....de Montevideo.....
Fue la costanera sobre el río en Carrasco. Montevideo es una ciudad que me sorprende, porque ha mantenido características coloniales a pesar de ser una moderna capital, por lo menos en buena parte del centro histórico; también me ha sorprendido siempre su tamaño como ciudad, totalmente apropiado y razonable, sobre todo en comparación con su vecina Buenos Aires; y finalmente me ha sorprendido -por contraste- el color del río, nuestro mismo río de la Plata, pero que por efecto del viento, la proximidad con el mar y las corrientes allá aparece muchísimo más limpio que en esta orilla.
Y precisamente lo que más me gustó de esa ciudad, fue esa agradable costanera sobre el río que se encuentra en la coqueta zona de Carrasco, tan próxima al centro, pero a la vez tan distinta. No he ido muchas veces a Montevideo, como para haberla podido recorrer de punta a punta, pero siempre recuerdo ese paseo tan agradable por esa costanera soleada.
la rambla de Carrasco
....de Colonia....
La viejísima y siempre bien conservada Colonia del Sacramento, tan cerquita de Buenos Aires, siempre me fascinó. Recorrer despacio sus calles de adoquines; disfrutar de la clara vista del río desde ese larguísima costanera; alojarnos en sus cómodos y cada vez más lujosos hoteles; y disfrutar de jornadas realmente de descanso, ni bien uno desciende de los barcos que hacen el trayecto desde y hacia Buenos Aires.
Sin embargo, lo que más me gustó fue una población cercana, Colonia Suiza, cuyo nombre oficial es Nueva Helvecia, y que es un lugar soñado. Levantada en el medio de un bosque, sus calles de tierra, muy anchas y tranquilas esconden cualquier cantidad de casas de fines de semana o permanentes, y varios hoteles, grandes o más chicos, que son un ensueño. Es como para instalarse allí, debajo de los árboles con un buen libro, y quedarse escuchando el trinar de los pájaros y, a lo lejos, la alegría de los chicos jugando en los parques .
Del otro lado de la ruta y andando un trecho, uno se encuentra -además- con unas muy agradables playas de arena sobre la costa del río, que como en toda esa orilla, es mucho más limpia que las de nuestro lado. Es un paraíso a tiro de piedra de la ciudad de Buenos Aires, como para pasar allí un fin de semana inolvidable.
Colonia Suiza (Uruguay)
.....de Carmelo.....
Su pintoresco puertito de embarcaciones deportivas. generalmente repleto de veleros y barcos con motor fuera de borda de argentinos que cruzan desde el Tigre o San Fernando, allí no más, del otro lado del Delta. Es quizás la menor distancia entre los dos puntos que separa el Rio de la Plata y por eso su tráfico naútico es intenso, sobre todo durante los fines de semana.
A mí me gustó mucho recorrerlo entre semana, un día la mañana, que estaba muy tranquilo; es una larga entrada de agua que en sus dos orillas tiene amarras y toda esa vida que siempre acompaña a este tipo de puertos deportivos, todo debajo de unos muy frondosos sauces que brindar su sombra a todas horas y todo rodeado de un inmenso parque, a la orilla del río, como para dejar allí todas las penas y penurias y dedicarse a descansar y soñar con navegar. Un placer.
el puerto de Carmelo
....de Punta del Este....
Todo! La verdad es que es un lugar único: las características de su geografía tan especial, con el mar de los dos lados, aunque uno sea un río contagiado o disfrazado de mar; sus calles y avenidas; el puerto repleto de embarcaciones deportivas; las paradas, cada una con sus propias características; las agradables playas más lejanas; su tipo de vida tan relajado; sus horarios; en fin, todo allí es placentero.
Pero si tengo que elegir un lugar me quedo con el bosque de San Rafael que siempre me pareció espectacular. Muchos años después conocí el de Cariló, aquí en la Argentina, de características muy parecidas, a los que se podría agregar también Cumelén en Villa la Angustura. Los tres con inmensos árboles que casi, casi impiden ver el cielo; calles de tierra muy mezclada con arena; casas con enormes y lindisimos jardines, sin rejas ni obstáculo alguno que las oculte; mucha paz....mucha invitación a largas siestas estivales....mucha tardecita en el jardín....en fín.....lugares excepcionales que, quizás, en el invierno pierden el encanto que le dan el bullicio humano, pero como uno generalmente los visita en el verano, casi no nos enteramos de esa soledad.
el bosque de San Rafael
....de Santiago de Chile...
