miércoles, 22 de abril de 2020

El Covid-19 y el abuelo de mi abuelo.-


     Corre el año 2020 y en todo el mundo estamos atrapados por este coronavirus que nos tiene a todos aterrados, sobre todo a la población mayor, llamada "de alto riesgo". Y así, de la noche a la mañana, los viejos hemos comenzado a ser sujetos de todo tipo de cuidados especiales, sobre todo para no alterar las estadísticas por las que cada país compite para resguardar sus trágicos datos de la mirada de los otros, no vaya a ser que les desequilibremos el promedio.

     Asi es como hoy, en algunas ciudades no solo se nos ha impedido salir a la calle sin permiso, sino que -como en la mía- lisa y llanamente, haciendo un abuso intolerable sobre la libertad de las personas,  no nos dejan salir a la calle bajo ninguna circunstancia, ni siquiera para salir a hacer una compra al almacén o a la farmacia; los niños de ayer se vengan así de los viejos de hoy poniéndonos penitencias en su momento reservadas a ellos. No digo que estén mal los cuidados; sería un necio; pero me parece que atropellar hasta esos extremos nuestro discernimiento, como si fuésemos unos bobos o personas incapaces de resolver por nosotros mismos, y además generalizarlo a toda una enorme población que hoy constituimos los viejos, no solo me parece una tremenda estupidez sino además una enorme injusticia.

     Es que nosotros somos los primeros en querer resguardarnos y apelar a todos los medios y remedios posible para evitar contraer una enfermedad que sabemos que para una gran mayoría de nosotros  será letal. Estamos asustados, o para no hablar en nombre de otros, yo estoy muy asustado, no tanto por la gripe con nombre propio que este año nos visita, sino por todas las patologías anteriores con las que cargo y que, cuidadosamente, vengo atendiendo con muchísima atención desde hace muchos años.

     Presión arterial alta, diabetes, colesterol, insipiente Epoc y alguna que otra cosita, bien controladas y medicadas, algunas desde hace más de 30/35 años, pueden terminar conmigo en un par de días si se juntan un rato con el famoso Covit-19 cuya aparente gravedad radica en agravar superlatívamente aquellas deficiencias que vengo arrastrando por años, impidiendo que los fármacos que me mantienen en pie desde hace años, cumplan su objetivo de resguardarme.

     Es increíble, entonces, que todos los avances científicos que hoy en día nos permiten a los viejos seguir disfrutando de una vida normal, de repente pierdan su mágica aptitud de mantenernos con vida para inclinarse ante un pequeño microbio que tire por la borda tantos años de impecable labor médica y farmaceutica. Si hasta uno se podría poner a pensar si no ha sido adrede!!

     Es cierto que, cada tantos ciclos, estas epidemias generales se ocupan de diezmar a determinados tipos  de individuos; recuerdo bien la epidemia de poliomielitis que padeció la población infantil allá por los 50, que obligó a suspender el inicio de las clases como hasta el mes de abril; también que muchas veces son zonas o lugares determinados los más propicios para el desarrollo de estas epidemias, y siendo así, no puedo rechazar la idea que alguna vez nos debería tocar a nosotros, los mayores.

     Por eso es que estoy asustado; no por no cuidarme o descuidarme sino por el contagio involuntario que podría terminar conmigo en 48 hs. Siempre he pensado que a las personas que van a morir -salvo algún accidente- se les permite como un cierto espacio de preparación que, en el caso de enfermedades terminales, es casi inevitable que no lo utilicen. En el caso de un accidente -lo experimenté hace unos años- hay como un pequeño intervalo, muy breve, durante el cual uno puede arreglar sus pendientes, siquiera con la intención.

    Pero esta situación ambigua por la que hoy estoy atravesando me causa una especie de angustia  que no puedo manejar porque sé que estoy sano, pero que en cualquier momento puedo dejar de estarlo. Es como vivir caminando por una especie de cornisa con el riesgo de caer en el vacío en cualquier momento . Muy difícil de expresarlo, por otra parte, porque como uno está bien, y así nos ven los demás, es hasta absurdo transmitir que uno tiene miedo, pero es así. 

