martes, 19 de abril de 2016

Lo que más me gustó de los países nórdicos, fue....



.....de Copenhague (en Dinamarca)


      Siembre es muy difícil elegir una sola cosa o sitio dentro de la inmensa cantidad de situaciones con las que uno se encuentra cuando visita un nuevo país, pero en esta entrada, como dice el título, me he propuesto simplemente recordar lo que más me gustó, y este caso fue la capilla real que se encuentra dentro del Castillo de Frederiksen,  en donde fueron consagrados todos los reyes daneses.

       Se encuentra construída en dos plantas, la baja o principal en donde se encuentra -en la parte delantera- el fabuloso altar de ébano, oro y plata, y en la trasera un increíble órgano, muy antiguo y gigantesco, tanto que su interprete debe ubicarse en la primera planta. Este segundo piso consiste en un largo pasillo que cubre sus cuatro lados y que además de posibilitar el seguir las ceremonias con cierta perspectiva, a la par permite apreciar, desde lo alto, la belleza del conjunto. Al salir de esta segunda planta se encuentra un pequeño altar, ricamente adornado, que estaba destinado a oratorio real. Realmente una belleza todo el conjunto; una joyita. Como se puede apreciar en la foto, el techo, abovedado, se encuentra cubierto de una serie de arcos de oro que recorren toda su superficie.
                                                                                   
    

  
....de Malmó (en Suecia)


       Lo que más me gustó fue llegar, porque debimos hacerlo cruzando el puente de 16 kmts. que lo une a Copenhague que es una maravilla de la ingeniería. El puente levantado exactamente en el lugar en donde se encuentran el Mar del Norte con el Báltico, tiene dos segmentos bien diferenciados. La primera parte, saliendo desde Dinamarca, es subterránea, dentro de un túnel, para así permitir el paso de los barcos que van desde un mar al otro, pero repentinamente el puente se levanta en altura y así es como se llega a Suecia, ya que era muy costoso extenderlo todo bajo el agua, y realmente resultaba innecesario extenderlo subterraneamente más allá de lo estrictamente necesario.. Es muy divertido mirarlo desde un avión porque uno ve que se trata de un puente que, literalmente, desaparece debajo del agua, y si nunca te han explicado lo que ocurre, no se entiende nada de lo que se vé





......de Gotemburgo (en Suecia)


   La segunda ciudad más importante de Suecia es un puerto sobre el mar del Norte, al occidente del país, que tiene todas las características distintivas de las ciudades del interior: tranquilas, pausadas pero igual con un movimiento incesante, buenos edificios, tráfico fluido, medios de transporte, calles comerciales peatonales, y un gran pulmón verde con jardines impecables y canales de aguas claras por donde se puede navegar en pequeños botecitos, y que a mí fue lo que más me gustó. 
   
      

    
     ... de Oslo (en Noruega)


     Muchas fueron las cosas que me impresionaron e impactaron en este pujante y maravillosa ciudad, como por ejemplo el increíble y modernisimo Teatro de la Opera, construído en el agua y sobre el final del fiordo, semejando desde la distancia un inmenso iceberg o bloque de hielo flotando sobre el mar; el museo de los barcos vikingos, auténticos y bastante bien conservados, una maravilla; pasear por la cubierta del Fram, ese barquito de apariencia frágil en el que Amudsen se internó en el polo norte y años después en el polo sur; o admirar ese pequeñito cuadro -de tamaño- que es el Grito de Munch; o tomarnos un trago en el bar de hielo, en donde todo es de hielo, hasta losa vasos; etc. etc. etc.

    Pero más allá de todas esas maravillas, y de las espectaculares vistas sobre el fiordo, lo que a mí más me impactó fue haber podido estar en el gran salón del Ayuntamiento o City Hall en donde todos los años, el rey -que actualmente es Harald V (todo un personaje)- entrega el Premio Nobel de la Paz. Haber podido estar allí, en el sitio en donde alguna vez lo recibieron la Madre Teresa de Calcuta, Mandela, Obama o nuestro Perez Esquivel me emocionó mucho.
                                     
