jueves, 29 de octubre de 2015

¿ En donde está el jabón ?


     Con los ojos enjabonados por el shampú que me caía desde lo alto, recuerdo haber gritado con desesperación "¿ adonde está el jabón?", para recibir como toda respuesta la lejana voz de mi padre que me decía " ¿ te fijaste en la jabonera?, cosa que efectivamente verifiqué con solo poner mi mano en ella.

     ¡ Cuantas veces, a lo largo de mi vida, tuve oportunidad de sentir esa extraña sensación de momentánea pérdida que padecemos cuando, volando casi a ciegas, no confiamos en que las cosas siguen su propio curso, sin alterarse ni inmutarse porque nosotros -por alguna razón- no las podamos ver.

     Y esto no solo ocurre con algunas pequeñas distracciones que, generalmente, vienen acompañando al transcurso de los años. Se da en otras circunstancias más graves, como cuando no vemos cerca a la mano amiga que necesitamos, o pensamos que nos falta el consejo oportuno que invariablemente nos devuelve la serenidad, o inclusive frente a esas ausencias ya sí permanentes de nuestros seres más queridos.

     Es que somos seres humanos muy frágiles, comparados con otras especies animales, y nunca dejamos de estar o de sentirnos "necesitados" de algo o de alguien, en situación que puede llegar a desestabilizarnos y hacernos perder el equilibrio, tal como si nos faltara algún sostén o ayuda para poder caminar.

     Es como si nos paralizáramos frente a la necesidad y no podemos avanzar si no vemos claro porque no nos han enseñado a vivir en las tinieblas y nuestros padres -pero mucho más nuestras madres- han estado allí siempre, pendientes de nosotros, inclusive sin dejarse ver, para tirarnos una soga, un consejo y porqué nó, muchas veces una solución, cuando volvemos a sentir en nuestros oídos aquello de " te fijaste en la jabonera? ".

     Creo, sinceramente, que nos hemos hecho, y nos han hecho, seres "dependientes" ; no podemos vivir aislados y a diario necesitamos contar con la ayuda de otros en un sinfín de situaciones o circunstancias. ¿ Es bueno?

     Realmente no lo sé porque nunca experimenté otra cosa y en aquellos momentos en que debí afrontarlas en situación de total aislamiento, me sentí morir y hasta creo que llegué a desearlo. Pero desde un plano objetivo ¿ es bueno el ser educados como seres dependientes? Entiendo que una cosa es ser culturalmente sociables, donde la interrelación con el otro es permanente, a ser dependientes o  necesitados del otro, y es esto lo que no se nos enseña o en lo que no se nos suele educar por una especie de temor al destete que les atrapa a los padres a quienes, muchas veces, les cuesta asumir que también forma parte de la educación que deben impartirnos el que podamos comenzar a no depender de ellos, ya desde niños. 

     Y eso para un padre -y no digo para una madre- es muy difícil de asumir, a diferencia de lo que sucede con otras especies animales en que -sin tanta racionalidad- la propia naturaleza les invita a dejar crecer a sus crías, y no solo en su aspecto físico, y me parece que es algo que deberíamos comenzar a imitar porque si la naturaleza lo aconseja no debe ser tan perverso. A uno de mis hijos, con bastante ironía no exenta de razón , le escuché decir que no le había enseñado a elegir, vale decir a escoger entre diferentes alternativas, por haberle impuesto -en general- mis propios criterios sin mayores explicaciones del porqué de cada cosa.

     Y claro, cuando llega la edad de elegir carrera les decimos muy sueltos de cuerpo que pueden optar por la que más les guste o sea de sus preferencias y ahí es cuando a ellos les agarra como una desesperación ya que en general, no les hemos dado las herramientas como para poder discernir entre diferentes alternativas, con la consecuencia de comenzar a peregrinar por varias propuestas hasta dar, finalmente, con la apropiada.

     ¿ Y cuantas veces nos encontramos a lo largo de nuestra vida con personas que adolecen como de una especie de falta de confianza en si mismas?; ¿ con un exceso de respeto por la opinión de los demás o del famoso "que diran"? No voy a ponerme a interpretar sobre el origen de tales conductas porque no soy psicólogo, pero ¿ no tendrá mucho que ver en ello aquella original y casi instintiva actitud parental de suplirles "todo" a nuestros hijos? ¿de resolver por ellos? ¿de acudir en su ayuda más reemplazándolos que ayudándolos a elegir la forma de superar ciertos obstáculos?

