lunes, 9 de octubre de 2017

Los mandados


          Hace unos días me encontré en la panadería junto a un niño de no más de 8 o 9 años comprando pan, lo cual para mí fue una verdadera sorpresa porque -al menos en mi zona- ya no se ve a niños haciendo las compras. El desenvolvimiento del que estaba junto a mí fue impecable: pidió el pan que quería en la cantidad precisa, contó el dinero que le pidieron a cambio, pagó justo y luego de un "buen día" se marchó. Esto no debería llamar la atención pero a mi me sorprendió porque hacía mucho tiempo que no veía a un niño haciendo "los mandados"

            Recuerdo que siendo un chico de esa edad mi madre me vivía enviando a diferentes comercios cercanos para hacer las compras, por ej. el pan, o una leche, o algo del almacén y desde luego los imperdibles cigarrillos, y tambien recuerdo con agrado esas salidas que me permitían pasear líbremente por las calles y, a veces, inclusive cruzar hasta una cercana avenida. Luego, cuando fui padre, eran mis hijos quienes salían en busca de esas faltas hogareñas, a excepción del mayor que en algún momento se negó a colaborar con la compra de los cigarros.

            Pero quizás por razones de seguridad hoy en día no se ve circular a niños solos por las calles, ni los veo en el local comercial más cercano haciendo los mandados ni yendo solos a ninguna parte, con lo cual debo presumir que han dejado de disfrutar de esa pequeña alegría inesperada que daba el sentirte libre de poder caminar por las veredas con entera libertad, a cualquier hora del día, sin tener ninguna otra obligación que la de volver -en algún momento- con el encargo encomendado.

             La complejidad de la vida cotidiana en las ciudades se ha transformado hasta el punto de limitar estos pequeños detalles con los que colaborábamos los menores, obligando a los mayores a acordarse de hacerlos antes de regresar o simplemente dejarlos para otra oportunidad si es que ya están en casa o bien volvernos a pedir a nosotros que lo hagamos, ahora como una carga adicional y sin la ilusión de disfrutar de un momento de libertad 



             



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