martes, 21 de julio de 2015

Lo que más me gustó en el Caribe......











     Como uno se imagina siempre al Caribe, con esa eterna mezcla de mar turquesa , palmeras verdes, arena blanca, ron bronceado y sensación de paz y bienestar que se respira en todas partes, llegué una mañana para pasar simplemente unas horas en una de las islas de las Bahamas, ya que el mundo de los Cruceros son eso, una breve pincelada de lugares a los que luego es preciso volver, con mayor tranquilidad y mucho más tiempo.

     Aquella mañana nos prometimos volver y con todo el tiempo del mundo pudimos hacerlo, y eso es  lo que más me gustó de esa breve primera visita, encontrarme con un mundo hasta entonces desconocido, que me  despertara la curiosidad para regresar.

....de la Habana (Cuba)....

     Todo me resultó fascinante en esta ciudad maravillosa, más allá de la deliciosa naturaleza que comparte con el resto del Caribe, y de una de las cosas que llamó más mi atención y que fue la alegría permanente de su gente, que se traduce en canciones que se escuchan todo el tiempo y en todo lugar, ya sea como telón de fondo o en primera persona en conciertos de músicos improvisados en sus calles, alegría que sorprende o contrasta con la pobreza que se advierte a simple vista en una población ya acostumbrada a esas falencias.

       Pero por sobre todo eso, en la personal, lo que más me gustó de esta curiosísima ciudad fue haber podido conocer la casa quita "el Vigia", en donde viviera Ernest Hemingway. Para mí fue impactante recorrer la estancia adonde aun se encuentra su biblioteca; los amplios y frescos salones, la habitación de la torre, en donde escribía, y que le diera el nombre al lugar; la piscina de piedra -hoy vacía- debajo de árboles más que centenarios cubriéndola con su sombra, su viejo barco de pesca, descansando agotado después de tantas batallas en alta mar, las prolijas tumbas de sus cuatro o cinco perros, en fin, todo el clima que allí se podía respirar, como si el escritor aun anduviese por allí inspirándose para nuevos relatos.

    No sé si estará bien, pero se vino conmigo la ramita de un árbol que estaba en el suelo y que recogí con todo respeto, para que desde entonces se integrara a mi pequeña y extraña colección de "palitos" muy queridos que por alguna razón, me son entrañables, y que aun mantengo conmigo.

                                                                             
                                                                      El "Vigia" en La Habana

....de Trinidad (Cuba)....

      Fue el aire colonial que tiene toda la ciudad, con esas calles de adoquines, sus casas de colores fuertes y sus originales ventanas, angostas pero extremadamente alargadas, que parecen querer treparse a los techos de las casas. No he podido -al estar allí- olvidar que su puerto fue el del desembarco en América de miles de esclavos africanos que a partir de ese momento comenzaban a vivir una vida desconocida, con amos brutales o menos brutales, pero siempre severos, sin derecho alguno, casi ni siquiera a la vida que a los blancos  ni les importaba porque eran fichas reemplazables.

      Pero ese tenebroso pasado no me hizo perder de disfrutar de la paz de sus calles coloniales; ni del blanco casi permanente de las ropas de sus mujeres; ni del sol que separaba en dos las sombras que cubrían los adoquines de sus estrechas calles. Me encantó Trinidad, una ciudad detenida en el tiempo.

                                                                                 
                                                                       Trinidad

---- de Varadero y los Cayos cubanos.....

      Tanto la población de Varadero como sus cercanos cayos, son zonas típicamente tropicales, con todos los ingredientes de las que ellas sueles ser caracterizadas. Pero Varadero es un lugar de mucha concentración hotelera, lo que en cierta forma, impide disfrutar plenamente de los encantos caribeños, que deben ser compartidos con multitudes.

        En cambio en los callos -o islas e islotes- cercanos, su misma situación insular los torna más propicios para aquel disfrute, como por ejemplo ocurre con Cayo Blanco, un paraíso cercano a Varadero a la cual se llega en agradables barquitos, y que es una isla deshabitada adonde solamente es posible llegar para pasar un día de playa, disfrutar de esas arenas blancas, que no se calientan, al sol o debajo de la sombra de auténticas palmeras; disfrutar de una exquisita comida en base a langosta a la parrilla, darse interminables baños en las cálidas aguas de ese mar tan turquesa, sacarse miles de fotos y regresar tarde al poblado, en unos fantásticos catamaranes donde al ritmo de un buen son cubano, te sirven frescas bebidas con ron. ¡ Que más se puede pedir! ,¿ no?


                                                                          Cayo Blanco en Cuba
.....de Aruba....

