miércoles, 31 de diciembre de 2014

El "No"............


        " ¿ Siempre dice ´no´ ? Ahora entiendo por qué se la ve tan triste. Ha dejado instalar en su     interior el ´no´, y la sombra de esa palabra es alargada. Destierrela de una vez por todas o     acabará paralizándola"

       Angela Becerra - " Ella, que todo lo tuvo"



     La madre de un niño de poco más de dos años, que todavía no habla, me respondió -cuando me mostré sorprendido porque su pequeño manejaba muy bien el "no" y silenciaba totalmente el "si"- que quizás ello se debía al hecho de escuchar casi permanentemente el "no" en boca de los mayores, cuando se dirigían a él. "No te acerques a eso...."; "¡ no lo toques!!"....."noooooooooooo", expresado en distintas variantes y a diferentes niveles de voz.....y creo que tenía razón.

     No es habitual que nos dirijamos, sobre todo a los niños, instándolos a proseguir con lo que están haciendo con un efusivo "siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii", y en cambio los dejamos hacer simplemente en silencio, o a lo suma acompañándolos con una sonrisa, pero es dificil equiparar nuestras afirmaciones a las permanentes negaciones que nos van escuchando decir.

     Y esta idea, que me pareció correcta para explicar esa diferencia en el lenguaje, me permitió seguir pensando que, en realidad, aquella costumbre tan nuestra tiene aun mayores implicancias, al punto de poder llegar a condicionar muchas de las futuras conductas de esos niños, como con toda seguridad ha venido condicionando las nuestras.

     Ello así, porque pienso que en esa forma de educar, en el no, se encuentra el germen del temor a equivocarse, a no agradar, a no hacer lo que tenemos ganas o como tenemos ganas de hacerlo, en definitiva, nos quita la libertad y la espontaneidad al momento de actuar porque aquellos famosos "no" de nuestra lejana infancia condicionan nuestros deseos e intenciones más genuinas o espontáneas.

     Es más, cuando finalmente resolvemos igualmente transgredir lo que está "mandado hacer" o el "como debe hacerse", aparece casi automáticamente la noción de culpa, en forma más o menos grave, lo cual le quita a nuestro proceder parte de la alegría o del placer.

     Es por lo menos sorprendente que de un pequeño gesto, que es hasta de resguardo hacia los niños, pueda derivarse una consecuencia tan negativa, pero pensemos por un momento si esto no es así y, en todo caso, si no convendría que al dirigirnos a los niños utilizáramos alguna expresión menos terminante y, sobre todo, si no convendría alentar el uso de afirmaciones por sobre las negaciones, vale decir de expresiones que además de resguardarlos, siembren en los pequeños la idea de comenzar a conducirse, sobre todo, sin temores.

     En cuanto a los mayores, la invitación es a reflexionar sobre esos condicionamientos que muchas veces limitan o restringen nuestro proceder, analizando si son propios y por ende voluntariamente aceptados, o son resabios de lejanas negativas paternales e inclusive de temores insuflados con ligereza sobre nuestras mentes infantiles, incapaces de discernir términos tales como el del Cuco....el viejo de la bolsa....el señor que es malo!.....o hasta el abuelo, que se enoja. Creo que ganaríamos en libertad.    

martes, 30 de diciembre de 2014

¿ Y la muerte ?


.    " La muerte se hace real, cuando empieza a                                                                                               penetrar por las rendijas de la vejez "
        Milan Kundera



     ¿ Que es lo que produce hablar o pensar sobre la muerte ? Es como increíble pero a medida que pasan los años, las sensaciones  al respecto sean bastante diferentes.....es como si uno se fuera acostumbrando a su inesperada llegada porque, claro, aun cuando por lo general uno se niegue a hablar y a veces hasta pensar en ella, lo cierto es que -paradojicamente- su llegada es la única certeza que tenemos los seres vivos.

     Pero decía que, al menos a mí, la muerte me ha provocado sensaciones diferentes a lo largo de mi vida. El recuerdo más lejano que guardo es el de un accidente en la ruta en el que murió una íntima amiga de mi madre, tan joven como ella. Aun puedo ver a mamá llorando desconsoladamente junto al teléfono que le trajo la noticia, y desde entonces me ha quedado clara la sensación de tratarse de algo muy serio, puesto que nunca antes había visto a mi madre tan desgarrada.

     Los abuelos suelen ser los primeros seres cercanos que se van de nuestro lado; es la ley normal de la vida; la que lleva a despedirnos de quienes son los más grandes de edad. Con los avances de la ciencia cada vez tenemos a más bisabuelos compartiendo nuestras vidas; de hecho, mi madrina fue una de mis bisabuelas, a quien desde luego no recuerdo; pero las generaciones que nos siguen, con seguridad, tendrán esa primera experiencia de separación con alguno de sus bisabuelos.

     Mi primera experiencia concreta, la que aun recuerdo con pesar, fue la muerte de mi abuelo materno, a quien en realidad no veía muy seguido, no obstante lo cual lo apreciaba y aun me acuerdo claramente las últimas palabras que me dirigió cuando fuimos a despedirnos de él previo a un prolongado veraneo junto al mar, adonde nos sorprendió la noticia un 29 de enero.

     ¿ Que fue lo que sentí en ese momento? Pena....pesar por no poder volver a verlo....pero no fue dolor....quizás porque mis 15 años no me permitían sentir nada más que eso, pena por él....por no saber mucho sobre lo que sería de su siguiente destino y si allí, finalmente, podría ser feliz. Después, cada tanto, moría alguien en la familia, sobre todo de la de mi padre que siempre fue bastante numerosa.

     Tengo así presente las de dos tíos abuelos que fallecieron relativamente jóvenes, dejando hijos de edades cercanas a las mías, por quienes sentía un inmenso dolor mientras les veía caminar con desconsuelo junto al cortejo que avanzaba lentamente hacia el lúgubre lugar en el que quedaban sus cuerpos, mientras ellos tenían que regresar a un mundo nuevo a comenzar a transitarlo sin la cuidadosa y segura presencia que casi siempre, un padre brinda a sus hijos, niños o jóvenes.

     Cuando falleció mi abuela paterna, años más tarde, tenía 24; ya estaba terminando la facultad y, claro está, la impresión fue distinta, no sólo porque a ella si la había frecuentado mucho, sino porque además me daban mucha lástima mi abuelo -su compañero de tantos años- y mi padre, a quien veía sufrir con un sentimiento diferente. Es que como siempre son los padres quienes nos consuelan, frente a cualquier adversidad, uno medio es como que no sabe que hacer o como conducirse cuando al que ve sufrir es a su padre, porque pareciera que el mundo se ha puesto al revés.

     Recuerdo que para ese entonces me sentía inclusive medio como protagonista y ya con derechos a portar del ataud en el que su cuerpo era conducido hasta esa casita fría en la cual se quedó junto a otros parientes de su propia familia que ya la ocupaban desde antes, y a la cual debí volver en dos oportunidades posteriores acompañando los pequeños cuerpos de esos dos hijos míos que nos dejaron tan tempranamente

     Luego vino la muerte de mi abuelo paterno....cuando yo ya me había recibido, casado y era padre de un hijo nacido dos meses antes; su partida fue muy sentida por mí por haberlo podido compartir no sólo familiarmente sino como introductor o maestro en el mundo del Derecho, que tanto a él como a mí siempre nos apasionó. Fue muy homenajeado, además, porque fue una personalidad importante en el mundo de la cultura, y yo me sentí en aquel momento muy orgulloso de ser su nieto

     Algo después falleció "Maina", mi tía abuela más bien abuela materna postiza, muy pero muy querida y querible, y con quien compartiera prácticamente mi infancia y adolescencia; y como cerrando un ciclo, muchos años después nos dejó mi otra tía abuela, Sara, que compartió muchos años con nosotros y con mis hijos por quienes tenía una debilidad muy especial, sobre todo cuando eran bebes.