     Sin lugar a dudas que todos somos seres sociales y que por eso necesitamos del contacto permanente con el otro. Esa es una verdad de perogrullo; sin embargo, una cosa es necesitar de ese contacto, compartir vivencias, intercambiar ideas y otra muy diferente es necesitar del otro para poder desarrollarnos y en esto, insisto, como en casi todas las cosas, la responsabilidad principal es de los mayores, cualquiera que fuere la edad de quienes nos siguen, ya que ellos deben tener en claro que "el jabón normalmente está en la jabonera", sin necesidad que nos lo pregunten

     Por otro lado, también pudiera ocurrir que nosotros -padres- les consultáramos a ellos sobre el lugar del jabón, al no encontrarlo en su sitio porque líbremente han resuelto colocarlo en otro lugar, y entonces los mayores debemos respetarlo porque son decisiones o elecciones propias, diferentes de las nuestras, que tendremos que aceptar aunque no las compartamos, porque ellos tienen, incluso, el derecho hasta de apartarse de nuestras enseñanzas y convicciones, y seguir conviviendo todos en paz y armonía. No somos todos iguales, gracias a Dios!

   









  

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿ Dios o el infinito ?


     Según relatos de familia, mi tía "Chiquita", siendo una niña pequeña que jugaba sentada en las faldas de su abuelo, le preguntó intrigada sobre quien era más viejo, si Dios o el infinito, y el abuelo, importante profesor y Decano de la Facultad de Filosofía se quedó mudo y pensativo, sin saber que responder. Han pasado desde entonces casi cien años, y si bien ambos ya conocen bien la respuesta, a nosotros nos sigue dando vueltas el poder resolver el interrogante, de alguna manera racional.

     Sabemos que por definición "lo infinito" no puede admitir ninguna restricción, porque implica incondicionalidad e indeterminación, y cualquier determinación sería forzosamente una limitante, al dejar "algo" fuera. Por otra parte, toda limitación importa una negación, ya que poner un límite equivale a negarle a lo que está limitado todo lo que se le excluye, vale decir que lógicamente estaríamos frente a una afirmación (ya que la negación de una negación es una afirmación), y por ende a la negación de todo límite -que bien podría ser la definición de "lo infinito", ya que equivale a considerarlo de una manera total y absoluta.

     Vale decir, entonces, que lo que no tiene límites es aquello de lo cual no se puede negar nada y por ende, lo que contiene todo o aquello fuera de lo cual no hay nada y esta idea del infinito que sería así la más afirmativa de todas ya que comprende a todas las demás afirmaciones particulares, a decir verdad se asemeja bastante a como se suele caracterizar a Dios, de quien se dice que " Es el que Es" y que no ha tenido principio ni tendrá fin, de manera que bien se le podría atribuir la calidad de "infinito", pero relegando a "todo lo demás", incluido el infinito a ser "finito" lo que sería un contrasentido lógico, tal como lo sostiene Aristóteles que rechaza la idea de un infinito real.

     Desde luego que en matemáticas el infinito es un símbolo y en ella también se menciona a los "conjuntos infinitos"; algo similar ocurre con el lenguaje de la informática en donde también se lo utiliza, pero conforme a lo que más arriba se ha señalado, metafísicamente no puede hablarse de infinitud, porque hay elementos que no estarían comprendidos en el concepto y por ende, tiene límites.

     ¿ Que sería entonces "el infinito"? ¿Una cualidad propia de Dios? Si así fuera, los que no contamos con ella estaríamos afuera y en consecuencia ya no sería algo infinito porque tendría limitaciones. Y Dios ¿es verdaderamente infinito? Si nosotros -y tantas cosas- no son Dios, no podemos sino concluir que Dios tiene límites, todo lo que no es Dios, y al tener una limitación deja de ser "lógicamente" infinito. Por ello es que esas limitaciones de todo lo que no es Dios nos deben llevar como de la mano a concluir que filosóficamente el infinito no existe, o al menos nosotros no podemos alcanzar a considerarlo como posible, con nuestros parámetros lógicos del pensamiento.

      De modo, Chiquita, que tu pregunta tendría finalmente una respuesta: Dios es el que Es, sin más límites que los de su propia existencia, pero no es infinito, es Dios, y desde luego más viejo porque el infinito no existe.