jueves, 2 de julio de 2015

El fantástico sistema económico-social de Escandinavia




            Durante los últimos dos siglos el mundo se ha debatido entre dos sistemas económicos, con sus respectivas repercusiones sociales: el capitalismo y el socialismo, los dos con sus ventajas y también con sus propias falencias, sistemas que cada uno de los países que los encarnan y llevan adelante defienden además con un fuerza que no permite fisuras, casi diría, ni siquiera algún guiño hacia el otro.

            Sin embargo, en silencio pero con una tenacidad realmente envidiable, unos cuantos países han logrado lo que entiendo es la síntesis perfecta entre aquellos dos sistemas, son los países escandinavos: Dinamarca, Suecia y Noruega. Tres países con un pasado e historias comunes; en los que inclusive algunos han estado dominados durante un tiempo bajo la fuerza de otro, para luego invertirse las cosas y pasar a ser dominadores, o inclusive aceptando un gobierno en común ; que se han peleado y luchado hasta el cansancio, pero que finalmente han reconocido que todo ello los llevaría a la extinción mutua logrando a partir de entonces contar con una estabilidad política, económica y social realmente impactante y exitosa, con su consecuente estado de bienestar generalizado, es decir para todos sus habitantes, y que no se encuentra –así- en ninguna otra parte del mundo.

            Hay, claro está, países en donde muchos viven bien, e inclusive se podría decir, mejor, pero quienes así lo disfrutan son unos pocos; hay otros países en donde, desde el Estado, se procuran compensar esas falencias del sistema capitalista, pero lo hacen de una manera prepotente, muchas veces abusiva y sin lugar a dudas, a costa de los recursos de algunos pocos, a quienes nada se les compensa y entonces es hasta lógico que despotriquen y se enfurezcan.

            Los países escandinavos, en cambio, en silencio, con inteligencia, con un gran acompañamiento de su gente, con políticos responsables y comprometidos, han logrado una síntesis que es maravillosa, que a todos beneficia sin que nadie se sienta abusado, extorsionado o sencillamente robado. Es una maravilla.

Si bien hay trabajo para todo aquel que quiera hacerlo, pues el índice de desocupación anda en torno del 1%, lo cierto es que hasta quien no tiene o no encuentra un trabajo que sea de su agrado tiene garantizado, de por vida, una remuneración que le permite atender a sus necesidades básicas. Por otra parte, si una persona es despedida de su trabajo, la obligación del empleador es la de seguirle abonando el mismo sueldo que cobraba, pero sólo durante tres meses, que es el tiempo que se considera  suficiente como para lograr otro empleo, y si no lo consigue, entonces es el Estado el que toma la posta y se hace cargo de sus necesidades hasta que lo consiga.

Del mismo modo, cuando uno llega a la edad de jubilarse, que creo que es a los 68 años, a todos se les asegura un ingreso mínimo, aun cuando no hubiesen trabajado nunca en su vida, o lo hubiese hecho de manera interrumpida. Desde luego que quien ha trabajado y aportado conforme a sus ingresos, tiene derecho a una jubilación acorde con la entidad de sus aportes.

Hace unos años se advirtió que el índice de natalidad descendía a un ritmo que en pocos años, los llevaría prácticamente a la desaparición, porque era muy bajo. Fue entonces cuando una primera ministra logró se aprobara un sistema mediante el cual, cuando una madre tiene un hijo, a éste se le garantizan 10 años de atención económica completa, vale decir, con todos sus gastos pagos, y cuando digo todos es eso, todos; a su madre se le otorga un año ininterrumpido de licencia manteniendo el Estado sus mismos ingresos –los que fueren- licencia que se puede prorrogar por uno más, para que al niño no le falte su presencia, y la misma opción la puede hacer el padre; o ambos si así lo considerar conveniente.

De más está decir que aquel índice se modificó totalmente y hoy vemos por la calle a muchísimas madres -y también padres-paseando felices a sus niños. No importa el costo, importa que esas naciones no desaparezcan y esto es importante para todos. ¿Y como se financia todo este sistema? Sencillamente con el aporte de todos, en esto no hay privilegios ni nadie considera que se trata de un impuesto al trabajo. Todos aportan al sistema aproximadamente entre el 40 y el 45% de sus ingresos, o inclusive algo más; quien gana más dinero, paga más y quien menos, menos, pero la obligación es igual para todos.