     Yo ya era para ese entonces un hombre grande y maduro, y sin embargo sentí muchísimo su partida, aun cuando no podía desconocer que era un tránsito inevitable luego de haber celebrado, orgullosamente bien, sus 90. En tanto había tenido que dejar pasar hacia el otro lado a dos de mis hijos, pequeños y débiles, que no soportaron las inclemencias de la vida y por allá andarán, desde hace 40 años, aguardando por un encuentro. Empero, en aquellos tristes momentos el dolor que sentía, en realidad provenía de tener que verlos sufrir, de modo que hubo que elaborar y finalmente aceptar que ese final bien podía ser una salida para los males que, sin remedio, los aquejaban.

     En vez, cuando muchos años después fue mi hijo quien debió pasar por esa dolorosa experiencia de tener que despedir a un hijo pequeño, el intenso dolor que en ese momento experimenté provenía más que de la pérdida, del hecho de no encontrar la forma de poder consolar a mi hijo, a quien veía sufrir tan descorazonadamente.

     Pero todas esas muertes -excepto la de los infantes- fueron vividas como algo inevitable, previsible y en lo personal, muy lejano de la mía, de manera que la vida continuaba y los proyectos invitaban a nuevos desafíos, hasta el momento en que me alcanzó la muerte de mis padres. La de mi madre más temprana -a mis 48- y la de mi padre nueve años después. Estos sí fueron golpes más fuertes porque, claro está, los padres son nuestra referencia en la vida....nuestro anclaje....nuestro origen.....y hasta nuestra explicación vital y es muy fuerte perderlos  porque uno se queda medio como perdido y sin brújula.

     Pero a todo se acostumbra el ser humano y, repentinamente, uno asume que ha llegado a la primera trinchera, la del frente sin nada delante que nos cubra....y que uno debe ocupar un lugar que en su momento tenían nuestros abuelos y luego nuestros padres, abuelos a su vez de nuestros hijos hasta que nos dejan ese sitio y somos nosotros ahora los abuelos, en un ciclo que es como inevitable.....y es ahí cuando uno comienza a preguntarse ¿ como seguirá esta historia sin fin?.....¿cuando ocurrirá?....¿en donde?

     Tenemos certeza, los creyentes, que volveremos a reunirnos con aquellos que nos han precedido; que todos avanzamos juntos en el mismo tren, pero en vagones diferentes, y que en algún momento dejaremos éste para pasar a otro, que está más adelante. Esto que dicho así parece muy fácil de explicar, en realidad es muy difícil de aceptar; uno se resiste porque ignora y, en lo personal, creo que deliberadamente se nos impide conocer lo que viene porque hacia allá querríamos partir de inmediato, y alegremente.

     Es más, tengo la convicción que al salirnos del tiempo el encuentro con los seres que nos precedieron será inmediato, aun con aquellos que no han partido, los que se quedan; que el tiempo, lo temporal, viene a ser algo así como el límite que diferencia un vagón del otro, hasta que de golpe lo que desaparece es el tren y todos juntos nos encontramos, en algún sitio, atemporal.

     Puede ser que inclusive volvamos a someternos a las limitaciones temporales, en una secuencia interminable, que con otros disfraces corporales nos propongan alternativas y desafíos diferentes, pero lo cierto es que por ser temporales serán vidas también temporarias, que concluirán del mismo modo que algún día se terminarán nuestros días, para reanudar en otro sitio ese maravilloso encuentro de aquellos que se aman entre sí o se han amado a lo largo de los tiempos, para que así -unidos- permanezcamos para siempre.


























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En España, lo que más me gustó.....


      ...de Andalucía.....


          Fue Ronda,una pequeña y antigua población enclavada en las sierras, con sus callecitas subiendo y bajando al compás de los vaivenes del terreno y con casas muy antiguas a cada lado, la cual está dividida en dos por un cañón por donde corre el río Guadalquivir, que es cruzado en altura por un altísimo puente construido en el siglo XVIII como coronando una inmensa puerta, y que se levantó junto a otro, mucho más antiguo, de la época de los romanos.

                                                                       
                                                                    El puente y Ronda

     Como todas las ciudades antiguas tiene una parte vieja, muy linda y bastante bien conservada, donde se encuentran varias iglesias y antiguos palacios que es adonde se dejan los autos que no pueden circular por sus calles. Desde ahi, descendiendo por una cuesta se llega al barrio de San Francisco que es desde donde se puede observar el viejo puente y partes de la antigua muralla que rodeaba la ciudad en época de la conquista mora.

     Entre las curiosidades que me enteré estando allí es que quien quiso ser enterrado en ese lugar fue Orson Wells, el conocido directos de cine nortemericano de la primera mitad del siglo XX. 


...de Galicia..

          Fue una pequeña playita sobre el Catábrico llamada As Catedrais, que tiene no más de un kilómetro de ancho y a la cual se accede descendiendo por unos inmensos acantilados que además se extienden como altas columnas aisladas que se van metiendo en el mar y que conforman como una inmensa catedral al aire libre.

                                                                     
playa as catedrais

          Nosotros tuvimos la suerte que nos indicaran el lugar unos argentinos radicados en Asturias, porque no forma parte, lamentablemente, del circuito turístico, o más bien por suerte, porque uno puede disfrutar tranquilo de toda esa belleza sin tener que compartirla con cientos de personas más.

          Almorzamos un mediodía muy agradable al aire libre, en una mesita junto a los acantilados, y luego descendimos hasta la playa, bañada por las olas del mar que esa mañana estaba tranquilo, y que cada tanto invadía la playa hasta cubrirla casi totalmente, mojando nuestras piernas hasta algo más allá de las rodillas. Una verdadera joyita para la vista y para todos los sentidos.-

....de Burgos.....

          Sin duda que la Cartuja de Miraflores, situada a unos tres kilómetros de la ciudad y a la cual se llega por un lindísimo camino que es parte del de Santiago. Construida a mediados del siglo XV por el rey de Castilla Juan II, es un edificio gótico compuesto por una vieja y silenciosa iglesia que en su parte superior se transforma en sepulcro real al guardar los restos de ese rey y de su esposa, Isabel de Portugal, nada menos que los padres de Isabel la Católica, y en donde también se encuentra la tumba del pequeño Alfonso, hermano mayor de Isabel e Infante de Castilla, fallecido misteriosamente a los 14 años.

                                                                              
Cartuja de Miraflores

          La Cartuja está situada en el medio de un bosquecito y, como llegamos temprano, nos quedamos un rato afuera, sentados en unos bancos de piedra, viendo como un pastorcito paseaba por el lugar a un montón de ovejas que, muy mansas, seguían el sonido de un cencerro, mientras pastaban. Fue todo un espectáculo adicional al de la Cartuja, un viejo pero restaurado edificio de piedra que actualmente sigue siendo utilizado por los monjes cartujos, de manera que lo único que se puede visitar es la iglesia, que tiene un altar mayor magnífico, de madera tallada.


....de Madrid.....

          Fueron los madrileños y su alegre forma de vivir. Yo no se si para quienes viven allí todos los días esto es igual, pero para quienes pasamos por allí algunos días, cada tanto, esa forma de vivir nos es increiblemente agradable. Me gusta, además, ver como les gustan sus cosas, con pasión: sus toros, así esten a favor o en contra de las corridas; su monarquía, que tiene detractores y defensores casi en igual medida que los toros; sus tradiciones, como los festejos de San Isidro en la Plaza Mayor, con niños y grandes disfrazados con ropajes de madrileños antiguos; sus paseos; sus tardecitas en las veredas de los bares; sus anchas avenidas; esa maravillosa Gran Vía que me enamora caminarla a paso de tortuga y mirando hacia todos lados; sus barrios, tan diferentes y con tanta personalidad propia cada uno de ellos; en fin, Madrid toda, su gente y sus costumbres.

