....de Sicilia.....
Creo que fueron sus mares. Sicilia es una enorme isla triangular cuyas costas se encuentran bañadas por tres mares distintos. Por debajo, hacia el sur, el Mediterráneo; hacia el norte el Tirreno y al este el mar Jónico.. Durante un viaje que hicimos por allí en el 2013 pudimos disfrutar de los dos últimos, fundamentalmente del primero en un pequeño pueblo llamado Corfú y desde Taormina y Giardini Naxos del segundo, que personalmente fue el que más me gustó de los dos.
Quizás influyó su color, bien oscuro, de un azul muy nítido, y su calma, al menos durante nuestra estadía a finales del verano; quizás fueron las extraordinarias vistas que teníamos desde nuestro hotel -el Capotaormina- prácticamente levantado en altura sobre los acantilados que se levantan junto al mar, proporcionando unas vistas increíbles del que se perdía parejito ante nuestros ojos, hasta perderse en el lejano horizonte.
( el mar Jónico )
La playa a la que bajamos fue en el balneario vecino de Giardini Naxos, apenas a unos pocos kilómetros al sur de Taormina, con playas anchas, de arena, y un mar bastante calmo, del que lamentablemente esta vez no pude disfrutar por estar con mi fractura del hombro en plena inmovilización. Apenas mis pies le rozaron, pudiendo transmitirme una sensación muy agradable de agua templado.
La playa a la que bajamos fue en el balneario vecino de Giardini Naxos, apenas a unos pocos kilómetros al sur de Taormina, con playas anchas, de arena, y un mar bastante calmo, del que lamentablemente esta vez no pude disfrutar por estar con mi fractura del hombro en plena inmovilización. Apenas mis pies le rozaron, pudiendo transmitirme una sensación muy agradable de agua templado.
Tampoco me pude bañar en el Tirreno, de aguas bastante más claritas, de un celeste fuerte y un poco más movidas, de un mar más abierto y por ende no tan resguardado por la costa, como las de Taormina. La playa de Corfú era muy agradable, aún cuando el único día que bajamos el tiempo no ayudara porque recién acababa de dejar de llover; pero se la adivinaba muy concurrida y alegre. Aquí ni siquiera mojé mis pies en el mar, que me quedé como embobado disfrutando con la vista.
( en Corfú, junto al mar Tirreno)
....de Venecia.....
Fue todo.....una ciudad que me maravilló quizás como ninguna otra en el mundo. Pero puesto a elegir sobre los que más me gustó, fue un largo paseo a pie que hicimos una mañana -con amigos- por el lado derecho del gran canal, desde luego mucho menos concurrida que la margen izquierda que es un mundo a todas horas. Venecia, por supuesto, es un lugar muy especial, casi único en el mundo, pero claro, por eso mismo es que son miles las personas que día a día llegan hasta allí para disfrutarla.
Durante el viaje por Italia que hicimos a comienzos del otoño del 2013, tuvimos la oportunidad de estar dos veces, al principio y al final de un crucero, razón por la cual, al regresar ya habíamos podido visitar sus zonas más emblemáticas y concurridas, como la Piazza San Marco, la Catedral, el Palacio Ducal, etc. Pero yo sentía que tenía como un pendiente con la margen derecha y cuando propuse recorrerla, los amigos que me acompañaban aceptaron, y hacia allá partimos.
Y claro, la diferencia de perspectivas fue total, porque al no encontrarnos casi con nadie se pueden apreciar todos los sitios con tranquilidad y así disfrutar de cientos de rinconcitos que de no ser así pasan totalmente desapercibidos. Esa mañana otoñal nos encontramos con varias "piazzas", rodeadas de bares con sus mesitas abiertas al sol; con pequeños puentecitos junto a los cuales dormían barcazas y góndolas cubiertas con lonas de colores; con pequeñas iglesias, vacías de gente y repletas de arte y de historia; en fin, con una Venecia que es la de sus habitantes.
