jueves, 18 de agosto de 2016

Buenos Aires..... he comenzado a volver !



     Nací, me crié, me formé y trabajé en Buenos Aires durante cuarenta años....inolvidables y, desde luego, plagado de recuerdos, de todo tipo. Ya había trasladado mi domicilio a la zona norte del Gran Bs. As. en torno de mis 30, pero diez años más tarde me instalé en el sur, más precisamente en Neuquén, y de esto ya hace más de treinta años, prácticamente otra vida, de lo cual no me arrepiento.

     Ocasionalmente regresaba a Bs.As., a visitar a mis padres, primero, a hacerlo con hijos y nietos, después; también podía quedarme allí antes de partir hacia algún viaje, o a su regreso; para alguna consulta médica; o unos cursos o finalmente algún compromiso familiar, pero siempre era un paso muy veloz, como apresurado y al partir,  me quedaba con gusto a poco. Es que no teniendo un sitio en donde descansar, con las comodidades del hogar propio, se hace bastante incómodo el estar molestando a familiares, o económicamente problemático el tener que parar en hoteles o departamentos de alquiler diario.

    Y así, poco a poco, sin ninguna decisión consciente, lo cierto es que me fui replegando y abandonando mis viejas costumbres de pasear por sus calles, detenerme en sus paseos, disfrutar de sus parques, maravillarme con sus espacios culturales, tomarme cafecitos mirando hacia la calle mientras fumaba -cuando lo hacía- o sentarme simplemente a comer mis platos favoritos. Todo eso fui perdiendo, sin casi haber tenido el tiempo como para darme cuenta.

      Pero desde hace unos días creo que he comenzado a regresar al haberse podido concretar un viejo sueño: tener un lugar en donde parar, algo que fuese nuestro y en donde llegar e instalarnos sólo dependerá de nosotros  y de nuestra propia decisión, y eso para mí de alguna manera implica haber comenzado a regresar, sin tener que abandonar esos sueños de una vida mejor que me llevaron lejos.

    Durante un largo fin de semana caminé mucho por ese barrio de Palermo al que se unen mis recuerdos más antiguos, con la vieja casona de mis abuelos -que ya no existe- a muy pocas cuadras del departamento con el que ahora contamos. Es cierto que ha cambiado mucho, que la vieja Cervecería hoy es un shoping que de aquella solo conserva el nombre; que tampoco está la antigua Penintecieria de la Avda. Las Heras, que se enfrentaba -por Coronel Diaz- con la casa de mis abuelos, quien me relatara algunas historias -¿ciertas o falsas?- de acontecimientos vividos tras sus paredes amarillentas. 

    Pero están los árboles; las veredas; las verdulerias con frutas en permanente exhibición; los floristas, los grandes garages, los encargados de edificios -mis viejos porteros- siempre conversando desde las puertas con algunos colegas o curiosos vecinos; esos pequeños negocios, compitiendo mano a mano con las grades cadenas, pero brindando un trato cordial y personalizado que el cliente agradece y por eso retorna; las ferreterías, cerrajerías, vidrierías, quioscos o quiosquitos, donde cada vez se venden menos cigarrillos y más "todo lo demás", los eternos diarieros con sus puestos de coloridas revistas, los chicos y chicas con sus desordenados uniformes y cargando sus mochilas al regresar de la escuela, todo eso está igual a como lo recordaba. Y todo eso me hacía revivir aquel pasado bastante olvidado en mi memoria, que a cada paso parecía decirme: miraá....aquello está igual, y una sonrisa espontánea se aparecía en mi rostro sorprendido.

      No puedo dejar de señalar que algunas cosas han cambiado para bien, pero otras no. No teníamos nosotros, al menos al alcance de la vista, esa pobreza extrema que hoy se exhibe impúdicamente a cada paso, sin que a nadie pareciera importarle; los famosos cartoneros del 2001, que entonces fueron una necesidad como salida laboral de emergencia, hoy se han constituido en trabajos estables, con sus propias reglas de conducta, con patrones y humildes servidores; tampoco nuestras noches eran del abierto desparpajo que hoy se advierte, también a cada paso, en ese continuo desfilar de muchachos y sobre todo chicas, que van en busca de "una noche inolvidable", y los vemos regresar ya entrada la mañana, con ojos cansados y paso temblequeante. Sí, algunas cosas han cambiado mucho en estos 30 ó 40 años.

      Pero "mi" Buenos Aires mantiene su espíritu, ese junto al cual crecí, y al menos en los barrios se hace tangible, y uno se siente bien porque se sabe "en casa". Es una sensación parecida a la que se tiene cuando se llega a España después de haber andado por países de idiomas diferentes, y allí, ni bien cruzar la frontera, al menos esa del idioma desaparece y uno se siente más tranquilo, sobre todo porque puede pedir lo que quiere y comprender bien lo que se le responde. Del mismo modo, en Bs. As., aunque hayan pasado tantos años como es mi caso, me puedo desenvolver muy bien; sé en donde están las cosas que necesito y como llegar a ellas, ahora -inclusive- con una nueva línea del subte.

     Sin duda que he comenzado a regresar, de a poco y sin abandonar mi sitio actual, del que no pretendo desprenderme; simplemente que me ha gustado saber que ahora puedo hacerlo cuando sencillamente tenga ganas, porque he vuelto a recuperar allí un espacio propio, que Bs. As. me ha cuidado durante todos estos años. para que algún día pudiéramos re encontrarnos. 

lunes, 18 de julio de 2016

Estonia: una paraíso desconocido.


     Hemos estado recorriendo últimamente varios países de la Europa llamada "del Este", aquella que para nosotros, los hombre y mujeres "del otro mundo", en general nos resulta más lejana y por ende, algo más inaccesible También nos ha pasado algo semejante con otras regiones, como la de los Balcanes o el mundo asiático, al cual sin embargo, la globalización cada vez nos acerca más. Por eso es que -quizás- nuestra sorpresa fuera tan grande como agradable.

    Por otra parte, cuando uno se encuentra con una especie de paraíso -para nosotros perdido- se tiene la necesidad imperiosa de compartirlo, porque realmente vale la pena disfrutar de lugares de los que nunca nos han contado nada, o que muy poco hemos estudiado, o que -como en el caso de Estonia- han permanecido como a la sombra de sus sucesivos conquistadores, impidiéndonos conocer su verdadera y auténtica personalidad y una identidad que les es propia, como sí sabemos que tienen muy marcada otras naciones, como los polacos, los húngaros o hasta los mismos rusos. Y eso es lo que más me fascinó de los eslovenos: que se sienten -finalmente- que son ellos, y no otros.

