Como uno se imagina siempre al Caribe, con esa eterna mezcla de mar turquesa , palmeras verdes, arena blanca, ron bronceado y sensación de paz y bienestar que se respira en todas partes, llegué una mañana para pasar simplemente unas horas en una de las islas de las Bahamas, ya que el mundo de los Cruceros son eso, una breve pincelada de lugares a los que luego es preciso volver, con mayor tranquilidad y mucho más tiempo.
Aquella mañana nos prometimos volver y con todo el tiempo del mundo pudimos hacerlo, y eso es lo que más me gustó de esa breve primera visita, encontrarme con un mundo hasta entonces desconocido, que me despertara la curiosidad para regresar.
Aquella mañana nos prometimos volver y con todo el tiempo del mundo pudimos hacerlo, y eso es lo que más me gustó de esa breve primera visita, encontrarme con un mundo hasta entonces desconocido, que me despertara la curiosidad para regresar.
....de la Habana (Cuba)....
Todo me resultó fascinante en esta ciudad maravillosa, más allá de la deliciosa naturaleza que comparte con el resto del Caribe, y de una de las cosas que llamó más mi atención y que fue la alegría permanente de su gente, que se traduce en canciones que se escuchan todo el tiempo y en todo lugar, ya sea como telón de fondo o en primera persona en conciertos de músicos improvisados en sus calles, alegría que sorprende o contrasta con la pobreza que se advierte a simple vista en una población ya acostumbrada a esas falencias.
Pero por sobre todo eso, en la personal, lo que más me gustó de esta curiosísima ciudad fue haber podido conocer la casa quita "el Vigia", en donde viviera Ernest Hemingway. Para mí fue impactante recorrer la estancia adonde aun se encuentra su biblioteca; los amplios y frescos salones, la habitación de la torre, en donde escribía, y que le diera el nombre al lugar; la piscina de piedra -hoy vacía- debajo de árboles más que centenarios cubriéndola con su sombra, su viejo barco de pesca, descansando agotado después de tantas batallas en alta mar, las prolijas tumbas de sus cuatro o cinco perros, en fin, todo el clima que allí se podía respirar, como si el escritor aun anduviese por allí inspirándose para nuevos relatos.
No sé si estará bien, pero se vino conmigo la ramita de un árbol que estaba en el suelo y que recogí con todo respeto, para que desde entonces se integrara a mi pequeña y extraña colección de "palitos" muy queridos que por alguna razón, me son entrañables, y que aun mantengo conmigo.
El "Vigia" en La Habana
....de Trinidad (Cuba)....
Fue el aire colonial que tiene toda la ciudad, con esas calles de adoquines, sus casas de colores fuertes y sus originales ventanas, angostas pero extremadamente alargadas, que parecen querer treparse a los techos de las casas. No he podido -al estar allí- olvidar que su puerto fue el del desembarco en América de miles de esclavos africanos que a partir de ese momento comenzaban a vivir una vida desconocida, con amos brutales o menos brutales, pero siempre severos, sin derecho alguno, casi ni siquiera a la vida que a los blancos ni les importaba porque eran fichas reemplazables.
Pero ese tenebroso pasado no me hizo perder de disfrutar de la paz de sus calles coloniales; ni del blanco casi permanente de las ropas de sus mujeres; ni del sol que separaba en dos las sombras que cubrían los adoquines de sus estrechas calles. Me encantó Trinidad, una ciudad detenida en el tiempo.
Trinidad
---- de Varadero y los Cayos cubanos.....
Tanto la población de Varadero como sus cercanos cayos, son zonas típicamente tropicales, con todos los ingredientes de las que ellas sueles ser caracterizadas. Pero Varadero es un lugar de mucha concentración hotelera, lo que en cierta forma, impide disfrutar plenamente de los encantos caribeños, que deben ser compartidos con multitudes.
En cambio en los callos -o islas e islotes- cercanos, su misma situación insular los torna más propicios para aquel disfrute, como por ejemplo ocurre con Cayo Blanco, un paraíso cercano a Varadero a la cual se llega en agradables barquitos, y que es una isla deshabitada adonde solamente es posible llegar para pasar un día de playa, disfrutar de esas arenas blancas, que no se calientan, al sol o debajo de la sombra de auténticas palmeras; disfrutar de una exquisita comida en base a langosta a la parrilla, darse interminables baños en las cálidas aguas de ese mar tan turquesa, sacarse miles de fotos y regresar tarde al poblado, en unos fantásticos catamaranes donde al ritmo de un buen son cubano, te sirven frescas bebidas con ron. ¡ Que más se puede pedir! ,¿ no?
Cayo Blanco en Cuba
.....de Aruba....