      Aunque parezca insólito lo que más me gustó de esta espectacular isla fue aterrizar en su aeropuerto, porque fue impactante. El avión -de doble hélice- iba descendiendo sobre el mar, que cada vez se lo advertía más y más cerca, cual si fuéramos a aterrizar en un portaaviones o, mejor aun, a acuatizar, tal era esa proximidad. Y repentínamente aparece debajo nuestro, a escasos metros, la superficie de la tierra y allí no más la tocó, para luego corretear a lo largo de la pista, prácticamente hasta llegar nuevamente al mar.

         Lo que ocurría es que el aeropuerto en Aruba ocupa la parte más oriental de la isla, pero de lado a lado de la misma, de modo que se encuentra con el mar exactamente en sus dos cabeceras. Muy impactante por cierto.

                                                                             


....de Curazao......


       De esta otra isla paradisíaca, lo que más me gustó fue el colorido de sus casas. La isla fue en su momento colonizada por holandeses y la ciudad conserva esa arquitectura tan propia de Holanda, pero con un colorido muy particular, seguramente aportado por la gente del lugar. Todas las islas del Caribe son en cierta forma semejantes, pero al mismo tiempo, cada una de ellas tiene alguna caracteriza que las hace especiales; para mí, en esta, es ese colorido.
                                                                       
                                                                       Curazao

....de Bonaire....


      El A,B,C (Aruba, Bonaire y Curazao) de esta zona del Caribe más austral, se completa con esta lindísima y más pequeña isla en la que, en su momento, estuvieron los franceses. Excepto en algunas pocas (Cuba, Dominica o Puerto Rico) que permanecieron en manos de los conquistadores españoles, y excluyendo a los portugueses que optaron por las costas del Africa y de America del Sur, los demás países navegantes de Europa se repartieron el resto de estas islas, denominadas Las Antillas, entre colonias  francesas, holandesas o inglesas, y cada una de ellas mantienen, aun al día de hoy las características propias de aquellas improntas.

     A Bonaire la recuerdo como "muy perfectita", "muy prolijita y limpia", con comercios pulcros y casas bajas, y luego esas playas, extensas, con un enorme coral protegiéndolas de los cambios abruptos en el mar, ideales para practicar buceo o, en mi caso, snorqueling.

                                                                     
                                                                           Bonaire


.....de la isla de Santa Lucía......

     Esta pequeña isla del Caribe pasó de ser colonia inglesa a francesa, varias veces a lo largo de su existencia. Hoy es un estado independiente en donde se habla inglés y el criollo local. Me encantó el pueblito y su puerto, pero aquí lo que más me gustó fueron sus playas, largas y anchas, con un mar muy pero muy tranquilo, aguas frescas, para lo que es el Caribe, y sobre todo con ese marco incríble que le dan las cercanas montañas Pitons. Una maravilla......aunque el taxi que contratamos para regresar al puerto nunca llegara.

                                                                              
                                                             Una de las playas de Santa Lucía

....de Barbados.....


     Si bien esta es una isla como todas las del Caribe, la pudimos recorrer bien por su interior, por  caminos rodeados de cañas de azucar, subiendo pequeñas elevaciones y siempre con ese mar bien azul allá abajo, hasta que llegamos a una antigua iglesia, de piedra, junto a un viejo cementerio con lápidas muy antiguas, y todo rodeado por la sombra de árboles más que centenarios. Era un verdadero placer estar allí, sentados en un banco tambien de piedra, disfrutando de todo ese apacible ambiente, tan antiguo.

                                                                           
                                                               antiguo cementerio

....de Grenada......


         Esta isla es una de las que fue descubierta por Colón durante sus viajes iniciales por America, y la bautizó como Concepción, pero poco después otros conquistadores le pusieron el nombre de Granada dado que les recodaban a sus montañas allá en la Sierra Nevada. Al pasar a ser colonia inglesa o francesa su nombre trocó por el actual de Grenada o Le Grenade, cuando fue francesa.

        Si bien todo aquí es fascinante, lo que más recuerdo es la llegada por el mar, en un crucero, mientras nos íbamos internando poco a poco hasta el pequeño puerto de su capital, St. George, con toda una serie de pequeñas casitas trepando hacia arriba en las montañas cercanas, mientras dejábamos a nuestro lado algunas islas menores y un grupo de intrépidos adolescentes se nos acercaban peligrosamente al barco para pedirnos que les tiráramos monedas, que rápidamente se arrojaban al mar para bucerlas. Todo un espectáculo y una bienvenida bien diferente.

                                                                                   
                                                                        Grenada

.....de las Bahamas......