Fue todo.....una ciudad que me maravilló quizás como ninguna otra en el mundo. Pero puesto a elegir sobre los que más me gustó, fue un largo paseo a pie que hicimos una mañana -con amigos- por el lado derecho del gran canal, desde luego mucho menos concurrida que la margen izquierda que es un mundo a todas horas. Venecia, por supuesto, es un lugar muy especial, casi único en el mundo, pero claro, por eso mismo es que son miles las personas que día a día llegan hasta allí para disfrutarla.
Durante el viaje por Italia que hicimos a comienzos del otoño del 2013, tuvimos la oportunidad de estar dos veces, al principio y al final de un crucero, razón por la cual, al regresar ya habíamos podido visitar sus zonas más emblemáticas y concurridas, como la Piazza San Marco, la Catedral, el Palacio Ducal, etc. Pero yo sentía que tenía como un pendiente con la margen derecha y cuando propuse recorrerla, los amigos que me acompañaban aceptaron, y hacia allá partimos.
Y claro, la diferencia de perspectivas fue total, porque al no encontrarnos casi con nadie se pueden apreciar todos los sitios con tranquilidad y así disfrutar de cientos de rinconcitos que de no ser así pasan totalmente desapercibidos. Esa mañana otoñal nos encontramos con varias "piazzas", rodeadas de bares con sus mesitas abiertas al sol; con pequeños puentecitos junto a los cuales dormían barcazas y góndolas cubiertas con lonas de colores; con pequeñas iglesias, vacías de gente y repletas de arte y de historia; en fin, con una Venecia que es la de sus habitantes.
No quedó allí el paseo pues, repentínamente, nos encontramos con el bullicio del Mercado en el Rialto; y después de cruzar su emblemático puente seguimos hasta la Piazza de San Marco como para una despedida del lugar y luego recorrimos, admirados,. todo ese sector de importantes y antiguos palazzos que se encuentran en la parte de atras de la plaza y hasta el puente dell Acadamia. Sin embargo y más allá de esta grandeza y esplendor, me quedo con aquella primera parte del recorrido, la de las callejuelas tranquilas de la márgen derecha, que con Anamá volvimos a recorrer al día siguiente, despaciosamente, hasta el momento de tener que emprender nuestro regreso.
...de Roma....
Sin ninguna duda que fue la Capilla Sixtina en el Vaticano. Roma tiene monumentos muy variados que marcan el paso de los siglos; sin embargo, puesto a elegir, creo que me quedo con los colores de esa pequeña capilla que se encuentra al final del recorrido que se hace por los Museos del Vaticano. Estuvimos allí en el 2005 -hace casi 10 años!!- y cuando creíamos que habíamos agotado todas las bellezas y reliquias que se nos fueron presentando sucesivamente, el guía que nos acompañaba nos señaló la entrada a la capilla porque ahí concluía su tarea ya que adentro no se podía hablar, y entonces entramos solos.
La indicación de guardar silencio, en realidad, está totalmente demás porque uno realmente se queda sin habla. Es el color imponente de las pinturas de esa bóveda repleta de figuras, la que se viene como encima de uno, dejándole atónito. Buscamos algún sitio donde poder sentarnos, lo que nos costó un poco, pero finalmente nos instalamos sobre los escalones que suben hacia los asientos de los costados y desde ahi nos pusimos a mirar hacia arriba. ¡ Que increíble !!
Techo y laterales de la Capilla Sixtina
Pensar que se trata de la obra de un solo hombre hace que no se pueda dejar de pensar en el genio que fue Miguel Angel, ya que sus pinturas te atrapan y te atraen, sin poder dejar de mirarlas todo el tiempo. En la Capilla esa mañana había mucha gente y por supuesto que se sentía un murmullo generalizado, a pesar de las continuas llamadas a guardar silencio que hacían los guardias; también en el lugar, esa mañana de mayo hacía muchísimo calor, pero nada importaba ni agobiaba; allí estábamos ensimismados y como atontados frente a lo que teníamos allí, al alcance de nuestros ojos.