Me gusta mucho esta capital, con se centro histórico bien marcado y con sus barrios delimitados según las diferentes épocas en que se fueron levantando, cada uno con sus propias características: Providencia con sus antiguas mansiones hoy transformadas en importantes oficinas o delegaciones diplomáticas y Las Condes, mucho más moderno y con ese permanente bullicio nocturno de sus bares y restaurantes. También los más nuevos, los que siguen hacia arriba, como pretendiendo alzarse hacia esa cordillera nevada en forma permanente que le sirve de extraordinario marco a esa ciudad, tan castigada por los desastres subterráneos.
Pero el lugarcito que más me ha gustado, quizás más por razones afectivas, es una plaza que se encuentra en Las Condes arriba y que lleva el nombre de mi abuelo: Horacio C. Rivarola, en un barrio muy residencial y sobre la calle Sebastian el Canol, rodeada de altos edificios de departamentos, está siempre llena de chicos jugando y con muchas familias vecinas que bajas allí para tomar algo de fresco, estirar las piernas o simplemente encontrarse con amigos.
Me gusta que así sea esta plaza porque a mi abuelo le gustaba mucho jugar con nosotros, sus nietos, cuando éramos chicos y también era muy sociable y amiguero, Se vé que su plaza mantiene ese espíritu. La enorme placa de cemento que se encuentra en una de sus esquinas, creo recordar que dice así: "Horacio C. Rivarola, maestro de juventudes latinoamericanas y gran amigo de Chile"
Plaza Horacio C. Rivarola
....de Viña del Mar....
Interesante y moderna ciudad veraniega, estilo Mar del Plata, con una inmensa cantidad de edificios y calles -en verano- atestadas o -fuera de temporada- solitarias y tranquilas, tiene una de esas costaneras largas, de las que tanto me gusta caminar, junto a ese mar Pacífico, oscuro y profundo, de aguas tranquilas -como su nombre lo indica claramente- y muy pero muy frías.
Al final de ese largo camino costero, en el sector que se acerca a Valparaiso, hay un restaurante muy pero muy pintoresco levantado sobre pilotes que se internan en el mar, de manera que cuando uno se instala allí a almorzar o simplemente a tomar algún traguito, la sensación es semejante a la de estar navegando. Si a todo eso le agregamos un acompañamientos de mariscos propios del Pacífico, el sitio se convierte automáticamente en inolvidable.
El restaurante de la punta, en Viña
....de Valparaiso......
Siempre me han atraído las ciudades portuarias, y este no fue la excepción; su puerto es central en la vida de esta población que reside en viejas casonas pintadas de color, que van subiendo como escalonadas en su afán de permitir dominar con la vista, cada vez hasta más lejos, la inmensidad del mar.
Me pareció una ciudad fascinante, con fuerte aroma a pescado fresco y muchos marineros y rústicos pescadores adueñándose de sus calles en subida, hacia arriba, como queriendo atrapar el cielo encapotado; pero lo que más me gustó fue haber podido conocer Isla Negra, esa extraordinaria casa-museo que está unos kilómetros hacia el norte y que fuera el hogar nada menos que de Pablo Neruda, y que no se encuentra en ninguna isla, sino en un pueblo de pescadores que lleva ese nombre.
La casa estás intacta, tal como se encontraba cuando vivía en ella, y muestra abiertamente una "cierta locura" que embargaba a su propietario, con colecciones disparatadas como de esos enormes mascarones de proa de barcos antiguos o cacharros y caparazones de tortugas venidos desde todas partes del mundo, tan exóticos como ese bote de madera instalado con su proa mirando a un mar al que nunca se atrevió a entrar. Un genio y su casa realmente así lo refleja
La casa de Neruda en Isla Negra
....de Zapallar (Chile) ....
