de todas las necesidades básicas de la población, como ser la educación, la salud o la seguridad, que son gratuitas y, de más está decirlo, funcionalmente perfectas. El hijo de la reina nace en el mismo hospital que el del empleado más raso, y a todos se los atiende por igual; del mismo modo, la educación es algo muy cuidado, al punto que las mejores remuneraciones de los funcionarios públicos es para los educadores y los investigadores, porque consideran que en ello va su propia subsistencia como Nación

Y todos se preocupan en que las cosas funcionen bien, y los dineros, que son de todos, tengan el destino que realmente tienen que tener. En estos países la corrupción realmente no existe. Te cuentan de un caso, por ejemplo, cuando una primer ministro en un viaje al exterior, se confundió y pagó la peluquería con la tarjeta destinada a los gastos oficiales…..¡ y debió renunciar!

Es que son países en los cuales la prioridad son sus habitantes; todos sus habitantes, sin distinciones entre quienes tienen y quienes no. El esfuerzo, por supuesto que es de todos, pero a nadie se le ocurre escabullirse o hacerse el distraído; todos deben y quieren remar a la par, cada uno de acuerdo a sus posibilidades. Esa idea de que “lo nuestro” es sólo mío no existe; la han superado y junto a lo que es mío, porque puedo tenerlo, está el concepto solidario de lo que es compartido, y que no por eso debe ser peor o más berreta, al contrario.

Hay países, como por ejemplo Noruega, con grandes recursos en materia de petróleo, que es explotado por el Estado con alguna asociación norteamericana, pero que exportan todos sus excedentes y con eso se permiten disminuir el nivel impositivo; hay otro, como Suecia, que carece de ese recurso, y entonces lo que hacen es volcar todos sus esfuerzos económicos en la investigación que les permita explotar formas de energía diferentes, de recursos renovables, como por ejemplo puede ser la basura, que aprovechan para transformarla en recurso energético, llegando a darse inclusive la paradoja de ser importadores de basura, cobrando por “ese servicio” a países que no saben que hacer con ella, para luego transformarla en electricidad para barrios enteros.

Es otro mundo. Allí no hay una lucha despiadada por tener, sino la convicción que quien se esfuerza, lo consigue…..lo que sea…..además de contribuir al bien común; son sociedades solidarias, acostumbradas a valerse por sí mismas, que han vivido peleándose entre ellas casi hasta extinguirse, pero que luego de la Segunda Guerra Mundial, que las dejó en la ruina, han sabido entender bien que debían valerse por sí mismas y comenzaron esta transformación que hoy les hace ocupar los primeros lugares en cuanto al promedio per capita de sus habitantes.

Dinamarca fue ocupada por los nazis debido a sus riquezas en materia alimenticia y entiendo que Noruega también, por las mismas razones; Suecia, en cambio, si bien permaneció neutral fue obligada por ambos bandos a suministrarles por igual maquinaria y armamento, desde luego que en forma gratuita, pero luego no se quedaron con los brazos cruzados ni esperando que otros viniesen en su auxilio, se arremangaron, apechugaron todos juntos, y allí están ahora, disfrutando de un bienestar generalizado que a todos les llega.

Es que todo aquello les sirvió de experiencia y a partir de la segunda mitad del siglo XX comenzaron a cambiar la historia, logrando en 50 años un bienestar para su población que es admirable, sin luchas ideológicas extremas y en los tres casos, con monarquías cercanas a su pueblo, con el cual comparten éxitos y fracasos. Esto significa que se puede; que no hace falta discutir cada 10 años un programa económico diferente; que lo que hay que hacer es tener una clara conciencia del poder cívico; que los que mandan son los ciudadanos y los funcionarios obedecen o se van a su casa. ¡ Que lejos que estamos de todo eso !

Es lamentable ver en que se detienen nuestros políticos; es más lamentable aún que ya casi a nadie le escandalicen ni la  corrupción ni los grandes negociados. No sé cuando vamos a aprender….y no estoy hablando solamente de América Latina, estoy pensando también en la Europa tradicional y en los mismos Es.Us. ¡ Cuanto tenemos para aprender de estos países, pequeños en comparación con otros, o con menos pergaminos, pero que nos están dando a todos, una gran lección.

  

Rusia: un paraíso desconocido.-


          Una mañana de junio llegamos hasta la frontera de Rusia, desde Finlandia, con todo ese temor que genera -adoctrinados por tantas películas- el tener que enfrentarse cara a cara con policías o soldados de cara severa y movimientos bruscos. Quizás la guía que nos conducía contribuyó a generar ese estado de tensión suministrando toda clase de recomendaciones de como comportarnos. Y allí estábamos, haciendo una fila en un pabellón casi vacío, aguardando que un funcionario nos llamara, uno por uno, y nos examinara de arriba abajo, pero sin ninguna actitud hostil ni muy diferente a lo que ocurre cuando, por ejemplo, nos trasladamos a Chile.

            Es que nada raro pasó,  ni entonces ni después, durante los nueve días que allí permanecimos, maravillados de todo lo que vimos, aprendimos y admiramos de ese, para nosotros, tan desconocido mundo. Es que nada se nos enseña de Rusia en la escuela secundaria, a diferencia de lo que ocurre con países como Francia, Inglaterra o Italia de los cuales nos explican su historia e indiosincracia, para no hablar de España de la que –claro- su historia en cierta forma es la nuestra.

De Rusia en cambio se nos enseñó que a comienzos del siglo XX unos revolucionarios se apoderaron del gobierno, echaron a los zares a quienes mataron junto a su familia, y se adueñaron del poder para establecer una sistema que, luego, tuvo en jaque a occidente hasta casi finalizar el siglo. Por lo menos en mi caso muy poco más…..quizás los Urales….tal vez el Volga, pero nada más……y sin embargo había tanto por saber y conocer.

Es que Rusia ha sido deliberadamente excluida de Europa, por no ser occidental, pero tampoco es bien recibida en Asia, con la cual no comparte más que un territorio, vasto, pero sin contar con una mentalidad asiática. Rusia es, así, nada más –y nada menos- que Rusia, un país continentalmente neutro, con los pies en ambos lados pero con una personalidad que le hace ser independiente de los dos y, por ende, de todo. Podría decirse entonces que Rusia en solo de sí misma.