         Las Bahamas son un archipiélago de pequeñas islas bastante cercanas a las costas de los Estados Unidos, muchas de ellas asiento de impresionantes hoteles o de pequeños parque acuáticos y selváticos como la famosa de Gilligan. Pero a mí lo que más me gustó fue su capital, Nassau,

            Sus edificios son muy alegres y multicolores y si bien se trata de la capital de un país independiente, todo ocurre en un ambiente muy pero muy relajado, con un cálido sonido a regaee en sus calles, por donde se pasean sus mujeres morenas tambien vestidas de colores y todo con la sensación de estar viviendo -hoy- en un ambiente de mucha libertad, y desde luego del turismo, al que se brindan por entero, grandes y pequeños. Vale la pena llegarse hasta allí al menos unas horas.

                                                                                  
                                                                        Nassau


....de la isla de Guadalupe....    


       Si bien todos los paisajes en las distintas islas del Caribe son semejantes, cada una mantiene sus propias características que hacen que al recordarlas uno pueda distinguirlas. Aquí, en Guadapule, lo que más me gustó fue el entorno: una  bahía de aguas muy tranquilas, rodeada de verdes montañas, que contrastan con el fuerte celeste del mar, y cientos y cientos de pequeñas embarcaciones blancas salpicando todo ese maravilloso entorno, que se pega en las retinas como para no olvidarnos nunca de haber disfrutado de esa maravilla, descubierta por Colón en su segundo viaje colonizador, y que así la bautizó, preludiando el nombre de la Virgen que sería la patrona de toda America.


                                                                             
                                                                     Guadalupe

.....de la isla de San Andrés....


                 Si bien esta isla le pertenece actualmente a Colombia, se llega a ella tras más de una hora de vuelo -sobre el mar- ya que se encuentra aproximadamente a la altura de Nicaragua, que por su proximidad tambien la reclama, mientras que sus habitantes -negros tradicionales- aspiran a obtener su propia independencia. Es una isla "rara", porque si bien sus paisajes sus impresionantemente lindos y muy agradables, todo se encuentra como "a medias".

                  Hay si un par de cadenas hoteleras, pero todo da la sensación de poco, o de estar armado de modo suficiente como para dar lo mínimo. A mí la isla me gustó, como su pasado con historias de piratas que habían hecho de ella, su refugio entre escapada y escapada.....quizás ese mismo pasado es el que ha quedado como flotando en el aire, transmitiendo esa sensación de elemental que allí tiene todo.

                     En fin, que puesto a elegir lo que más me gustó fue haber podido nadar junto a rayas y jugar con ellas en el mar, muy cerca de un coral que encierra la isla. Una curiosidad sin dudas.
                                                                               
                                                                                   
....de Panamá.....

       ¡ Cuantas cosas fantásticas tiene este pais como para maravillarse ! Para empezar, sus dos costas oceánicas.....la simpática belleza de su ciudad antigua......con sus iglesias coloniales......su pasado....su presente......la impresionante e impactante ciudad moderna con sus enormes edificios y rascacielos.... En fin, todo aquí es sorprendente......hasta sus inmensas playas sobre ese Pacífico azul que se pierde allá lejos, en la distancia.

      Pero sin lugar a dudas lo que más me gustó fue haber podido ver de cerca la fantástica obra de ingeniería que son las reclusas del canal. He visto en otros lados funcionar ese sistema de llenado de reclusas para poder trasladar las embarcaciones hacia otras alturas, pero se trataba de pequeñas reclusas para pequeñas embarcaciones.

       Aqui lo que se transportan son barcos gigantescos, de carga o de pasajeros, pero a escala máxima, y verlos desfilar por allí delante de uno, es impactante, al punto que me hubiese quedado todo el día. Me fascinó.

                                                                   

jueves, 2 de julio de 2015

El fantástico sistema económico-social de Escandinavia




            Durante los últimos dos siglos el mundo se ha debatido entre dos sistemas económicos, con sus respectivas repercusiones sociales: el capitalismo y el socialismo, los dos con sus ventajas y también con sus propias falencias, sistemas que cada uno de los países que los encarnan y llevan adelante defienden además con un fuerza que no permite fisuras, casi diría, ni siquiera algún guiño hacia el otro.

            Sin embargo, en silencio pero con una tenacidad realmente envidiable, unos cuantos países han logrado lo que entiendo es la síntesis perfecta entre aquellos dos sistemas, son los países escandinavos: Dinamarca, Suecia y Noruega. Tres países con un pasado e historias comunes; en los que inclusive algunos han estado dominados durante un tiempo bajo la fuerza de otro, para luego invertirse las cosas y pasar a ser dominadores, o inclusive aceptando un gobierno en común ; que se han peleado y luchado hasta el cansancio, pero que finalmente han reconocido que todo ello los llevaría a la extinción mutua logrando a partir de entonces contar con una estabilidad política, económica y social realmente impactante y exitosa, con su consecuente estado de bienestar generalizado, es decir para todos sus habitantes, y que no se encuentra –así- en ninguna otra parte del mundo.