                                                                           
Chulapas y chulapos madrileños

          Las salidas nocturnas de tapas; los alargados y tardíos almuerzos de cocido y vino a las 4 de la tarde; las tertulias; las discusiones eternas entre los del real y el "Aletic", con sus respectivos festejos en lugares dispares; sus tranquilos jardines en el Parque del Retiro; la seriedad de sus museos de arte; el bullicio de la Plaza Mayor; el oscuro silencio de las iglesias; las noches en la Chueca; en fin, todo eso y, sobre todo, la alegría desbordante de su gente.


....de Asturias.....

          Fue el camino que, desde la ruta costera, se dirige hacia la playa de Cudillero. Esta es una playa enorme y ancha, que da frente al Cantábrico, pero que no deja de ser una playa más de las tantas que he pisado; pero el recorrido desde la carretera del norte hasta ese sitio es un camino imposible de olvidar.

                                                                           
                            la playa de Cudillero vista desde el camino por el cual se desciende

     El camino va avanzando por el medio de un bosque, con curvas y contracurvas, sobre un pavimento perfecto y, repentínamente, como si fuese por una gigantesca ventana, se aparece allá abajo el mar, de un color celeste acero fuerte, y esa mañana muy sereno pero que es fácil adivinarlo bravío. Detuvimos el auto y nos quedamos admirando esa maravillosa vista desde esa pequeña altura, desde donde se podía contemplar, además del mar, como el verde del bosque se extendía por las laderas hacia abajo, casi hasta llegar a las propias orillas, para toparse con una centena de casitas pequeñas, todas iguales. Una maravilla !!


....de Córdoba......

          Me gusto mucho la ciudad, por la cual anduve varias veces, hasta con un calor de más de 50° a la sombra, y así y todo la pude disfrutar muy bien; pero lo que más me atrajo fue su viejo puente romano sobre el Guadalquivir, también conocido como puente viejo, que cruza el río junto a la no menos famosa Mezquita, uniendo el barrio más antiguo de la ciudad, llamado de la Catedral, con el Campo de la Verdad, y que durante veinte siglos fue el único que unió esas dos orillas de la ciudad.

                                                                 
                                                   El puente viejo, tal como es hoy

           Del siglo I de nuestra era y con una longitud de más de 300 mts., está construído sobre 16 arcos y, en el extremo opuesto al de la Mezquita se levanta la Torre de Calahorra que servía de defensa a la ciudad en la época de la dominación mora. Hoy en día es un puente peatonal que la gente recorre con mucha parsimonia y alegría, junto a ciclistas y patinadores que se hacen allí un festín.

          En el otro extremo se encuentra la Puerta de la Antigua Muralla que rodeaba la ciudad y por ella entramos una noche en que nos hospedábamos del otro lado del río, disfrutando de ese viejo y remozado puente desde donde se tienen unas increibles vistas de la gigantesca Mesquita, otra maravilla de la arquitectura morisca, hoy convertida, en parte, en fastuosa Catedral que así se ha apropiado de tesoros ajenos.


....de Sevilla.....

          ¡ Que no decir de Sevilla !!.....me gustó todo.....absolutamente todo. La impresionante Catedral, desde luego, los barrios comerciales antiguos, hacia el Arenal, esa lindísima Plaza de Toros; me gustó caminar junto al río, también el Guadalquivir pero mucho más al sur; cruzar despacio hasta la isla de Triana; trepar a la Giralda para apreciar la ciudad a tus pies; como también me fascinó hacerle una silenciosa visita a la Virgen Morena, la Macarena, con sus lágrimas en el rostro y su eterna cara de tristeza.

          Pero obligado a elegir un lugar me quedo con el Barrio de Santa Cruz, pegado a los jardines del Alcazar, y que en su tiempo fue el asiento de la judería, vale decir, de la inmensa comunidad judía que se alojaba en la ciudad, hasta que fueron expulsados a fines del siglo XV.

                                                                      
                                                   el barrio de Santa Cruz en Sevilla


          Lleva ese nombre por ser el de una pequeña iglesia que se levantó en donde se encontraba la Sinagoga, enfrente de una lindísima placita repleta de naranjos, mientras que sus calles son un laberinto, por supuesto peatonal, que invita a transitarlo pausadamente, para regresar una y otra vez, inclusive en horarios nocturnos en que se transforma en un inmenso festival de bares y restaurantes, con mesitas instaladas junto al fresco de la noche.

          Es un lugar ideal para dejarse llevar y trasladarse, mentalmente, hacia otros tiempos, muchos más duros, en los que tantos y tantas que por allí vivieron lo padecieron por esos inexplicables -hoy en día- desencuentros religiosos que tanto mal le han hecho a la humanidad.


.....de los paises Vascos.....

          Zarauz, un pueblito encantador, por supuesto junto al mar Cantábrico, hoy en día una esplendida villa turistica a unos 15 kmts. de San Sebastian, que fue fundada por el rey Fernando III de Castilla durante el siglo XIII para ser poblada por pescadores. Su playa es incriblmente extensa, una de las más largas de todo el Cantábrico, y junto a su paseo marítimo se levantan inmensos palacios y mansiones construidos para la alta burguesía durante el siglo XIX.

                                                                 
                                                                         Zarauz

          Por allí aparecimos un mediodía de finales del verano de la mano de nuestro gran amigo Rafael Sierra Azpiazu, con quien fuimos a almorzar a uno de los restaurantes más lujosos y bien atendidos de toda España, el de Arguiñano, ese simpatiquisimo cocinero vasco de la televisión, y en el cual disfrutamos de una comida de excepción. Luego del almuerzo salimos a tomar un poco de aire marino a una muy agradable galería, con el mar alláa abajo, esa mañana algo movido por el viento, y aunque me quedé con las ganas de bajar a la playa y de pisar su arena, el lugar se ha quedado fijado en mi memoria como una de las más deliciosas de todo el norte de ese tan cálido país.


....de Rioja.....

      En el valle del Ebro, corazón de los vinos " rioja " fue haber podido visitar una bodega en Haro. Veníamos viajando en auto desde Burgos con rumbo a Vitoria cuando de repente ante nuestros ojos apareció un inmenso valle, todo verde y muy fértil, y nos metimos por alguno de los caminos rurales que lo surcaban.

          Eran cientos de hectáreas de viñedos, los célebres viñedos de Rioja, y por entre ellos nos fuimos metiendo hasta llegara una población a la que entramos: era Haro; linda, limpia, con un pequeño centro comercial en que los negocios ya estaban cerrados por el descanso del mediodía, pero alcanzamos a averiguar por un par de bodegas que no interrumpían sus visitas guiadas, y hacia una de ellas nos fuimos.

                                                                       
                                                        El valle del río Ebro en Rioja

          Y eso fue lo que más me gustó de la región, haber podido ver el proceso de fabricación del vino en una de las bodegas más antiguas de la zona, cuyo nombre no he logrado retener en el tiempo. Pero sí recuerdo perfectamente la visita y sobre todo, el viejo proceso del vino que allí siguen produciendo en enormes toneles de madera y que es envejecido en barricas más pequeñas que ellos mismos fabrican, así como filtran las impurezas que quedan en el vino luego del proceso con cientos de claras de huevo que, al descender, las van arrastrando hacia el fondo de los toneles, todo lo cual tuvimos oportunidad de verificar personalmente.

          El vino en el que estaban trabajando era de uva tempranillo, que fue en ese lugar adonde la conocí, porque los vinos en España no llevan la uva registrada en la etiqueta porque basta con mencionar la región para saber cual es la uva utilizada para su elaboración. También ese día aprendí que la uva de " los rioja " es la tempranillo, oscura y fuerte. La verdad que una experiencia maravillosa, que terminó algo más tarde almorzando en un viejo bodegón un riquísimo mondongo que allá recibe otro nombre, pero que bien regado con ese rioja local que nos pedimos, sonó a maravilla.

.....de la Mancha......

