...en Jujuy....
Fue el colorido de sus cerros. Ese camino que va ascendiendo desde Yala, a las afuera de San Salvador, hacia el norte, tiene en forma permanente el acompañamiento de una cadena de cerros de una belleza singular por el colorido que le dan los metales que los conforman. Son sus tonos azulados, rosados, verdes, beige, etc., que en una combinación semejante a la que se genera espontáneamente en las paletas de un pintor, se amalgaman de una manera tal que parecen realmente que conformaran un cuadro.
Desde luego que el más conocido es el cerro llamado de Los Siete Colores, que puede admirarse desde la población de Purmamarca, pero lo que a mí más me gustó fue ese paisaje que bordeaba la ruta, allá enfrente, cruzando el río que corría a los pies de esos cerros coloridos, transformando un viaja por una zona extremadamente árida, en un recorrido memorable.
...en Salta....
¿ Que se puede escoger como lugar más lindo en una provincia a la que precisamente se llama "la linda"? Obviamente que todo encanta y maravilla, pero puesto a elegir entren todas esas bellezas naturales, creo que me quedo con el mudo espectáculo de la quebrada de las flechas. ¡ Que lugar más maravilloso !! Son varios kilómetros de la ruta 40, en el camino de tierra que une Cafayate con Cachi y en donde repentínamente uno se encuentra con una incontable cantidad de rocas puntiagudas e inclinadas, por el efecto del viento, a la manera de un glaciar petrificado.
la quebrada de las flechas
Al llegar uno no puede sino detener en auto y dedicarse a pasear por el lugar, admirando ese paisaje casi lunar que se le presenta a su lado y en el que su mirada se pierde, sin sacarse, dada la enorme variedad de sus formas. ¡ Impresionante !! Luego uno sigue adelante con la sensación de haber vivido una experiencia que quizás no pueda repetir en ningún otro lado.-
....en Tucumán...
Si bien las vistas que se tienen de Tafi del Valle, allá abajo, ni bien se abandona la selva tucumana que viniendo desde San Miguel cruza la quebrada de los Sosa, a mí lo que más me gustó fue el cerro San Javier y el trayecto que va ascendiendo hasta llegar a la cima. A escasos 25 kilómetros de San Miguel, y luego de atravesar por el residencial barrio de Yerba Buena, comienza un lento ascenso con curvas y contracurvas, en un paisaje totalmente rodeado de una vegetación a pleno, mientras poco a poco comienza a divisarse allá abajo y a lo lejos la ciudad capital.
Casi al llegar arriba uno se encuentra con unas cuantas casonas imponentes, todas rodeadas de jardines muy verdes y seguramente utilizadas durante los fines de semana por las familias tucumanas
por medio de las cuales circula el camino, siempre en ascenso, pero que obliga a interrumpir la marcha en cada curva para poder apreciar mejor toda esa belleza que se presenta ante los ojos. Un verdadero placer para la vista.
Una mención especial se merecen sus empanas de carne, bien jugosas y rellenitas, como dice una canción, igualitas que las tucumanas. A mi juicio no pueden competir con las de ninguna otra zona con las que las fuimos comparando, como son únicas las pequeñas empanadas de queso salteñas, también sin competencia.
Una mención especial se merecen sus empanas de carne, bien jugosas y rellenitas, como dice una canción, igualitas que las tucumanas. A mi juicio no pueden competir con las de ninguna otra zona con las que las fuimos comparando, como son únicas las pequeñas empanadas de queso salteñas, también sin competencia.
....en Santiago del Estero.
Siempre anduve de paso por esta provincia norteña, más hacia el norte o bien bajando a Córdoba, de modo que no puedo decir que tenga un conocimiento acabado de sus lugares más lindos. Sé que son fantásticas las Termas del río Hondo, adonde viajaban mis abuelos hace muchos años, para hacerse baños; y pasé un par de veces por La Banda, cercana a Santiago, en tren o en auto, y no me gustó de abandono de hace 50 años que aun sigue igual.
Pero como debo reconocer que siempre algo se encuentra, en cualquier lugar, creo que de Santiago me gustó su ciudad capital y más concretamente, la plaza central y su céntrica zona de influencia, en donde paramos una noche a dormir. Nos recibió un diluvio torrencial, que negras nubes lo venían anunciando en el camino, al punto que debimos subir el auto a la vereda para poder descender en un antiguo hotel situado en una esquina de la plaza.
Sin embargo la mañana siguiente amaneció limpia y fresca de modo que pudimos recorrer despaciosamente la plaza, repleta de viejos árboles, descansar un rato a la sombra de estos, y simplemente incorporarnos -brevemente- a las rutinas diarias de ese pueblo que marcha pacífico y su propio ritmo.
la céntrica plaza de Santiago del Estero
Desde luego que me hubiese gustado disfrutar de sus típicas siestas estivales -era un fresco día de enero- pero en una jornada de calor tórrido y agobiante, junto a buen ventilador; si me gustaron mucho sus empanadas y, desde luego, me encanta escuchar esas chacareras tan alegres y con letras bien divertidas que son como un patrimonio santiagueño.
....en Formosa....