Claro está que con esos fondos el Estado se hace cargo de todas las necesidades básicas de la población, como ser la educación, la salud o la seguridad, que son gratuitas y, de más está decirlo, funcionalmente perfectas. El hijo de la reina nace en el mismo hospital que el del empleado más raso, y a todos se los atiende por igual; del mismo modo, la educación es algo muy cuidado, al punto que las mejores remuneraciones de los funcionarios públicos es para los educadores y los investigadores, porque consideran que en ello va su propia subsistencia como Nación

Y todos se preocupan en que las cosas funcionen bien, y los dineros, que son de todos, tengan el destino que realmente tienen que tener. En estos países la corrupción realmente no existe. Te cuentan de un caso, por ejemplo, cuando una primer ministro en un viaje al exterior, se confundió y pagó la peluquería con la tarjeta destinada a los gastos oficiales…..¡ y debió renunciar!

Es que son países en los cuales la prioridad son sus habitantes; todos sus habitantes, sin distinciones entre quienes tienen y quienes no. El esfuerzo, por supuesto que es de todos, pero a nadie se le ocurre escabullirse o hacerse el distraído; todos deben y quieren remar a la par, cada uno de acuerdo a sus posibilidades. Esa idea de que “lo nuestro” es sólo mío no existe; la han superado y junto a lo que es mío, porque puedo tenerlo, está el concepto solidario de lo que es compartido, y que no por eso debe ser peor o más berreta, al contrario.

Hay países, como por ejemplo Noruega, con grandes recursos en materia de petróleo, que es explotado por el Estado con alguna asociación norteamericana, pero que exportan todos sus excedentes y con eso se permiten disminuir el nivel impositivo; hay otro, como Suecia, que carece de ese recurso, y entonces lo que hacen es volcar todos sus esfuerzos económicos en la investigación que les permita explotar formas de energía diferentes, de recursos renovables, como por ejemplo puede ser la basura, que aprovechan para transformarla en recurso energético, llegando a darse inclusive la paradoja de ser importadores de basura, cobrando por “ese servicio” a países que no saben que hacer con ella, para luego transformarla en electricidad para barrios enteros.

Es otro mundo. Allí no hay una lucha despiadada por tener, sino la convicción que quien se esfuerza, lo consigue…..lo que sea…..además de contribuir al bien común; son sociedades solidarias, acostumbradas a valerse por sí mismas, que han vivido peleándose entre ellas casi hasta extinguirse, pero que luego de la Segunda Guerra Mundial, que las dejó en la ruina, han sabido entender bien que debían valerse por sí mismas y comenzaron esta transformación que hoy les hace ocupar los primeros lugares en cuanto al promedio per capita de sus habitantes.

Dinamarca fue ocupada por los nazis debido a sus riquezas en materia alimenticia y entiendo que Noruega también, por las mismas razones; Suecia, en cambio, si bien permaneció neutral fue obligada por ambos bandos a suministrarles por igual maquinaria y armamento, desde luego que en forma gratuita, pero luego no se quedaron con los brazos cruzados ni esperando que otros viniesen en su auxilio, se arremangaron, apechugaron todos juntos, y allí están ahora, disfrutando de un bienestar generalizado que a todos les llega.

Es que todo aquello les sirvió de experiencia y a partir de la segunda mitad del siglo XX comenzaron a cambiar la historia, logrando en 50 años un bienestar para su población que es admirable, sin luchas ideológicas extremas y en los tres casos, con monarquías cercanas a su pueblo, con el cual comparten éxitos y fracasos. Esto significa que se puede; que no hace falta discutir cada 10 años un programa económico diferente; que lo que hay que hacer es tener una clara conciencia del poder cívico; que los que mandan son los ciudadanos y los funcionarios obedecen o se van a su casa. ¡ Que lejos que estamos de todo eso !

Es lamentable ver en que se detienen nuestros políticos; es más lamentable aún que ya casi a nadie le escandalicen ni la  corrupción ni los grandes negociados. No sé cuando vamos a aprender….y no estoy hablando solamente de América Latina, estoy pensando también en la Europa tradicional y en los mismos Es.Us. ¡ Cuanto tenemos para aprender de estos países, pequeños en comparación con otros, o con menos pergaminos, pero que nos están dando a todos, una gran lección.

  

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