          Esa tierra muy árida en donde, quizás, los famosos molinos serían lo más destacable. Sin embargo, para mí lo inolvidable es un desfiladero en altura que se encuentra en el paso por la sierra Morena, cuando uno va o vuelve de Andalucía. Tiene sus paredes de piedra cayendo abruptamente hacia el vacío desde una altura de más de 500 mts., mientras la ruta trepa o desciende zigzagueando, según uno venga o se vaya de Madrid: el Despeñaperros, por el nombre del río que corre allá, bien abajo.

                                                                 

                                                            El paso por el Despeñaperros

          Uno viene observando el camino y la obra de ingeniería que son las vías del tren, allá, bien arriba, cuando de repente -en el camino que retorna a Madrid- se aparece un barcito y restaurante que es muy dificil de olvidar, porque está total e íntegramente dedicado a realzar la figura de Franco, su persona, su historia, sus símbolos, hoy por hoy toda una rareza en la España post franquista. Pero ese lugar ha quedado resguardado como un atrevido homenaje de un fanático que no se resigna a vivir en el presente, y que en su osadía nos permite conocer un poquito de aquellos tiempos.


.....de Mallorca.....

          Esa isla tal agradable plantada en el Mediterráneo junto a sus tres hermanas más pequeñas: Menorca, Ibiza y Fermentera, a ninguna de las cuales he llegado, aún. Palma, su capital, es una ciudad de ensueño, con sus calles limpias y repletas, precisamente, de palmeras, pero lo que más me gustó de la isla fue un pequeño pueblo del interior, Valledemossa, de apenas unos 2.000 habitantes, que me encantó.

                                                                     
                                                                      Valldemossa

          Sus callecitas, empinadas, empedradas, estrechas y totalmente protegidas por la sombra de árboles inmensos, que se han quedado detenidas como en un tiempo muy lejano, de mejor pasar, y adonde se puede visitar la famosa Cartuja en la cual moraron durante un largo invierno Chopin y George Sand, y  cuyas habitaciones -que aun conservan el piano- visitamos. Parece que también en diferentes épocas pasaron por allí Ruben Darío, Borges y Jovellanos, entre otros. Yo también me hubiese quedado.


....de la Costa Brava......

          Fue Cadaqués, el punto más oriental de toda la península ibérica y adonde hay que dar toda una vuelta por caminos de montaña para poder llegar. Originariamente dedicado a ser un pueblo de pescadores, ya que se encuentra bien pegado al mar, desde que Salvador Dalí la convirtió en su refugio han sido muchísimos los catalanes que buscaron descanso en sus casas, todas blancas y ubicadas en callecitas peatonales que van ascendiendo paredes montañosas.

                                                               
                                                                      Cadaqués

          Al llegar hasta arriba, en donde se encuentra la iglesia, se puede apreciar una vista espectacular de todo el pueblo y de su pequeña playa o cala. Estábamos parando en un hotel con vista a esa playita y las vistas que teníamos nos tenían cautivados, al punto que Anamá se planteó bastante en serio la posibilidad de quedarse -entonces o en algún momento de su vida- a vivir allá. Yo no lo dudaría.


lunes, 22 de diciembre de 2014

En Francia, lo que más me gustó......


     ....de Paris....


     Por supuesto que fue París....así....todo.....completo.....pero puesto a elegir un sólo lugar creo que me quedo con una placita, la place des Voges en las cercanías de la Bastilla, en el Marais y según leí en algún lado, la zona más antigua de la ciudad. Es una plaza muy especial porque está rodeada de 36 casas simétricas, 9 por lado, exactamente iguales, con empinados techos de pizarra, grandes buhardillas, de estructura de madera pero pintadas imitando ladrillo vista, buenos ventanales y grandes arcos cubriendo una suerte de arcada, todo lo cual hace que mirando hacia donde se mire, se tiene siempre la misma visión.

                                                                               

( Place des Voges - París )

     La plaza es muy agradable y bulliciosa, con bastante verde y buenos senderos para circular entre los cuidados canteros, bancos donde sentarse a descansar y algunos árboles frondosos como para poder tirarse debajo, a su sombra. La verdad una maravilla en el centro de la ciudad, y además, si se tiene suerte con los horarios, en uno de sus ángulos se encuentra la que fue la casa de Victor Hugo, el famoso escritos, dramaturgo y político, en donde actualmente funciona un museo

....de la Normandía.....

     Sin dudas la Abadía del Mont St. Michel situado en lo alto de un promontorio que a su vez es una isla abierta al mar del Canal de la Mancha y que con las mareas queda totalmente aislada de la tierra firme por la cual -durante la bajamar- se accede. Arriba de todo, en la cumbre y luego de trepar algo más de 300 escalones de piedra, se encuentra la Iglesia Abacial, cuyo crucero principal se levanta sobre la propia roca y los laterales sobre los edificios más bajos.

                                                                            
( La Abadía del Mont. St. Michel)

     No llegué hasta arriba porque, la verdad es que me asustó un poco cansarme, y me quedé sentado en un banco de piedra, más o menos hacia la mitad del recorrido, esperando que Anamá -que subió- regresara, pero la vista exterior, sus callecitas internas, lo incríble de su construcción bien merecen del apodo con el cual se la conoce: " la maravilla ". También pudimos verla de noche, totalmente iluminada, y a la distancia parecía como un barco lejano con el cual uno se puede cruzar en mitad de la noche.

....del Valle del Loira....

     Es cierto que cada uno de los Castillos del Loira tienen su propio encanto y tuve la suerte de conocer unos cuantos. Sin embargo me quedé como prendado del pequeño pueblito que crece a la vera del de Amboise, cerca de Tours. Como detenido en el tiempo, con calles peatonales estrechas, negocios pequeños pero muy alegres, con gente tranquila y amable y sus casitas blancas y de techos de pizarra de no más de dos pisos.


                                                                                 
( Amboise)

          Tuve la suerte de recorrer sus calles dos veces; la primera fue más fugaz, durante una excursión en la que uno no puede manejar los tiempos, pero me quedó como prendido en mi memoria el deseo de volver....y muchos años después pude hacerlo a mi tiempo. Esta vez, además, con Anamá nos sentamos a almorzar una mañana de mucho sol, en una de las mesitas colocadas en la vereda de uno de los muchos barcitos y restaurantes que se extienden a lo largo de la calle contigua al costado del Castillo, como a su sombre, mientras veíamos el incesante desfile de personas. Un verdadero placer, y muy buen preludio de lo que sería la posterior visita al famoso Castillo de Francisco I, y que en la pasada anterior no habíamos tenido la oportunidad de visitar.


.....del país Vasco francés....

     En el lugar que más me gustó de esta zona, en realidad nunca estuve, sino que lo ví desde la distancia y desde allí me cautivó. El puertito deportivo de Saint Jean du Lux en la frontera con España, entre Biarriz y San Sebastian y pegado a Hondarribia ó Fuenterrabía en euskera, ya en España. Estábamos parando en San Sebastian y nos habían recomendado visitar en la frontera el pequeño poblado de Hondarribie y allí estábamos cuando desde una especie de mirador que daba a una tranquila desembocadura de un río, vimos del otro lado de éste un lindísimo y tranquilo puerto de embarcaciones deportivas que, a esa hora del final de la tarde, se movían aletargados ante el movimiento provocado en el agua por el paso de un moderno velero.


                                 ( Puerto deportivo de Saint Jean du Lux
                               en la desembocadura del río Bidasoa)

     No pude dejar de pensar en aquellas poéticas palabras de Gringo, mi padre, cuando escribió aquello de " quiero que me recuerden como a un viejo velero entrando a puerto, con la última brisa de la tarde ". Estar allí, en ese atardecer y viendo entrar al puerto a un velero, aunque fuera moderno, me puso un poco la piel de gallina por el recuerdo, pero al mismo tiempo me encontré pensando en cuanto habría disfrutado mi padre de un espectáculo así, no ya para recordarlo como uno de sus lugares favoritos sino para pedir que así le recordáramos. ¡ Disfrutar de esa vista fue un placer total!