Luego giramos hacia el pequeño altar que se encuentra en el fondo y allí nos encontramos con otra maravilla: el gran mural del Juicio Final, en tonos azules, intensos, y con la perfección en cada una de las figuras que lo protagonizan. Otra vez nos quedamos mudos y paralizados, sin atinar a nada más que a disfrutar casi hasta que los ojos nos pidieron "! basta!". La verdad es que fue una experiencia maravillosa, más allá de sabernos en un sitio que tanto ha representado en la historia de la Iglesia, por ser el lugar en donde, desde el Renacimiento, se vienen eligiendo a todos los Papas que la gobiernan.
El gran Mural del Juicio Final de Miguel Angel
El descenso hacia la Piazza di San Pietro por la famosa Escala Real que desemboca en la no menos famosa Puerta de Bronce, custodiada por la Guardia Suiza, fue sin lugar a dudas el broche adecuado a una visita que nos resultará inolvidable, y que aun tenemos fresca en la memoria, a pesar de los años transcurridos desde entonces.-
...de Capri....
Si bien es muy difícil decidirme por "el" lugar que más me gustó de Capri, ya que se trata de uno de esos lugares de ensueño adonde uno quiere volver siempre, puesto a tener que elegir uno creo que me quedo con la Grotta Azzurra. Si bien habíamos escuchado cuentos y relatos relacionados a ese lugar, el poder apreciarlo por nosotros mismos es uno de los recuerdos más agradables que tengo de nuestros viajes.
Veníamos dando la vuelta a la isla en un barquito cuando, en un determinado momento, el marinero que nos llevaba nos dice que debíamos pasarnos a un bote más pequeño para poder entrar, ya que la entrada a la gruta es por medio de una pequeña abertura entre las rocas de los acantilados, mientras el agua sube y baja constantemente, cerrándola y abriendo, de modo que para poder pasar hay que aguardar el momento justo y, además, hacerlo acostados en el bote para evitar ser golpeados en la cabeza, pero los justificados temores de las explicaciones previas se disipan totalmente ni bien uno logra acostumbrarse a la tenue luz de su interior.
( La Gruta Azul en Capri)
Por efectos de la luz solar sobre el agua, el color de esta se transforma en un azul muy intenso y luminoso, y mientras vamos dando una larga y pausada vuelta por su interior, quien nos conduce -un marinero napolitano de idioma bastante cerrado- entonaba alguna canzoneta y nos hacía algunos relatos, veraces o risueños, todo lo cual nos permitió adivinar que si bien en el fondo había como una escalerita, por dentro era muy dificil llegar desde lo alto, aunque parece que el Emperador Tiberio, que allí se retiró al final de su Imperio, mandó construir un túnel o sendero por dentro del acantilado.
Seguíamos dando vuelta en la gruta, disfrutando de esas vistas maravillosas, cuando el marinero comenzó arrojar agua hacia arriba con un remo, y al caer, en cascada, el agua se transformaba en una inmensa cortina de luz. ¡ Una maravilla ! Después nos explicó que debajo del agua había algunas rocas que formaron como figuras humanas, por ejemplo las de un Nacimiento, pero nos costó darnos cuenta. De cualquier manera no era necesario descubrirlas para saber que estábamos en uno de los lugares más espectaculares,
no sólo de Italia, sino de todo el mundo.
....de la costa ligur....
Es cierto que la sangre tira y, proviniendo mi familia de Chiavari, y existiendo cerca de allí un lugar llamado nada menos que Rivarola, debería ser alguno de estos mi sitio preferido de la costa de la Liguria. Sin embargo no es así y aunque nunca pude detenerme a recorrer tranquilamente sus elegantes calles, por todas las bellezas que advertí al pasar por allí, tanto en auto como desde el mar, navegando, ese lugar se llama Santa Margaretta, ubicada entre Rapallo y Porto Fino.
Claro que seguramente no es ajena a esa elección la circunstancia de haber tenido de chico, junto a mi cama, un mapa de la Liguria, en el que uno al lado del otro se encuentran identificados con pequeños dibujitos, todos los pueblos de la zona, desde la frontera con Francia hasta La Spezia, y allí estaba Santa Margaretta -.con llegar a la cual muchas veces soñaba -junto a una palmeta y un señor vestido como antiguo jugador de golf.