Quizás es por esa razón que desde siempre fue pretendida por muchos países poderosos a lo largo de su historia, algunos de los cuales lograron dominarla, como los mongoles, durante el primer milenio o sus vecinos, eslavos como ellos, los polacos que también lo lograron en torno de los comienzos del segundo., y hasta en forma parcial, los propios suecos cuando reinaban sobre toda la península escandinava y Finlandia.

Contra todas esas dominaciones lucharon y finalmente terminaron exitosos, tranformando en los primeros casos en príncipes a sus triunfadores, que a su vez comenzaron a extender sus territorios y a establecer fortificaciones, hasta que bajo una autoridad común, la de la familia Romanov, finalmente se constituyó como una nación una vez que lograron liberarse del domino polaco..

Pero su territorio también fue codiciado por “los conquistadores” de los últimos dos siglos, Napoleón primero y Hitler después, aunque frente a ambas pretensiones, conformadas por legiones de ejércitos que eran muy superiores a las fuerzas rusas, se aglutinaron y se encerraron para protegerse igual que lo hacen con las duras inclemencias del tiempo para así lograr, en ambos casos, rechazar al invasor aún a costa de muchas vidas y demasiadas pérdidas materiales, en luchas patrióticas que templaron el carácter de su pueblo y lo transformaron en orgullosos defensores de lo propio, sea lo que fuese.

En el caso de la invasión napoleónica, los franceses, que superaban en número a los rusos en cientos de miles de soldados, llegaron hasta  las mismas puertas de Moscú –estuvimos en la colina donde pernoctó Napoléon la noche anterior a la que pretendía ser su entrada triunfal-, ignorando que en esos momentos sus habitantes, antes de abandonarla por completo, la incendiaban para que no pudiera servirle de refugio al prepotente invasor, que al carecer de un sitio en donde establecerse debió replegarse y padecer de un crudisimo invierno en las estepas, que minó sus fuerzas casi hasta extinguirlas. Fue un triunfo más que estratégico y con él se inició la lenta caída del régimen napoleónico.

Y otro tanto le ocurrió a Hitler un largo siglo después, quien para evitar que le ocurriese lo mismo utilizó como estrategia la de avanzar más por el norte, sobre  San Petersburgo, también heroica ciudad que se encerró sobre sus murallas para resistir un asedio de meses, a la espera de que el invierno hiciera por ellos lo que ellos no estaban en condiciones materiales de hacer, y también lo lograron a cambio del hambre, la enfermedad y la muerte, pero forjándose un carácter de orgulloso patriotismo, que merecidamente aun mantienen.

Y luego padecieron ochenta años de experiencia comunista, que supieron sobrellevar con esa paciencia ancestral que les hacía intuir que algún día las cosas les irían mejor…..y cuando finalmente esto ocurrió, tuvieron que padecer de la voracidad de esos mismos ejecutores y operadores del sistema que se quedaron con todo lo que, supuestamente, era de todos, y de la noche a la mañana debieron comenzar –sin experiencia alguna- a sobrevivir en un mundo de pura competencia y de ansiedad material, pero que simultáneamente  los vinculó al mundo exterior que, ahora sí, logró invadirlos no solo con sus técnicas globalizadas sino con lo peor de sus conductas relajadas y liberalizadas de todo contralor.

Y así es como hoy – mediados del 2015- lo que procuran es recuperar sus banderas, no las del sistema comunista a las que nadie quiere regresar, sino a las que les permitan volver a ejercer sobre las conductas de sus ciudadanos un cierto control ajustado a la personalidad rusa por sobre las netamente occidentales, que no son las suyas, y en eso están, llevados de la mano de una política que viene siendo incomprendida en el denominado “occidente”, por medio de la cual lo que se intenta no es poner en jaque a los demás sino sencillamente restablecer para su país un rol diferente y diferenciado, porque así es Rusia, independiente y propia, orgullosa de un pasado muy glorioso que no quieren que se pierda tras los cantos de sirena de un capitalismo brutal e indiferente.

Rusia es eso, pero además es mucho más. Es un país que ha crecido en torno de las iglesias y la religión –ortodoxa y, claro está, ortodoxa rusa-, la cual pese a los ochenta años de propaganda en contrario, ha sabido mantener al menos un respeto por el culto religioso y por quienes lo llevan adelante desde todas las jerarquías. La religión de los rusos es, desde luego cristiana, pero habiendo recibido las primeras doctrinas de la mano de la iglesia de Bizancio, no de Roma, recién en torno del primer milenio cuando ya el Imperio Romano se había fracturado y aquella ya no reconocía la supremacía  papal romana.

Pero fieles a su manera de ser tampoco aceptaron la griega y poco a poco fueron conformando su religión, con sus propias jerarquías y ajustada a la indiosincracia y personalidad de su pueblo, y así están hoy, procurando restablecer sus vínculos con una ciudadanía que si bien no los olvidó, en realidad desconoce totalmente el contenido de sus prédicas. No tienen aún una llegada y una aceptación generalizada entre la gente, pero sí hay muchísimas vocaciones sacerdotales y por doquier se ven las cúpulas de sus templos junto a altísimos campanarios que aun hoy así es como convocan a sus fieles.

Y que decir de sus iglesias, todas ellas son maravillosas, al punto que inclusive el poder del comunismo en muchísimos casos respetó sus bellezas que aún se mantienen expuestas como desde hace seis o siete siglos, en una clara demostración de las formas de las que se valieron los viejos sacerdotes y monjes para transmitir sus enseñanzas religiosas a un pueblo totalmente analfabeto.

 Las iglesias ortodoxas son mucho más pequeñas que las occidentales;  carecen de bancos y de figuras a las que exaltar, pero están cubiertas de frescos esplendorosos en todas sus paredes y columnas y hacia el frente, cubriendo el altar, oculto tras impresionantes puertas exqusitamente adornadas con oro y piedras preciosas, unos iconostasios magníficos con ilustraciones de Jesús, de María, del Niño, de la Trinidad, y del Antiguo y el Nuevo Testamento, se elevan hasta el techo lejano y abovedado, que también suele estar pintado con el Cristo Resucitado.