            Hay, claro está, países en donde muchos viven bien, e inclusive se podría decir, mejor, pero quienes así lo disfrutan son unos pocos; hay otros países en donde, desde el Estado, se procuran compensar esas falencias del sistema capitalista, pero lo hacen de una manera prepotente, muchas veces abusiva y sin lugar a dudas, a costa de los recursos de algunos pocos, a quienes nada se les compensa y entonces es hasta lógico que despotriquen y se enfurezcan.

            Los países escandinavos, en cambio, en silencio, con inteligencia, con un gran acompañamiento de su gente, con políticos responsables y comprometidos, han logrado una síntesis que es maravillosa, que a todos beneficia sin que nadie se sienta abusado, extorsionado o sencillamente robado. Es una maravilla.

Si bien hay trabajo para todo aquel que quiera hacerlo, pues el índice de desocupación anda en torno del 1%, lo cierto es que hasta quien no tiene o no encuentra un trabajo que sea de su agrado tiene garantizado, de por vida, una remuneración que le permite atender a sus necesidades básicas. Por otra parte, si una persona es despedida de su trabajo, la obligación del empleador es la de seguirle abonando el mismo sueldo que cobraba, pero sólo durante tres meses, que es el tiempo que se considera  suficiente como para lograr otro empleo, y si no lo consigue, entonces es el Estado el que toma la posta y se hace cargo de sus necesidades hasta que lo consiga.

Del mismo modo, cuando uno llega a la edad de jubilarse, que creo que es a los 68 años, a todos se les asegura un ingreso mínimo, aun cuando no hubiesen trabajado nunca en su vida, o lo hubiese hecho de manera interrumpida. Desde luego que quien ha trabajado y aportado conforme a sus ingresos, tiene derecho a una jubilación acorde con la entidad de sus aportes.

Hace unos años se advirtió que el índice de natalidad descendía a un ritmo que en pocos años, los llevaría prácticamente a la desaparición, porque era muy bajo. Fue entonces cuando una primera ministra logró se aprobara un sistema mediante el cual, cuando una madre tiene un hijo, a éste se le garantizan 10 años de atención económica completa, vale decir, con todos sus gastos pagos, y cuando digo todos es eso, todos; a su madre se le otorga un año ininterrumpido de licencia manteniendo el Estado sus mismos ingresos –los que fueren- licencia que se puede prorrogar por uno más, para que al niño no le falte su presencia, y la misma opción la puede hacer el padre; o ambos si así lo considerar conveniente.

De más está decir que aquel índice se modificó totalmente y hoy vemos por la calle a muchísimas madres -y también padres-paseando felices a sus niños. No importa el costo, importa que esas naciones no desaparezcan y esto es importante para todos. ¿Y como se financia todo este sistema? Sencillamente con el aporte de todos, en esto no hay privilegios ni nadie considera que se trata de un impuesto al trabajo. Todos aportan al sistema aproximadamente entre el 40 y el 45% de sus ingresos, o inclusive algo más; quien gana más dinero, paga más y quien menos, menos, pero la obligación es igual para todos.

Claro está que con esos fondos el Estado se hace cargo de todas las necesidades básicas de la población, como ser la educación, la salud o la seguridad, que son gratuitas y, de más está decirlo, funcionalmente perfectas. El hijo de la reina nace en el mismo hospital que el del empleado más raso, y a todos se los atiende por igual; del mismo modo, la educación es algo muy cuidado, al punto que las mejores remuneraciones de los funcionarios públicos es para los educadores y los investigadores, porque consideran que en ello va su propia subsistencia como Nación

Y todos se preocupan en que las cosas funcionen bien, y los dineros, que son de todos, tengan el destino que realmente tienen que tener. En estos países la corrupción realmente no existe. Te cuentan de un caso, por ejemplo, cuando una primer ministro en un viaje al exterior, se confundió y pagó la peluquería con la tarjeta destinada a los gastos oficiales…..¡ y debió renunciar!

Es que son países en los cuales la prioridad son sus habitantes; todos sus habitantes, sin distinciones entre quienes tienen y quienes no. El esfuerzo, por supuesto que es de todos, pero a nadie se le ocurre escabullirse o hacerse el distraído; todos deben y quieren remar a la par, cada uno de acuerdo a sus posibilidades. Esa idea de que “lo nuestro” es sólo mío no existe; la han superado y junto a lo que es mío, porque puedo tenerlo, está el concepto solidario de lo que es compartido, y que no por eso debe ser peor o más berreta, al contrario.