¡ Que playa !! Por Dios.....con los cerros detrás, salpicados de inmensas residencias, una va descendiendo hasta llegar a la pequeña playa que se encuentra como en una ensenada, muy tranquila, y más allá la inmensidad del mar que uno puede disfrutar tranquilamente desde la arena de la playa; corta pero tremendamente atractiva. Vale la pena hacer el no muy buen camino que sale desde Reñaca y quedarse allí a almorzar disfrutando de toda esa belleza.
Zapallar
....de Temuco.....
Importante ciudad del sur chileno, que se encuentra a la altura de nuestra Zapala, y que tiene su propio encanto en el interior de su famoso mercado, repleto de puestos donde se venden muy diferentes productos, sobre todo pescado fresco; fiambres; verduras, y también artesanías fundamentalmente mapuche, ya que estamos medio como en el corazón geográfico de ese pueblo originario. También los pequeños restaurantes que se encuentran en el medio de ese enorme predio son lugares típicos para comer muy bien, y barato.
Pero como por allí fue muy importante la colonización alemana y han quedado numeroso vestigios de esa cultura, lo que siempre me encantó hacer en Temuco fue ir a almorzar al Club Aleman, por supuesto, comida típica, en un pequeño sótano de pocas mesas y cuyos ventanales dan al verde de esa cancha de cricket, con sus tribunitas blancas a lo lejos. Chcrut....pernil....salchichas....mmmmm....se me hace agua a la boca.
El Club Aleman en Temuco
...de Villarrica....
Que me disculpen los chilenos, pero es una ciudad simplemente "de paso"; no tiene nada o casi nada, que se pueda considerar interesante, excepto esa costanera sobre el Lago Villarrica que han levantado no hace mucho, y que lo transforma en el único punto que vale la pena detenerse a mirar. Allí, casi a mitad del recorrido, ha quedado el edificio del viejo Yacht Club de Villarrica, con se agradable restaurante con vista al lago y al volcán en el que siempre nos han atendido tan bien.
...de Pucón (Chile).....
Es otra cosa....aquí en cambio todo es fascinante: las casas impecables; las calles transitadas -en el centro- pero tranquilas; el lago y el pequeño puertito; los negocios; la hotelería; la vida nocturna; la paz que se respira; las playas de arenas negras, los rápidos de sus ríos; todo hace de Pucón un lugar entrañable del que guardo recuerdos veraniegos imborrables.
Pero puesto a elegir uno me quedó con la ascensión al volcán, una lejana mañana de enero, junto a varios de mis hijos. Realmente fue una experiencia extraordinaria que no volveré a repetir en ninguna otra parte. Si bien la trepada de los 2.500 metros es brava y se hace en tres tramos, de los cuales los dos últimos son sobre nieve, la sensación de felicidad que se alcanza cuando se llega arriba es indescriptible.
Como lo es la experiencia de asomarse por el cráter y ver allí no más el magma incandescente, que nos quedamos atrapados admirando, filmando y fotografiando, porque ¡ nadie nos los iba a creer! Que fantástico! Hace unos días miraba por tele que había entrado en erupción. nuevamente, y mentalmente me trasladé hacia allá, hacia esa lejana mañana en que hicimos cumbre, la única en toda mi vida, y silenciosamente agradecí haberlo podido realizar.
El volcán Villarrica desde Pucón
....de Valdivia.....
Otra ciudad excepcional levantada en las orillas de los rios Calle Calle, Valdivia y Cruces y la confluencia de estos le asigna una carácter muy especial que siempre me hizo recordar al del Tigre de mi infancia. Como toda ciudad de río es limpia y fresca, con su agradable puertito de pescadores y una prolongada costanera por las dos orillas que es fantástica.
Pero lo que más me gustó fue haber podido navegar esos 15 kmts. que la separan del mar, en la Bahía del Corral que también fue una experiencia extraordinaria. El día no estaba climáticamente agradable, es más, algo llovió durante la travesía, pero al llegar a Niebla y cruzar hacia la isla del estratégico Fuerte, nos cambió el ánimo. Allí pudimos apreciar como era la defensa que Valdivia había ideado para rechazar las tentaciones de piratas y extraños, con un cruce de cañones que impedía el avance hacia el interior de cualquier navío que lo intentase, el que naufragaba necesariamente en el intento, a la manera de lo que también ocurre con las fortificaciones en Cartagena de Indias.