Me gustó mucho su costanera sobre el río Paraguay, que pasa junto a esta bella ciudad como para refrescarle su rostro selvático. Es ancha, limpia, y es un verdadero placer el poder caminar por ella sintiendo en la cara no solo el fresco sino también el aroma cercano de ese río tan tranquilo, que también pude navegar rumbo a la cercana población paraguaya de Villa Alberdi.
la costanera formoseña sobre el río Paraguay
Es muy probable que esta vecindad y la gran extensión abierta de esa frontera natural, permita efectuar muy sencillamente un contrabando que, allí, en general es tomado como una actividad cotidiana más (y no estoy hablando de drogas sino simplemente de un comercio en general), circunstancia que pude experimentar personalmente al regresar de la costa paraguaya, cuando al llegar el barquito ninguno de los prefectos que se encontraba allí, ni nos pidió documentación ni revisó nuestros bolsos y paquetes.
.....en el Chaco.-
De esta dura y fortalecida zona de nuestro país, forjadora de hombres y mujeres de una característica muy especial nacida de las inhóspitas condiciones de su vida, ya sea junto al bravo Paraná como en las entrañas de la tierra, que les ha tocado en suerte, es difícil poder elegir un punto que pueda señalar que es el que más me gustó.
Pero encontré un paisaje muy semejante al del Tigre de mi infancia mirando, y admirando, correr el río Negro en las inmediaciones de Resistencia, la capital de este territorio que lleva un nombre tan apropiado. Oscuro -como su nombre lo indica- baja tranquilo junto a sus orillas verdes, llevando -también aquí- una cuota de belleza en medio de un paisaje tan agreste.Me quedé impactado y lleno de recuerdos que nunca imaginé que allí rememoraría.
La vieja estación Médanos del Ferrocarril Urquiza
Monumento de la Bandera en Rosario
. San Javier
El hotel Yacanto
El glaciar tal y como lo vimos nosotros
Cuando el ómnibus que nos llevaba desde el Calafate nos dejó en el lugar, nos avisaron que vendrían por nosotros unas cuatro horas más tarde, y yo me pregunté que haríamos durante todo ese tiempo, totalmente ignorante de lo que me esperaba, y cuando a los bocinazos nos instaban a regresar, nadie quería volverse, totalmente hipnotizados como estábamos con ese maravillosa película que se desarrollaba ante nuestra vista. Porque es así.
El movimiento del hielo es incesante y la caída de inmensos bloques de hielo, permanente. Yo no comprendía bien -ante de llegar- que era lo que pasaba, y esa tarde lo entendí. Ese antiquísimo río helado, producto de aguas caídas hace millones de años, va lentamente avanzando por su cauce que en un momento choca contra la tierra, y a ella se aferra, mientras que la fuerza del agua del rió que actualmente corre a uno y a otro lado, comienza su tarea de erosión hasta que logra abrir como un cauce subterráneo por donde el agua se desliza, recibiendo en forma permanente esos bloques inmensos que luego vemos navegar por el lago.
Pero como el glaciar sigue avanzando unos cuantos centímetros por día, finalmente la presión sobre esa boca es tal que termina desplomándose toda la pared, maravilla que ocurre cada cuatro o seis años, dejando luego despejado unos cientos de metros por donde el agua circula con normalidad, hasta que el proceso vuelve a reanudarse. Es un espectáculo fascinante; una de las nuevas maravillas del mundo moderno, sin ninguna duda, y agradezco haber podido estar allí, porque no se si alguna vez podré volver.
.....en Tierra del Fuego.....
No puedo decir nada porque nunca pude llegar hasta allí, aunque sí me han hablado de lo que son sus maravillas. Ya llegaré. Lo que quisiera, algún día, es poder navegar por los canales fueguinos, y llegar por ellos hasta Punta Arenas, en Chile. Me encantaría poder revivir la experiencia de Magallanes.
Me gustó mucho su costanera sobre el río Paraguay, que pasa junto a esta bella ciudad como para refrescarle su rostro selvático. Es ancha, limpia, y es un verdadero placer el poder caminar por ella sintiendo en la cara no solo el fresco sino también el aroma cercano de ese río tan tranquilo, que también pude navegar rumbo a la cercana población paraguaya de Villa Alberdi.
la costanera formoseña sobre el río Paraguay
Es muy probable que esta vecindad y la gran extensión abierta de esa frontera natural, permita efectuar muy sencillamente un contrabando que, allí, en general es tomado como una actividad cotidiana más (y no estoy hablando de drogas sino simplemente de un comercio en general), circunstancia que pude experimentar personalmente al regresar de la costa paraguaya, cuando al llegar el barquito ninguno de los prefectos que se encontraba allí, ni nos pidió documentación ni revisó nuestros bolsos y paquetes.
.....en el Chaco.-
De esta dura y fortalecida zona de nuestro país, forjadora de hombres y mujeres de una característica muy especial nacida de las inhóspitas condiciones de su vida, ya sea junto al bravo Paraná como en las entrañas de la tierra, que les ha tocado en suerte, es difícil poder elegir un punto que pueda señalar que es el que más me gustó.