Cuando finalmente pasamos por allí rumbo a Porto Fino -que es un sitio más renombrado y al cual se encuentra unido por una angosta callecita que va bordeando la costa acantilada hacia el mar- no pude dejar de quedarme admirado de lo majestuosas que eran las construcciones de este balneario, antiguas pero muy bien conservadas, con una costanera extraordinaria y calles trepando hacia el verde de la montaña cercana, que le sirve como un telón de fondo; en fin, de una elegancia como pocas veces he visto en lo que no es más que una ciudad-balneario.
Santa Margaretta en la Costa Ligur
He vuelto a pasar un par de veces más, una de ellas desde el mar, y siempre he tenido la misma sensación de placer al observarla. Creo que alguna vez voy a tener que detenerme allí; recorrer por despacio sus calles; respirar ese aire de sobriedad que se adivina y dejar de soñar con ella, como hacia cuando niño, para que esa fantasía se convierta en un recuerdo concreto.
....de la Toscana....
Hay pocas regiones de Italia que contengan tantas riquezas -de todos los orígenes- como la Toscana, con ciudades como Florencia o Siena que son en sí mismas algo único en el mundo. Sin embargo y sin dejar de reconocer la importancia de esa referencia, a mí personalmente lo que más me fascinó de la Toscana fueron esos pueblitos perdidos en el tiempo y colgados de las montañas que salpican aquí y allá todo el campo, pero principalmente al sur de Siena, como son Pienza y Montepulciano, ambas en lo alto del Val d¨Orsia, sin lugar a dudas la zona más deliciosa de la campiña toscana, al punto de haber sido declarada patrimonio de la humanidad.
( Pienza )
Ninguna de esas dos poblaciones participaron muy activamente en las luchas intestinas que tanto lastimaron a otras comarcas italianas, razón por la cual ambas mantienen casi intactas sus grandes construcciones renacentistas, sus callejuelas de piedra, sus acogedoras y oscuras cantinas y sus casas de piedra, al tiempo que han sabido adaptarse a las necesidades económicas de los tiempos actuales con una fortalecida industria vitivinicola de primera.
....de Nápoles....
Y casi diría que lo único que me gustó fue Santa Lucía, ese paseo costanero con hoteles lujosos; restaurantes alegres y llenos de gente; y ese mar de un azul bien intenso exhibiéndose indecorosamente.al frente.Estuvimos allí almorzando una mañana, entre el bullicio de cientos de napolitanos que, a los gritos, conversaban entre ellos, mientras los camareros a su vez debían alzar aun más sus voces para hacerse entender, y en tanto una docena de autos descapotables estacionados en doble fila, aguardaban tranquilamente a que sus usuarios requiriesen de sus servicios.
Era muy pintoresco estar allí esa mañana; nos divirtió mucho lo relajado del ambiente; nos agradó la comida y nos fascinó la vista del mar de esa bahía; pero a cada momento pensábamos que Diego Maradona se aparecería por allí, como con seguridad muchas veces lo habría hecho. Todo estaba a su escala y a su medida.
(almorzando frente al mar en el barrio de Santa Lucia en Nápoles)
El almuerzo terminó y volvimos a nuestra realidad que, repito, en Nápoles no fue muy agradable, excepto por ese rinconcito que quedará para siempre grabado en nuestro recuerdo, como algo excepcional.
....de la costa amalfitana......
Fue eso, precisamente, la costa propiamente dicha: el camino que corre entre Sorrento y Amalfi, bordeando los acantilados que caen a pique hacia el mar. En el trayecto hay algunas poblaciones de ensueño, como por ejemplo Positano, así como lugares increíbles, como la Grotta Verde, pero más allá de todo eso, es ese camino de cornisa de varios kilómetros de largo y cientos de curvas lo que hizo del lugar algo que, para mí, resultó ser inolvidable y que tuvimos la suerte o la gran oportunidad de recorrer varias veces, de modo de poder sacarle bien el jugo y no quedarnos con las ganas.
....de Genova.....