Valdivia
....de Frutillar (Chile) .....
Toda esta zona del sur de Chile es maravillosa, y uno va pasando de pueblito en pueblito sin poderlo creer. Aquí nos encontramos con una villa típicamente alemana, con todo lo que eso significa en materia de prolijidad y limpieza; toda la ciudad parece salida de una postal, en donde todo esta en su sitio. Edificada en las orillas del lago Llanquihue y con la nítida y nevada imagen del volcán Osorno a la distancia, Frutillar es una sucesión de casas de madera situadas en escalera sobre un monte que circunda el lago.
Uno se mete por esas callecitas y parece que estuviese en un cantón suizo o en un típico pueblo de la Bavaria en el sur alemán; y luego de dar varias vueltas, vuelve hacia la costanera y a la altura del viejo embarcadero, se sumerge en la calidez del club alemán a disfrutar de una comida típica con muy buena cerveza. ¡ Que más se puede pedir!!
Lo que más me gustó fue haber podido estar allí, pero además, una visita a unas casas-museos que estan impecables y que nos permitieron apreciar in situ como vivían los primeros colonizadores que llegaron con sus ilusiones, sus costumbres, sus creencias, sus gustos, etc., que hoy son los de toda la población y también su zona de influencia. Un pueblito, diría, perfecto.
Frutillar
...de Puerto Varas (Chile) .......
También sobre el lago Llanquihue pero en otro sector, se trata de otro pueblito muy especial, quizás aún más pequeño que el anterior, pero casi de las mismas características. Desde aquí parte un camino que rodeando el lago llega hasta otro, llamado de Todos los Santos, que es limítrofe con la Argentina ya que desde el otro extremo de ese lago y luego de un breve sendero por tierra, se llega nada menos que a uno de los brazos de nuestro Nahuel.
Y es precisamente allí, a la orilla de ese lago de Todos los Santos en donde se encuentra mi lugar preferido en el sector, que es una vieja hostería que está en sus orillas, con muelle propio, toda ella de madera oscurecida por el tiempo, con grandes ventanales y comodísimos sillones para -incluso- dormitar después de un buen almuerzo
La Hostería del Lago de Todos los Santos
......de Pueeto Montt ......
La ciudad levanta frente al llamado seno de Reloncavi, donde asienta la isla de Chiloé y desde donde luego siguen hacia el sur todas esas islas e islitas que tiene la costa chilena, es claro está un pueblo de pescadores hoy tranformado en una gran ciudad. que tiene su propio encanto marino que se le escapa por todas partes, además de esas tan típicas construcciones en altura para evitar las subidas del agua..
Pero lo que más me gustó y divirtió fueron las increíbles "cocinerías" del puerto, pequeños restaurantes de un par de mesas, compartidas, en donde se sirven pescados y demás mariscos recién salidos del mar. Es tremendamente pistoresco sentarse en una de esas mesas, con quien te toque, y pedirte un curanto de pescado acompañado de su calidito, cual si fuera un puchero. Una delicia inolvidable.
Una cocineria en el Puerto Montt
....en Ancud (isla de Chiloé).....
Ya en la isla de Chiloé, adonde se llega por ferry, el primer pueblo con el que nos encontramos es Ancud, típicamente pescador y chilote, como se llama a sus habitantes, con su música tan alegre y sus comidas deliciosas. Es como un mundo aparte y recorrer sus calles con todas esas casitas de madera es un encanto especial.