Hay países, como por ejemplo Noruega, con grandes recursos en materia de petróleo, que es explotado por el Estado con alguna asociación norteamericana, pero que exportan todos sus excedentes y con eso se permiten disminuir el nivel impositivo; hay otro, como Suecia, que carece de ese recurso, y entonces lo que hacen es volcar todos sus esfuerzos económicos en la investigación que les permita explotar formas de energía diferentes, de recursos renovables, como por ejemplo puede ser la basura, que aprovechan para transformarla en recurso energético, llegando a darse inclusive la paradoja de ser importadores de basura, cobrando por “ese servicio” a países que no saben que hacer con ella, para luego transformarla en electricidad para barrios enteros.

Es otro mundo. Allí no hay una lucha despiadada por tener, sino la convicción que quien se esfuerza, lo consigue…..lo que sea…..además de contribuir al bien común; son sociedades solidarias, acostumbradas a valerse por sí mismas, que han vivido peleándose entre ellas casi hasta extinguirse, pero que luego de la Segunda Guerra Mundial, que las dejó en la ruina, han sabido entender bien que debían valerse por sí mismas y comenzaron esta transformación que hoy les hace ocupar los primeros lugares en cuanto al promedio per capita de sus habitantes.

Dinamarca fue ocupada por los nazis debido a sus riquezas en materia alimenticia y entiendo que Noruega también, por las mismas razones; Suecia, en cambio, si bien permaneció neutral fue obligada por ambos bandos a suministrarles por igual maquinaria y armamento, desde luego que en forma gratuita, pero luego no se quedaron con los brazos cruzados ni esperando que otros viniesen en su auxilio, se arremangaron, apechugaron todos juntos, y allí están ahora, disfrutando de un bienestar generalizado que a todos les llega.

Es que todo aquello les sirvió de experiencia y a partir de la segunda mitad del siglo XX comenzaron a cambiar la historia, logrando en 50 años un bienestar para su población que es admirable, sin luchas ideológicas extremas y en los tres casos, con monarquías cercanas a su pueblo, con el cual comparten éxitos y fracasos. Esto significa que se puede; que no hace falta discutir cada 10 años un programa económico diferente; que lo que hay que hacer es tener una clara conciencia del poder cívico; que los que mandan son los ciudadanos y los funcionarios obedecen o se van a su casa. ¡ Que lejos que estamos de todo eso !

Es lamentable ver en que se detienen nuestros políticos; es más lamentable aún que ya casi a nadie le escandalicen ni la  corrupción ni los grandes negociados. No sé cuando vamos a aprender….y no estoy hablando solamente de América Latina, estoy pensando también en la Europa tradicional y en los mismos Es.Us. ¡ Cuanto tenemos para aprender de estos países, pequeños en comparación con otros, o con menos pergaminos, pero que nos están dando a todos, una gran lección.

  

Rusia: un paraíso desconocido.-


          Una mañana de junio llegamos hasta la frontera de Rusia, desde Finlandia, con todo ese temor que genera -adoctrinados por tantas películas- el tener que enfrentarse cara a cara con policías o soldados de cara severa y movimientos bruscos. Quizás la guía que nos conducía contribuyó a generar ese estado de tensión suministrando toda clase de recomendaciones de como comportarnos. Y allí estábamos, haciendo una fila en un pabellón casi vacío, aguardando que un funcionario nos llamara, uno por uno, y nos examinara de arriba abajo, pero sin ninguna actitud hostil ni muy diferente a lo que ocurre cuando, por ejemplo, nos trasladamos a Chile.

            Es que nada raro pasó,  ni entonces ni después, durante los nueve días que allí permanecimos, maravillados de todo lo que vimos, aprendimos y admiramos de ese, para nosotros, tan desconocido mundo. Es que nada se nos enseña de Rusia en la escuela secundaria, a diferencia de lo que ocurre con países como Francia, Inglaterra o Italia de los cuales nos explican su historia e indiosincracia, para no hablar de España de la que –claro- su historia en cierta forma es la nuestra.

De Rusia en cambio se nos enseñó que a comienzos del siglo XX unos revolucionarios se apoderaron del gobierno, echaron a los zares a quienes mataron junto a su familia, y se adueñaron del poder para establecer una sistema que, luego, tuvo en jaque a occidente hasta casi finalizar el siglo. Por lo menos en mi caso muy poco más…..quizás los Urales….tal vez el Volga, pero nada más……y sin embargo había tanto por saber y conocer.

Es que Rusia ha sido deliberadamente excluida de Europa, por no ser occidental, pero tampoco es bien recibida en Asia, con la cual no comparte más que un territorio, vasto, pero sin contar con una mentalidad asiática. Rusia es, así, nada más –y nada menos- que Rusia, un país continentalmente neutro, con los pies en ambos lados pero con una personalidad que le hace ser independiente de los dos y, por ende, de todo. Podría decirse entonces que Rusia en solo de sí misma.