Aunque parezca insólito lo que más me gustó de esta espectacular isla fue aterrizar en su aeropuerto, porque fue impactante. El avión -de doble hélice- iba descendiendo sobre el mar, que cada vez se lo advertía más y más cerca, cual si fuéramos a aterrizar en un portaaviones o, mejor aun, a acuatizar, tal era esa proximidad. Y repentínamente aparece debajo nuestro, a escasos metros, la superficie de la tierra y allí no más la tocó, para luego corretear a lo largo de la pista, prácticamente hasta llegar nuevamente al mar.
Lo que ocurría es que el aeropuerto en Aruba ocupa la parte más oriental de la isla, pero de lado a lado de la misma, de modo que se encuentra con el mar exactamente en sus dos cabeceras. Muy impactante por cierto.
Tanto la población de Varadero como sus cercanos cayos, son zonas típicamente tropicales, con todos los ingredientes de las que ellas sueles ser caracterizadas. Pero Varadero es un lugar de mucha concentración hotelera, lo que en cierta forma, impide disfrutar plenamente de los encantos caribeños, que deben ser compartidos con multitudes.
En cambio en los callos -o islas e islotes- cercanos, su misma situación insular los torna más propicios para aquel disfrute, como por ejemplo ocurre con Cayo Blanco, un paraíso cercano a Varadero a la cual se llega en agradables barquitos, y que es una isla deshabitada adonde solamente es posible llegar para pasar un día de playa, disfrutar de esas arenas blancas, que no se calientan, al sol o debajo de la sombra de auténticas palmeras; disfrutar de una exquisita comida en base a langosta a la parrilla, darse interminables baños en las cálidas aguas de ese mar tan turquesa, sacarse miles de fotos y regresar tarde al poblado, en unos fantásticos catamaranes donde al ritmo de un buen son cubano, te sirven frescas bebidas con ron. ¡ Que más se puede pedir! ,¿ no?
Cayo Blanco en Cuba
.....de Aruba....
Aunque parezca insólito lo que más me gustó de esta espectacular isla fue aterrizar en su aeropuerto, porque fue impactante. El avión -de doble hélice- iba descendiendo sobre el mar, que cada vez se lo advertía más y más cerca, cual si fuéramos a aterrizar en un portaaviones o, mejor aun, a acuatizar, tal era esa proximidad. Y repentínamente aparece debajo nuestro, a escasos metros, la superficie de la tierra y allí no más la tocó, para luego corretear a lo largo de la pista, prácticamente hasta llegar nuevamente al mar.
Lo que ocurría es que el aeropuerto en Aruba ocupa la parte más oriental de la isla, pero de lado a lado de la misma, de modo que se encuentra con el mar exactamente en sus dos cabeceras. Muy impactante por cierto.
....de Curazao......
De esta otra isla paradisíaca, lo que más me gustó fue el colorido de sus casas. La isla fue en su momento colonizada por holandeses y la ciudad conserva esa arquitectura tan propia de Holanda, pero con un colorido muy particular, seguramente aportado por la gente del lugar. Todas las islas del Caribe son en cierta forma semejantes, pero al mismo tiempo, cada una de ellas tiene alguna caracteriza que las hace especiales; para mí, en esta, es ese colorido.
....de Bonaire....
El A,B,C (Aruba, Bonaire y Curazao) de esta zona del Caribe más austral, se completa con esta lindísima y más pequeña isla en la que, en su momento, estuvieron los franceses. Excepto en algunas pocas (Cuba, Dominica o Puerto Rico) que permanecieron en manos de los conquistadores españoles, y excluyendo a los portugueses que optaron por las costas del Africa y de America del Sur, los demás países navegantes de Europa se repartieron el resto de estas islas, denominadas Las Antillas, entre colonias francesas, holandesas o inglesas, y cada una de ellas mantienen, aun al día de hoy las características propias de aquellas improntas.
A Bonaire la recuerdo como "muy perfectita", "muy prolijita y limpia", con comercios pulcros y casas bajas, y luego esas playas, extensas, con un enorme coral protegiéndolas de los cambios abruptos en el mar, ideales para practicar buceo o, en mi caso, snorqueling.
.....de la isla de Santa Lucía......
Esta pequeña isla del Caribe pasó de ser colonia inglesa a francesa, varias veces a lo largo de su existencia. Hoy es un estado independiente en donde se habla inglés y el criollo local. Me encantó el pueblito y su puerto, pero aquí lo que más me gustó fueron sus playas, largas y anchas, con un mar muy pero muy tranquilo, aguas frescas, para lo que es el Caribe, y sobre todo con ese marco incríble que le dan las cercanas montañas Pitons. Una maravilla......aunque el taxi que contratamos para regresar al puerto nunca llegara.
Una de las playas de Santa Lucía
....de Barbados.....
Si bien esta es una isla como todas las del Caribe, la pudimos recorrer bien por su interior, por caminos rodeados de cañas de azucar, subiendo pequeñas elevaciones y siempre con ese mar bien azul allá abajo, hasta que llegamos a una antigua iglesia, de piedra, junto a un viejo cementerio con lápidas muy antiguas, y todo rodeado por la sombra de árboles más que centenarios. Era un verdadero placer estar allí, sentados en un banco tambien de piedra, disfrutando de todo ese apacible ambiente, tan antiguo.