Pero a mí en particular lo que más me gustó fue la vista del mar desde los altos acantilados de sus orilla. Detenerse allí, con toda la inmensidad del mar por delante, admirando las pequeñas bahías desde las alturas ha sido una de las vistas que más me han atraído de Chile, y en donde comprendí la razón de ser del nombre de ese océano, realmente Pacífico.-
Ancud (Chiloé)
....en San Salvador de Bahía (Brasil)
¡ Que "cidade" maravillosa ! Tiene una magia muy especial y todo en ella respira a fascinante. Es el Brasil negro el que vive en ella y que le transmite ese aura de magnetismo que la rodea por todos lados....en sus playas.....en sus calles.....en su viejo puerto......en sus barrios......desde luego en su música, fuerte y vibrante...en sus iglesias.....en fin en todas partes.-
Sin embargo, llamado a escoger "un" lugar mi preferido será " el Pelourinho" ese barrio de calles empedradas y de topografía irregular ubicado en el que sería el casco histórico de la ciudad, con sus casas restauradas a nuevo, coloridas y de arquitectura colonial, que debe su nombre a "la picota" que allí se ubicaba exhibir a los condenados, para escarmiento de los demás.
Su nombre, entonces, está ligado a su pasado más horrendo, pero su presente es de un colorido y una algarabía que no conoce límite. Perderse por esas calles y callecitas fue toda una aventura, y recorrerlo de noche nos generó mucho temor, pero totalmente innecesario. Una pequeña maravilla que nos puso frente a una situación que no es frecuente de poder experimentar.
el Pelourinho bahiano
....de Rio de Janeiro.....
Otra ciudad fascinante, con características diferentes, pero con su propia impronta carioca. Las interminables playas junto a ese mar tan tranquilo, de ola única al llegar a la orilla; la geografía de morros bien verdes custodiando la ciudad, noche y día; la majestuosidad de sus inmensos edificios; las calles atestadas; el paseo tranquilo por Copacabana; los barcitos de Leblon; en fin, esa vida bohemia como en permanente vacación que se respira en el aire; todo es sensacional y distinto, con una alegría contagiosas a cada paso.
Todos sabemos que junto a esas bellezas, naturales y personales, convive un mundo extraño, de pobreza digna y de injustificada violencia, en sus barrios bajos cada vez más cercanos, y que uno -cobarde- procura eludir, pero que advierte como de costado cuando circula por sus calles rumbo a algún destino turístico. No diría la verdad si consignara que el Cristo del Corcovado no me impactó; es impresionante verlo y admirarlo, desde abajo, con sus brazos abiertos como invitando a subir y porque no desde arriba, desde donde se domina toda esa inmensa ciudad, girando en torno al mismo.
Pero lo que a mí más me gustó fue haber podido subir al Pan de Azucar, ese morro que baña sus piés en el mar y al cual se accede por medio de un cable carril que utilizarlo es un placer adicional. Es que desde arriba se puede ver el mar en toda su extensión, inmenso, hasta el lejanísimo horizonte, con todos esos barcos, barquitos y barcazas dando vueltas; el largo puente que une a la ciudad vecina de Niteroi; el aeropuerto del Galeao que desde arriba parece de juguete o la pista de un portaviones; en fin, que uno se quedaría las horas disfrutando de una vista que es tan especial que se parece a la que brindan los aviones, pero desde la quietud. Fantástico!!.
desde el Pan de Azucar en Rio
....de Buzios (Brasil)......
Otro paraíso con un montón de playas, todas diferentes, cada una con su propio estilo, más agrestes y solitarias, más populosas; mas abiertas al mar o más encerradas; con costa acantilada o de playas de arena....en fin, para todos los gustos, a lo que se debe sumar lo templado que es el agua en todas ellas. También genial la posibilidad de transportarte de una a otra playa conforme a las distintas variaciones del clima, en esos buggis que pululan por todos lados haciendo del lugar un sitio de veraneo, durante todo el año.
Sin embargo, lo que a mí más me llamó la atención fue la actividad nocturna en la rua Das Pedras, ese tan atractivo y pequeño centro comercial en torno de esa calle, empedrada -como lo indica su nombre- con su enorme cantidad de negocios de todo tipo a ambos lados, más bares, restaurantes, heladerías y una multitud paseando, tranquila, de arriba a abajo. Una muy agradable manera de concluir un buen día playero.
rua Das Pedras (Buzios)
....de San Pablo......