Quizás es por esa razón que desde siempre fue pretendida por muchos países poderosos a lo largo de su historia, algunos de los cuales lograron dominarla, como los mongoles, durante el primer milenio o sus vecinos, eslavos como ellos, los polacos que también lo lograron en torno de los comienzos del segundo., y hasta en forma parcial, los propios suecos cuando reinaban sobre toda la península escandinava y Finlandia.

Contra todas esas dominaciones lucharon y finalmente terminaron exitosos, tranformando en los primeros casos en príncipes a sus triunfadores, que a su vez comenzaron a extender sus territorios y a establecer fortificaciones, hasta que bajo una autoridad común, la de la familia Romanov, finalmente se constituyó como una nación una vez que lograron liberarse del domino polaco..

Pero su territorio también fue codiciado por “los conquistadores” de los últimos dos siglos, Napoleón primero y Hitler después, aunque frente a ambas pretensiones, conformadas por legiones de ejércitos que eran muy superiores a las fuerzas rusas, se aglutinaron y se encerraron para protegerse igual que lo hacen con las duras inclemencias del tiempo para así lograr, en ambos casos, rechazar al invasor aún a costa de muchas vidas y demasiadas pérdidas materiales, en luchas patrióticas que templaron el carácter de su pueblo y lo transformaron en orgullosos defensores de lo propio, sea lo que fuese.

En el caso de la invasión napoleónica, los franceses, que superaban en número a los rusos en cientos de miles de soldados, llegaron hasta  las mismas puertas de Moscú –estuvimos en la colina donde pernoctó Napoléon la noche anterior a la que pretendía ser su entrada triunfal-, ignorando que en esos momentos sus habitantes, antes de abandonarla por completo, la incendiaban para que no pudiera servirle de refugio al prepotente invasor, que al carecer de un sitio en donde establecerse debió replegarse y padecer de un crudisimo invierno en las estepas, que minó sus fuerzas casi hasta extinguirlas. Fue un triunfo más que estratégico y con él se inició la lenta caída del régimen napoleónico.

Y otro tanto le ocurrió a Hitler un largo siglo después, quien para evitar que le ocurriese lo mismo utilizó como estrategia la de avanzar más por el norte, sobre  San Petersburgo, también heroica ciudad que se encerró sobre sus murallas para resistir un asedio de meses, a la espera de que el invierno hiciera por ellos lo que ellos no estaban en condiciones materiales de hacer, y también lo lograron a cambio del hambre, la enfermedad y la muerte, pero forjándose un carácter de orgulloso patriotismo, que merecidamente aun mantienen.

Y luego padecieron ochenta años de experiencia comunista, que supieron sobrellevar con esa paciencia ancestral que les hacía intuir que algún día las cosas les irían mejor…..y cuando finalmente esto ocurrió, tuvieron que padecer de la voracidad de esos mismos ejecutores y operadores del sistema que se quedaron con todo lo que, supuestamente, era de todos, y de la noche a la mañana debieron comenzar –sin experiencia alguna- a sobrevivir en un mundo de pura competencia y de ansiedad material, pero que simultáneamente  los vinculó al mundo exterior que, ahora sí, logró invadirlos no solo con sus técnicas globalizadas sino con lo peor de sus conductas relajadas y liberalizadas de todo contralor.

Y así es como hoy – mediados del 2015- lo que procuran es recuperar sus banderas, no las del sistema comunista a las que nadie quiere regresar, sino a las que les permitan volver a ejercer sobre las conductas de sus ciudadanos un cierto control ajustado a la personalidad rusa por sobre las netamente occidentales, que no son las suyas, y en eso están, llevados de la mano de una política que viene siendo incomprendida en el denominado “occidente”, por medio de la cual lo que se intenta no es poner en jaque a los demás sino sencillamente restablecer para su país un rol diferente y diferenciado, porque así es Rusia, independiente y propia, orgullosa de un pasado muy glorioso que no quieren que se pierda tras los cantos de sirena de un capitalismo brutal e indiferente.

Rusia es eso, pero además es mucho más. Es un país que ha crecido en torno de las iglesias y la religión –ortodoxa y, claro está, ortodoxa rusa-, la cual pese a los ochenta años de propaganda en contrario, ha sabido mantener al menos un respeto por el culto religioso y por quienes lo llevan adelante desde todas las jerarquías. La religión de los rusos es, desde luego cristiana, pero habiendo recibido las primeras doctrinas de la mano de la iglesia de Bizancio, no de Roma, recién en torno del primer milenio cuando ya el Imperio Romano se había fracturado y aquella ya no reconocía la supremacía  papal romana.