....de Grenada......
Esta isla es una de las que fue descubierta por Colón durante sus viajes iniciales por America, y la bautizó como Concepción, pero poco después otros conquistadores le pusieron el nombre de Granada dado que les recodaban a sus montañas allá en la Sierra Nevada. Al pasar a ser colonia inglesa o francesa su nombre trocó por el actual de Grenada o Le Grenade, cuando fue francesa.
Si bien todo aquí es fascinante, lo que más recuerdo es la llegada por el mar, en un crucero, mientras nos íbamos internando poco a poco hasta el pequeño puerto de su capital, St. George, con toda una serie de pequeñas casitas trepando hacia arriba en las montañas cercanas, mientras dejábamos a nuestro lado algunas islas menores y un grupo de intrépidos adolescentes se nos acercaban peligrosamente al barco para pedirnos que les tiráramos monedas, que rápidamente se arrojaban al mar para bucerlas. Todo un espectáculo y una bienvenida bien diferente.
Grenada
.....de las Bahamas......
Las Bahamas son un archipiélago de pequeñas islas bastante cercanas a las costas de los Estados Unidos, muchas de ellas asiento de impresionantes hoteles o de pequeños parque acuáticos y selváticos como la famosa de Gilligan. Pero a mí lo que más me gustó fue su capital, Nassau,
Sus edificios son muy alegres y multicolores y si bien se trata de la capital de un país independiente, todo ocurre en un ambiente muy pero muy relajado, con un cálido sonido a regaee en sus calles, por donde se pasean sus mujeres morenas tambien vestidas de colores y todo con la sensación de estar viviendo -hoy- en un ambiente de mucha libertad, y desde luego del turismo, al que se brindan por entero, grandes y pequeños. Vale la pena llegarse hasta allí al menos unas horas.
....de la isla de Guadalupe....
Si bien todos los paisajes en las distintas islas del Caribe son semejantes, cada una mantiene sus propias características que hacen que al recordarlas uno pueda distinguirlas. Aquí, en Guadapule, lo que más me gustó fue el entorno: una bahía de aguas muy tranquilas, rodeada de verdes montañas, que contrastan con el fuerte celeste del mar, y cientos y cientos de pequeñas embarcaciones blancas salpicando todo ese maravilloso entorno, que se pega en las retinas como para no olvidarnos nunca de haber disfrutado de esa maravilla, descubierta por Colón en su segundo viaje colonizador, y que así la bautizó, preludiando el nombre de la Virgen que sería la patrona de toda America.
Guadalupe
.....de la isla de San Andrés....
Si bien esta isla le pertenece actualmente a Colombia, se llega a ella tras más de una hora de vuelo -sobre el mar- ya que se encuentra aproximadamente a la altura de Nicaragua, que por su proximidad tambien la reclama, mientras que sus habitantes -negros tradicionales- aspiran a obtener su propia independencia. Es una isla "rara", porque si bien sus paisajes sus impresionantemente lindos y muy agradables, todo se encuentra como "a medias".
Hay si un par de cadenas hoteleras, pero todo da la sensación de poco, o de estar armado de modo suficiente como para dar lo mínimo. A mí la isla me gustó, como su pasado con historias de piratas que habían hecho de ella, su refugio entre escapada y escapada.....quizás ese mismo pasado es el que ha quedado como flotando en el aire, transmitiendo esa sensación de elemental que allí tiene todo.
En fin, que puesto a elegir lo que más me gustó fue haber podido nadar junto a rayas y jugar con ellas en el mar, muy cerca de un coral que encierra la isla. Una curiosidad sin dudas.
¡ Cuantas cosas fantásticas tiene este pais como para maravillarse ! Para empezar, sus dos costas oceánicas.....la simpática belleza de su ciudad antigua......con sus iglesias coloniales......su pasado....su presente......la impresionante e impactante ciudad moderna con sus enormes edificios y rascacielos.... En fin, todo aquí es sorprendente......hasta sus inmensas playas sobre ese Pacífico azul que se pierde allá lejos, en la distancia.
Pero sin lugar a dudas lo que más me gustó fue haber podido ver de cerca la fantástica obra de ingeniería que son las reclusas del canal. He visto en otros lados funcionar ese sistema de llenado de reclusas para poder trasladar las embarcaciones hacia otras alturas, pero se trataba de pequeñas reclusas para pequeñas embarcaciones.
Aqui lo que se transportan son barcos gigantescos, de carga o de pasajeros, pero a escala máxima, y verlos desfilar por allí delante de uno, es impactante, al punto que me hubiese quedado todo el día. Me fascinó.