La ciudad es impactante.....eso es cierto......sus rascacielos imponentes......sus calles y avenidas que se cruzan en altura.....su actividad cultural permanente....su vida nocturna.....en fín....que compite con Buenos Aires en ser la ciudad más importante de Latinoamérica....eso sin ninguna duda....cabeza a cabeza. Pero....
.....a mí me gusta el mar y entonces, para encontrar lo que más me gustó hay que avanzar unos cuantos kilómetros hacia el este, hacia la costa, adonde se encuentra Guaruyá, que es realmente lo que más me gustó de la zona paulista. Es más, Guaruyá tiene una zona también muy cubierta de altos edificios y playas muy populosas; no son esas las que más me gustaron sino las que están -en la misma isla- algo más al norte, muy tranquilas y casi desiertas, con una hotelería bastante más exclusiva.
Guaruyá (San Pablo)
Sin embargo, como 30 años después regresé a San Pablo y tuve la oportunidad de recorrerla con más tiempo y debo rescatar que me encantó poder caminar despaciosamente por el barrio "la Madalena" y todo ese encanto especial que proviene de los cientos de grafittis, algunos extraordinarios, que cubren casi todas sus paredes y que con una verdadera obra de arte. Me fascinó. Desde ya que de noche, esas mismas calles se transforman en el centro de la movida paulista, y debe tener su propio encanto, pero lo que yo conocí, una mañana, me reconforto con la ciudad.
. la Madalenna
En cuanto al mar, en esta oportunidad nos fuimos un poco más al norte, a pasar unos días en Ilhabela, esa increíble isla casi tropical ubicada enfrente de la ciudad de San Sebastian, y por donde habíamos pasado una tarde de visita, trasladados por un crucero. Pero poder quedarnos unos cuantos días, disfrutar de su clima tan distendido, de la calidez de sus noches y de la simpatía de sus habitantes fue maravilloso.
De toda la isla, lo que a mí más me gustó fue una playa -cuando no !- que daba al mar abierto, es decir sobre la parte despoblada de la isla. La playa de los Castellanos, de mar templado, muy agradable y bastante movido; con playas extensas y con arenas casi blancas, y muchos bolichitos donde poder alimentarse y disfrutar de tragos. Fantástico, como lo fue el regreso en barco, dando toda la vuelta a la isla, saltando las olas. Una diversión aparte.
Bahia de Castellanos (Ilhabela)
....en Florianópolis......
En la isla de Santa Catalina, Floripa -como se la conoce vulgarmente- es la capital de ese Estado sureño y paraíso de argentinos que, año tras año, invadimos sus cuarenta y tantas playas para disfrutar de un veraneo "a la brasilera", vale decir, totalmente libre y desprejuiciado. Cada playa o playita tiene su propio encanto y fisonomía, y uno puede ir variando de una a otra según su propio estado de ánimo o siguiendo las variaciones climáticas.
Así ocurre con Joaquina o Mole sobre el este, abiertas al mar franco o las siempre concurridas Cachoeira, Canasvieiras, de los Ingleses o Jurré al norte. Pero necesitando elegir "un solo" lugar me voy a inclinar por la cercana isla de Campeche, en pleno océano Atlántico y hasta donde se llega en un barquito a motor, saltando sobre las olas.
Sus playas, las que dan al mar, tienen olas grandes como para disfrutar de buenos baños o, inclusive, practicar surf, mientras que las interiores son bastante más tranquilas y con muchos rincones y remansos ideales para pasar una tarde tranquila, sin otra cosa que hacer que mirar hacia el cielo y el sol. Maravilloso !
la Isla de Campeche
....en Pelotas (Brasil).....
Nada especial que decir de esta limpia y amplia ciudad del sur brasilero, capital del Estado de Rio Grande Do Sur, pero lo divertido fue haber podido pasar allí una noche de modo de estar en condiciones de explicar que....."cenamos en Pelotas"....."dormimos en Palotas".....y salimos a hacer algunas compritas en Pelotas". Jajajaja.
... de Asunción......
La Capital del Paraguiay es una ciudad que me pareció muy especial.....casi provinciana si pueden disculparme sus residentes, pero que de ninguna manera está dicho de manera despreciativa sino todo lo contrario. Es que ha logrado a pesar de todos los embates de la modernidad, mantener su espíritu de antigua ciudad colonial, con frente al río tranquilo que le da su nombre al país y casi en la confluencia del Paraguay con el Bermejo, ambos abiertos a una tranquila bahía.