Pero fieles a su manera de ser tampoco aceptaron la griega y poco a poco fueron conformando su religión, con sus propias jerarquías y ajustada a la indiosincracia y personalidad de su pueblo, y así están hoy, procurando restablecer sus vínculos con una ciudadanía que si bien no los olvidó, en realidad desconoce totalmente el contenido de sus prédicas. No tienen aún una llegada y una aceptación generalizada entre la gente, pero sí hay muchísimas vocaciones sacerdotales y por doquier se ven las cúpulas de sus templos junto a altísimos campanarios que aun hoy así es como convocan a sus fieles.

Y que decir de sus iglesias, todas ellas son maravillosas, al punto que inclusive el poder del comunismo en muchísimos casos respetó sus bellezas que aún se mantienen expuestas como desde hace seis o siete siglos, en una clara demostración de las formas de las que se valieron los viejos sacerdotes y monjes para transmitir sus enseñanzas religiosas a un pueblo totalmente analfabeto.

 Las iglesias ortodoxas son mucho más pequeñas que las occidentales;  carecen de bancos y de figuras a las que exaltar, pero están cubiertas de frescos esplendorosos en todas sus paredes y columnas y hacia el frente, cubriendo el altar, oculto tras impresionantes puertas exqusitamente adornadas con oro y piedras preciosas, unos iconostasios magníficos con ilustraciones de Jesús, de María, del Niño, de la Trinidad, y del Antiguo y el Nuevo Testamento, se elevan hasta el techo lejano y abovedado, que también suele estar pintado con el Cristo Resucitado.

            En cuanto a sus ciudades más emblemáticas, San Petersburgo fue fundada por Pedro I a comienzos del siglo XVII  luego de haber recuperado de los suecos sus territorios ocupados, estableciendo allí, cerca de la frontera, una nueva ciudad en lo que no eran más que pantanos a la vera de un río, para transformarla en pocos años nada menos que en la capital de toda la nación y sede permanente de su gobierno.

            Tanto por la inspiración europea que portaba Pedro, como por la que años más tarde prosiguió Catalina la Grande, de origen alemán, la ciudad tuvo y aun lo mantiene hoy en día, un aire muy europeo en todas sus magníficas construcciones. Es que tanto los palacios, como los jardines que los circundan y la infinidad de canales cuyas aguas oscuras se mezclan con sus calles y avenidas en una especie de Venecia nórdica, todo allí recuerda a las grandes capitales europeas.

            Se ha dicho que San Petersburgo está en territorio ruso, pero que no es rusa, y eso es totalmente cierto, al punto que el Palacio de verano de Pedro, llamado Peterholf, a orillas del Báltico, es casi una réplica de Versalles, inclusive en sus jardines, adornados con fuentes inagotables y caminos que bajan hacia el mar bajo la sombra de árboles centenarios. Pero…..claro…..como es algo que en realidad lo que ha querido es imitar,  no deja de tener cierto aire de inautenticidad, a pesar de sus soberbias formas.

            Me gustaron las enormes construcciones de esa ciudad; me fascinó recorrer desde el agua sus canales y el río Neva que poco más allá desemboca en el mar; caminar por sus elegantes avenidas, sentarme en algún banco de sus cuidados jardines y estrenarme en una Rusia cuyo idioma me resultara ininteligible y de dura expresión, como la mayoría de las personas con las cuales nos cruzábamos, que quizás, llevaban como impresos en sus rostros los gravísimos padecimientos sufridos por sus mayores.

            Fue interesante estar allí, pero lo que más nos maravilló de nuestra estancia en Rusia fue sin ningún lugar a dudas, Moscú. La verdad es que no nos esperábamos ver una ciudad tan plena y vivaz; tan activa y hasta diría que alegre; muy jovial, muy entretenida, muy elegantes y finas sus mujeres, muy agradables y simpáticos los hombres; en fin, una ciudad vivida intensamente por sus laboriosos habitantes.

            Por supuesto que la ciudad, turística y políticamente sigue siendo la de su centro paradigmático, con ese Kremlin o fortaleza impactante que, como los viejos castillos medievales, no solo comprende habitaciones soberanas hoy transformadas en interesantes Museos sino todo un sinnumero de inmuebles destinados a funciones gubernamentales e inclusive religiosas, aunque estas están bien diferenciadas de aquellas, junto a ellas la emblemática Plaza Roja, que no lleva ese nombre por ser “rojo” el color del régimen soviético sino porque rojo significa grande y bello, y así lo es, efectivamente, con la sobria tumba de Lenin a su vera, custodiada a su vez por la de una centena de ilustres jerarcas; y allí, en el medio, las llamativas y coloridas cúpulas de la Catedral de San Basilio, quizás lo más fotografiado de todo el armónico conjunto.