     Porque a decir verdad la independencia como nación es muy reciente, data del año 1991, vale decir que tienen tan sólo 25 años, y sin embargo hoy es una de las economías más sólidas y estables de la Unión Europea a la cual se uniera en el año 2004, apenas hace una docena de años atras.....pero es que lo venían esperando desde hace siglos. Primero fueron -por supuesto- los romanos quienes los incorporaron a sus dominios imperiales, para luego de la caída del de occidente pasar a integrar los dominios  de un ducado, el de Carantonia, que fue el primer estado eslavo independiente, prolongado hasta mediados del siglo VIII en que con la llegada del cristianismo pasaron a formar parte del Estado Franco gobernado desde la distancia por Carlo Magno, perdiendo así no solo sus propias creencias sino también su independencia, a pesar de continuar siendo un Condado

     Hacia fines del siglo XV el Condado -de Celje-  cayó en manos de los Habsburgo, integrándose -al igual que todas las provincias eslovacas- a la monarquía austriaca hasta que a comienzos del siglo XVIII  Napoleón incluye su territorio en las que llamó las Provincias Ilirias, por supuesto bajo el domino francés, junto a los croatas, serbios, alemanes e italianos, para integrarse más tarde, como Eslovenia en un reino de todos los eslovenos pero integrado al Imperio Austro Húngaro hasta concluida la Primera Guerra Mundial en 1918, período durante el cual debieron padecer una excesiva carga impositiva, la práctica habitual de trabajos forzados en el campo y sobre todo de varias invasiones turcas.

     Perdida la Guerra, quedó integrada al reino de Yugoslavia conformado por Serbios, Croatas y Eslovenos y luego de la Segunda Guerra -que también perdieron- fueron integrados - ya como República- a la Unión Soviética en una nueva pérdida de identidad nacional que se prolongó durante casi 50 años, hasta la caída del sistema soviético a comienzos de los 90, que fue cuando los croatas pretendieron hacerlos parte de su también recuperado territorio, pero una breve guerra de 10 días finalmente les permitió declarar su propia independencia como nación el 25 de junio de 1991, hace escasos 25 años, y después  nada menos que de 1.200 años de sometimiento a extranjeros.

   Sin embargo un idioma común y que les es exclusivo, más una acendrada conciencia nacional sobre los principios de libertad, hermandad e igualdad provenientes del espíritu francés que en su momento recibieron, hicieron que rápidamente comenzaran a forjarse su propio estilo como nación que, liberada de tener que atender siempre a terceros, les ha permitido crecer a un ritmo intenso que, unido a una población relativamente reducida -son poco más de dos millones- les ha hecho acceder a un muy buen ingreso per capita, sobre todo desde su incorporación a la Unión Europea en el año 2004...y estan muy felices de haber podido lograrlo
                                                                       
.                                                    los verdes paisajes eslovenos

     Eslovenia tiene una extensión territorial muy modesta, con apenas unos 20.000 kmts2, menor a la de cualquier provincia argentina, incluyendo Misiones, Tucumán o Tierra del Fuego, no obstante lo cual tiene diversas regiones muy bien diferenciadas entre sí: una zona propiamente alpina, lindera con Austria y compartiendo su cordón montañoso: los Alpes Julianos; una región costera, muy pequeña, de 42 kmts. contiguos al Adriático, y un núcleo central con amplios valles, muchísimos bosques y la mayor cantidad de cavernas y cuevas de toda Europa, con una profusión de centros termales de altísimo reconocimiento mundial, uno de los cuales -el de Olimje- pudimos conocer y disfrutar.
                                                                   
                                                            entre cultivos y sembrados

      Sus actividades más importantes son la tradicional industria maderera, atento la gran cantidad de bosques con los cuales cuentan y que les ha permitido desde siempre contar con una buena producción; la ganadera, en esas extensos valles verdes que se extienden entre las montañas, en paisajes muy semejantes en todo a los de sus vecinos austriacos, que ciertamente les dejaron su propia impronta y, recientemente, el turismo que se promueve intensamente bajo el lema de "Yo siento Eslovenia", que estando allí se hace una realidad
                                                                       
                                                            Celje: entre valles y montañas
                                                la antigua cabecera del Condado medieval

     La capital es Liubliana, el corazón de Eslovenia, con unos 300.000 habitantes y que crece a la sombra de la leyenda de un antiguo dragón que era el flagelo del pantano que se encontraba en el lugar, y que hoy es como su símbolo y mascota. Construida a los pies de una colina de cerca de 350 mts. en, donde se levantara el antiguo Palacio, y sobre las dos márgenes del río Liublianika, es una ciudad encantadora a la cual el arquitecto Joze Plecnik le impuso un sello de gran elegancia tanto en el estilo arquitectónico de sus iglesias, teatros, bibliotecas, parques, jardines, etc., como en los varios puentes que cruzan el río,a cada cual más admirable, como el triple puente que fue su obra cumbre

                                                                       
                                              los majestuosos puentes sobre el Liublianika
                                                                   

      Eslovenia tiene también -en la zona alpina- un lago que es maravilloso: el de Bled, con su pequeña isla central ocupada por la Iglesia de la Asunción de María en lo alto de una escalinata de una centena de escalones y hasta la cual se llega por medio de embarcaciones de madera impulsadas con dos remos por veteranos y jóvenes marineros que se van transmitiendo su oficio de generación en generación

                                                                         
                                               el maravilloso lago Bled en los Alpes Julianos


     Eslovenia es, además, un territorio poblado de cuevas escondidas en lo más recóndito de su territorio, entre las cuales, hacia el sudoeste, se encuentran las de Postojna, que son las más largas de las que están abiertas al publico, y que son realmente impresionantes con sus intrincados túneles y salones abiertos a lo largo de 20 kmts.  -muchos de los cuales se hacen en un trencito- todos ellos repletos de estalactitas con diversas formas, cada una asemejando algo diferente, desde animales hasta fastuosas catedrales. Una maravilla.

                                                                         
                                                              en las Cuevas de Postojna

    Pero además de todos esos maravillosos paisajes y gratas experiencias, Eslovenía nos despidió desde la orilla del mar, porque también tiene una pequeña costa de 42 kmts. sobre el Adriático, contigua a la costa croata y enfrentada a la italiana, sobre la bahía de Trieste. El punto turístico se llama Portoroz, y junto a ella se encuentra el antiguo puerto de Pirán, una cálida y auténtica joya medieval, hoy transformado en el paraíso de veleros y embarcaciones deportivas de todo tipo. Ver caer el sol, en el mar, desde la terraza de un viejisimo hotel y tomando un buen vinito fue uno de los recuerdos más imborrables del viaje.

                                                                               
                                                               atardecer en Pirán
   





sábado, 9 de julio de 2016

Lo que más me gustó de Portugal fue ......


     Anduvimos por Portugal ya tres veces, la primera vez ingresamos desde Galicia y la recorrimos hacia el sur hasta Lisboa; la segunda vez llegamos por el sur, desde Cadiz, y recorrimos toda su costa atlántica hacia el oeste, y la tercera llegamos volando hasta Lisboa, para luego de estar allí unos días seguir hacia el norte, hasta Oporto. Cada viaje fue distinto y con un sabor diferente, pero creo que necesitamos uno más, quizás exclusivamente en Lisboa, que casi con toda seguridad ha sido la que más ha sentido de nuestros fugaces pasos.