     Y además, como uno tampoco le quiere transmitir a sus seres queridos su propia angustia, no me queda otra alternativa que venir a refugiarme en este blog de relatos por lo menos para sacarme de adentro todo esto que hoy estoy sintiendo. 

     Pensaba anoche en el abuelo de mi abuelo materno, el Dr. Adolfo Korn, médico rural que ejerció su profesión en San Vicente a finales del siglo XVIII. Es que durante la epidemia de la fiebre amarilla que azoló a Bs. As. allá por 1871 integró la Comisión Popular que se constituyó para combatirla y por ahí andaba, de casa en casa, haciendo lo que se podía para combatir la epidemia.

     Su heroico comportamiento de entonces le valió recibir de propias manos del Presidente Sarmiento una cruz medalla de plata, a la manera de la Cruz de Hierro francesa  que se entrega a los combatientes de guerra, como aquí solo volvió a suceder con los ex-combatientes de Malvinas, y que hoy la  guardo aquí, a mis espaldas, como una reliquia. Y pensaba en él porque al mismo tiempo que refrescaba aquella historia, le pedía que, desde el lugar en donde sea que estuviese, me transmitiera algo de su fortaleza de entonces, no solo para poder alejar de mí esta sensación angustiosa que hoy padezco, sino para que si  llegara el caso de tener que padecer del virus, poder con serenidad entregar mi vida -plenamente vivida, por otra parte- con total serenidad.



     

sábado, 4 de abril de 2020

Mateo 1,24 y 2,10


     Estamos en cuarentena por la pandemia del Coronavirus y, además, en Cuaresma, a un día del Domingo de Ramos, el inicio de esta Semana Santa tan especial. El bueno del Padre Erasmo Reyes, antiguo Párroco de Fernández Oro, todos los días nos envía un mensaje de fe muy esperanzador y adecuado a las circunstancias que estamos viviendo.  Una de sus sugerencias ha sido invitarnos a leer el Evangelio de san Mateo, el primero de todos los que fueron escritos -hacia el año 50 o 60- y así lo hice, desde hace unos días

     Si bien no se sabe con certeza parecería que efectivamente fue escrito por Mateo, quien fuera un publicano, vale decir un recaudador de impuestos para Roma y por ende muy odiado por el pueblo judío, no obstante lo cual fue incorporado por Jesús al grupo de Apóstoles de su causa. Este Evangelio, además, fue escrito para ilustración de los judíos que paulatinamente se fueron convirtiendo al cristianismo, ya que una gran parte de la primitiva familia cristiana tenía ese origen y, por ende, en este texto hay numerosas referencias al Antiguo Testamento, como una prueba o demostración de ser una continuación del mismo mensaje divino.

     De los dos capítulos que estuve leyendo en estos días me han quedado como dos reflexiones propias. La primera es con relación a un tema que ha obsesionado durante muchísimos años a los doctrinarios de la Iglesia Católica y es si Jesús llegó a tener más hermanos, porque temen que de ser así tiemble el dogma de la Virginidad de María. Queda bien claro en el texto que la concepción de Jesús fue realmente milagrosa, situación que generó todo tipo de dudas previas en Jose su prometido, hasta que un ángel en sueños le explicó lo sucedido, poniéndole las cosas en claro. 

