jueves, 18 de agosto de 2016

Buenos Aires..... he comenzado a volver !



     Nací, me crié, me formé y trabajé en Buenos Aires durante cuarenta años....inolvidables y, desde luego, plagado de recuerdos, de todo tipo. Ya había trasladado mi domicilio a la zona norte del Gran Bs. As. en torno de mis 30, pero diez años más tarde me instalé en el sur, más precisamente en Neuquén, y de esto ya hace más de treinta años, prácticamente otra vida, de lo cual no me arrepiento.

     Ocasionalmente regresaba a Bs.As., a visitar a mis padres, primero, a hacerlo con hijos y nietos, después; también podía quedarme allí antes de partir hacia algún viaje, o a su regreso; para alguna consulta médica; o unos cursos o finalmente algún compromiso familiar, pero siempre era un paso muy veloz, como apresurado y al partir,  me quedaba con gusto a poco. Es que no teniendo un sitio en donde descansar, con las comodidades del hogar propio, se hace bastante incómodo el estar molestando a familiares, o económicamente problemático el tener que parar en hoteles o departamentos de alquiler diario.

    Y así, poco a poco, sin ninguna decisión consciente, lo cierto es que me fui replegando y abandonando mis viejas costumbres de pasear por sus calles, detenerme en sus paseos, disfrutar de sus parques, maravillarme con sus espacios culturales, tomarme cafecitos mirando hacia la calle mientras fumaba -cuando lo hacía- o sentarme simplemente a comer mis platos favoritos. Todo eso fui perdiendo, sin casi haber tenido el tiempo como para darme cuenta.

      Pero desde hace unos días creo que he comenzado a regresar al haberse podido concretar un viejo sueño: tener un lugar en donde parar, algo que fuese nuestro y en donde llegar e instalarnos sólo dependerá de nosotros  y de nuestra propia decisión, y eso para mí de alguna manera implica haber comenzado a regresar, sin tener que abandonar esos sueños de una vida mejor que me llevaron lejos.

    Durante un largo fin de semana caminé mucho por ese barrio de Palermo al que se unen mis recuerdos más antiguos, con la vieja casona de mis abuelos -que ya no existe- a muy pocas cuadras del departamento con el que ahora contamos. Es cierto que ha cambiado mucho, que la vieja Cervecería hoy es un shoping que de aquella solo conserva el nombre; que tampoco está la antigua Penintecieria de la Avda. Las Heras, que se enfrentaba -por Coronel Diaz- con la casa de mis abuelos, quien me relatara algunas historias -¿ciertas o falsas?- de acontecimientos vividos tras sus paredes amarillentas. 

    Pero están los árboles; las veredas; las verdulerias con frutas en permanente exhibición; los floristas, los grandes garages, los encargados de edificios -mis viejos porteros- siempre conversando desde las puertas con algunos colegas o curiosos vecinos; esos pequeños negocios, compitiendo mano a mano con las grades cadenas, pero brindando un trato cordial y personalizado que el cliente agradece y por eso retorna; las ferreterías, cerrajerías, vidrierías, quioscos o quiosquitos, donde cada vez se venden menos cigarrillos y más "todo lo demás", los eternos diarieros con sus puestos de coloridas revistas, los chicos y chicas con sus desordenados uniformes y cargando sus mochilas al regresar de la escuela, todo eso está igual a como lo recordaba. Y todo eso me hacía revivir aquel pasado bastante olvidado en mi memoria, que a cada paso parecía decirme: miraá....aquello está igual, y una sonrisa espontánea se aparecía en mi rostro sorprendido.

      No puedo dejar de señalar que algunas cosas han cambiado para bien, pero otras no. No teníamos nosotros, al menos al alcance de la vista, esa pobreza extrema que hoy se exhibe impúdicamente a cada paso, sin que a nadie pareciera importarle; los famosos cartoneros del 2001, que entonces fueron una necesidad como salida laboral de emergencia, hoy se han constituido en trabajos estables, con sus propias reglas de conducta, con patrones y humildes servidores; tampoco nuestras noches eran del abierto desparpajo que hoy se advierte, también a cada paso, en ese continuo desfilar de muchachos y sobre todo chicas, que van en busca de "una noche inolvidable", y los vemos regresar ya entrada la mañana, con ojos cansados y paso temblequeante. Sí, algunas cosas han cambiado mucho en estos 30 ó 40 años.

      Pero "mi" Buenos Aires mantiene su espíritu, ese junto al cual crecí, y al menos en los barrios se hace tangible, y uno se siente bien porque se sabe "en casa". Es una sensación parecida a la que se tiene cuando se llega a España después de haber andado por países de idiomas diferentes, y allí, ni bien cruzar la frontera, al menos esa del idioma desaparece y uno se siente más tranquilo, sobre todo porque puede pedir lo que quiere y comprender bien lo que se le responde. Del mismo modo, en Bs. As., aunque hayan pasado tantos años como es mi caso, me puedo desenvolver muy bien; sé en donde están las cosas que necesito y como llegar a ellas, ahora -inclusive- con una nueva línea del subte.

     Sin duda que he comenzado a regresar, de a poco y sin abandonar mi sitio actual, del que no pretendo desprenderme; simplemente que me ha gustado saber que ahora puedo hacerlo cuando sencillamente tenga ganas, porque he vuelto a recuperar allí un espacio propio, que Bs. As. me ha cuidado durante todos estos años. para que algún día pudiéramos re encontrarnos.