    La sensación que tengo es que todo Portugal es diferente a lo que uno se pueda imaginar viniendo de la Europa "tradicional"; es como más agreste, mucho menos sofisticado, más cálido y treméndamente romántico, no solo en su música -el fado- o la cadencia de su idioma -que es muy suave- sino hasta en la permanente ondulación de sus calles que trepan como reptando o descienden como jugando, no solo por las intrincadas callecitas de sus barrios más bajos sino por toda la ciudad, mientras la lenta bajada de sus ríos principales, el  Tejo vecino de Lisboa o el Duero de Oporto, o el Mondego de Coimbra parecieran no querer llegar nunca al mar cercano que los aguarda.

     Tuve la impresión que en Portugal se vive más lento o pausado que en otros sitios europeos, o mejor dicho que en realidad " allí se vive ", al tiempo que se disfruta de una nostalgia que se cuela por el aire, para mezclarse luego con los sabores de una cocina exquisita en las que sobresalen los pescados, y terminar arrullados por las sentidas estrofas de una mujer que entona un lejano fado, como si le saliera -sin esfuerzos- de sus entrañas, porque ellas lo encarnan a la perfección.

                                                                                   
... en Lisboa

    Aunque resulte extraño fue la comida. Me fascinó. Ya he puesto renglones más arriba que, quizás, no tuve el tiempo suficiente como para "meterme" dentro suyo, razón por la cual mi mirada no deja de ser superficial y con seguridad, una tercera visita me permita elegir un sitio más propio, pero hoy por hoy me quedo con su
sabrosícima cocina, fundamentalmente a base de pescado, que no es mi fuerte pero que allí no dejaba de disfrutar, sobre todo el bacalao con verduras....una delicia que al solo recuerdo se me hace agua a la boca.

                                                                   
                                                               bacalhau con patatas

.... en Sintra.

     Desde sus alturas, sobre las colinas que dominan las costas del oeste de Lisboa, se levanta esta señorial y antigua sede de la realeza, tanto morisca como portuguesa, mientras que por sus intrincadas callejuelas aun se respira un aire como de nobleza que acompaña -sin desentonar- a ese magnífico Palacio Nacional que se yergue en las alturas.

     Pero lo que más me gustó, y me resultó desopilante, fue otro Palacio, levantado aun más arriba en la colina, sobre lo que fuera un antiguo monasterio del siglo XV: el Palacio da Pena, rodeado de un parque inmenso de alrededor de 200 has, y que me resultara un especie de castillo de Disney, pero real . Una maravilla su juego de torres, torrecitas, balcones, mientras todos sus ambientes mantenían desde las alturas unas vistas impactante del paisaje contiguo

                                                                             
                                                                el Palacio da Pena


.... en la Costa de Estoril.

     Una recorrida junto al mar nos permite la siempre agradable mirada tranquila sobre las aguas celestes que se extienden hasta la distancia que pueden abarcar nuestros ojos.....esos solo es ya todo un placer de por sí, y la pudimos recorrer desde Cascais pasando por Estoril, y hasta pudimos darnos el gusto de almorzar algo liviano sentados plácidamente frente a un mar que esa mañana se mostraba tan tranquilo como nosotros.

     Pero quizás por una cuestión de haber podido pisar lugares geográficamente emblemáticos, lo que más me gustó de esa recorrida fue haber estado en el Cabo Roca, el punto más occidental de toda Europa, que desde una altura aproximada a los 150 mts. sobre las olas, es un acantilado usualmente azotado por el viento. Todo un hito que me hizo recordar de nuestra visita al Cabo de Buenaventura en el sur del Africa.

    Luego, al regresar, la visita agradable se completó con un raudo paseo -hacia arriba- por el camino que por bosques muy antiguos, van reptando por las Sierras de Sintra. Otro verdadero placer para la vista.

                                                                         
                                                                en el Cabo Roca

 .... en Coimbra

   Sin ninguna duda que los viejos edificios de su famosa Universidad. En lo más alto y empinado de esta ciudad que se levanta a orillas del río Mondego, cuesta una enormidad ir subiendo, escalón por escalón, sin saber si luego de la próxima esquina se llegará al final, pero todo este esfuerzo tiene su premio cuando se alcanza la cima y una impactante edificación en U que recuerda su pasado de fortaleza árabe con su gigantesca escalinata.

    No pudimos visitarla porque trepamos la empinada senda en un día feriado -una pena- y solamente estaba abierta la puerta de una impactante biblioteca, de esas de ensueño, más silenciosa esa tarde que un cementerio, pero desde donde miles de ideas volcadas en letras nos dieron una cálida bienvenida.

      Más allá de ese impactante recuerdo, lo que también me gustó mucho fue un paseo por las orillas del río que, como siempre, me hicieron rememorar a mis largos paseos matinales junto al río, en el Tigre de mi niñez.

                                                                             
                                                        la Universidad de Coimbra


... en Fátima.

     Desde luego que aquí todo es como mágico y se siente en el aire una sensación de paz que se te cuela por los poros. Me gustaron sus dos iglesias, la primitiva y tradicional, limpia y clara, con mucha luz, con la pequeña virgencita cerca del altar mayor, acompañada por los restos de sus queridos pastores que allí descansan: Francisco a la derecha y Jacinta a la izquierda, a quien  en una segunda visita pudimos ver acompañada por esa -futura pero próxima santa-que fue la Hna. Lucía, la mayor de los tres y quien más permaneció en esta tierra, para difundir su devoción.

     Enfrentada a esta iglesia, con toda la enorme explanada delante, se encuentra el segundo templo, realmente impactante, de una construcción bien sobria y una arquitectura impresionante, sin una sola columna a pesar de su tamaño, con asientos en diferentes alturas de modo de poder dominar el altar sin obstáculos sin ningún inconveniente, y con pasillos por donde es una places deslizarse, preparado para todo tipo de personas físicamente disminuidas. mientras un Cristo gigantesco y de rasgos actuales preside todo el predio como única figura. Una maravilla en lo edilicio que es una invitación a la oración y al silencio.

                                                                             
las tumbas de Jacinta y Lucía

.... en Ovidos.

    Un lugarcito de ensueño que parece tomado en préstamo de una antigua pintura renacentista, con su Castillo árabe -hoy derruido en parte y transformado en cálido hostal, también en parte, que era el tradicional regalo de bodas que los reyes portugueses  le entregaban a sus prometidas. Las casas que se levantan a ambos lados de las únicas dos calles que van serpenteando hasta lo alto han quedado con sus construcciones intactas desde aquel lejano medioevo en el que fueron construidas, hoy transformadas en elegantes comercio de venta de ropa, antiguedades, pequeños recuerdos, música, etc., a los que une ingresa simplemente a curiosear y sale con algún paquetito, mientras a mitad de camino, una pequeña y blanca capillita permite tomar algún descanso al fresco de sus paredes de piedra

                                                                       
                                                   las callecitas en pendiente de Ovidos                                                              .
... en Oporto.

    ¡ Que decir de esta ciudad, maravillosamente encantadora !! En ella -a diferencia de lo que me ocurrió con Lisboa- me gustó todo. Es que tiene playas, abiertas al Atlántico....calles que suben y bajan en una agotadora tarea física que se ve recompensada con la arquitectura antigua de sus edificios y templos, muchos de ellos adornados con auténticos mozaicos, como los de la estación de trenes, entre otros....porque tiene la posibilidad de navegar lárgamente por ese río Douro que viene bajando entre colinas sembradas con viñedos y que cada tanto obliga a correjir su alturas mediante reclusas contiguas a grandes represas....porque tiene esa dulzura que es el fado, el triste y nostálgico gemido de la música que se desparrama por la ciudad pero sobre todo se concentra en pequeños rincones de piedra en los que retumban las acarameladas voces de sus apasionados interpretes.