Pero encontré un paisaje muy semejante al del Tigre de mi infancia mirando, y admirando, correr el río Negro en las inmediaciones de Resistencia, la capital de este territorio que lleva un nombre tan apropiado. Oscuro -como su nombre lo indica- baja tranquilo junto a sus orillas verdes, llevando -también aquí- una cuota de belleza en medio de un paisaje tan agreste.Me quedé impactado y lleno de recuerdos que nunca imaginé que allí rememoraría.
el rio Negro chaqueño
.....en Misiones.....
Sería sin ninguna duda un despropósito no decir que fueron las Cataratas del río Iguazú, una de las siete maravillas del mundo moderno. Pero más allá de esa obviedad, me gustó mucho -me encantó- el camino que lleva desde Posadas hasta Iguazú, perfecto, construido por el medio de la selva misionera, mostrando esa tierra colorada fuerte, que impresiona e impacta, en la que se levantan una continua línea de árboles que van como custodiando a quienes por allí circulan, para protegerlos y brindarles una sombra que es tan necesaria.
camino de Iguazú
....en Corrientes....
Creo que de esta tan especial como alegre y pintoresca región de nuestro país, lo que más me gustó fue una visita que le hice a la Virgen de Itatí, patrona de la provincia de Corrientes, y cuya historia se remonta a tiempos de las primeras misiones jesuítica, ya que se dice que el rezo del Rosario le habría permitido a fray Luis Bolaños sortear a un grupo de aborígenes que querían terminar con su vida, pudiendo escaparse al haberse abierto el arroyo Yaguarí (a la manera del relato bíblico)
la imagen morena de la Virgen de Itatí
Siempre me han atraído las imágenes morenas de la Virgen, de modo que cuando me encontré frente a ella me quedé maravillado y admirando esa dulzura del gesto y el pequeño tamaño de sus formas perfectas, cubiertas con un manto celeste y blanco a la manera de la María de Lujan. Es cierto que como generalmente ocurre en cercanías de los Santuarios marianos, en este también pululan una gran cantidad de vendedores de baratijas y demás recuerdos de la ocasión, al tiempo que es complicado el camino para llegar hasta allí, muy angosto y repleto de vehículos de todo porte y condición, pero una vez sorteados todos estos inconvenientes, llegar hasta los pies de la Virgen, y descansar allí un rato, elevando plegarias que siempre son insuficientes, fue realmente un remanso y me dejó muchísima paz.
....en Entre Ríos....
Es un campo, el Establecimiento "El Palmar" , ubicado en la localidad de Médanos, cercana geográficamente a Gualeguaychú y sentimentalmente a mis más lindos recuerdos de la primera adolescencia. "El Palmar" era el campo de los hermanos Saenz Valiente, uno de los cuales -Justo- estaba casado con Gloria, prima hermana de mamá y con quien compartiéramos tantos momentos felices en el Tigre, adonde compartíamos casi semanalmente la casa de una tía abuela.
Cuando llegaba el verano, y tras unas vacaciones junto al mar, como aun faltaba bastante para el comienzo de los colegios, solíamos viajar a ese campo, en tren, adonde nos instalábamos durante largo tiempo, y en donde me acostumbre a acompañar a quienes hacían las diferentes tareas que el manejo del campo requería, tales como la casi diaria recorrida en pos de novedades con la hacienda; los encierros de ésta para la vacunación; el traslado de animales de una parcela a la otra, muchas veces cruzando por el terraplen que resguardaba las vias del ferrocarril que pasaba diariamente en ambos sentidos; las ruedas de mate, tanto con el personal como a solas con Justo, después de la siestas; el carneo también diario de ovejas y corderos para alimento del personal; las noches estrelladas; la caza con escopeta de loros -una plaga-; las visitas -un poco más aburridas- al escritorio; y a veces en sulkys al pueblo; etc. etc.
Pero lo que más me gustaba era andar a caballo, líbremente, a todo galope; me sentía totalmente líbre y disfrutaba de ese aire en la cara que tiraba hacia atras el sombrero de ala ancha -de mi tío- con el que me encantaba lucirme. También por aquel entonces -purrete de 13- allí fumaba sin enojos ni prohibiciones de nadie, y me divertía encender cigarrillos montado y seguir andando, al paso, disfrutando de la inmensidad del campo y de toda esa libertad que se me permitía y que me hacía sentirme "un hombre grande". Gracias Justo por todo ese aprendizaje campestre que se quedó desde entonces prendido de mi alma, aunque no pudiera nunca acceder a tener mi propio campito, en algún lugar de la tierra.
... en la provincia de Buenos Aires.....
¡ Que elección más dificil !! Es que son tantos los lugares como los recuerdos asociados con ellos que me resulta extremadamente complicado elegir uno, entre el Tigre de mi infancia; el Miramar de mi adolescencia; el San Isidro -adonde viví- de mi madurez; el campo con esas entradas largas rodeadas de eucaliptus; algún haras; la sorpresa de una ciudad como Bahía Blanca; la belleza de Tandil o las sierras de La Ventana; la ciudad de mi abuelo materno, La Plata, con su complicada e intrincada -para mí- nominación numérica de sus calles; fin, son muchísimas las posibilidades de encontrar el mejor lugar de la provincia.