            En cuanto a sus ciudades más emblemáticas, San Petersburgo fue fundada por Pedro I a comienzos del siglo XVII  luego de haber recuperado de los suecos sus territorios ocupados, estableciendo allí, cerca de la frontera, una nueva ciudad en lo que no eran más que pantanos a la vera de un río, para transformarla en pocos años nada menos que en la capital de toda la nación y sede permanente de su gobierno.

            Tanto por la inspiración europea que portaba Pedro, como por la que años más tarde prosiguió Catalina la Grande, de origen alemán, la ciudad tuvo y aun lo mantiene hoy en día, un aire muy europeo en todas sus magníficas construcciones. Es que tanto los palacios, como los jardines que los circundan y la infinidad de canales cuyas aguas oscuras se mezclan con sus calles y avenidas en una especie de Venecia nórdica, todo allí recuerda a las grandes capitales europeas.

            Se ha dicho que San Petersburgo está en territorio ruso, pero que no es rusa, y eso es totalmente cierto, al punto que el Palacio de verano de Pedro, llamado Peterholf, a orillas del Báltico, es casi una réplica de Versalles, inclusive en sus jardines, adornados con fuentes inagotables y caminos que bajan hacia el mar bajo la sombra de árboles centenarios. Pero…..claro…..como es algo que en realidad lo que ha querido es imitar,  no deja de tener cierto aire de inautenticidad, a pesar de sus soberbias formas.

            Me gustaron las enormes construcciones de esa ciudad; me fascinó recorrer desde el agua sus canales y el río Neva que poco más allá desemboca en el mar; caminar por sus elegantes avenidas, sentarme en algún banco de sus cuidados jardines y estrenarme en una Rusia cuyo idioma me resultara ininteligible y de dura expresión, como la mayoría de las personas con las cuales nos cruzábamos, que quizás, llevaban como impresos en sus rostros los gravísimos padecimientos sufridos por sus mayores.

            Fue interesante estar allí, pero lo que más nos maravilló de nuestra estancia en Rusia fue sin ningún lugar a dudas, Moscú. La verdad es que no nos esperábamos ver una ciudad tan plena y vivaz; tan activa y hasta diría que alegre; muy jovial, muy entretenida, muy elegantes y finas sus mujeres, muy agradables y simpáticos los hombres; en fin, una ciudad vivida intensamente por sus laboriosos habitantes.

            Por supuesto que la ciudad, turística y políticamente sigue siendo la de su centro paradigmático, con ese Kremlin o fortaleza impactante que, como los viejos castillos medievales, no solo comprende habitaciones soberanas hoy transformadas en interesantes Museos sino todo un sinnumero de inmuebles destinados a funciones gubernamentales e inclusive religiosas, aunque estas están bien diferenciadas de aquellas, junto a ellas la emblemática Plaza Roja, que no lleva ese nombre por ser “rojo” el color del régimen soviético sino porque rojo significa grande y bello, y así lo es, efectivamente, con la sobria tumba de Lenin a su vera, custodiada a su vez por la de una centena de ilustres jerarcas; y allí, en el medio, las llamativas y coloridas cúpulas de la Catedral de San Basilio, quizás lo más fotografiado de todo el armónico conjunto.

            Por eso es que resulta llamativo que junto a ese antiguo núcleo, quienes hoy viven en la ciudad –más allá de los turistas que la disfrutamos- sean hombres y mujeres cien por ciento modernos, muy siglo XXI en todo. Parece una paradoja pero es así. Hay alguna que otra “matrioska” dando vueltas por alguna parte, con sus largas vestimentas y su cara colorida y, a la vez, triste, pero es una excepción. Todo allí es vivaz, moderno, activo, joven, una verdadera sorpresa, al menos para nosotros que teníamos otra idea de Moscú y los moscovitas.

Nos fascinó la sorpresa, como nos agradó ver que en las cercanías está creciendo otra ciudad dentro de aquella, con inmensos y luminosos edificios destinados a la banca y al comercio, a la manera de lo que ocurre en otras grandes capitales como Paris, Londres e inclusive Buenos Aires. Los edificios de la Universidad, rodeada de jardines y que visitamos de noche nos deparó otra sorpresa al mostrarnos un mundo juvenil de total desparpajo y libertad, como queriendo mostrar al mundo que han quedado bien atrás los modelos centrados en la prepotencia, la obediencia y el temor, y así lo exhiben, sin pudor alguno

En vez el interior ruso, o al menos las ciudades de un radio cercano a Moscú que conocimos, mantienen casi intactas las características con las cuales siempre hemos identificado al pueblo ruso: severidad, vejez cansina, mucha paciencia, oscuridad en la vestimenta y seriedad en la mirada, todo ello en un marco de muchísima austeridad y un enorme apego por su pasado glorioso.

Estuvimos en un viejo centro religioso –Serguiev Posad- nacido en torno del sitio de predicación de un antiguo hermitaño –san Sergio- hoy transformado en un activo monasterio; luego llegamos a encontrarnos con el Volga, en Yaroslav, una interesante ciudad del llamado “anillo de oro”, en donde encontramos otras catedrales ortodoxas y monasterios activos; Kostroma, también junto al Volga –quizás el río más largo de Europa y sin dudas de Rusia- fue el lugar en donde se refugió el primer Romanov, siendo un joven y ya elegido soberano, cuando los polacos lo querían matar para impedirle que accediera al trono, y a quien le salvó la vida un heroico campesino de ese pueblo, con propio sacrificio personal.

También pasamos una noche en Suzdal, un típico pueblo campesino, que me trajo a la memoria los relatos de Tolstoy sobre la vida en el campo ruso, adonde se ha recreado una vieja aldea que  nos permitió transportarnos en el tiempo e imaginarnos esa vida, tan dura de algunos siglos atras; y finalmente la ciudad de Vladimir, una de las más antiguas del país, establecida en ese lugar aun antes que se fundara Moscú, y que al igual que ésta luego, en su tiempo fue la capital de toda Rusia.