    Pero todo eso no es nada, en comparación con la belleza que transmite ese puerto, allá abajo....bien abajo, junto al Duero que ya va como desensillando para enlazarse con el mar que lo aguarda ahi no más, un poco más adelante. Es un puerto pequeño -no como en otros tiempos- pero mantiene todo su encanto y sus pequeñas barcazas en las que se transportaban las cosechas por el río y se trasladaban mercadería venidas desde rincones recónditos del mundo. Hoy está plagado de turistas, también venidos desde todos los confines de la tierra , simplemente para admirar sus bellezas, en las que vale la pena detenerse simplemente a disfrutar de la vista, desde las orillas o en un breve paseo náutico recorriendo el trayecto en el que el panorama es brindado por esos seis puentes, cada uno con su propia personalidad, que han logrado transformar ese lugar nada menos que en Patrimonio de la Humanidad. ¡ Para quedarse a soñar!!!

                                                                            
                                                              el porto de Oporto


.... en  Faro ( en el Algarve).

     La zona contigua a costa atlántica sur de Portugal se llama el Algarve, y tiene -como no podría ser de otra manera- unas características propias que las diferencian de otros lugares del país. Se trata de poblaciones en su mayoría pesqueras, que se han ido paulatinamente transformando en sitios de veraneo, de modo de ofrecer al visitante un pasado tipicamente pescador junto a un presente modernamente turístico.

 Así, por ejemplo Faro, una especie de capital de la zona, tiene una playas magníficas, con buenas extensiones de arena, pero cada una de ellas separadas de las otras por enormes rocas acantiladas que son, por sí mismas, una maravilla aparte. Sin embargo lo que más me agradó fue poder recorrer las calles de la ciudad, meterme en su pequeño casco histórico, con su antigua iglesia y sus calles adoquinadas, hasta llegar al también pequeño puerto náutico cobijando barcos de pescadores junto a impactantes navíos de placer. Una buena combinación del pasado con el presente.

                                                                               
                                                                     Faro (Algarve)


... en Lagos.

     En cambio en Lagos -algo más moderna y hacia el oeste- me encantó haber podido hacer una recorrido por sus acantilados, desde el mar, metiéndonos en sus cuevas y disfrutando de un panorama totalmente diferente. La alta costa escarpada y con inmensos acantilados nos mostraba que al irnos aproximando al oeste, las agradables y extendidas playas de arena le iban dejando su lugar a ese vértigo que produce el ver la súbita y abrupta limitación escalonada de la tierra en su encuentro -cientos de metros más abajo- con el mar, quizás indómito, que así la fue tallando a lo largo de los siglos. Me fascinó haber podido hacer ese lento recorrido, con la mirada en lo alto y buscando pequeñas cuevas y entradas al nivel del mar.

                                                                     
                                                    acantilados en Lagos (Algarve)

.....en la punta sudoeste de Europa.

      Recorriendo el Algarve, que es algo así como la costa sur del continente europeo, además de disfrutar de sus agradables playas -las de la Albufera, por ejemplo- , comer buenos pescados frescos, admirar ese cielo límpido y constantemente celeste claro que nos acompaña, y adentrarnos en sus cuevas marítimas antiquísimas, uno tiene la posibilidad de estar en ese punto geográfico en el que el continente pega la vuelta hacia arriba.

     Más allá, hacia el oeste, solo una inacabable presencia del océano que se prolonga hasta el otro continente, el nuestro, el americano, pero este que estamos pisando, en un punto gira -como continente- y comienza a extenderse hacia el norte, y ese punto es el Cabo de San Vicente, adonde por supuesto que estuvimos para admirarnos de su estratégica ubicación.Y, desde luego, como estas cosas me conmueven, quizás fue lo que más me impactó de todo el Algarve.


                                                                               
                                                               el Cabo de San Vicente


























jueves, 30 de junio de 2016

Auschwitz-Birnekau: los campos del terror.

  " Uno puede entender que las enfermedades te arrebaten a  la  gente que quieres, incluso que un accidente pueda hacerlo, pero no se puede entender la brutalidad de que un hombre caiga sobre otro para arrancarle la vida" - Juan Manuel Serrat




     Todos hemos leído algunas vez los relatos de los sobrevivientes de los Campos de Concentración nazis de principios del siglo XX, o visto películas documentales o de ficción ambientadas en tales sitios, pero la experiencia de estar allí, en el mismo lugar en donde se desarrolló aquella tragedia, caminar sus senderos, visitar sus lúgubres pabellones, horrorizarse con los acumulados objetos y recuerdos de las víctimas, me produjo una enorme consternación y una silenciosa tristeza, mientras mis pensamientos se detenían -una y otra vez- en las maldades que los hombres somos capaces de infringir a otros por la sola razón de ser distintos o de pensar de una manera diferente.

                                                                            


     Como una ridícula paradoja nos recibió al cruzar la entrada la irónica frase del cartel aludiendo a que " arbeit macht frei" , vale decir que "el trabajo los hará libres" , como si allí se fuera a trabajar y como si alguno tuviera la posibilidad de salir libre. Es que la maldad más perversa consistía en el engaño de llevar a ese lugar a miles y miles de personas, desde niños hasta ancianos, con la promesa de poder instalarse para vivir en un mundo mejor, y por eso marchaban confiados y tranquilos......nada menos que a la muerte.....a una muerte masiva y por asfixia, mientras que a un "selecto" grupo se lo destinaba a larguísimas y agotadoras jornadas de trabajos de colaboración para con sus carceleros, en los que también dejaban poco a poco la vida .

      Después de haber ingresado, la lenta recorrida por los distintos pabellones nos va metiendo, poco a poco, en un clima de tremenda angustia al poder imaginar las condiciones en las que vivían "los trabajadores", hombres y mujeres por separado pero cada cual identificado por una estrella de diferente color delatando las causas de su detención: judíos -una inmensa mayoría- de muy diferentes países, pero también gitanos, homosexuales, intelectuales de izquierda y sacerdotes católicos opuestos al régimen, quienes en forma indistinta recibían el mismo trato humillante, se les permitía una muy escasa higiene, elemental alimentación diaria, falta de abrigo pese a las duras inclemencias del clima polaco, todo con la finalidad de ir provocando su paulatino deterioro físico hasta alcanzar finalmente su muerte por inanición o enfermedad, luego de haberlos exprimido hasta ese límite. Una crueldad atroz.y sin nombre.

                                                                            
                        sus uniformes "de trabajo" ....