      Reconozco que tengo -además- como una especie de atractivo especial por los veleros y los puertos deportivos que los albergan, pero ese que se veía allí, al otro lado del río que hace de frontera, era espectacular. "¿ Que es aquello" -recuerdo que pregunté- " es Saint Jean du Lux" me respondieron, el último pueblito francés antes de entrar a España.

     En realidad todo el sector es el país vasco, de un lado y del otro de los Pirineos, y aunque a mis amigos españoles no les guste, reivindico haber sido educado por curas lourdistas, provenientes de esa zona dura de montaña que une -no separa- a los dos países, geográficamente hablando, pero que constituyen culturalmente un mismo pueblo, una misma etnia, muy anterior a la demarcación fronteriza.


.... de los Pirineos.....

     Sin ninguna duda que fue esa maravilla que es Andorra, o más bien ese largo valle que se extiende desde lo más alto de la montaña hasta la ciudad de Andorra la Veja que allá abajo, aguarda la llegada del viajero. Claro que, en realidad, no pertenece a Francia, pero es como una pequeña isla dentro del territorio francés. Ese camino, salpicado de pequeños pueblitos que se extiende a lo largo del camino que va bajando desde los Pirineos, serpenteando entre los valles, es sin lugar a dudas un paisaje inolvidable.

                                                                 
                                                        ( hacia Andorra la Veja por el Valle)

....de la Provence....

     En este caso me ocurre lo mismo que con París ya que toda esta región es fascinante, pero puesto en la necesidad de elegir un punto me quedo con St. Paul de Vence, un pequeño pueblito medieval enclavado en un cerro, con callejuelas empedradas y construido dentro de una murallas levantadas en el siglo XVI, poblado en el que sus casas, hoy totalmente renovadas, han mantenido sus fachadas originales, y en las cuales funcionan una gran cantidad de galerías de arte de primer nivel.

                                                                                  
                                                                 St. Paul de Vence

....del sur....

     Fue una ciudad de la cual había leído mucho por su historial vinculado al Pontificado: Avignon, adonde se instaló durante casi un siglo, la sede de los Papas en el siglo XIV, bajo "la protección" de los reyes de Francia. Siempre había querido conocerla, a lo cual se unía mi curiosidad por averiguar acerca de la realidad del puente bajo el cual, según la vieja canción infantil, todos bailan y todos cantan.

     Por esa razón es que habiéndonos una tarde acercado a conocer un puente romano sobre el Ródano, al volver hacia nuestro hospedaje vimos en el camino una flechita indicando que allí cerca se encontraba Avignon, y por supuesto que para allá nos fuimos. La ciudad es, como casi todas las de esa zona del sur francés, de edificios bastante antiguos, calles empedradas, una costanera sobre el río, etc. etc.

     Pero lo increíble fue encontrarnos repentinamente con la majestuosidad del Palacio de los Papas, una verdadera maravilla, por supuesto del siglo XIV, vale decir un siglo antes del descubrimiento de América. La visita fue muy interesante y muy bien explicada, pero lo que a mí me fascinó fue pensar todo lo que había ocurrido entre esas paredes y en los intereses tan materiales que por aquel entonces dominaban a la Iglesia.

     Al salir, casi bajo una lluvia finita pero intensa que nos dificultaba mucho la marcha, llegamos a ver a la distancia el famosisimo  puente de la canción, de piedra y construcción antigua, con dos o tres arcos y una casita de madera en el centro, como para imaginar por ahí a las lavanderas, las planchadoras, las cocineras y todas las bailarinas del planeta. Muy bueno !!
                                  ....bajo el puente de Avignon todos bailan....todos bailan !!!                    


...de la zona viñatera....

     Si bien la ciudad de Burdeos, que es casi, casi, la capital mundial del vino, nos pareció un ensueño, lo que más me gustó de toda esa zona del sudoeste francés fue el pequeño poblado de St. Emilión, adonde creo que llegué más por la influencia del viejo blanquito que, bien frío, se tomaba en cálidas noches de verano en mi juventud.

          Pero me encontré con un pueblito medieval muy simpático, pequeño, sobre la ladera de una montaña, lugar que fuera en sus orígenes el refugio de un viejo monje benedictino, muy ermitaño, que allá por el siglo VIII habitó allí en una cueva que aun hoy se venera  como lugar de peregrinación. Todas las casas eran de piedra, macizas, al igual que las calles adoquinadas, y con dos o tres monumentos que se recorren en un rato, en pequeños grupos.

                                                                    
                                                                     St. Emilión

          También es una zona de importantes viñedos, junto a bodegas que utilizan las muchas cuevas que hay en el lugar como lugares de reposo y añejamiento de los vinos. La verdad, un lindísimo y muy recomendable lugar para quienes circulen por esa zona, del que además se destaca el camino de acceso que avanza entre el verde de los viñedos, el celeste del cielo y el blanco de las píedras de las casitan que, cada tanto, van salpicando ese valle.-



miércoles, 17 de diciembre de 2014

En Italia, lo que más me gusto.....


....de Sicilia.....

     Creo que fueron sus mares. Sicilia es una enorme isla triangular cuyas costas se encuentran bañadas por tres mares distintos. Por debajo, hacia el sur, el Mediterráneo; hacia el norte el Tirreno y al este el mar Jónico.. Durante un viaje que hicimos por allí en el 2013 pudimos disfrutar de los dos últimos, fundamentalmente del primero en un pequeño pueblo llamado Corfú y desde Taormina y Giardini Naxos del segundo, que personalmente fue el que más me gustó de los dos.

     Quizás influyó su color, bien oscuro, de un azul muy nítido, y su calma, al menos durante nuestra estadía a finales del verano; quizás fueron las extraordinarias vistas que teníamos desde nuestro hotel -el Capotaormina- prácticamente levantado en altura sobre los acantilados que se levantan junto al mar, proporcionando unas vistas increíbles del que se perdía parejito ante nuestros ojos, hasta perderse en el lejano horizonte.

                                                                       

                                                                  ( el mar Jónico )

     La playa a la que bajamos fue en el balneario vecino de Giardini Naxos, apenas a unos pocos kilómetros al sur de Taormina, con playas anchas, de arena, y un mar bastante calmo, del que lamentablemente esta vez no pude disfrutar por estar con mi fractura del hombro en plena inmovilización. Apenas mis pies le rozaron, pudiendo transmitirme una sensación muy agradable de agua templado.

       Tampoco me pude bañar en el Tirreno, de aguas bastante más claritas, de un celeste fuerte y un poco más movidas, de un mar más abierto y por ende no tan resguardado por la costa, como las de Taormina. La playa de Corfú era muy agradable, aún cuando el único día que bajamos el tiempo no ayudara porque recién acababa de dejar de llover; pero se la adivinaba muy concurrida y alegre. Aquí ni siquiera mojé mis pies en el mar, que me quedé como embobado disfrutando con la vista.

                                                   

                                                      (  en Corfú, junto al mar Tirreno)

....de Venecia.....

      Fue todo.....una ciudad que me maravilló quizás como ninguna otra en el mundo. Pero puesto a elegir sobre los que más me gustó, fue un largo paseo a pie que hicimos una mañana -con amigos- por el lado derecho del gran canal, desde luego mucho menos concurrida que la margen izquierda que es un mundo a todas horas. Venecia, por supuesto, es un lugar muy especial, casi único en el mundo, pero claro, por eso mismo es que son miles las personas que día a día llegan hasta allí para disfrutarla.

     Durante el viaje por Italia que hicimos a comienzos del otoño del 2013, tuvimos la oportunidad de estar dos veces, al principio y al final de un crucero, razón por la cual, al regresar ya habíamos podido visitar sus zonas más emblemáticas y concurridas, como la Piazza San Marco, la Catedral, el Palacio Ducal, etc. Pero yo sentía que tenía como un pendiente con la margen derecha y cuando propuse recorrerla, los amigos que me acompañaban aceptaron, y hacia allá partimos.