Pero necesitando encontrar un sólo lugar creo que elijo el de los atardeceres en el campo sobre el oeste, por ejemplo en Trenque Lauquen, mirando caer el sol, lentamente, sobre esa inmensidad que fue del indio, e imaginarme mirando hacia atras, primero el paso de las tropillas robadas con desparpajo más al norte, y luego el paso -tambien a caballo- de los soldados que finalmente salieron a terminar con esa acendrada costumbre aborigen de resarcirse -en alguna medida- del despojo territorial.
atardecer en Trenque Lauquen
....en la Ciudad Autónoma......
Otro punto en el cual me resulta muy difícil poder encontrar un solo lugar como para destacar es el de la ciudad de Buenos Aires, en donde nací y viví los 30 primeros años de mi vida....¡ que es bastante como para llegar a conocerla bien!!. Son en consecuencia demasiados los lugares y rincones que no solo me gustan mucho, sino también se cuentan por cientos los recuerdos que tantas veces uno asocia a determinados lugares, de manera que la elección se me tornó bastante dificultosa.
Pero uniendo un poco todo, la elección final recayó en una calle, la calle Arenales en su recorrido desde Pueyrredón y hasta Cerrito. Le verdad es que se trata de un largo sendero por el que he transitado miles de veces, hacia arriba y hacia abajo, de noche, de día y también en muchas madrugadas. Su intersección con Larrea era el punto obligado de mi niñez cuando me mandaban a comprar algo al almacén, que creo se llamaba Spotorno; o al quiosco que estaba llegando a Azcuénaga, a comprar cigarrillos; la curvita tan rara que está en la esquina con Uriburo; las largas cuadras hasta llegar a Rio Bamba y allí encontrar al Cervatillo, con esa siempre recordada barra llena de amigos que diariamente nos juntábamos allí de solteros; la elegancia de esas tres siguientes cuadritas hasta Montevideo; el nuevo martillo que había que hacer entonces para sortear la plaza Vicente López y que ahora se corta en diagonal; y ese final como a toda orquesta que queda hasta Cerrito, repleta de negocios caros, y por donde uno se acostumbraba a pasar sin mirar mucho, pero respirando ese aire elegante, a perfume francés, de las mujeres con las cuales podíamos cruzarnos.
la calle Arenales en su esquina con Montevideo
Cuando yo nací, mis padres vivían en un departamento sobre la calle Arenales, entre Callao y Rodriguez Peña, del que por supuesto no me acuerdo......pero quizás ese primer hogar en el que viví, lloré, me amamantaron, y aprendí a sonreir haya dejado en mi una especie de impronta especial que hizo que al momento de elegir un lugar como para recordar, de la ciudad de Buenos Aires, me hubiese inclinado por esa calle.....Arenales.
....en Santa Fé....
Proviniendo de una ciudad importante, y habiendo tenido la oportunidad de disfrutar del campo tanto en la provincia de Buenos Aires como en la de Entre Ríos, no asombrará entonces que al momento de elegir el lugar que más me ha gustado de la provincia de Santa Fe, escoja a la ciudad de Rosario....a la ciudad actual que se ha embellecido tanto en los últimos años al incorporar el río, ese marrón tierra que es el Paraná en su paso rumbo al sur, a su fisonomía ciudadana que hasta entonces, le daba la espalda como queriendo ocultarlo avergonzadamente.
Me parece que Rosario es una ciudad muy interesante, más allá de sentirme cercano a ella porque a mediados del siglo XIX se instalara en ella el primero de los Rivarola de mi rama que llegara desde la Liguria italiana. Me gusta, desde luego, esa larga costanera que llega hasta el puente que cruza hacia Victoria, en Entre Ríos, uniendo dos orillas que durante tanto tiempo estuvieron aisladas una de otra, de manera inexplicable; me gusta ese emblemático Monumento a la Bandera, impactante e impresionante en dimensiones y significado, levantado en donde la misma fuera enarbolada por primera vez, sin poderme explicar -nunca he podido saber las razones- porqué los restos de don Manuel Belgrano no descansan en ella; me gusta el centro y caminar por esa peatonal San Martín, en una de cuyas esquinas nació mi bisabuelo Rodolfo; y me encanta la zona residencial del Bulevar Oroño.
Es realmente para mí un placer cada vez que tengo que acercarme a esta ciudad, que me gusta tanto como la riqueza icticola de sus restaurantes costaneros. Ya nos volveremos a ver!!
.....en Córdoba.....
"La docta".....la completa diría, porque tiene de todo....una ciudad importante sin ser descomunal.....un interior serrano.....su ilustrada prosapia universitaria....el río Primero que corre por el centro de la ciudad resguardado por "la Cañada".....y.hasta su propia música junto a una tonadita que a mí me fascina, conforme a la cual "se proooooolonga (el sonido de la vocal) anteriiiiiiior a la que se aceeeeeeeentúa", como me lo explicaron en Córdoba hace unos cuantos años.