                                                                                                                       
                                                                        ..... sus rostros

      El día no nos acompañaba y cual si fueran lágrimas concentradas durante largos años, una lluvia muy tenue pero constante se nos fue metiendo en nuestros rostros y empapándonos las ropas como queriendo transmitirnos algo más de aquella fría realidad a la cual nos estábamos asomando, e impidiéndonos mostrar alguna molestia o malestar frente a ese imprevisto climático, ante la contemplación en vivo del horror que a cada paso experimentábamos.
                                                                       
                                                                         
         Visitamos con un enorme fervor la celda subterránea en la que Maximiliano Kolbe -hoy santo de la Iglesia Católica- pasó tres semanas de ayuno riguroso, sin desfallecer, luego de haber ofrecido su vida a cambio de la de un padre de familia con hijos que había sido sorteado para morir -junto a otros nueve- en reprimenda por haberse dado a la fuga otro de los prisioneros. Como Kolbe no moría de inanición, finalmente fue fusilado, historia que conocemos por el propio testimonio de ese padre de familia que le sobrevivió.

                                                                             
                                                  En las rejas de la celda que ocupara san
                                                  Maximiliano Kolbe  nunca falta una flor


        Fue en el cercano campo de Birkenau hasta donde llegaban los rieles en los que era conducida en hacinados vagones de tren esa muchedumbre silenciosa que -ignorante de su destino- se dejaba llevar cual manada en espera de ese mundo mejor que se les prometiera. Y allí no más, al pisar esos andenes por los que con tanto respeto nosotros andábamos, eran separados "los sanos" de los condenados, por el sólo hecho de ser ancianos, débiles, mujeres o simplemente niños, que seguían hasta las lejanas construcciones que escondían en su interior a ese monstruo letal que los aguardaba -el gas- y que sorprendiéndoles salía por esas cañerías que -les habían dicho- eran duchas con agua, y a las que mansamente se habían entregado, más allá del rubor y la verguenza que les provocaba el verse todos desnudos para ese prometido baño colectivo. Daban ganar de llorar de impotencia al ver sus fotografías cuando caminaban confiados hacia ese destino que les deparaba "la solución final" de los nazis.

                                                                               
                                                              punta de riel en Birmekau              

       Sin embargo, aquellos que "salvaban" sus vidas, por la sola circunstancia de ser jóvenes o fuertes, o contar con alguna habilidad, no por ello tenían un porvenir asegurado. Las secciones en las cuales eran alojados -por ejemplo las mujeres- se trataba de barracas infestas e infectas, adonde entre siete u ocho debían compartir sus noches en grandes camastros de tres pisos, el último al ras del suelo. También estuvimos allí, en un sitio cerrado que albergaba a más de mil personas apiñadas, con frío polar en  el invierno y calor agobiante en el verano, si por casualidad alguna de estas víctima llegaba a sobrevivir en ambas estaciones, circunstancia esta que simplemente dependía del azar. Eramos muchos los que esa lluviosa tarde recorrimos esas barracas; sin embargo, nuestro llamativo silencio no significaba más que una señal respetuosa para con el dolor de esas mujeres, a algunas de las cuales en determinados sitios aun se las recordaba con una colorida flor. 

                                                                         
los camastros colectivos

       Cuando lentamente nos acercábamos al final del recorrido, volviendo hacia la entrada, nos encontramos con una importante casa, de dos plantas y un muy amplio jardín, y nos contaron que era la confortable mansión que allí ocupara Rudolf  Hoss, el temible jefe de ambos campos, quien allí vivía confortablemente con su familia, y a todos nos produjo una súbita indignación, quizás solo aplacada minutos más tarde cuando se nos indicó cual era era el sitio en el que finalmente había sido ahorcado, luego de una merecida condena. En cierta forma se nos estaba explicando que todos los horrores que allí ocurrieron, en alguna medida se habían procurado castigar  con esa sanción ejemplar, quizás como advirtiendo a las generaciones futuras que las mismas o parecidas fórmulas de exterminio masivo no podrían reiterarse nunca más.

                                                                                


       Sin embargo el hombre no parece entender de las lecciones del pasado, o somos demasiado tozudos como para no comprender que todos pertenecemos al mismo género humano que nos hermana, y que nada  ni nadie puede llevarnos a cometer esos o parecidos abusos hacia nuestros semejantes, y esas conductas  lamentablemente se siguen sucediendo. Aquí, en nuestro país, lo hemos experimentado no hace mucho, mientras que actualmente el mundo no se sorprende de lo que está sucediendo con los miles y miles de refugiados afganos y sirios librados a su propia suerte, sin que a nadie pareciera importarle nada con tal de mantener sus propios status.

        Sin duda que no se trata de una conducta semejante a la que deliberadamente asumieron los nazis, pero no por ello dejan de tener esa matriz de "deshumanización" cual si fueran nuevos Hosses que ven sin inmutarse como a su lado un sin numero de tragedias golpean y castigan día tras día a estos pobres parias que van quedando en el camino cual si fueran deshechos de la humanidad. ¿ Cuando aprenderemos? 

                                                                             



                                                                             






  



                                                                                   

domingo, 26 de junio de 2016

Lo que más me gustó de Europa del Este fue..........


....de Praga (en la República Checa)


     Todo en esta ciudad es fascinante y te deja con la boca abierta, sobre todo su parte antigua. Empero la parte moderna también tiene su propio encanto, o sus historias, como la famosa estatua que se encuentra al final de la no menos famosa plaza de Veseslao I de Bohemia en donde los tanques soviéticos aplastaron la rebelión que se denominó la Primavera de Praga en 1968. Me encantó poder cruzar el río Moldava -que cruza por el medio de la ciudad- por el estatuado puente Carlos y toda la enorme algarabía que se instala allí de la mano de pintores, artistas callejeros y artesanos.

    Pero como siempre ocurre, estando obligado a elegir un solo sitio me quedo con los edificios de la Plaza de la ciudad Vieja; una delicia que es Patrimonio de la Humanidad y su centro neuralgico, desde la misma Edad Media, con ese frente gótico de la iglesia de Ntra. Señora enfrente al Tyn, cuyas altas torres dominan todo el espacio; el Campanario del Ayuntamiento y su increíble reloj que nos deleita con sus sonidos y fugaces apariciones de pequeños personajes; en el centro la estatua a Juan Hus, el famoso reformador religioso, quemado en ese mismo sitio por sus ideas;; en fin, todo allí es perfecto y uno parece haber sido transportado hacia atrás en el tiempo. Una verdadera maravilla; impecable!

                                                                              
                                                 la plaza de la ciudad antigua en Praga

....en Pest (Hungría)

    Esta ciudad, bastante más moderna que su vecina, es muy original y quizás tiene la obra arquitectónica más admirable que es el edificio del Parlamento, junto al Danubio; la recorrimos y disfrutamos mucho; pero a mí me fascinó una estatua erigida en honor del "autor anónimo", una idea muy ingeniosa dedicada a tantos y tantas escritores del mundo, que el mundo no conoce o que no se han querido dar a conocer. De autor anónimo, leemos poemas tan extraordinarios como el del Cid; o algunos versos románticos; o inclusive mucho textos de fábulas y cuentos de niños. La verdad es que este prolífico autor se merecía un homenaje.