En todas ellas se respira el pasado, un pasado glorioso del que no solo se sienten orgullosos sino además protagonistas, como si ellos mismos hubiesen sido los actores de esos hechos que nos relatan; como si ellos mismos hubiesen levantado con sus propias manos las viejas iglesias destruidas por incendios incesantes; como si hubieran pintado los frescos que cubren las paredes y columnas de sus pequeñas –para nuestros ojos- iglesias más que centenarias; o los iconostasios que se yerguen solemnes junto a las paredes que esconden los altares.

Esa es la Rusia que nunca se entregó; la que se mantuvo latente durante los casi noventa años de sometimiento a la fuerza del indigno gobernante, la misma que hoy quiere renacer de la mano de quien les ha prometido restablecer sus propios valores ancestrales, esos que se han perdido tras las ráfagas del viento que trajo consigo la libertad. Esa Rusia callada y profunda es la que nos permitió terminar de cerrar la historia de un país fascinante y desconocido que  hemos podido conocer tal y cual es, para que desde ahora en más sepamos comprenderlo y explicarnos las razones de su proceder.

Y entonces nos fuimos….sigilosamente……en el medio de la noche…..como para no despertarle de sus sueños…..sin querer distraerle…..como volviendo a la superficie después de haber recorrido las distintas facetas de ese mundo desconocido y casi inexplicable que se nos presentara con una realidad tan diferente de la que habíamos imaginado….y así….calladamente, pero muy agradecidos, emprendimos el regreso y volvimos a cruzar las fronteras que nos dejaron en el propio, en nuestro querido occidente, pero convencidos que allí no más, detrás de este mundo, late otro con la misma intensidad, aunque sea distinto.




viernes, 15 de mayo de 2015

En América del Sur (sin Argentina) lo que más me gustó......

....de Montevideo.....


     Fue la costanera sobre el río en Carrasco. Montevideo es una ciudad que me sorprende, porque ha mantenido características coloniales a pesar de ser una moderna capital, por lo menos en buena parte del centro histórico; también me ha sorprendido siempre su tamaño como ciudad, totalmente apropiado y razonable, sobre todo en comparación con su vecina Buenos Aires; y finalmente me ha sorprendido -por contraste- el color del río, nuestro mismo río de la Plata, pero que por efecto del viento, la proximidad con el mar y las corrientes allá aparece muchísimo más limpio que en esta orilla.

     Y precisamente lo que más me gustó de esa ciudad, fue esa agradable costanera sobre el río que se encuentra en la coqueta zona de Carrasco, tan próxima al centro, pero a la vez tan distinta. No he ido muchas veces a Montevideo, como para haberla podido recorrer de punta a punta, pero siempre recuerdo ese paseo tan agradable por esa costanera soleada.

                                                                      
                                                           la rambla de Carrasco

....de Colonia....

     La viejísima y siempre bien conservada Colonia del Sacramento, tan cerquita de Buenos Aires, siempre me fascinó. Recorrer despacio sus calles de adoquines; disfrutar de la clara vista del río desde ese larguísima costanera; alojarnos en sus cómodos y cada vez más lujosos hoteles; y disfrutar de jornadas realmente de descanso, ni bien uno desciende de los barcos que hacen el trayecto desde y hacia Buenos Aires.

     Sin embargo, lo que más me gustó fue una población cercana, Colonia Suiza, cuyo nombre oficial es Nueva Helvecia, y que es un lugar soñado. Levantada en el medio de un bosque, sus calles de tierra, muy anchas y tranquilas esconden cualquier cantidad de casas de fines de semana o permanentes, y varios hoteles, grandes o más chicos, que son un ensueño. Es como para instalarse allí, debajo de los árboles con un buen libro, y quedarse escuchando el trinar de los pájaros y, a lo lejos, la alegría de los chicos jugando en los parques .

      Del otro lado de la ruta y andando un trecho, uno se encuentra -además- con unas muy agradables playas de arena sobre la costa del río, que como en toda esa orilla, es mucho más limpia que las de nuestro lado. Es un paraíso a tiro de piedra de la ciudad de Buenos Aires, como para pasar allí un fin de semana inolvidable.

                                                                              
                                                               Colonia Suiza (Uruguay)

.....de Carmelo.....

      Su pintoresco puertito de embarcaciones deportivas. generalmente repleto de veleros y barcos con motor fuera de borda de argentinos que cruzan desde el Tigre o San Fernando, allí no más, del otro lado del Delta. Es quizás la menor distancia entre los dos puntos que separa el Rio de la Plata y por eso su tráfico naútico es intenso, sobre todo durante los fines de semana.

     A mí me gustó mucho recorrerlo entre semana, un día la mañana, que estaba muy tranquilo; es una larga entrada de agua que en sus dos orillas tiene amarras y toda esa vida que siempre acompaña a este tipo de puertos deportivos, todo debajo de unos muy frondosos sauces que brindar su sombra a todas horas y todo rodeado de un inmenso parque, a la orilla del río, como para dejar allí todas las penas y penurias y dedicarse a descansar y soñar con navegar. Un placer.

                                                                     
el puerto de Carmelo

....de Punta del Este....

     Todo! La verdad es que es un lugar único: las características de su geografía tan especial, con el mar de los dos lados, aunque uno sea un río contagiado o disfrazado de mar; sus calles y avenidas; el puerto repleto de embarcaciones deportivas; las paradas, cada una con sus propias características; las agradables playas más lejanas; su tipo de vida tan relajado; sus horarios; en fin, todo allí es placentero.

     Pero si tengo que elegir un lugar me quedo con el bosque de San Rafael que siempre me pareció espectacular. Muchos años después conocí el de Cariló, aquí en la Argentina, de características muy parecidas, a los que se podría agregar también Cumelén en Villa la Angustura. Los tres con inmensos árboles que casi, casi impiden ver el cielo; calles de tierra muy mezclada con arena; casas con enormes y lindisimos jardines, sin rejas ni obstáculo alguno que las oculte; mucha paz....mucha invitación a largas siestas estivales....mucha tardecita en el jardín....en fín.....lugares excepcionales que, quizás, en el invierno pierden el encanto que le dan el bullicio humano, pero como uno generalmente los visita en el verano, casi no nos enteramos de esa soledad.

                                                                              
el bosque de San Rafael

....de Santiago de Chile...