Pero dentro de esa vastedad, a mí lo que más me gustó se encuentra en la zona denominada de " Traslasierra", vale decir la que se encuentra hacia el oeste, cercana a Villa Dolores y, más concretamente, tres pueblitos sobre el sudoeste que son Nono, San Javier y Yacanto, ya próximos a San Luis. La primera es una muy tranquila villa de montaña al pié del pico de una montaña al que se denomina "Ñoño", que en quechua significa "mama" por su forma de seno repleto de leche, y junto a las riberas del río de los Sauces, típicamente montañoso.
Una esquina de Nono
Me gustó mucho la paz de este lugar....esos desayunos de cafe con leche, pan y manteca, mirando los cerros....pasear por sus calles tranquilas.....la paz de las siestas...en fin.....toda esa belleza que, imagino, en verano se debe transformar un poco con la llegada de los turistas, porque yo la disfruté en par de veces, pero fuera de temporada.
San Javier, algo más al sur y al pié del cerro Champaquí, tiene prácticamente las mismas características de Nono, aunque algo menos poblada. Aquí no paramos nunca, pero la recorrimos hacia arriba, hacia los cerros, disfrutando a derecha e izquierda de un paisaje semi urbano de casas grandes, de una planta, y de techos altos, como para proteger los ambientes del calor.
Y la tercera es Yacanto, población de semejantes características, quizás más rural aun que las dos anteriores, pero en donde lo que nos fascinó fue encontrar un hotel espectacular, como escondido, con todas las comodidades y el confort de las viejas residencias que se construyeran para el placer y el descanso del personal jerárquico de los ferrocarriles ingleses, con una pileta con agua helada de deshielo, una cancha de 9 hoyos de golf impecablemente mantenida, habitaciones grandes, con mucho espacio y luminosidad, jardines muy bien cuidados y, como broche, una comida abundante y sabrosa, como para reponer energías cada noche.
Es como una pequeña perla encontraba en el medio del campo, y con unas vistas sensacionales hacia las Sierras Grandes.....el campo cercano.....y el remanso de los arroyos que a todo momento salen al paso. Una maravilla.
....en La Pampa.....
El Parque Luro, en el camino entre Santa Rosa y Gral. Acha, una antigua estancia y coto de caza hoy transformada en Museo, y en el que se destaca la enorme mansión, denominada "el Castillo" que con sus paredes blancas y techos verdes se levanta, impecable a pesar del paso del tiempo, en medio de un jardín al mejor estilo europeo. Allí, en un predio de 7.600 hectáreas, Pedro Luro instaló el primero coto de caza del país, importando jabalíes, ciervos colorados y faisanes.
el casco del Parque Luro
Estuve un par de veces de visita y en las dos oportunidades salí sorprendido de lo que se puede lograr con mucho empeño y esfuerzo....cuando se cuenta con el dinero suficiente. El bosque es de caldenes, el mayor que tiene el país, y en sus extensiones no abiertas al público -que son nada menos que 6.000- se refugian animales de todos los géneros y especies, inclusivo nuestro típico puma. ¡ Fascinante !!
....en San Luis.....
Mis mejores recuerdos en esta provincia son para una pequeña localidad de interior, que se encuentra al sur de Villa Mercedes y que se llama Buena Esperanza, sobre la ruta provincial 12, y en donde durante mi adolescencia cuncurrí durante un par de veranos integrando uno de los grupos de Misiones Rurales que nos desparramábamos por varios sitios llevando un mensaje no solo evangélico sino también asistencial.
la capilla de Buena Esperanza (San Luis)
Nos instalábamos allí un grupo de chicas y chicos, junto a un sacerdote -el Padre Olivera- , un médico o médica y dos odontólogos, y salíamos a recorrer los ranchos de la zona, llevando un poco de conversación religiosa, instando a recibir sacramentos como bautizos, confirmaciones, comuniones y matrimonios, e informando sobre la presencia del médico y de los dentistas, a buscar a los cuales luego bajaban al pueblo. De noche nos reuníamos el grupo junto a un fogón, a comer todos juntos y cantar y guitarrear....o escuchar diferentes relatos, para luego irnos a dormir en desvencijados catres, en unos ranchos de techos de paja y paredes de adobe.
Para mí fue una experiencia muy interesante, que melancólicamente recordé hace unos años cuando, de paso hacia el norte, repentínamente me encontré a la vera del camino con esa larga entrada que lleva hasta el poblado, y lógicamente que entré. El pueblo estaba irrenconocible, realmente había crecido y sobre todo tenía casas, muchas casas de material, aunque la pequeña capillita estaba igual, situada en una esquina cualquiera con vista al campo, a ese inmenso campo casi desértico, repleto de espinillos y cardos.
....en Mendoza.....
Vamos a dejar de lado la propia ciudad, levantada junto a ese inmenso telón que es la cordillera, con sus cumbres eternamente nevadas, que ya de por sí es toda una maravilla, para dirigirnos un poco más hacia el sur, a San Rafael y más precisamente al Cañón del río Atuel a unos 40 kilómetros de esta última ciudad, en el llamado Valle Grande.