     Todo este mensaje vinculado con el milagroso nacimiento, a decir verdad, no contradice en absoluto la posibilidad de que luego María no hubiese podido tener más hijos, como lo tenían todas las familias judías de entonces y a la cual ellos también aspiraban. En el texto en griego casi simultaneo al publicado por Mateo en el siglo I, y que luego fuera traducido al latín en la Vulgata, se escribe literalmente que luego de haber recibido Jose el mensaje del ángel " recibió a su esposa y no la conoció hasta que dio a luz a su hijo ", y en la versión en español dice que " ella dio a luz a su hijo primogénito   (Mt. 1, 24-25).
      Y en otra parte de este mismo Evangelio se relata que en un momento en el que Jesús estaba predicando en su patria le avisaron que estaban su madre y sus hermanos que querían verlo (Mt. 12,47-48), texto que siempre ha puesto en figurillas a los interpretes canónicos que se niegan  aceptar esta realidad como si de ello pudiera resultar una ofensa a María.

     Es que para pensar así se tiene que considerar que el hecho de concebir entre un hombre y una mujer es algo pecaminoso, típico pensamiento castrador, cuando en realidad es un acto sublime en el que se comparte con Dios nada menos que el hecho de la creación. Dios nos hizo a los hombres a su imagen y semejanza. ¿ Podría acaso haber ideado un acto pecaminoso para nuestra gestación ? ¿Podría habernos asociado de esa forma a su tarea creadora ? Es ridículo.

     Son y han sido siempre  mentes muy pequeñas las que han forzado argumentos para "salvar" a María de las "garras" de Jose, cuando lo importante es que ocurrió un milagro con el nacimiento de su primogénito, como se dice en el Evangelio con referencia a Jesús, y a esto en nuestro idioma señala al primero de varios hijos; si no hay más hijos no hay primogénito, hay un hijo y punto.

     Además en ese texto original que la Vulgata lleva al latín en forma literal, se dice claramente que Jose "no la conoció a María" (vale decir que no la abordó sexualmente) "hasta que el niño nació" Y esto es así porque lo importante es reconocer la filiación divina de Jesús y para eso fue escogida María siendo virgen, para concebir sin contacto con Jose que era su prometido. Después, ya producido el nacimiento ¿ para qué se querría preservar esa virginidad ? Lo normal y lógico es que ambos constituyeran una familia normal y corriente para su época, con muchos hijos, y así debió de ocurrir.

     Es más, en uno de los Evangelios apócrifos, que no están reconocidos por la Iglesia como textos sagrados pero cuya existencia y antigüedad no se ha puesto nunca en duda, se dice claramente que Jesús tuvo varios hermanos y hermanas; identifica al mayor de ellos con el nombre de Juan; relata que éste estaba muy enojado con su hermano mayor porque siendo extremadamente religioso, como buen judío ortodoxo advertía los desvíos de la prédica de su hermano respecto de las enseñanzas clásicas; y lo enfurecía que al morir Jose su hermano mayor hubiese abandonado a su familia para irse a predicar, cuando su obligación de primogénito -conforme a la ley de Moises- era hacerse cargo completo de su familia, rol que en cambio le tocó asumir a él.

     Relatan esos textos que tanto Juan como la misma María no se quisieron comprometer con la prédica novedosa de Jesús, y en el caso de la madre recién se acercó a abrazarlo cuando iba camino del calvario, y se quedó junto a él al pié de la Cruz, para luego de la muerte unirse a los Apóstoles y permanecer con ellos hasta Pentecostés. En cuanto a Juan, como perfecto judío que era, siguió despotricando contra su hermano hasta que finalmente vio la luz.

     Y así como fue vehemente para discutirlo, luego también lo fue para adherirse a sus doctrinas, no solo convirtiéndose al cristianismo, sino llegando a ser el primer obispo de Jerusalem, y conduciendo a su primitiva Iglesia. Pienso que sería mucho más convincente que la Iglesia católica reconociera este relato, mucho más cercano a lo humano, que de ninguna manera desconoce lo divino, y aceptando que María y Jose fueron un matrimonio normal, y que lo único excepcional fue la incorporación milagrosa de Jesús a sus vidas, de perfectos y fervientes judíos, a quienes un buen día su hijo mayor se les reveló y se volvió "medio loco" (al decir de sus contemporáneos cercanos) porque tampoco ellos podían creer que realmente fuese el Mesias prometido desde tantos siglos antes, hasta que los hechos posteriores a su muerte les corrieran el velo que les impedía ver.