Lo que más me gustó, sin duda, fue haber podido estar allí, ya que es el lugar desde donde se embarcara mi familia italiana en su camino hacia América. Además, allí vivieron y crecieron muchos Rivarola....hicieron sus carreras y desempeñaron cargos gubernamentales, eclesiásticos y honoríficos....y desde donde un día partieron otros, aquellos que venían a radicarse en estas lejanas tierras, abandonando todo para aquí empezar desde cero.
Pero puesto a elegir un lugar en concreto que nos fascinó de Génova, elijo ese típico barrio de pescadores denominado Boccadasse, situado junto al mar, en la parte de abajo de una de las zonas residenciales más elegantes de la ciudad. Sus casas están todas pintadas de colores fuertes, al igual de lo que ocurre con las de la Boca en Buenos Aires, lo que unido a la similitud del nombre y a la enorme cantidad de genoveses que poblaron ese típico barrio porteño, que los primeros que aquí se instalaron se inspiraron o quisieron emular a aquel otro tan lejano.
( Boccadasse - Genova )
Las callejuelas en donde están ubicadas esas casitas de varios pisos son empedradas y van serpenteando hacia arriba, como queriendo alejarse de ese mar que allá abajo, en un recodo guarece a unos cuantos barquitos pesqueros que descansan al solo luego de una jornada matinal de pesca. Me encantó el lugar junto al cual se levanta una pequeña iglesia, también tipicamente de pescadores y en donde encontré una imagen de la Virgen bajo la advocación de Santa María de los Buenos Aires, patrona de los navegantes. ¿ Que tal?
Todo el sector está rodeado de una muy prolija explanada, y allá abajo el mar se extendía, celeste y calmo, hasta poder divisar el perfil de Portofino a la distancia.
....de Milan.....
El Duomo !!!! ¡ que increíble ! Me impactó muchísimo esa inmensa Catedral gótica capaz de albergar a 40.000 personas, con sus cinco naves, de las cuales la central tiene una altura de 45 mts. Impactante.
( El Duomo de Milán )
Levantada frente a una plaza abierta, que permita apreciarla en toda su dimensión, con sus torres y torrecitas elevándose al cielo, te deja realmente con la boca abierta. El día que la conocimos, al entrar, nos recibió la musicalidad de un coro muy importante que estaba terminando su ensayo, y allí nos quedamos a un costado, escuchando extasiados a ese especie de coro de ángeles que con la acústica impactante del lugar, permitía imaginar que uno estaba soñando.. Sí....efectivamente.....me gustó mucho...mucho.
....de Florencia.....
En cambio de Florencia, a pesar de todo su enorme caudal de arte, lo que a mí más me gustó fue la ribera del río Arno. No hablo del Ponte Vecchio, una reliquia, sino de las riberas del río a su manso paso por Florencia. Desde las alturas de las construcciones ribereñas se lo veía oscuro, caudaloso pero no desbordado, en su justa medida, mientras -por las mañanas, temprano y también al atardecer- varios remeros deportivos se desplazaban raudos por sus aguas tranquilas.
Siempre ha sido para mí motivo de una inmensa alegría el poder ver el desplazamiento de esos botes a remo, quizás como reminicencias de mi infancia en el Tigre, de modo que cuando tengo la oportunidad de ver a uno de ellos me quedo como prendido mirando hasta que se aleja. Eso me pasó allí, en Florencia, caminando por las riberas del Arno en un paseo que me dejó un recuerdo tal como para convertirse en lo que más me gustó de Florencia, dejando incluso de lado todas sus maravillosas obras de arte y lugares emblemáticos, que desde luego no desprecio ni mucho menos
....y también, en Italia, me gustó mucho Verona....
Los puentes sobre el río Adge; la casa de los Capulettos, donde comenzó a desarrollarse el drama de Julieta, con todo su romanticismo; y el cercano mercadillo matutino en la plaza delle Erbe. Verona es una ciudad que respira aire puro, no sé de que otra manera explicarlo; donde el amor parece andar por el aire. No estuvimos mucho tiempo, apenas el suficiente para llegar hasta el centro y recorrerla un poco, pero resultó suficiente para que se quedara grabada en mi retina como un lugar de ensueño al que -quizás- alguna vez me gustaría regresar pero con más tiempo. Ya se verá.