     Y claro, la diferencia de perspectivas fue total, porque al no encontrarnos casi con nadie se pueden apreciar todos los sitios con tranquilidad y así disfrutar de cientos de rinconcitos que de no ser así pasan totalmente desapercibidos. Esa mañana otoñal nos encontramos con varias "piazzas", rodeadas de bares con sus mesitas abiertas al sol; con pequeños puentecitos junto a los cuales dormían barcazas y góndolas cubiertas con lonas de colores; con pequeñas iglesias, vacías de gente y repletas de arte y de historia; en fin, con una Venecia que es la de sus habitantes.

                                                               


     No quedó allí el paseo pues, repentínamente, nos encontramos con el bullicio del Mercado en el Rialto; y  después de cruzar su emblemático puente seguimos hasta la Piazza de San Marco como para una despedida del lugar y luego recorrimos, admirados,. todo ese sector de importantes y antiguos palazzos que se encuentran en la parte de atras de la plaza y hasta el puente dell Acadamia. Sin embargo y más allá de esta grandeza y esplendor, me quedo con aquella primera parte del recorrido, la de las callejuelas tranquilas de la márgen derecha, que con Anamá volvimos a recorrer al día siguiente, despaciosamente, hasta el momento de tener que emprender nuestro regreso.


...de Roma....

     Sin ninguna duda que fue la Capilla Sixtina en el Vaticano. Roma tiene monumentos muy variados que marcan el paso de los siglos; sin embargo, puesto a elegir, creo que me quedo con los colores de esa pequeña capilla que se encuentra al final del recorrido que se hace por los Museos del Vaticano. Estuvimos allí en el 2005 -hace casi 10 años!!- y cuando creíamos que habíamos agotado todas las bellezas y reliquias que se nos fueron presentando sucesivamente, el guía que nos acompañaba nos señaló la entrada a la capilla porque ahí concluía su tarea ya que adentro no se podía hablar, y entonces entramos solos.

     La indicación de guardar silencio, en realidad, está totalmente demás porque uno realmente se queda sin habla. Es el color imponente de las pinturas de esa bóveda repleta de figuras, la que se viene como encima de uno, dejándole atónito. Buscamos algún sitio donde poder sentarnos, lo que nos costó un poco, pero finalmente nos instalamos sobre los escalones que suben hacia los asientos de los costados y desde ahi nos pusimos a mirar hacia arriba. ¡ Que increíble !!


                                                     Techo y laterales de la Capilla Sixtina

     Pensar que se trata de la obra de un solo hombre hace que no se pueda dejar de pensar en el genio que fue Miguel Angel, ya que sus pinturas te atrapan y te atraen, sin poder dejar de mirarlas todo el tiempo. En la Capilla esa mañana había mucha gente y por supuesto que se sentía un murmullo generalizado, a pesar de las continuas llamadas a guardar silencio que hacían los guardias; también en el lugar, esa mañana de mayo hacía muchísimo calor, pero nada importaba ni agobiaba; allí estábamos ensimismados y como atontados frente a lo que teníamos allí, al alcance de nuestros ojos.

     Luego giramos hacia el pequeño altar que se encuentra en el fondo y allí nos encontramos con otra maravilla: el gran mural del Juicio Final, en tonos azules, intensos, y con la perfección en cada una de las figuras que lo protagonizan. Otra vez nos quedamos mudos y paralizados, sin atinar a nada más que a disfrutar casi hasta que los ojos nos pidieron "! basta!". La verdad es que fue una experiencia maravillosa, más allá de sabernos en un sitio que tanto ha representado en la historia de la Iglesia, por ser el lugar en donde, desde el Renacimiento, se vienen eligiendo a todos los Papas que la gobiernan.

                                                                     

                                               El gran Mural del Juicio Final de Miguel Angel

     El descenso hacia la Piazza di San Pietro por la famosa Escala Real que desemboca en la no menos famosa Puerta de Bronce, custodiada por la Guardia Suiza, fue sin lugar a dudas el broche adecuado a una visita que nos resultará inolvidable, y que aun tenemos fresca en la memoria, a pesar de los años transcurridos desde entonces.-

...de Capri....

     Si bien es muy difícil decidirme por "el" lugar que más me gustó de Capri, ya que se trata de uno de esos lugares de ensueño adonde uno quiere volver siempre, puesto a tener que elegir uno creo que me quedo con la Grotta Azzurra. Si bien habíamos escuchado cuentos y relatos relacionados a ese lugar, el poder apreciarlo por nosotros mismos es uno de los recuerdos más agradables que tengo de nuestros viajes.

     Veníamos dando la vuelta a la isla en un barquito cuando, en un determinado momento, el marinero que nos llevaba nos dice que debíamos pasarnos a un bote más pequeño para poder entrar, ya que la entrada a la gruta es por medio de una pequeña abertura entre las rocas de los acantilados, mientras el agua sube y baja constantemente, cerrándola y abriendo, de modo que para poder pasar hay que aguardar el momento justo y, además, hacerlo acostados en el bote para evitar ser golpeados en la cabeza, pero los justificados temores de las explicaciones previas se disipan totalmente ni bien uno logra acostumbrarse a la tenue luz de su interior.

                                                                       

                                                          ( La Gruta Azul en Capri)

     Por efectos de la luz solar sobre el agua, el color de esta se transforma en un azul muy intenso y luminoso, y mientras vamos dando una larga y pausada vuelta por su interior, quien nos conduce -un marinero napolitano de idioma bastante cerrado- entonaba alguna canzoneta y nos hacía algunos relatos, veraces o risueños, todo lo cual nos permitió adivinar que si bien en el fondo había como una escalerita, por dentro era muy dificil llegar desde lo alto, aunque parece que el Emperador Tiberio, que allí se retiró al final de su Imperio, mandó construir un túnel o sendero por dentro del acantilado.

     Seguíamos dando vuelta en la gruta, disfrutando de esas vistas maravillosas, cuando el marinero comenzó  arrojar agua hacia arriba con un remo, y al caer, en cascada, el agua se transformaba en una inmensa cortina de luz. ¡ Una maravilla ! Después nos explicó que debajo del agua había algunas rocas que formaron como figuras humanas, por ejemplo las de un Nacimiento, pero nos costó darnos cuenta. De cualquier manera no era necesario descubrirlas para saber que estábamos en uno de los lugares más espectaculares,
no sólo de Italia, sino de todo el mundo.


....de la costa ligur....

     Es cierto que la sangre tira y, proviniendo mi familia de Chiavari, y existiendo cerca de allí un lugar llamado nada menos que Rivarola, debería ser alguno de estos mi sitio preferido de la costa de la Liguria. Sin embargo no es así y aunque nunca pude detenerme a recorrer tranquilamente sus elegantes calles, por todas las bellezas que advertí al pasar por allí, tanto en auto como desde el mar, navegando, ese lugar se llama Santa Margaretta, ubicada entre Rapallo y Porto Fino.

     Claro que seguramente no es ajena a esa elección la circunstancia de haber tenido de chico, junto a mi cama, un mapa de la Liguria, en el que uno al lado del otro se encuentran identificados con pequeños dibujitos, todos los pueblos de la zona, desde la frontera con Francia hasta La Spezia, y allí estaba Santa Margaretta -.con llegar a la cual muchas veces soñaba -junto a una palmeta y un señor vestido como antiguo jugador de golf.

     Cuando finalmente pasamos por allí rumbo a Porto Fino -que es un sitio más renombrado y al cual se encuentra unido por una angosta callecita que va bordeando la costa acantilada hacia el mar- no pude dejar de quedarme admirado de lo majestuosas que eran las construcciones de este balneario, antiguas pero muy bien conservadas, con una costanera extraordinaria y calles trepando hacia el verde de la montaña cercana, que le sirve como un telón de fondo; en fin, de una elegancia como pocas veces he visto en lo que no es más que una ciudad-balneario.