     Una segunda reflexión que me ha suscitado, en este caso, el segundo capítulo de este Evangelio es el tema de la visita de los Reyes Magos, a los cuales se les dedican bastantes párrafos. Es que no me parece por el relato que hubiesen llegado para adorar a Jesús en el pesebre, como siempre se los ha representado, sino algún tiempo después. Veamos porqué.

     Textual "la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño" (Mt 2-9). No dice ni se menciona a ningún pesebre o cueva como en cambio se dice de los pastores que vinieron  adorarle en forma inmediata a la del nacimiento. Es más, el texto de Mateo sigue así: "y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre y postrándose le adoraron (Mt 2-11) Aquí no solo no tenemos referencias al pesebre sino que se habla concretamente de "una casa", y esta debió ser la morada que ocupaban una vez vueltos de Belén en donde, seguro, no vivían, o sí, pero no en aquel pesebre del nacimiento.

     No dicen los Evangelios donde estaba esa casa, pero con seguridad que no era en Nazareth que es desde donde Lucas indica que habían partido para empadronarse en Belén (Lc. 1-4) y adonde los sorprendió el nacimiento. Es que aun si se quedaron allí, no sería en el pesebre sino en una casa. El relato sigue con la reacción de Herodes cuando por esos mismos magos sabe del nacimiento del "rey de los judíos", vale decir nada menos que su cargo, Magos a quienes les recomendó volver con el dato del lugar en donde el nuevo rey moraba. Pero como esto no ocurrió, ya que los Magos retornaron por otro camino (Mt 2-12), se enfureció y mandó matar "a todos los niños que había en Belén y en toda su comarca, de dos años abajo, conforme al tiempo de la aparición de la estrella que había averiguado de los magos" (Mt 2-16).

     De ahí se puede concluir que si Herodes había "cuidadosamente" averiguado sobre el tiempo de la aparición de la estrella a los magos y ordena dar muerte a todos los menores de dos años, este tiempo bien coincide con el que pudieron demorar los Reyes en viajar desde el Oriente, probablemente Persia (hoy Siria), porque la estrella jamás podría haber aparecido antes del nacimiento. Tenemos así que el niño, al momento de la adoración, ya tendría su tiempo de vida, al menos uno o dos años, y por ende ya la familia estaría instalada en una casa, sino en Belén en algún otro sitio de la comarca, vale decir, de la Judea.

     Es cierto que Mateo relata los tres hechos en forma sucesiva: Anunciación, Nacimiento y Adoración de los Magos, pero esto no significa que debieran necesariamente ocurrir secuencialmente uno detrás del otro; simplemente Mateo omitió datarlos ya que, por ejemplo, entre la Anunciación y el Nacimiento también debió transcurrir el tiempo de la gestación, la visita a su prima Isabel que con todo detalle relata Lucas (1,39-56,) en donde permaneció tres meses.

     Hay otro detalle más que me parece que corrobora esta idea y es que luego de haber tenido que huir la familia a Egipto, cuando un ángel le anuncia a Jose que por haber muerto Herodes ya podian regresar, según Mateo, sabiendo José que quien reinaba ahora era el hijo de aquel, "temió ir allá" y avisado en sueños se mudó a la región de Galilea, por ende fuera del alcance de aquel, a una ciudad llamada Nazareth (Mt. 2,22-23), que era una pequeña aldea en donde vivían los padres de María porque sí se sabe que fue alli adonde se produjo la Anunciación.

     Por lo tanto si Jose temió volver a Judea, que es donde en una casa vivían cuando llegaron los Magos, y todo indica que es ahi adonde estaban regresando, queda claro que el pesebre fue el lugar del nacimiento pero no el de la adoración de los magos y, además que esto debió ocurrir bastante tiempo después, y no como nos marca la tradición en forma inmediata a la del nacimiento-.