( Verona )
.... de Trieste.....
Me pareció una ciudad muy diferente a las que estaba acostumbrado a recorrer en Italia, con un aire diferente que se siente hasta en su gente, como pertenecientes a otro sitio, y es que se trata del lugar escogido por los poderoso austriacos que allí instalaron nada menos que su puerto, para poder expandirse libremente por el mar Adriático.
Lo que más me gustó fue su inmensa plaza principal, junto al mar y rodeada de fastuosos e impecables palacios provenientes de aquella época de enorme apogeo, y que hoy se mantienen como emblemas de un tiempo mejor.
actual edificio del Ayuntamiento de Triste
.... de Padua......
Esta en cambio sí es una típica ciudad italiana, con todo lo que eso significa: grandes jardines; un centro compacto y muy edificado; galerías y recovas en las calles; edificios antiguos; callejuelas románticas; pasajes y pasadizos tristones; construcción sobria; calles empedradas; antiguas iglesias y capillas artisticamente decoradas; en fin, una arquitectura muy sobria y acomodada al paso del tiempo.
Me gustó la ciudad y, desde luego la Basílica dedicada a san Antonio, cuyos restos y reliquias allí se resguardan, pero lo que más me gustó fueron los frescos que se encuentran en la pequeña capillita de los Scrovegni, algo alejada del centro, suntuosamente adornada en el siglo XIV por increíbles frescos del Giotto relatando en coloridas imágenes toda la historia de la Salvación. Una verdadera maravilla escondida de los circuitos turísticos.
los frescos del Giotto
.... de Ferrara.....
Impactante ciudad y moderna y orgullosa heredera de un pasado glorioso bajo los dominios de la célebre familia D´Este a la que perteneciera -por matrimonio- la no menos célebre Lucrecia Borgia., y que muestra con orgullo un verdadero ensamble arquitectónico en donde homogéneamente se mezclan fastuosos palacios, edificios modernos, un antiguo Castillo, pequeños laberintos y callejuelas empedradas, alegres peatonales comerciales, una impresionante Catedral, templos más recatados, bicicletas por doquier, en fin, una ciudad viva embretada en un pasado edilicio.
¿ Que fue lo que más me gustó? Creo que la ciudad en sí misma, con sus más y sus menos, pero quizás me resulta difícil dejar de recordar la inmensa vista que desde mi habitación tenía de ese impresionante y antiguo Castillo medieval que teníamos delante, como custodiándonos día y noche al igual que, con seguridad, lo ha venido haciendo desde siempre con esta bella ciudad que se levantó y creció a su vera.
....de Bologna....
Siempre me entusiasmó la idea de conocer esta ciudad, célebre por su Universidad, una de las más antiguas de Europa junto a las de Salamanca, Coimbra y París. Esta es como que me faltaba para cerrar el ciurculo, y por fin un día llegué para comprobar que la ciudad de Bologna es mucho más que su Universidad.
Para empezar es una ciudad "bulliciosa", quiero decir "con mucha gente", atestada de personas que circulan por una ciudad construida en épocas lejanas y por ende, desbordada; al menos esa fue mi primera impresión. Tiene sin duda una edificación majestuosa y elegante, sobre todo rodeando la gran Plaza principal, a la cual también se enfrenta una soberbia Catedral con su parte frontal a dos colores, porque no alcanzó el mármol con el que debía ser cubierta porque los fondos resultaron insuficientes o se fueron hacia otro lado.
Pero también una recorrida por su casco histórico, mirando hacia arriba, nos permite apreciar un tipo de construcción muy particular, al tiempo que sus inmensas torres, como las de aquella ciudad amurallada de la Toscana, observan desde las alturas todo ese movimiento de una ciudad "en ebullición". ¿ Que fue lo que más me gustó? Desde luego que poder conocer el que fuera el primer edificio de su importante Universidad, y ese patio adornado con los escudos de las familias de los estudiantes que por allí pasaron.