El camino va junto al río, ascendiendo, por medio de curvas y contracurvas que, zigzagueantes van siguiendo las distintas peripecias que hace el río que desciende a su lado, caudaloso o escaso, conforme a los manejos del agua que hacen allá arriba, en la represa. Mientras una seguidilla de sauces y algunos otros árboles cubren de sombra sus orillas, en el verano se ven pasar los botes de quienes se han arriesgado en una aventura de rafting, mientras que en el invierno -en que también lo recorrí- solo son pájaros los que interrumpen el sonido del agua al pasar sobre algunas rocas perdidas en el medio de su cause.
El Cañón del río Atuel
Durante el verano la zona se transforma en un paraíso para el turista que cuenta allí con decenas de posibilidades para disfrutar de diferentes aventuras, al tiempo que es un lugar ideal para acampar junto a las orillas de este río de montaña.....pero me gustó más andar por allí en la soledad de un otoño tardío, cuando toda su vegetación se transforma en mil colores y un silencio atrapante, sólo interrumpido por el golpetear del agua sobre las rocas, prácticamente te paraliza el cuerpo para dejarse invadir de paz todos los sentidos.
.....en San Juan......
Llegué a esta ciudad siendo muy jóven, rozando los 20, y me impactó muchísimo la limpieza y prolijidad de sus calles, la perfección de sus veredas y esas casitas blancas con techos de tejas rojas, casi todas iguales. No ignoraba que se trataba de una ciudad prácticamente nueva, que debió re construirse luego del furioso terremoto que la asolara impiadosamente a mediados de los 40.
Muchos años después regresé y la ciudad había crecido hacia todas partes; el centro estaba irreconocible; una nueva y muy moderna Catedral se alzaba junto a la plaza; las avenidas -siempre impecables- llevaban y traían cientos de autos; y las afuera seguían mostrando esa seguidilla de casitas perfectas que tanto me admiraron la primera vez.
Pero puesto a elegir que es lo que más me gustó de esta provincia cuyana, debo dejar por escrito que fue el circular por el Valle Fertil. un lugar tipicamente serrano pero de abundante vegetación con el que nos encontramos al volver de una visita al Parque Provincial Ischigualasco más conocido como el Valle de la Luna, tan desertico y espectacularmente impactante en sus inmensas formaciones rocosas. Pero al márgen de esa maravilla natural de la naturaleza y, quizás, por contraste, me fascinó poder recorrer el camino que cruza ese Valle Fertil, sorteando a cada paso esos profundos canales que cada tanto aparecen para permitir el rápido escurrirse del agua cuando, repentínamente, se suelta la lluvia y los ríos y arroyos que mánsamente embellecen el paisaje, se convierten en furias desesperadas que arrastran todo a su paso.
El Valle Fertil Sanjuanino
No puedo abandonar San Juan sin dejar una mención sobre la casona en la que nació y vivió Sarmiento, una pequeña joyita que se mantiene perfectamente bien, restaurada en forma muy eficiente y manteniendo todo su encanto de construcción del siglo XVIII, en la que actualmente funciona un Museo didacticamente diseñado para comprender como se vivía entonces y como se formó allí ese procer, junto a su incansable madre.
....en La Rioja.....
Siempre me atrajo esta provincia, ligada a mi sangre materna por la línea de los Villafañe, pero nunca he tenido -aun- la posibilidad de recorrerla por todos sus rincones. Su ciudad capital -la típica- nos recibió una tarde en que hacían más de 45o. de temperatura, de modo que no es mucho lo que puedo recordar con placer. Sí me gustaron sus cerros, fuertes, conformando una segunda línea de aquella cordillera impactante que se advertía en la distancia, pero sin lugar a dudas lo que más me gustó fue ese impresionante lugar que es Talampaya, nada menos que uno de los Patrimonios de la Humanidad, con una superficie superior a las 200.000 hectáreas.
Ubicado a una altura promedio de unos 1.300 metros, muestra abiertamente por medio de rocas rojas, de grandes dimensiones, como ha sido la evolución geográfica del universo durante los últimos 250 millones de años, a traves de los distintos estratos que muestran esas figuras gigantescas, pero que en realidad permanecía oculto a los ojos del mundo hasta comienzos de los últimos 70 en que fueron descubiertos al contruirse una carretera para unir la hasta entonces aislada Villa Unión, con Patquía.
Talampaya
Dentro del parque se encuentra el cauce viejo del que fuera el río Talampaya, donde se han encontrado restos de dinosaurios; petrogrifos en las piedras, de antiguos pueblos aborígenes; formaciones naturales como hasta de 145 mts. de altura, como los Reyes Magos, la Catedral, el Monje, etc.; más enorme cantidades de guanacos, vicuñas, liebres, pumas, marras, zorros y cóndores, entre otros.Tomamos una excursión -única forma de recorrer el parque- que nos llevó a recorrerla de punta a punta, siendo ilustrados a cada paso por unas guías -locales- muy bien formadas. La verdad es que fue toda una sorpresa.
....en Catamarca......
La de los auténticos "distintos tonos de verde", que se pueden reconocer a cada paso. Estuve por allí siendo muy joven, viniendo desde Tucumán por el camino del Aconquija, y ya entonces me fascinaron sus caminos, como emboscados por altos cerros, más allá de lo agreste de su vegetación. Y un buen día regresé para conocer su bonita y colorida San Fernando del Valle, aunque lo bueno para recordar estaba hacia el oeste, adonde recién pude llegar en un tercer viaje que me vio pasar, y en el que llegué desde el Tucumán por un peligroso e interminable camino de cornisa, llamado "de las Estancias" en día de mucha bruma y fuerte lluvia.