                                                                       

                                                    Santa Margaretta en la Costa Ligur

     He vuelto a pasar un par de veces más, una de ellas desde el mar, y siempre he tenido la misma sensación de placer al observarla. Creo que alguna vez voy a tener que detenerme allí; recorrer por despacio sus calles; respirar ese aire de sobriedad que se adivina y dejar de soñar con ella, como hacia cuando niño, para que esa fantasía se convierta en un recuerdo concreto.

....de la Toscana....

     Hay pocas regiones de Italia que contengan tantas riquezas -de todos los orígenes- como la Toscana, con ciudades como Florencia o Siena que son en sí mismas algo único en el mundo. Sin embargo y sin dejar de reconocer la importancia de esa referencia, a mí personalmente lo que más me fascinó de la Toscana fueron esos pueblitos perdidos en el tiempo y colgados de las montañas que salpican aquí y allá todo el campo, pero principalmente al sur de Siena, como son Pienza y Montepulciano, ambas en lo alto del Val d¨Orsia, sin lugar a dudas la zona más deliciosa de la campiña toscana, al punto de haber sido declarada patrimonio de la humanidad.

                                                                     
                                                                   ( Pienza )

     Ninguna de esas dos poblaciones participaron muy activamente en las luchas intestinas que tanto lastimaron a otras comarcas italianas, razón por la cual ambas mantienen casi intactas sus grandes construcciones renacentistas, sus callejuelas de piedra, sus acogedoras y oscuras cantinas y sus casas de piedra, al tiempo que han sabido adaptarse a las necesidades económicas de los tiempos actuales con una fortalecida industria vitivinicola de primera.


....de Nápoles....

     Y casi diría que lo único que me gustó fue Santa Lucía, ese paseo costanero con hoteles lujosos; restaurantes alegres y llenos de gente; y ese mar de un azul bien intenso exhibiéndose indecorosamente.al frente.Estuvimos allí almorzando una mañana, entre el bullicio de cientos de napolitanos que, a los gritos, conversaban entre ellos, mientras los camareros a su vez debían alzar aun más sus voces para hacerse entender, y en tanto una docena de autos descapotables estacionados en doble fila, aguardaban tranquilamente a que sus usuarios requiriesen de sus servicios.

     Era muy pintoresco estar allí esa mañana; nos divirtió mucho lo relajado del ambiente; nos agradó la comida y nos fascinó la vista del mar de esa bahía; pero a cada momento pensábamos que Diego Maradona se aparecería por allí, como con seguridad muchas veces lo habría hecho. Todo estaba a su escala y a su medida.

                                                                   
                                (almorzando frente al mar en el barrio de Santa Lucia en Nápoles)

     El almuerzo terminó y volvimos a nuestra realidad que, repito, en Nápoles no fue muy agradable, excepto por ese rinconcito que quedará para siempre grabado en nuestro recuerdo, como algo excepcional.

....de la costa amalfitana......

     Fue eso, precisamente, la costa propiamente dicha: el camino que corre entre Sorrento y Amalfi, bordeando los acantilados que caen a pique hacia el mar. En el trayecto hay algunas poblaciones de ensueño, como por ejemplo Positano, así como lugares increíbles, como la Grotta Verde, pero más allá de todo eso, es ese camino de cornisa de varios kilómetros de largo y cientos de curvas lo que hizo del lugar algo que, para mí, resultó ser inolvidable y que tuvimos la suerte o la gran oportunidad de recorrer varias veces, de modo de poder sacarle bien el jugo y no quedarnos con las ganas.
                                                                       


....de Genova.....

     Lo que más me gustó, sin duda, fue haber podido estar allí, ya que es el lugar desde donde se embarcara mi familia italiana en su camino hacia América. Además, allí vivieron y crecieron muchos Rivarola....hicieron sus carreras y desempeñaron cargos gubernamentales, eclesiásticos y honoríficos....y desde donde un día partieron otros, aquellos que venían a radicarse en estas lejanas tierras, abandonando todo para aquí empezar desde cero.

     Pero puesto a elegir un lugar en concreto que nos fascinó de Génova, elijo ese típico barrio de pescadores denominado Boccadasse, situado junto al mar, en la parte de abajo de una de las zonas residenciales más elegantes de la ciudad. Sus casas están todas pintadas de colores fuertes, al igual de lo que ocurre con las de la Boca en Buenos Aires, lo que unido a la similitud del nombre y a la enorme cantidad de genoveses que poblaron ese típico barrio porteño, que los primeros que aquí se instalaron se inspiraron o quisieron emular a aquel otro tan lejano.

                                                               
( Boccadasse - Genova )

     Las callejuelas en donde están ubicadas esas casitas de varios pisos son empedradas y van serpenteando hacia arriba, como queriendo alejarse de ese mar que allá abajo, en un recodo guarece a unos cuantos barquitos pesqueros que descansan al solo luego de una jornada matinal de pesca. Me encantó el lugar junto al cual se levanta una pequeña iglesia, también tipicamente de pescadores y en donde encontré una imagen de la Virgen bajo la advocación de Santa María de los Buenos Aires, patrona de los navegantes. ¿ Que tal?
Todo el sector está rodeado de una muy prolija explanada, y allá abajo el mar se extendía, celeste y calmo, hasta poder divisar el perfil de Portofino a la distancia.

....de Milan.....

     El Duomo !!!! ¡ que increíble ! Me impactó muchísimo esa inmensa Catedral gótica capaz de albergar a 40.000 personas, con sus cinco naves, de las cuales la central tiene una altura de 45 mts. Impactante.

                                                                           
( El Duomo de Milán )

     Levantada frente a una plaza abierta, que permita apreciarla en toda su dimensión, con sus torres y torrecitas elevándose al cielo, te deja realmente con la boca abierta. El día que la conocimos, al entrar, nos recibió la musicalidad de un coro muy importante que estaba terminando su ensayo, y allí nos quedamos a un costado, escuchando extasiados a ese especie de coro de ángeles que con la acústica impactante del lugar, permitía imaginar que uno estaba soñando.. Sí....efectivamente.....me gustó mucho...mucho.

....de Florencia.....

     En cambio de Florencia, a pesar de todo su enorme caudal de arte, lo que a mí más me gustó fue la ribera del río Arno. No hablo del Ponte Vecchio, una reliquia, sino de las riberas del río a su manso paso por Florencia. Desde las alturas de las construcciones ribereñas se lo veía oscuro, caudaloso pero no desbordado, en su justa medida, mientras -por las mañanas, temprano y también al atardecer- varios remeros deportivos se desplazaban raudos por sus aguas tranquilas.

                                                                   
                                                     ( El río Arno a su paso por Florencia)

     Siempre ha sido para mí motivo de una inmensa alegría el poder ver el desplazamiento de esos botes a remo, quizás como reminicencias de mi infancia en el Tigre, de modo que cuando tengo la oportunidad de ver a uno de ellos me quedo como prendido mirando hasta que se aleja. Eso me pasó allí, en Florencia, caminando por las riberas del Arno en un paseo que me dejó un recuerdo tal como para convertirse en lo que más me gustó de Florencia, dejando incluso de lado todas sus maravillosas obras de arte y lugares emblemáticos, que desde luego no desprecio ni mucho menos

....y también, en Italia, me gustó mucho Verona....

     Los puentes sobre el río Adge; la casa de los Capulettos, donde comenzó a desarrollarse el drama de Julieta, con todo su romanticismo; y el cercano mercadillo matutino en la plaza delle Erbe. Verona es una ciudad que respira aire puro, no sé de que otra manera explicarlo; donde el amor parece andar por el aire. No estuvimos mucho tiempo, apenas el suficiente para llegar hasta el centro y recorrerla un poco, pero resultó suficiente para que se quedara grabada en mi retina como un lugar de ensueño al que -quizás- alguna vez me gustaría regresar pero con más tiempo. Ya se verá.

                                                                   
                                                                       (  Verona  )
                                                                   
.... de Trieste.....