     Me gusta mucho esta capital, con se centro histórico bien marcado y con sus barrios delimitados según las diferentes épocas en que se fueron levantando, cada uno con sus propias características: Providencia con sus antiguas mansiones hoy transformadas en importantes oficinas o delegaciones diplomáticas y Las Condes, mucho más moderno y con ese permanente bullicio nocturno de sus bares y restaurantes. También los más nuevos, los que siguen hacia arriba, como pretendiendo alzarse hacia esa cordillera nevada en forma permanente que le sirve de extraordinario marco a esa ciudad, tan castigada por los desastres subterráneos.

     Pero el lugarcito que más me ha gustado, quizás más por razones afectivas, es una plaza que se encuentra en Las Condes arriba y que lleva el nombre de mi abuelo: Horacio C. Rivarola, en un barrio muy residencial y sobre la calle Sebastian el Canol, rodeada de altos edificios de departamentos, está siempre llena de chicos jugando y con muchas familias vecinas que bajas allí para tomar algo de fresco, estirar las piernas o simplemente encontrarse con amigos.

     Me gusta que así sea esta plaza porque a mi abuelo le gustaba mucho jugar con nosotros, sus nietos, cuando éramos chicos y también era muy sociable y amiguero, Se vé que su plaza mantiene ese espíritu. La enorme placa de cemento que se encuentra en una de sus esquinas, creo recordar que dice así: "Horacio C. Rivarola, maestro de juventudes latinoamericanas y gran amigo de Chile"

                                                                       
                                                         Plaza Horacio C. Rivarola

....de Viña del Mar....

       Interesante y moderna ciudad veraniega, estilo Mar del Plata, con una inmensa cantidad de edificios y calles -en verano- atestadas o -fuera de temporada- solitarias y tranquilas, tiene una de esas costaneras largas, de las que tanto me gusta caminar, junto a ese mar Pacífico, oscuro y profundo, de aguas tranquilas -como su nombre lo indica claramente- y muy pero muy frías.

         Al final de ese largo camino costero, en el sector que se acerca a Valparaiso, hay un restaurante muy pero muy pintoresco levantado sobre pilotes que se internan en el mar, de manera que cuando uno se instala allí a almorzar o simplemente a tomar algún traguito, la sensación es semejante a la de estar navegando. Si a todo eso le agregamos un acompañamientos de mariscos propios del Pacífico, el sitio se convierte automáticamente en inolvidable.

                                                                            

                                                        El restaurante de la punta, en Viña

....de Valparaiso......

    Siempre me han atraído las ciudades portuarias, y este no fue la excepción; su puerto es central en la vida de esta población que reside en viejas casonas pintadas de color, que van subiendo como escalonadas en su afán de permitir dominar con la vista, cada vez hasta más lejos, la inmensidad del mar. 

   Me pareció una ciudad fascinante, con fuerte aroma a pescado fresco y muchos marineros y rústicos pescadores adueñándose de sus calles en subida, hacia arriba, como queriendo atrapar el cielo encapotado; pero lo que más me gustó fue haber podido conocer Isla Negra, esa extraordinaria casa-museo que está unos kilómetros hacia el norte y que fuera el hogar nada menos que de Pablo Neruda, y que no se encuentra en ninguna isla, sino en un pueblo de pescadores que lleva ese nombre.

     La casa estás intacta, tal como se encontraba cuando vivía en ella, y muestra abiertamente una "cierta locura" que embargaba a su propietario, con colecciones disparatadas como de esos enormes mascarones de proa de barcos antiguos o cacharros y caparazones de  tortugas venidos desde todas partes del mundo, tan exóticos como ese bote de madera instalado con su proa mirando a un mar al que nunca se atrevió a entrar. Un genio y su casa realmente así lo refleja   

                                                                            

                                                       La casa de Neruda en Isla Negra

....de Zapallar (Chile) ....
     
     ¡ Que playa !! Por Dios.....con los cerros detrás, salpicados de inmensas residencias, una va descendiendo hasta llegar a la pequeña playa que se encuentra como en una ensenada, muy tranquila, y más allá la inmensidad del mar que uno puede disfrutar tranquilamente desde la arena de la playa; corta pero tremendamente atractiva. Vale la pena hacer el no muy buen camino que sale desde Reñaca y quedarse allí a almorzar disfrutando de toda esa belleza.

                                                                                
Zapallar

....de Temuco.....

     Importante ciudad del sur chileno, que se encuentra a la altura de nuestra Zapala, y que tiene su propio encanto en el interior de su famoso mercado, repleto de puestos donde se venden muy diferentes productos, sobre todo pescado fresco; fiambres; verduras, y también artesanías fundamentalmente mapuche, ya que estamos medio como en el corazón geográfico de ese pueblo originario. También los pequeños restaurantes que se encuentran en el medio de ese enorme predio son lugares típicos para comer muy bien, y barato.

      Pero como por allí fue muy importante la colonización alemana y han quedado numeroso vestigios de esa cultura, lo que siempre me encantó hacer en Temuco fue ir a almorzar al Club Aleman, por supuesto, comida típica, en un pequeño sótano de pocas mesas y cuyos ventanales  dan al verde de esa cancha de cricket, con sus tribunitas blancas a lo lejos. Chcrut....pernil....salchichas....mmmmm....se me hace agua a la boca.
                                                                      

                                                          El Club Aleman en Temuco
...de Villarrica....

      Que me disculpen los chilenos, pero es una ciudad simplemente "de paso"; no tiene nada o casi nada, que se pueda considerar interesante, excepto esa costanera sobre el Lago Villarrica que han levantado no hace mucho, y que lo transforma en el único punto que vale la pena detenerse a mirar. Allí, casi a mitad del recorrido, ha quedado el edificio del viejo Yacht Club de Villarrica, con se agradable restaurante con vista al lago y al volcán en el que siempre nos han atendido tan bien.

                                                                       
                                                             el Lago Villarrica


...de Pucón (Chile).....


      Es otra cosa....aquí en cambio todo es fascinante: las casas impecables; las calles transitadas -en el centro- pero tranquilas; el lago y el pequeño puertito; los negocios; la hotelería; la vida nocturna; la paz que se respira; las playas de arenas negras, los rápidos de sus ríos; todo hace de Pucón un lugar entrañable del que guardo recuerdos veraniegos imborrables.