Así llegamos a Andalgalá -en donde dormimos en una vieja estancia jesuítica- para luego conocer Fiambalá, los pequeños pueblitos perdidos de Belen y Londres; hasta llegar bastante al oeste, a Tinogasta. Todos los lugares son soñados, parecidos en lo escaso de su vegetación y en todo momento rodeados de cerros y de pequeños ríos, arroyos o bañados, mientras un cielo bien azul, fuerte y limpio, nos acompañaba.
Pero puesto a elegir un sólo lugar con el que me quedaría, es con un cementerio, aislado en la cumbre de un cerro, que se encontraba a la salida de Tinogasta, y del que nos quedamos prendados.
el Cementerio de Tinogasta, junto al cielo.
Se nos apareció así, repentínamente, a la vera de la ruta 60 que nos llevaba hacia el sur; aislado; solo junto al viento y sus recuerdos, tenía la típica conformación de los cementerios norteños: pequeños y coloridos, rodeados de flores, mirando fíjamente hacia el cielo. Nos detuvimos, lo recorrimos palmo a palmo, nos y le sacamos varias fotos y debimos seguir adelante. Pero ese lugar se quedó tan registrado en mi memoria que hoy, al cabo de unos años, al tener que recordar que fue lo que más me gustó de Catamarca, se me apareció bien nítidamente, al punto de que si no estuviera tan lejos, allí, cara al cielo y junto a los cerros, me gustaría que mi cuerpo descansara para siempre.
....en el Neuquén.....
Lugar al cual me trasladé para vivir hace 30 años, debería resultarme dificil de escoger uno sólo lugar, y así efectivamente ocurre. Me gusta el río Limay en todo su recorrido, desde el lago Nahuel Huapi hasta su encuentro con el Neuquén, en la confluencia, para dar origen al río Negro; me gustan mucho las montañas de la cadena del Chapelco en San Martín de los Andes junto a esa larga ruta que concluye en la entrada a la ciudad; me gusta Junín y su río Chimehuín; los otoños en el Lago Huechulafquen; contemplar el cercano volcán Lanín desde las orillas del tranquilo lago Paimén;; me encanta el río Aluminé en su tranquila bajada hacia los valles, rodeado de sauces;me fascina la Villa la Angostura y precisamente su carácter de pequeña villa de montaña; y siempre me han impresionado las vistas desde el Messidor, esa espléndida mansión oficial que tiene la provincia junto al Nahuel, como desde el Hotel Correntoso, junto a ese pequeñísimo río, tan buscado por los pesadores de truchas.
Sin embargo, por sobre todas esas bellezas naturales que tiene esta querida provincia, entiendo que opto por el bosque de los Arrayanes que se encuentra en la punta de la península de Quetrihué, a metros del muelle sobre la Bahía Brava, sobre el lago Nahuel Huapí, y que son una verdadera maravilla, única en el mundo. Se estima que estos árboles de ese color naranja tan especial, con manchas blancas, de una altura que oscila entre los 18 y los 25 mts., son originales del lugar y junto a los que están en la vecina Isla Victoria, tienen unos 300 años.
El bosque de Arrayanes y su casita cinematográfica
Se cuenta en la zona que nada menos que Walt Dieney se inspiró en este lugar para ubicar su célebre película sobre Bambi, y así es precisamente como se llama la agradabilísima cabaña que se encuentra en medio del bosque, "la cabaña de Walt Disney", en donde funciona una muy pintoresca confitería en donde, por supuesto, la especialidad son los chocolates.
....en Rio Negro.....
La provincia en donde vivo desde hace unos quince años, más que una provincia podría decirse que es un verdadero país, atento a sus inmensas dimensiones que la llevan desde el Atlántico a la misma Cordillera, con climas marítimos, de montaña, pero también, desérticos y fértiles, como el Valle en el que habito. Tiene, entonces, muchos sitios con los cuales uno puede deleitarse. Pero partiendo de considerar que toda la zona de Bariloche tiene bien ganado prestigio internacional, por sus lagos enmarcados en inmensas montañas de nieves eternas, me quedo a la hora de elegir con el lago Mascardi.
el Lago Mascardi
Cercano a Bariloche y en el camino hacia el Bolsón, este lago tiene una forma extraña, en L ó quizás en V, ya que a la altura del viejo hotel del Obispado de Buenos Aires que se encuentra próximo a Villa Mascardi, gira hacia el oste para finalmente terminar junto a las estribaciones del volcán Tronador, en el primitivo camino que hicieran los jesuitas que primero llegaron hasta estos lugares -entre los que, claro está, se encontraba el padre Mascardi- provenientes de la isla de Chiloe.
Sentarse en sus orillas simplemente a descansar; o poder navegarlo -como hace un tiempo se podía, en un barquito-; bañarse en sus aguas, bastante templadas para ser lago de cordillera; perderse con la vista en aquellas costas verde del lado de enfrente, o detrás del vuelo de un ave que, desde las alturas, pispea buscando alimento; caminar por los amplísimos jardines del hotel, después de haber disfrutado de un muy buen almuerzo; en fin, que todo es placentero junto a este lindísimo remanso que nos regala la cordillera.