Esta característica fluvial que tiene la ciudad, se le contagia en el alma, pasa a sus calles, estrechas, se apodera de sus anchas avenidas, sobre todo la que costea el río, y se sumerge luego en la selva tan cercana que casi, casi se podría decir que estamos en un claro de ella. Tengo el recuerdo de gran cantidad de pájaros de muchos colores; de mujeres con atuendos también coloridos; de arpas y guitarras desparramando al viento sus sonidos; de casas coloniales; de parque arbolados; en fin, de mucha vida tranquila, sin los típicos sobresaltos de las grandes ciudades.
Me gustó.....sin dudas que me gustó mucho Asunción.....toda ella......pero quedé prendido de ese río, manso, de aguas barrosas, que pasa lentamente por delante, como invitando a descender hacia el litoral y aun más lejos, hasta encontrar -confundido con otras aguas- el frío del mar, allá en el Plata.
un remanso del río Paraguay
....de Cartagena de Indias (Colombia)
Bien podría formar parte de una crónica sobre lo que más me gustó del Caribe porque se encuentra bañada por las aguas de ese mar tan especial, pero como forma parte del sector geográficamente más al norte del continente sudamericano, vamos a incluirla en esta parte de nuestras crónicas viajeras.
Cartagena es una ciudad muy especial, precisamente por sus características de servir de ingreso al continente, cuando se llega desde el norte, como llegaron los primeros colonizadores y, tras ellos, los piratas que asolaron esas costas durante tantos años, hasta convertirse en un flagelo para defenderse del cual aun se alzan en el lugar varias fortalezas, supuestamente ininpugnables.
Además, hoy en día se mantienen sus características de ciudad colonial, con sus casas y demás edificios impecablemente mantenidos, de modo que uno realmente parece transportarse hacia dos o tres siglos para atras. También se encuentran intactas las construcciones levantadas en torno a lo que fuera el comercio de esclavos negros, que hasta allí llegaban como punto de partida de una nueva vida ligada a quienes resultaran ser sus amos o propietarios que hasta ese mercado acudían en su búsqueda.
Tambien es posible en Cartagena disfrutar del ambiente en el que García Marquez ubicara a muchas de sus grandes novelas, y hasta se mantiene la que fuera su casa -pintada de rosa- con vistas al mar, en la zona más colonial de toda la ciudad que crece en torno a sus dos bocas de entradas, la más grande generada por la desembocadura del rio Magdalena en el mar y la segunda, ya dentro de la bahía propiamente dicha, en esa especie de laberinto de agua que encierrra su geografía y que vista desde el aire, asemeja a una isla o a las orillas de un delta, por los giros y vueltas que ella da en torno de la ciudad.
Geográficamente impecable, sus playas no son de lo mejor que pueda brindar el Caribe, aán el colombiano que tiene algunas mejores más hacia el norte, aunque -eso sí- en las proximidades hay una serie de Cayos (pequeñas islas) que permiten sastisfacer plenamente los baños que la ciudad no brinda.
Lo que más me gustó fue haber podido hacer una agradable visita a pié por su centro colonial en compañía de un guía que nos fue explicando al detalle las caracteristicas de cada sitio junto a la enorme riqueza de su historia. Un comentario adicional la visita nocturna a la plaza que está enfrente de la Catedral, con toda la alegre algarabía que allí se puede disfrutar
Cartagena de Indias
.... de Bolivia.....
A decir verdad no conozco Bolivia. Estuve una mañana en Villazón, la población contigua a La Quiaca, que sinceramente no me gustó.....o por lo menos lo que ví de ella que fueron unas pocas cuadras, totalmente comerciales, con muchas tiendas y depósitos, sobre todo de ropa. Anduvimos dando algunas vueltas, hicimos alguna compra musical, y regresamos, de manera que voy a reservarme la opinión para cuando conozca más en profundidad el país, que se que tiene lugares inolvidables.
Villazón