            Por eso es que resulta llamativo que junto a ese antiguo núcleo, quienes hoy viven en la ciudad –más allá de los turistas que la disfrutamos- sean hombres y mujeres cien por ciento modernos, muy siglo XXI en todo. Parece una paradoja pero es así. Hay alguna que otra “matrioska” dando vueltas por alguna parte, con sus largas vestimentas y su cara colorida y, a la vez, triste, pero es una excepción. Todo allí es vivaz, moderno, activo, joven, una verdadera sorpresa, al menos para nosotros que teníamos otra idea de Moscú y los moscovitas.

Nos fascinó la sorpresa, como nos agradó ver que en las cercanías está creciendo otra ciudad dentro de aquella, con inmensos y luminosos edificios destinados a la banca y al comercio, a la manera de lo que ocurre en otras grandes capitales como Paris, Londres e inclusive Buenos Aires. Los edificios de la Universidad, rodeada de jardines y que visitamos de noche nos deparó otra sorpresa al mostrarnos un mundo juvenil de total desparpajo y libertad, como queriendo mostrar al mundo que han quedado bien atrás los modelos centrados en la prepotencia, la obediencia y el temor, y así lo exhiben, sin pudor alguno

En vez el interior ruso, o al menos las ciudades de un radio cercano a Moscú que conocimos, mantienen casi intactas las características con las cuales siempre hemos identificado al pueblo ruso: severidad, vejez cansina, mucha paciencia, oscuridad en la vestimenta y seriedad en la mirada, todo ello en un marco de muchísima austeridad y un enorme apego por su pasado glorioso.

Estuvimos en un viejo centro religioso –Serguiev Posad- nacido en torno del sitio de predicación de un antiguo hermitaño –san Sergio- hoy transformado en un activo monasterio; luego llegamos a encontrarnos con el Volga, en Yaroslav, una interesante ciudad del llamado “anillo de oro”, en donde encontramos otras catedrales ortodoxas y monasterios activos; Kostroma, también junto al Volga –quizás el río más largo de Europa y sin dudas de Rusia- fue el lugar en donde se refugió el primer Romanov, siendo un joven y ya elegido soberano, cuando los polacos lo querían matar para impedirle que accediera al trono, y a quien le salvó la vida un heroico campesino de ese pueblo, con propio sacrificio personal.

También pasamos una noche en Suzdal, un típico pueblo campesino, que me trajo a la memoria los relatos de Tolstoy sobre la vida en el campo ruso, adonde se ha recreado una vieja aldea que  nos permitió transportarnos en el tiempo e imaginarnos esa vida, tan dura de algunos siglos atras; y finalmente la ciudad de Vladimir, una de las más antiguas del país, establecida en ese lugar aun antes que se fundara Moscú, y que al igual que ésta luego, en su tiempo fue la capital de toda Rusia.

En todas ellas se respira el pasado, un pasado glorioso del que no solo se sienten orgullosos sino además protagonistas, como si ellos mismos hubiesen sido los actores de esos hechos que nos relatan; como si ellos mismos hubiesen levantado con sus propias manos las viejas iglesias destruidas por incendios incesantes; como si hubieran pintado los frescos que cubren las paredes y columnas de sus pequeñas –para nuestros ojos- iglesias más que centenarias; o los iconostasios que se yerguen solemnes junto a las paredes que esconden los altares.

Esa es la Rusia que nunca se entregó; la que se mantuvo latente durante los casi noventa años de sometimiento a la fuerza del indigno gobernante, la misma que hoy quiere renacer de la mano de quien les ha prometido restablecer sus propios valores ancestrales, esos que se han perdido tras las ráfagas del viento que trajo consigo la libertad. Esa Rusia callada y profunda es la que nos permitió terminar de cerrar la historia de un país fascinante y desconocido que  hemos podido conocer tal y cual es, para que desde ahora en más sepamos comprenderlo y explicarnos las razones de su proceder.

Y entonces nos fuimos….sigilosamente……en el medio de la noche…..como para no despertarle de sus sueños…..sin querer distraerle…..como volviendo a la superficie después de haber recorrido las distintas facetas de ese mundo desconocido y casi inexplicable que se nos presentara con una realidad tan diferente de la que habíamos imaginado….y así….calladamente, pero muy agradecidos, emprendimos el regreso y volvimos a cruzar las fronteras que nos dejaron en el propio, en nuestro querido occidente, pero convencidos que allí no más, detrás de este mundo, late otro con la misma intensidad, aunque sea distinto.