    Me pareció una ciudad muy diferente a las que estaba acostumbrado a recorrer en Italia, con un aire diferente que se siente hasta en su gente, como pertenecientes a otro sitio, y es que se trata del lugar escogido por los poderoso austriacos que allí instalaron nada menos que su puerto, para poder expandirse libremente por el mar Adriático.

       Lo que más me gustó fue su inmensa plaza principal, junto al mar y rodeada de fastuosos e impecables palacios provenientes de aquella época de enorme apogeo, y que hoy se mantienen como emblemas de un tiempo mejor.

                                                                           
                                                  actual edificio del Ayuntamiento de Triste
    .... de Padua......

      Esta en cambio sí es una típica ciudad italiana, con todo lo que eso significa: grandes jardines; un centro compacto y muy edificado; galerías y recovas en las calles; edificios antiguos; callejuelas románticas; pasajes y pasadizos tristones; construcción sobria; calles empedradas; antiguas iglesias y capillas artisticamente decoradas; en fin, una arquitectura muy sobria y  acomodada al paso del tiempo.

      Me gustó la ciudad y, desde luego la Basílica dedicada a san Antonio, cuyos restos y reliquias allí se  resguardan, pero lo que más me gustó fueron los frescos que se encuentran en la pequeña capillita de los Scrovegni, algo alejada del centro, suntuosamente adornada en el siglo XIV por increíbles frescos del Giotto relatando en coloridas imágenes toda la historia de la Salvación. Una verdadera maravilla escondida de los circuitos turísticos.

                                                                         
                                                              los frescos del Giotto

      .... de Ferrara.....

      Impactante ciudad y moderna y orgullosa heredera de un pasado glorioso bajo los dominios de la célebre familia D´Este a la que perteneciera -por matrimonio- la no menos célebre Lucrecia Borgia., y que muestra con orgullo un verdadero ensamble arquitectónico en donde homogéneamente se mezclan fastuosos palacios, edificios modernos, un antiguo Castillo, pequeños laberintos y callejuelas empedradas, alegres peatonales comerciales, una impresionante Catedral, templos más recatados, bicicletas por doquier, en fin, una ciudad viva embretada en un pasado edilicio.

        ¿ Que fue lo que más me gustó? Creo que la ciudad en sí misma, con sus más y sus menos, pero quizás me resulta difícil dejar de recordar la inmensa vista que desde mi habitación tenía de ese impresionante y antiguo Castillo medieval  que teníamos delante, como custodiándonos día y noche al igual que, con seguridad, lo ha venido haciendo desde siempre con esta bella ciudad que se levantó y creció a su vera.
                                                                       

                                                                el Castillo DÉste

 ....de Bologna....

     Siempre me entusiasmó la idea de conocer esta ciudad, célebre por su Universidad, una de las más antiguas de Europa junto a las de Salamanca, Coimbra y París. Esta es como que me faltaba para cerrar el ciurculo, y por fin un día llegué para comprobar que la ciudad de Bologna es mucho más que su Universidad.

       Para empezar es una ciudad "bulliciosa", quiero decir "con mucha gente", atestada de personas que circulan por una ciudad construida en épocas lejanas y por ende, desbordada; al menos esa fue mi primera impresión. Tiene sin duda una edificación majestuosa y elegante, sobre todo rodeando la gran Plaza principal, a la cual también se enfrenta una soberbia Catedral con su parte frontal a dos colores, porque no alcanzó el mármol con el que debía ser cubierta porque los fondos resultaron insuficientes o se fueron hacia otro lado.

        Pero también una recorrida por su casco histórico, mirando hacia arriba, nos permite apreciar un tipo de construcción muy particular, al tiempo que sus inmensas torres, como las de aquella ciudad amurallada de la Toscana, observan desde las alturas todo ese movimiento de una ciudad "en ebullición". ¿ Que fue lo que más me gustó? Desde luego que poder conocer el que fuera el primer edificio de su importante Universidad, y ese patio adornado con los escudos de las familias de los estudiantes que por allí pasaron.

          Pero además de esa faceta intelectual de la ciudad, me sorprendió la tremenda importancia que allí se le asigna a la cocina, como arte culinario. Una verdadera exposición alimenticia, sobre todo en la zona del mercado, con un comercio al lado del otro ofreciendo verduras de variados colores, frutas de diferentes sabores, fideos, tallarines y pastas para todos los gustos, pasteles, postres, helados, quesos de todas las variedades posibles, fiambres coloridos colgando de los estantes, en fín, una catálogo para todos los gustos, desde los normales hasta los paladares más exigentes. Realmente me sorprendió esta atracción de la ciudad por su cocina creadora de la famosa salsa que lleva su nombre, junto a la seriedad de los libros y de la investigación académica.

                                                el patio de la Universidad ....
                                                                                                     
                                                                  .... y las comidas !

      .... de Módena.....

            A diferencia de su vecina Bologna, Módena es una ciudad muy tranquila, en donde se respira paz. Como en pocas ciudades italianas el circular por sus calles es muy gratificante porque tiene una arquitectura antigua semejante a la de otros sitios, pero que aquí se puede disfrutar con total libertad. Es impresionante el Palacio Ducal, en donde se instalaron los duques de la familia D´Este después que el Papa recupero sus territorios en Ferrara, y al que dotaron de todo el esplendor de tiempos idos.Llegar hasta allí a través de una larga recova, agradablemente fresca y ver una inmensa construcción de más de 200 mts. de ancho y tres o cuatro pisos de alto me dejó impactado.

            Lo mismo me ocurrió con la sobria Catedral y la contigua torre llamada la Ghiraldina, pero lo que más me gustó fue la cripta, abierta detrás del altar mayor, en la cual se encuentra un gran tumba de mármol y piedra, donde se guardan los restos de quien fuera San Geminiano, el patrono de la ciudad, que es abierta una vez al año,  el día de la fecha del Santo. Me impactaron el respetuoso silencio reinante, la sobriedad del lugar, y algunas pocas imágenes en madera realmente soberbias. Una maravilla.

                                                                   
                                                             Tumba de San Giminiano

     .... de Ravena.......

      Levantada junto al Adriático, sobre el noreste italiano, esta antigua ciudad te deja deslumbrado, sobre todo por las pinturas bizantinas sobre mosaicos que ahí se guardan desde hace siglos. La actual Basílica de Saint Apollinaire Nueva, que en tiempos de su construcción perteneció al Palacio del emperador Teodorico, nos dió una primera impresión de ese arte impactante de figuras religiosas que cubren -en altura- los dos laterales de lo que no es una Basílca sino una capilla.

       Como para ir de a poco, luego nos encontramos con esa belleza impactante que son las bóvedas pintadas de la tumba de Gala Placidia, valiente hija del Emperador Teodosio I, perseguida por su hermano Alarico y tutora de los derechos de su hijo como Emperador Valentiano III, se hizo erigir en Ravena -antes de ser expulsada de la ciudad- un mausoleo riquísimamente adornados con pinturas bizantinas, creando en su interior un ambiente de paz infinita, desde un techo adornado cual si fuera un cielo oscuro y estrellado.

          Pero la joya de Ravena son las pinturas que adornan la Iglesia de San Vital, contigua a ese Mausoleo, y que hizo levantar nada menos que el Emperador Justiniano, porque por entonces Ravena era la segunda ciudad en importancia del Imperio Romano.Todos los mosaicos integran un conjunto centrado en la Salvación del Hombre, aun cuando en los dos laterales del altar mayor se encuentren inmortalizados el propio Emperador, su esposa y los personajes más relevantes de su gobierno.

         La verdad es que uno volvería al lugar durante varios días seguidos, para poder apreciar y disfrutar los diferentes detalles de todo ese colorido, pero las urgencias de un viaje solo nos permitieron deleitarnos durante no más que media hora. Queda pendiente otra visita porque, desde luego fue lo que más me gustó de esta ciudad, cuyas calles, callecitas y plazas, desde la principal o las secundarias, cada una tiene una característica especial y propia. Ravena: una ciudad casi olvidada, pero impresionante.
                                                                 

                                                  los mosaicos bizantinos de San Vital