     Pero puesto a elegir uno me quedó con la ascensión al volcán, una lejana mañana de enero, junto a varios de mis hijos. Realmente fue una experiencia extraordinaria que no volveré a repetir en ninguna otra parte. Si bien la trepada de los 2.500 metros es brava y se hace en tres tramos, de los cuales los dos últimos son sobre nieve, la sensación de felicidad que se alcanza cuando se llega arriba es indescriptible.

     Como lo es la experiencia de asomarse por el cráter y ver allí no más el magma incandescente, que nos quedamos atrapados admirando, filmando y fotografiando, porque ¡ nadie nos los iba a creer! Que fantástico! Hace unos días miraba por tele que había entrado en erupción. nuevamente, y mentalmente me trasladé hacia allá, hacia esa lejana mañana en que hicimos cumbre, la única en toda mi vida, y silenciosamente agradecí haberlo podido realizar.

                                                                        
                                      
                                                        El volcán Villarrica desde Pucón

....de Valdivia.....

       Otra ciudad excepcional levantada en las orillas de los rios Calle Calle, Valdivia y Cruces y la confluencia de estos le asigna una carácter muy especial que siempre me hizo recordar al del Tigre de mi infancia. Como toda ciudad de río es limpia y fresca, con su agradable puertito de pescadores y una prolongada costanera por las dos orillas que es fantástica.

       Pero lo que más me gustó fue haber podido navegar esos 15 kmts. que la separan del mar, en la Bahía del Corral que también fue una experiencia extraordinaria. El día no estaba climáticamente agradable, es más, algo llovió durante la travesía, pero al llegar a Niebla y cruzar hacia la isla del estratégico Fuerte, nos cambió el ánimo. Allí pudimos apreciar como era la defensa que Valdivia había ideado para rechazar las tentaciones de piratas y extraños, con un cruce de cañones que impedía el avance hacia el interior de cualquier navío que lo intentase, el que naufragaba necesariamente en el intento, a la manera de lo que también ocurre con las fortificaciones en Cartagena de Indias.

                                                                                 
                                                                        Valdivia

....de Frutillar (Chile) .....

     Toda esta zona del sur de Chile es maravillosa, y uno va pasando de pueblito en pueblito sin poderlo creer. Aquí nos encontramos con una villa típicamente alemana, con todo lo que eso significa en materia de prolijidad y limpieza; toda la ciudad parece salida de una postal, en donde todo esta en su sitio. Edificada en las orillas del lago Llanquihue y con la nítida y nevada imagen del volcán Osorno a la distancia, Frutillar es una sucesión de casas de madera situadas en escalera sobre un monte que circunda el lago.

        Uno se mete por esas callecitas y parece que estuviese en un cantón suizo o en un típico pueblo de la Bavaria en el sur alemán; y luego de dar varias vueltas, vuelve hacia la costanera y a la altura del viejo embarcadero, se sumerge en la calidez del club alemán a disfrutar de una comida típica con muy buena cerveza. ¡ Que más se puede pedir!!

         Lo que más me gustó fue haber podido estar allí, pero además, una visita a unas casas-museos que estan impecables y que nos permitieron apreciar in situ como vivían los primeros colonizadores que llegaron con sus ilusiones, sus costumbres, sus creencias, sus gustos, etc., que hoy son los de toda la población y también su zona de influencia. Un pueblito, diría, perfecto.

                                                           
                                                                        Frutillar


...de Puerto Varas (Chile) .......

     También sobre el lago Llanquihue pero en otro sector, se trata de otro pueblito muy especial, quizás aún más pequeño que el anterior, pero casi de las mismas características. Desde aquí parte un camino que rodeando el lago llega hasta otro, llamado de Todos los Santos, que es limítrofe con la Argentina ya que desde el otro extremo de ese lago y luego de un breve sendero por tierra, se llega nada menos que a uno de los brazos de nuestro Nahuel.

     Y es precisamente allí, a la orilla de ese lago de Todos los Santos en donde se encuentra mi lugar preferido en el sector, que es una vieja hostería que está en sus orillas, con muelle propio, toda ella de madera oscurecida por el tiempo, con grandes ventanales y comodísimos sillones para -incluso- dormitar después de un buen almuerzo    

                                                                                   
                                                La Hostería del Lago de Todos los Santos

......de Pueeto Montt ......

      La ciudad levanta frente al llamado seno de Reloncavi, donde asienta la isla de Chiloé y desde donde luego siguen hacia el sur todas esas islas e islitas que tiene la costa chilena, es claro está un   pueblo de pescadores hoy tranformado en una gran ciudad. que tiene su propio encanto marino que se le escapa por todas partes, además de esas tan típicas construcciones en altura para evitar las subidas del agua.. 

       Pero lo que más me gustó y divirtió fueron las increíbles "cocinerías" del puerto, pequeños restaurantes de un par de mesas, compartidas, en donde se sirven pescados y demás mariscos recién salidos del mar. Es tremendamente pistoresco sentarse en una de esas mesas, con quien te toque, y pedirte un curanto de pescado acompañado de su calidito, cual si fuera un puchero. Una delicia inolvidable.

                                                        Una cocineria en el Puerto Montt
                                                          
....en Ancud (isla de Chiloé).....


      Ya en la isla de Chiloé, adonde se llega por ferry, el primer pueblo con el que nos encontramos es Ancud, típicamente pescador y chilote, como se llama a sus habitantes, con su música tan alegre y sus comidas deliciosas. Es como un mundo aparte y recorrer sus calles con todas esas casitas de madera es un encanto especial.

     Pero a mí en particular lo que más me gustó fue la vista del mar desde los altos acantilados de sus orilla. Detenerse allí, con toda la inmensidad del mar por delante, admirando las pequeñas bahías desde las alturas ha sido una de las vistas que más me han atraído de Chile, y en donde comprendí la razón de ser del nombre de ese océano, realmente Pacífico.-

                                                                    
                                                                       Ancud (Chiloé)

....en San Salvador de Bahía (Brasil)

  ¡ Que "cidade" maravillosa ! Tiene una magia muy especial y todo en ella respira a fascinante. Es el Brasil negro el que vive en ella y que le transmite ese aura de magnetismo que la rodea por todos lados....en sus playas.....en sus calles.....en su viejo puerto......en sus barrios......desde luego en su música, fuerte y vibrante...en sus iglesias.....en fin en todas partes.-

   Sin embargo, llamado a escoger "un" lugar mi preferido será " el Pelourinho" ese barrio de calles empedradas y de topografía irregular ubicado en el que sería el casco histórico de la ciudad, con sus casas restauradas a nuevo, coloridas y de arquitectura colonial, que debe su nombre a "la picota" que allí se ubicaba exhibir a los condenados, para escarmiento de los demás.