Pero además de esa faceta intelectual de la ciudad, me sorprendió la tremenda importancia que allí se le asigna a la cocina, como arte culinario. Una verdadera exposición alimenticia, sobre todo en la zona del mercado, con un comercio al lado del otro ofreciendo verduras de variados colores, frutas de diferentes sabores, fideos, tallarines y pastas para todos los gustos, pasteles, postres, helados, quesos de todas las variedades posibles, fiambres coloridos colgando de los estantes, en fín, una catálogo para todos los gustos, desde los normales hasta los paladares más exigentes. Realmente me sorprendió esta atracción de la ciudad por su cocina creadora de la famosa salsa que lleva su nombre, junto a la seriedad de los libros y de la investigación académica.
.... y las comidas !
.... de Módena.....
A diferencia de su vecina Bologna, Módena es una ciudad muy tranquila, en donde se respira paz. Como en pocas ciudades italianas el circular por sus calles es muy gratificante porque tiene una arquitectura antigua semejante a la de otros sitios, pero que aquí se puede disfrutar con total libertad. Es impresionante el Palacio Ducal, en donde se instalaron los duques de la familia D´Este después que el Papa recupero sus territorios en Ferrara, y al que dotaron de todo el esplendor de tiempos idos.Llegar hasta allí a través de una larga recova, agradablemente fresca y ver una inmensa construcción de más de 200 mts. de ancho y tres o cuatro pisos de alto me dejó impactado.
Lo mismo me ocurrió con la sobria Catedral y la contigua torre llamada la Ghiraldina, pero lo que más me gustó fue la cripta, abierta detrás del altar mayor, en la cual se encuentra un gran tumba de mármol y piedra, donde se guardan los restos de quien fuera San Geminiano, el patrono de la ciudad, que es abierta una vez al año, el día de la fecha del Santo. Me impactaron el respetuoso silencio reinante, la sobriedad del lugar, y algunas pocas imágenes en madera realmente soberbias. Una maravilla.
Tumba de San Giminiano
.... de Ravena.......
Levantada junto al Adriático, sobre el noreste italiano, esta antigua ciudad te deja deslumbrado, sobre todo por las pinturas bizantinas sobre mosaicos que ahí se guardan desde hace siglos. La actual Basílica de Saint Apollinaire Nueva, que en tiempos de su construcción perteneció al Palacio del emperador Teodorico, nos dió una primera impresión de ese arte impactante de figuras religiosas que cubren -en altura- los dos laterales de lo que no es una Basílca sino una capilla.
Como para ir de a poco, luego nos encontramos con esa belleza impactante que son las bóvedas pintadas de la tumba de Gala Placidia, valiente hija del Emperador Teodosio I, perseguida por su hermano Alarico y tutora de los derechos de su hijo como Emperador Valentiano III, se hizo erigir en Ravena -antes de ser expulsada de la ciudad- un mausoleo riquísimamente adornados con pinturas bizantinas, creando en su interior un ambiente de paz infinita, desde un techo adornado cual si fuera un cielo oscuro y estrellado.
Pero la joya de Ravena son las pinturas que adornan la Iglesia de San Vital, contigua a ese Mausoleo, y que hizo levantar nada menos que el Emperador Justiniano, porque por entonces Ravena era la segunda ciudad en importancia del Imperio Romano.Todos los mosaicos integran un conjunto centrado en la Salvación del Hombre, aun cuando en los dos laterales del altar mayor se encuentren inmortalizados el propio Emperador, su esposa y los personajes más relevantes de su gobierno.
La verdad es que uno volvería al lugar durante varios días seguidos, para poder apreciar y disfrutar los diferentes detalles de todo ese colorido, pero las urgencias de un viaje solo nos permitieron deleitarnos durante no más que media hora. Queda pendiente otra visita porque, desde luego fue lo que más me gustó de esta ciudad, cuyas calles, callecitas y plazas, desde la principal o las secundarias, cada una tiene una característica especial y propia. Ravena: una ciudad casi olvidada, pero impresionante.
los mosaicos bizantinos de San Vital














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