                                                                      
                                                          la estatua al autor anónimo

....en Buda (Hungría)

      En la orilla derecha del Danubio se encuentra la que fuera en su momento el asiento de la realeza, adonde en lo alto de una colina  actualmente se levanta el antiguo Palacio Real, junto a la inmensa y colorida iglesia de Matías, tan inmensa como silenciosa y junto a ella, enfrentada al río, el llamado Bastión de los Pesacadores, desde donde se tienen unas impactantes las vistas de enfrente, de Pest, con ese maravilloso Palacio del Parlamento, que es otra joyita de la arquitectura, tanto por fuera como en su impactante y solemne interior

                                                                       
                                           el edificio del Parlamento visto desde Buda

....de Budapest (Hungría)

      La posibilidad de unir a las dos antiguas ciudades -hoy una sola- además de los puentes, la da el poder navegar por las aguas del Danubio, de noche, y esa fue una experiencia maravillosa: abrigados por unas mantas de colores; tomando champagne y escuchando música vienesa mientras íbamos pasando por debajo de los sucesivos puentes y admirando los coloridos e iluminados edificios de ambos lados, fue una experiencia única. En alguna otra oportunidad hicimos la misma navegación pero de día, que es igual de interesante pero claro, mucho menos romántica
                                                                         
                                             navegación nocturna por el Danubio húngaro

.... de Varsovia (Polonia)

   Mas allá de los sucesivos y reiterados padecimientos atribuibles a las continuas invasiones del territorio polaco, como un contraste, me impactó el tremendo romanticismo de esta ciudad, envuelta y como acunada por la música de Chopin, que se respira todo el tiempo en el aire, y cuyo recuerdo deambula por toda la ciudad cual si fuera un sonábulo, del que emerge como una fuerza poderosa que los impulsa, una y otra vez, a reafirman su propia identidad.
                                                                 
sitio que resguarda el corazón de Chopin
                                   

... de Cracovia (Polonia)
   
      Esta ciudad tiene muchas cosas como para ser disfrutadas: las vistas del río Vístula desde el antiguo Castillo de Wawel; la inmensa y medieval plaza del Marcado con la Lonja de los Paños dividiéndola en dos; las dos inmensas torres de la Iglesia de Ntra. Señora y el saludo de los clarines a cada hora; caminar por las calles de su centro histórico; visitar sus antiguas iglesias, agrupadas hasta tres en un mismo sitio; la alegría contagiosa de su juventud universitaria;etc. etc.

        Sin embargo, a mí lo que más me gustó fue tomar -en una fría mañana de lluvia- una pintoresca sopa (zupa) servida dentro de un pan de centeno, el que se va raspando con la cuchara y mezclando en pedacitos con aquella para terminar siendo una combinación deliciosa.                                                                  



                                                             la "zupa" de Cracovia

...de Celje (Eslovenia)

      En esta pequeña ciudad polaca, enclavada en medio de los sucesivos valles, verdes, que se extienden al pié de algunos montes, y por los cuales serpentean las aguas de ríos y arroyos, lo que más me gustó fue la vista que se obtiene de ella desde las alturas en donde se levanta el antiguo y medieval Castillo, lugar de residencia de la poderosa y tragicamente desaparecida desaparecida familia de los Condes de Celje, debido a una historia de amor, con perfiles parecidos a los de Romeo y Julieta

                                                                             
                                                                         Celje

.... de Liubliana (en Eslovenia)

     La capital de este espléndido país debía estar acorde a esa jerarquía y sin ninguna duda que lo logra: es una ciudad excepcional, tanto por la jerarquía de su arquitectura, como por la belleza de sus puentes que unen ambas orillas del río Liublenika que la recorre a todo lo largo; sus grandes parques; se centro juvenil y muy alegre por las noches; sus iglesias y sus fuentes; el mercado; la colina donde se encuentra el antiguo Palacio; en fin, una armonía en todo que realmente llama la atención.

      Más allá de todo eso, me encantó recorrerla desde el río, que nos fue llevando desde el pleno centro histórico hasta zonas más alejadas, con clubs de recreo o pequeños embarcaderos particulares, que trajeron a mi memoria los nunca olvidados recuerdos del Tigre de mi infancia. Todo se advertía tranquilo, mientras las orillas llenas de pasto descansaban a la sombra de los sauces. Un placer.
                                                                       
                                                       navegando por el Liublianika

.... de Bled ( Eslovenia)

      De esta pequeña población ubicada en los Alpes Julianos, muy cercano a la frontera con Austria, como no podía ser de otra manera, lo que más me gustó fue el paisaje que la enmarca y sobre todo el lago junto al cual se levanta, lago que navegamos con rumbo a esa pequeña isla que solo cobija a la iglesia  de la Asunción, en lo alto de una escalinata de unos cien escalones. Una pequeña joyita.

                                                                         
                                           la iglesia de la Asunción en la isla del lago Bled

.... de Pirán (Eslovenia)

     En el extremo más occidental de Eslovenia y triangulando sus fronteras con Croacia e Italia se encuentra este pintoresco puerto sobre el sector más nórdico del mar Adriático. Se trata de una ciudad casi veraniega, aunque en realidad no lo es, privilegio que le pertenece a su vecina Portorousse, localiza a escasos kilómetros.

      Me gustó estar allí, descansando frente al mar, pero si debo marcar algo que fuere lo que más me gustó debo elegir a una maravillosa puesta del sol, en el mar, que me dejó maravillado.


                                                                         
                                                           Puesta del sol en Pirán

.... de Dubrovnik (Croacia)

     Rodeada de murallas y fortificaciones, esta llamada "perla del Adriático" es una encantadora ciudad cuyo sector histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, y realmente se merece ese reconocimiento. Pasear por sus calles, de un pavimento inusual, y callecitas; trepar a sus murallas, espléndidamente conservadas; visitar las reliquias de sus numerosos templos y conventos, es un lujo. Puesto a elegir sobre lo que más me gustó me tengo que inclinar por su pequeño puerto, solo de veleros y algunos barquitos turísticos, y que en su tiempo fue lugar de resguardo de las imponentes naves venecianas que cruzaban hacia el oriente.

                                                                   
                                                            el puerto de Dubrovnik

.... de Split (Croacia)

      Este histórico puerto dálmata sobre el Adriático, se hizo famoso en el mundo antiguo por haber sido el sitio elegido por el emperador romano Diocleciano para transcurrir sus últimos días, a comienzos del siglo IV. Por supuesto que resulta entonces emblemática la visita a su inmenso e impactante Palacio, como tenebroso es bajar al mausoleo -hoy vacío- donde inicialmente fuera sepultado.

       Sin embargo, a mí lo que más me gustó fue una vecina localidad ubicada en una isla muy próxima al continente y un poco más al norte: Trogir,  cuyo viejo caso antiguo se encuentra en inmejorables condiciones. Declarado Patrimonio de la Humanidad, recorrer esas callecitas angostas, empedradas, junto a sus antiguas casas fue realmente un placer, como también lo fue la posibilidad de recorrer su largo y ancho muelle, y escuchar a un coro de voces masculinas espectacular. Una verdadera sorpresa.