     Su nombre, entonces, está ligado a su pasado más horrendo, pero su presente es de un colorido y una algarabía que no conoce límite. Perderse por esas calles y callecitas fue toda una aventura, y recorrerlo de noche nos generó mucho temor, pero totalmente innecesario. Una pequeña maravilla que nos puso frente a una situación que no es frecuente de poder experimentar.

                                                                            
                                                                 el Pelourinho bahiano

....de Rio de Janeiro.....


  Otra ciudad fascinante, con características diferentes, pero con su propia impronta carioca. Las interminables playas junto a ese mar tan tranquilo, de ola única al llegar a la orilla; la geografía de morros bien verdes custodiando la ciudad, noche y día; la majestuosidad de sus inmensos edificios; las calles atestadas; el paseo tranquilo por Copacabana; los barcitos de Leblon; en fin, esa vida bohemia como en permanente vacación que se respira en el aire; todo es sensacional y distinto, con una alegría contagiosas a cada paso.

    Todos sabemos que junto a esas bellezas, naturales y personales, convive un mundo extraño, de pobreza digna y de injustificada violencia, en sus barrios bajos cada vez más cercanos, y que uno -cobarde- procura eludir, pero que advierte como de costado cuando circula por sus calles rumbo a algún destino turístico. No diría la verdad si consignara que el Cristo del Corcovado no me impactó; es impresionante verlo y admirarlo, desde abajo, con sus brazos abiertos como invitando a subir y porque no desde arriba, desde donde se domina toda esa inmensa ciudad, girando en torno al mismo.

    Pero lo que a mí más me gustó fue haber podido subir al Pan de Azucar, ese morro que baña sus piés en el mar y al cual se accede por medio de un cable carril que utilizarlo es un placer adicional. Es que desde arriba se puede ver el mar en toda su extensión, inmenso, hasta el lejanísimo horizonte, con todos esos barcos, barquitos y barcazas dando vueltas; el largo puente que une a la ciudad vecina de Niteroi; el aeropuerto del Galeao que desde arriba parece de juguete o la pista de un portaviones; en fin, que uno se quedaría las horas disfrutando de una vista que es tan especial que se parece a la que brindan los aviones, pero desde la quietud. Fantástico!!.

                                                                              
                                                           desde el Pan de Azucar en Rio


....de Buzios (Brasil)......

     Otro paraíso con un montón de playas, todas diferentes, cada una con su propio estilo, más agrestes y solitarias, más populosas; mas abiertas al mar o más encerradas; con costa acantilada o de playas de arena....en fin, para todos los gustos, a lo que se debe sumar lo templado que es el agua en todas ellas. También genial la posibilidad de transportarte de una a otra playa conforme a las distintas variaciones del clima, en esos buggis que pululan por todos lados haciendo del lugar un sitio de veraneo, durante todo el año.

     Sin embargo, lo que a mí más me llamó la atención fue la actividad nocturna en la rua Das Pedras, ese tan atractivo y pequeño centro comercial en torno de esa calle, empedrada -como lo indica su nombre- con su enorme cantidad de negocios de todo tipo a ambos lados, más bares, restaurantes, heladerías y una multitud paseando, tranquila, de arriba a abajo. Una muy agradable manera de concluir un buen día playero.

                                                                         
                                                               rua Das Pedras (Buzios)


....de San Pablo......

      La ciudad es impactante.....eso es cierto......sus rascacielos imponentes......sus calles y avenidas que se cruzan en altura.....su actividad cultural permanente....su vida nocturna.....en fín....que compite con Buenos Aires en ser la ciudad más importante de Latinoamérica....eso sin ninguna duda....cabeza a cabeza. Pero....

.....a mí me gusta el mar y entonces, para encontrar lo que más me gustó hay que avanzar unos cuantos kilómetros hacia el este, hacia la costa, adonde se encuentra Guaruyá, que es realmente lo que más me gustó de la zona paulista. Es más, Guaruyá tiene una zona también muy cubierta de altos edificios y playas muy populosas; no son esas las que más me gustaron sino las que están -en la misma isla- algo más al norte, muy tranquilas y casi desiertas, con una hotelería bastante más exclusiva. 

                                                                        
                                                                  Guaruyá (San Pablo)


     Sin embargo, como 30 años después regresé a San Pablo y tuve la oportunidad de recorrerla con más tiempo y debo rescatar que me encantó poder caminar despaciosamente por el barrio "la Madalena" y todo ese encanto especial que proviene de los cientos de grafittis, algunos extraordinarios, que cubren casi todas sus paredes y que con una verdadera obra de arte. Me fascinó. Desde ya que de noche, esas mismas calles se transforman en el centro de la movida paulista, y debe tener su propio encanto, pero lo que yo conocí, una mañana, me reconforto con la ciudad.

                                                                                 
.                                                                la Madalenna

     En cuanto al mar, en esta oportunidad nos fuimos un poco más al norte, a pasar unos días en Ilhabela, esa increíble isla casi tropical ubicada enfrente de la ciudad de San Sebastian, y por donde habíamos pasado una tarde de visita, trasladados por un crucero. Pero poder quedarnos unos cuantos días, disfrutar de su clima tan distendido, de la calidez de sus noches y de la simpatía de sus habitantes fue maravilloso.

       De toda la isla, lo que a mí más me gustó fue una playa -cuando no !- que daba al mar abierto, es decir sobre la parte despoblada de la isla. La playa de los Castellanos, de mar templado, muy agradable y bastante movido; con playas extensas y con arenas casi blancas, y muchos bolichitos donde poder alimentarse y disfrutar de tragos. Fantástico, como lo fue el regreso en barco, dando toda la vuelta a la isla, saltando las olas. Una diversión aparte.