....en Chubut.....
Más allá de lo increíble de sus paisajes, tanto marítimos -Puerto Madryn- como cordilleranos -Esquel y toda su vasta zona de influencia hacia el lago Futaleufú- lo que más me gusto en esta patagónica zona fue haber podido viajar en "la Trochita", en el viejo tren del Expreso Patagónico durante un trayecto de aproximadamente unos 20 kilómetros, hasta la estación Nahuel Pan, y regreso a Esquel . La formación, desde luego repleta de turistas de todas las nacionalidades, parte desde la estación de esta última ciudad, circulando lentamente detrás de una locomotora a vapor y por unos rieles anmgostísimos, más angostos que los de un tranvía porque provenían de una línea que recorría internamente, distintos sectores de una fábrica alemana que desapareció durante la guerra.
viajando en "La Trochita"
Durante el trayecto, que hicimos sentados en bancos de madera, pero prácticamente asomados a sus ventanas, fuimos atravesando distintos paisajes típicamente patagónicos, con su vegetación árida y fauna oculta, hasta llegar a esa primera estación de lo que era una línea ferrea que llegaba hasta el Maiten. En Nahuel Pan -que recuerda el nombre del original poseedor aborigen de estas tierras- nos esperaban unas cuantas viviendas mapuches, donde se ofrecían comidas al paso y bebidas, algunas artesanías y hasta un bien documentado museo del lugar.
Al regresar, llegando a Esquel y luego de cruzar un par de rutas junto a las cuales nos saludaban desde los autos que aguardaban nuestro paso, pudimos tener una visión de la ciudad de Esquel desde alguna altura, lo cual también nos permitió tener de ella una visión diferente y, desde luego, muy poco frecuente. Al termino de unas dos horas y media estábamos de regreso, felices con la experiencia, y yo en particular por haber podido viajar, una vez más, en uno de mis transportes favoritos, que no por estar hoy casi ausentes, han sido olvidados por mí.-
....en Santa Cruz.....
Llegar a conocer esta lejanísima provincia argentina fue como poder cumplir con un sueño, ya que nunca me imaginé que ese día llegaría. Ya el trayecto que nos trasladó desde Río Gallegos hasta el Calafate fue toda una experiencia, porque pudimos apreciar esa diferencia que tienen los campos patagónicos con los de la pampa húmeda, no sólo por la vastedad de sus extensiones sino también por esa soledad que se advierte en todos lados y que acompaña a la vista hasta el mismo horizonte. No hay nada, uno se dice, y sin embargo allí, debajo de la estepa, hay vida, mucha vida que se confunde con el mismo paisaje.
También me pareció fascinante poder navegar por el Lago Argentino, junto a los inmensos bloques de hielo desprendidos de los glaciares que cubren la zona, y que desde lejos parecen enormes veleros con sus velas desplegadas a pleno; pero lo que realmente resulta una experiencia única es poder contemplar, de frente, el permanente movimiento del Perito Moreno.
Cuando el ómnibus que nos llevaba desde el Calafate nos dejó en el lugar, nos avisaron que vendrían por nosotros unas cuatro horas más tarde, y yo me pregunté que haríamos durante todo ese tiempo, totalmente ignorante de lo que me esperaba, y cuando a los bocinazos nos instaban a regresar, nadie quería volverse, totalmente hipnotizados como estábamos con ese maravillosa película que se desarrollaba ante nuestra vista. Porque es así.
El movimiento del hielo es incesante y la caída de inmensos bloques de hielo, permanente. Yo no comprendía bien -ante de llegar- que era lo que pasaba, y esa tarde lo entendí. Ese antiquísimo río helado, producto de aguas caídas hace millones de años, va lentamente avanzando por su cauce que en un momento choca contra la tierra, y a ella se aferra, mientras que la fuerza del agua del rió que actualmente corre a uno y a otro lado, comienza su tarea de erosión hasta que logra abrir como un cauce subterráneo por donde el agua se desliza, recibiendo en forma permanente esos bloques inmensos que luego vemos navegar por el lago.
Pero como el glaciar sigue avanzando unos cuantos centímetros por día, finalmente la presión sobre esa boca es tal que termina desplomándose toda la pared, maravilla que ocurre cada cuatro o seis años, dejando luego despejado unos cientos de metros por donde el agua circula con normalidad, hasta que el proceso vuelve a reanudarse. Es un espectáculo fascinante; una de las nuevas maravillas del mundo moderno, sin ninguna duda, y agradezco haber podido estar allí, porque no se si alguna vez podré volver.
.....en Tierra del Fuego.....
No puedo decir nada porque nunca pude llegar hasta allí, aunque sí me han hablado de lo que son sus maravillas. Ya llegaré. Lo que quisiera, algún día, es poder navegar por los canales fueguinos, y llegar por ellos hasta Punta Arenas, en Chile. Me encantaría poder revivir la experiencia de Magallanes.

























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