                                                                         
                                                                       Trogir

.... de Pula (Croacia)

      En el extremo más austral de la península de Istria se encuentra este antiguo enclave romano, y que con el correr de los años formara parte del poderoso imperio Austro-húngaro sepultado a comienzos del siglo XX. Durante una rápida recorrida pudimos apreciar muchos monumentos provenientes de los tiempos romanos, actualmente insertados en medio de una ciudad muy moderna que es un importante puerto croata.
Así está parte de la vieja muralla, el Foro, antiguos templos, un Anfiteatro perfectamente mantenido, y otros viejos edificios.
      Lo que quizás más llamó mi atención fue un arco que enmarcaba una de las entradas a la ciudad, y que fue mandado construir y costeado por una mujer perteneciente a la poderosa familia Sergia -lo cual es toda una revelación para su época (unos 30 años antes de Cristo) -en recuerdo de su esposo fallecido y junto al cual se encuentra un edificio mucho más moderno, pero igualmente antiguo en el que se encontraba una escuela en la que enseñaba ingles Joyce -el escritos irlandes- que en sus largos ratos de aburrimiento parece ser que allí comenzó a escribir el Ulises a comienzos del siglo XX.
                                                                         
el Arco de Triunfo de los Sergios










sábado, 30 de abril de 2016

Lo que más me gustó de Turquía y Grecia fue....


   ...de Estambul (en Turquía)


           Una ciudad muy interesante, construida en dos continentes, Europa y Asia, o unida entre ellos por un par de largos puentes. Tiene muchísimo de su pasado, tan relevante, pero sobre todo del reciente que les dejara la dominación otomana, que desde allí se expandió hacia mucho lugres del mundo asiático, africano y europeo, pero también es una ciudad moderna y pujante, con mucha gente joven en las calles mezclada con su vestimenta occidental con mujeres mayores que lo hacen a la usanza musulmana.

          Me gustó mucho la sobria riqueza de sus mezquitas más conocidas; la algarabía de su Gran Bazar, un inmenso mercado donde se puede encontrar de todo -hasta un Corán en español que tengo conmigo-, la encantó subir a esa Torre Normanda que como vigía controla desde las alturas la navegación por el Estrecho, me fascinó la opulencia del Palacio de Dolmabahce, donde uno le encuentra sentido a la frace que alude al "lujo asiático", me encantó la posibilidad de tomar unj rico té a cualquier hora del día o de la noche y en cualquier parte, pero lo que más me gustó de todo fue haber podido navegan por el Bósforo, ese conocido estrecho que limita a Europa con el Asia.

           El recorrido, en medio de una gran avenida de agua, oscura, muy concurrida, en un especie de barco-colectivo, va tocando sucesivamente los distintos puertitos de uno y otro lado, a cada cual más pintorescos, en donde bajan y suben pasajeros cual lancha colectiva en el Tigre, hasta llegar al final, casi en la desembocadura del Negro, adonde nos quedamos en el lado asiático a disfrutar de un lugar maravilloso y almorzar en un agradable restaurante con vistas -desde las alturas- sobre ese maravilloso panorama.

                                                                           
navegando por el Bósforo


....de Ankara (en Turquía)

       Sin dudas el inmenso Mausoleo levantado para resguardar los restos de Ataturk, ese enorme político turco que después de la 1a. Gran Guerra modificó las estructuras del país para "europeisarlas" y así evitar que fuera destruída como Nación, como muchos pretendían. El Mausoleo ocupa un predio inmenso en donde, además se venerarse sus restos, se puede visitar un muy completo museo, dedicado a su figura.

                                                                              
                                                           el Mausoleo de Ataturk 

....de Capadoccia (en Turquía)

    No es posible silenciar el impacto tremendo que me produjo haber podido recorrer esas ciudades subterráneas en donde se refugiaban y vivían -varios años- los perseguidos por los enemigos de turno, y a comienzos de la era cristiana, con quienes profesaban esta fe. Realmente impactante y asombroso, con puertas que se cerraban herméticas; pasos de aire fresco; espacios para albergar animales y bodegas; nichos en donde vivir; en fin, realmente una ciudad, hecha y derecha, pero debajo de la tierra.

      Sin embargo y a pesar de quedar maravillado, sin ninguna duda que lo que más me gustó fue haber podido concretar uno de los sueños de mi vida: volar en globo. Creo que desde que -de niño- leí el libro de la Vuelta al Mundo en 80 días, mis fascinación fue tal que desde entonces siempre quise tener la posibilidad de volar en globo, hasta que en esta ciudad del interior de Turquía finalmente, una madrugada se me dio. ¡ Que placer !! La sensación era tal y como me la imaginaba: plácida, de mucha paz, muy lenta pero al mismo tiempo subiendo y bajando al ritmo de la mayor o menor intensidad del calor que se le imprimía al interior del globo, allá arriba nuestro. 

     Era la posibilidad de tener una visión de las cosas como desde la mirada de los pájaros, pausada y al mismo tiempo, cercana, pero desde las alturas. Una experiencia sencillamente inolvidable.

                                                                           
                                                                volando en globo


....de Bodrum (en Turquía)


        Es una pequeña población ubicada sobre una península hacia el sur, sobre el Egeo, donde pasamos un día de paseo, visitando una antigua fortaleza, admirándonos de su flota nautica con embarcaciones que nada tienen que envidiarle a las de Niza o Mónaco o Puerto Banus, y recorriendo su múltiples tiendas y negocios de todo tipo, tremendamente interesantes. Sin embargo a mí lo que más me gustó fue poder caminar por su extensa playa semicircular, disfrutando de un mar muy tranquilo y de un azul bien fuerte, y sentarnos a tomar algo fresco en una mesita, al sol y con los pies en la arena. Muy agradable por cierto la experiencia.

                                                                                
                                                             una playa de Bodrum

....de Kusadasi (en Turquía)

      Sin duda que haber podido recorrer lo que fuera la antigua ciudad de Efeso, cuyas ruinas de piedra se mantienen bastante bien conservadas, pudiendo uno hacerse una idea más o menos aproximada de lo que pudo ser vivir allí, por ejemplo, en tiempos de San Pablo, y aún mucho antes de su llegada, resultando impactantes las de su famosa Biblioteca y el Teatro.
                                                                          
                                                                     la Biblioteca

....de Ismir (en Turquía)

      Otra ciudad marítima, frente al mar Egeo. Importante y muy moderna, pero lo que más me gustó fue haber podido conocer lo que fue la última casa en donde vivió y murió -o se durmió- la Virgen María, que está escondida en las alturas de un importante cerro y adonde fue conducida por el Apostol San Juan -casualmente enterrado en esa misma ciudad- La casita es muy pero muy pequeña, con  una sala -hoy transformada en capilla- y una habitación, y fue descubierta no hace mucho a raíz de las visiones que tuvo una monjita alemana. Realmente muy emotiva la visita, que por suerte pude repetir años más tarde.

                                                                                
                                                          la Casa de la Virgen María

.... de Pumakale (en Turquía)

     Aquí nos encontramos con un fenómeno natural de envergadura como son las famosas cataratas blancas, que se producen por la caída en cascada del agua de un río que arrastra minerales como calizas y otros y que producen la sensación de estar observando nieve, cuando además las aguas son cálidas, del tipo de las termales. Todo ese fenómeno se encuentra junto a los restos de una vieja ciudad griega -Hierápolis- que se puede recorrer a la manera de lo que ocurre en Pompeya, ya que esta ciudad estaba construida de manera semejante.