                                                                       
                                                                Bahia de Castellanos (Ilhabela)


....en Florianópolis......

     En la isla de Santa Catalina, Floripa -como se la conoce vulgarmente- es la capital de ese Estado sureño y paraíso de argentinos que, año tras año, invadimos sus cuarenta y tantas playas para disfrutar de un veraneo "a la brasilera", vale decir, totalmente libre y desprejuiciado. Cada playa o playita tiene su propio encanto y fisonomía, y uno puede ir variando de una a otra según su propio estado de ánimo o siguiendo las variaciones climáticas.

     Así ocurre con Joaquina o Mole sobre el este, abiertas al mar franco o las siempre concurridas Cachoeira, Canasvieiras, de los Ingleses o Jurré al norte. Pero necesitando elegir "un solo" lugar me voy a inclinar por la cercana isla de Campeche, en pleno océano Atlántico y hasta donde se llega en un barquito a motor, saltando sobre las olas.

     Sus playas, las que dan al mar, tienen olas grandes como para disfrutar de buenos baños o, inclusive, practicar surf, mientras que las interiores son bastante más tranquilas y con muchos rincones y remansos ideales para pasar una tarde tranquila, sin otra cosa que hacer que mirar hacia el cielo y el sol. Maravilloso !

                                                                           
                                                                  la Isla de Campeche

....en Pelotas (Brasil).....

     Nada especial que decir de esta limpia y amplia ciudad del sur brasilero, capital del Estado de Rio Grande Do Sur, pero lo divertido fue haber podido pasar allí una noche de modo de estar en condiciones de explicar que....."cenamos en Pelotas"....."dormimos en Palotas".....y salimos a hacer algunas compritas en Pelotas". Jajajaja.

... de Asunción......

    La Capital del Paraguiay es una ciudad que me pareció muy especial.....casi provinciana si pueden disculparme sus residentes, pero que de ninguna manera está dicho de manera despreciativa sino todo lo contrario. Es que ha logrado a pesar de todos los embates de la modernidad, mantener su espíritu de antigua ciudad colonial, con frente al río tranquilo que le da su nombre al país y casi en la confluencia del Paraguay con el Bermejo, ambos abiertos a una tranquila bahía.

    Esta característica fluvial que tiene la ciudad, se le contagia en el alma, pasa a sus calles, estrechas, se apodera de sus anchas avenidas, sobre todo la que costea el río, y se sumerge luego en la selva tan cercana que casi, casi se podría decir que estamos en un claro de ella. Tengo el recuerdo de gran cantidad de pájaros de muchos colores; de mujeres con atuendos también coloridos; de arpas y guitarras desparramando al viento sus sonidos; de casas coloniales; de parque arbolados; en fin, de mucha vida tranquila, sin los típicos sobresaltos de las grandes ciudades. 

    Me gustó.....sin dudas que me gustó mucho Asunción.....toda ella......pero quedé prendido de ese río, manso, de aguas barrosas, que pasa lentamente por delante, como invitando a descender hacia el litoral y aun más lejos, hasta encontrar -confundido con otras aguas- el frío del mar, allá en el Plata.


                                                         un remanso del río Paraguay

....de Cartagena de Indias (Colombia)

     Bien podría formar parte de una crónica sobre lo que más me gustó del Caribe porque se encuentra bañada por las aguas de ese mar tan especial, pero como forma parte del sector geográficamente más al norte del continente sudamericano, vamos a incluirla en esta parte de nuestras crónicas viajeras.

     Cartagena es una ciudad muy especial, precisamente por sus características de servir de ingreso al continente, cuando se llega desde el norte, como llegaron los primeros colonizadores y, tras ellos, los piratas que asolaron esas costas durante tantos años, hasta convertirse en un flagelo para defenderse del cual aun se alzan en el lugar varias fortalezas, supuestamente ininpugnables. 

     Además, hoy en día se mantienen sus características de ciudad colonial, con sus casas y demás edificios impecablemente mantenidos, de modo que uno realmente parece transportarse hacia dos o tres siglos para atras. También se encuentran intactas las construcciones levantadas en torno a lo que fuera el comercio de esclavos negros, que hasta allí llegaban como punto de partida de una nueva vida ligada a quienes resultaran ser sus amos o propietarios que hasta ese mercado acudían en su búsqueda.

     Tambien es posible en Cartagena disfrutar del ambiente en el que García Marquez ubicara a muchas de sus grandes novelas, y hasta se mantiene la que fuera su casa -pintada de rosa- con vistas al mar, en la zona más colonial de toda la ciudad que crece en torno a sus dos bocas de entradas, la más grande generada por la desembocadura del rio Magdalena en el mar y la segunda, ya dentro de la bahía propiamente dicha, en esa especie de laberinto de agua que encierrra su geografía y que vista desde el aire, asemeja a una isla o a las orillas de un delta, por los giros y vueltas que ella da en torno de la ciudad.

     Geográficamente impecable, sus playas no son de lo mejor que pueda brindar el Caribe, aán el colombiano que tiene algunas mejores más hacia el norte, aunque -eso sí- en las proximidades hay una serie de Cayos (pequeñas islas) que permiten sastisfacer plenamente los baños que la ciudad no brinda.

     Lo que más me gustó fue haber podido hacer una agradable visita a pié por su centro colonial en compañía de un guía que nos fue explicando al detalle las caracteristicas de cada sitio junto a la enorme riqueza de su historia. Un comentario adicional la visita nocturna a la plaza que está enfrente de la Catedral, con toda la alegre algarabía que allí se puede disfrutar 

                                                                                  
                                                                Cartagena de Indias
                                                        
     .... de Bolivia.....

     A decir verdad no conozco Bolivia. Estuve una mañana en Villazón, la población contigua a La Quiaca, que sinceramente no me gustó.....o por lo menos lo que ví de ella que fueron unas pocas cuadras, totalmente comerciales, con muchas tiendas y depósitos, sobre todo de ropa. Anduvimos dando algunas vueltas, hicimos alguna compra musical, y regresamos, de manera que voy a reservarme la opinión para cuando conozca más en profundidad el país, que se que tiene lugares inolvidables.
                                                                                
Villazón