     El día en que anduvimos por ahí hacía un calor infartante, y la recorrida nos demandó unas cuantas horas totalmente agotadoras. Teníamos la perspectiva de descansar luego dentro de los piletones de las cascadas, pero si bien lo intentamos, nos resultó bastante complicado porque las piedras estaban bastante resbaladizas y en bajada, de modo que nos volvimos junto a algo más moderno y civilizado, como una inmensa pileta normal, junto a la cual se encontraban mecitas debajo de unas sombrillas donde poder tomar algo fresco y, a pesar de las maravillas que nos rodeaban, creo que encontrar ese pequeño oasis fue lo que más me gustó de ese lugar, esa mañana.

                                                                               
                                                             las cascadas blancas

....de Atenas (en Grecia)

     ¿ Y que se puede de Atenas que no se haya dicho ? Estar allí era como sentirse transportado en el tiempo, pero desde luego que lo que más me gustó, y hasta me subyugó al punto hiptónico, fue haber podido pasear por el Parthenón. Ah ! que maravilla. Cuando le ví, desde abajo, ya me transportó en el tiempo, y poco después, al comenzar a pisar sus milenarias piedras, me sentí realmente en otro mundo. Dimos vueltas y vueltas, simplemente admirando ese monumento maravilloso, que se cae a pedazos, pero que el hombre se niega a verlo derrumbarse y entonces son cientos los soportes y grúas que soportan su peso, como dicen que ocurriera con el Cid Campeador que peleó su última batalla, ya muerto, pero atado fuertemente a su silla de montar.

       Al día siguiente volvimos, esta vez con un guía que nos permitió adentrarnos más en su historia y saber de cada uno de los significados simbólicos de esas ruinas, a las cuales regresamos otra vez y aún en otro viaje que hicimos luego. Las multitudes, sobre todo desembarcadas de varios cruceros, ciertamente impiden el disfrute pausado, como aquel del que pudimos gozar en nuestra primera visita, una tarde sin gente y con mucho sol, en que simplemente nos dejamos sorprender por el mensaje que, directamente, nos llegaba de ese glorioso pasado de sabiduría. Imposible olvidarlo.

                                                                         


....de Mykonos (en Grecia)

      Y saltamos a las islas del mar Egeo, ese mar color azul fuerte, muy tranquilo, casi un inmenso tanque en el que se mecen cientos y cientos de islas, de muy diferentes tamaños, pobladas o desiertas, con historias diversas, pero todas unidas por ese espíritu de su gente, conocedora de ser los herederos -presentes- de un pasado extraordinario en donde se mezcla nada menos que la historia con la mitología.

      Esta pequeña -en comparación con otras- islas es como una joyita, rodeada de playas increibles, y en donde nos resultó súmamente atractivo poder pasar por esas angostitas calles -por supuesto peatonales- rodeadas de casas blancas, casi todas iguales, en donde el sol pega fuerte todo el día. Pero lo que más me gustó fueron sus noches; esas cálidas noches de verano, caminando por el centro, entre una gran cantidad de gente paseando -como nosotros- sin tener otra cosa que hacer más que disfrutar de la noche estrellada; con variada y sabrosísima oferta gastronómica; música griega a rabiar, que nos iba envolviendo en un mundo casi mágico, que invitaba a bailar y a cantar, allí en el medio de la calle, mientras unos tranquilos pelícanos paseaban a la par nuestra, no tan tranquilos como nosotros sino alborotados y nerviosos por la algarabía, al punto que nos llevamos algún que otro picotaso -¿o eran besos salido de la punta de un largo pico?-

                                                                        
                                                             Mykonos de noche

....de Santorini (en Grecia)

       Otra maravilla en la que resulta muy dificil el poder elegir algo para destacar por sobre el resto de las cosas. Para comenzar, lo escarpado de su costa interna, la más tranquila y en donde se encuentra el puerto, ya de por sí es una maravilla, sobre todo cuando se observa el panorama desde arriba; la misma trepada, en tranquilos burritos que te van llevando -como quieren- hacia arriba, trepando por una interminable escalera bastante ancha; el pequeño poblado; las playas del otro lado, abiertas a un mar bien fuerte, junto al cual se levantan balnearios repletos de adoradores del sol; la posibilidad de alojarse en hoteles que se encuentran enclavados en terrazas que van descendiendo en el terreno, separadas por pequeñas callecitas, y desde donde uno puede observar todo lo que ocurre hacia abajo, como si estuviera en un inmenso juego, a tamaño natural.

       Pero puesto a elegir -como es el propósito de este relato- me quedo con el atardecer en Oia, el punto de la isla situado más al occidente. Desde allí se puede ver como el sol, poco a poco, va descendiente como para meterse en el mar en un punto lejano, mientras sus reflejos de color van pintando el cielo y el mar de varios colores superpuestos que cambian minuto a minuto, para prolongarse aún después que el sol se fue, en medio de fuertes aplausos de un público maravillado, mientras desde un barcito cercano a la punto, nosotros lo despedíamos brindando al aire con un riquísimo vinito blanco, muy fresco. Un placer!

                                                                              
                                                         atardecer en Oia (Santorini)

....de Rodas ( en Grecia)

     Uno escribe y describe como al pasar, sobre sitios y lugares emblemáticos, sin detenerse a pensar en todo el pasado que encierran y lo que han debido ser los diferentes sucesos acaecidos en ellos a lo largo de los siglos. Y algo así debemos decir de esta emblemática isla, situada casi en los confines del Egeo y enfrentada a las tierras turcas. Es que allí se instalados -muchos siglos atras- un grupo de caballeros europeos, de todas las nacionalidades, estableciendo en el lugar como una especie de fortaleza fronteriza frente a sus enemigos de cultura y religión, como eran los musulmanes, en una lucha que aun parecieron no haberse terminado porque ahora son ellos los que vienen a hostigarnos con su violencia.

     Haber podido recorrer esa fortaleza fue impactante, como también la ciudad medieval encerrada por altas murallas a la que se accede por algunas puertas gigantes rodeadas de torres, pero más allá de la historia, lo que a mí más me gustó fue haber podido pasar toda una tarde disfrutando de la increible playa de Lindos, hacia el sur de la isla, metida dentro de una pequeña bahía a cuyos lados se alzan antiguos templos griegos. Poder nadar en esas aguas del Egeo fue toda otra experiencia ya que por la cantidad de sal que allí se acumula, uno prácticamente flota solo porque es el agua la que te mantiene a flote, y mientras vas nadando podes observar allí enfrente, las costas turcas, tan agradables y pintorescas como estas.

     Por si esto no fuese suficiente, al regresar a Rodas, navegando, el pequeño barquito pesquero -transformado en turístico- que nos transportaba, se detuvo en el medio de la travesía, en un sitio protegido, para que todos pudiéramos arrojarnos al mar y nadar un poco en un Egeo calmo, azul, fresco y profundo como el que esa tarde nos recibió en una zambullida piletera, pero en la que quien nos recibía era ese mar milenario, de tantas historias reales y mitológicas. Inolvidable!!

                                                       la playa de Lindos en Rodas