                                                                           

     El sitio es impactante: un inmenso hall, de pisos de mármol, amplio y totalmente despejado, muy luminoso y en el frente un inmenso cuadro muy colorido. Allí es en donde se homenajea a los premiados, donde estos dan su discurso de agradecimiento frente al rey, su familia e importantes visitantes, y luego por la escalera de mármol de la derecha ascienden hasta los lujosos ambientes del primer piso donde se sirve una cena de gala. Todo muy sobrio pero de mucha moderna elegancia. En una salita aparte encontramos muchas fotografías de algunas entregas emblemáticas.

.... de Estocolmo (en Suecia)

      En esta extraordinaria ciudad levantada sobre 14 islas que se encuentran unidas entre sí por muchos puentes, encontramos un clima de mucha alegría, juvenil, bulliciosa, que la invadía por todas sus partes ya que tuvimos la oportunidad el último día de clases y todo en la ciudad era euforia. Más allá de eso, nos encontramos con una ciudad muy moderna, de amplias avenidas, calles comerciales peatonales muy concurridas, interesantes museos agrupados en una especialmente dedicada a ello, otra que alberga a los edificios más emblemáticos como el Palacio Real, la Catedral, luterana, el edificio de la Academia sueca que premia anualmente varias disciplinas con el Nobel, canales por donde circulan embarcaciones de todo tipo, grandes espacios destinados al recreo y el ocio, muchas bicicletas, en fin, una moderna ciudad del siglo XXI, que no le ha dado la espalda a su importante pasado histórico.

       En una isla muy pequeña, contigua a las demás, encontré lo que a mí más me gustó que, como amante de la historia, fue la catedral destinada a ser la necrópolis real, el lugar en donde se encuentran enterrados los cuerpos de quienes fueran los antiguos reyes y reinas del país, más o menos hasta comienzos del siglo XX, ya que actualmente van a la Catedral. Allí, al frente, el lugar principal lo ocupa el mausoleo de Gustavo Adolfo Vasa y de su esposa, y en los laterales los de otros importantes personajes y, entre ellos, el que veníamos a visitar y honrar, el de Desirée, aquella joven novia de Napoleón a quien debió dejar por optar por la nobleza con la que lo emparentaría Josefina.

     Por decisión del Emperador Desirée fue enviada a las lejanas tierras suecas, custodiada por uno de sus mejores hombres, el Gral. Bernadotte, quien poco a poco se fue enamorando de ella para terminar unidos y no solo eso, al haber sido elegido rey de Suecia, su esposa se transformó en reina. ¡ Que paradojas de la vida! Encontramos su pequeño y sobrio cajón cubierto de mármol verde, junto al majestuoso dedicado a su esposo, en el lateral derecho del templo, y allí nos quedamos brindado nuestros honores y rezos, tal como alguna vez habíamos hecho en Viena con Sissi, otra de las nobles románticas de vidas difíciles.
             

                  
     
           No puedo dejar de mencionar aquí, porque también fue una maravilla, el haber podido navegar por el Báltico transformado en un delta, con cientos de islas al rededor -algunas habitadas- por donde salimos de Estocolmo una noche con luz, tenue pero luz solar propia de la cercanía al polo norte, en el verano, en que se produce ese deslumbrante espectáculo donde el solo nunca se esconde del todo. Con un mar bien sereno, oscuro pero transparente, y con la mirada fija en todas esas islas que, unas tras las otras, se nos aparecían ante nuestra vista cual si fueses espectadores que desde la distancia nos veían partir, fue uno de los recuerdos más gratos que guardo de mis viajes.

                                                                               

....de Tallín (en Estonia)

     En esta ciudad casi de juguete todo parece ser perfecto y encontrarse en ese sitio en el que está, desde hace siglos. Tiene dos zonas bien diferenciadas, la más antigua, en altura, reúne a los edificios que en su momento ocupaban la nobleza y el clero, mientras que la parte de abajo -¡ cuando no!- estaba destinada a los comerciantes y artesanos, separadas ambas zonas por una inmensa puerta de hierro que impedía el paso nocturno de una a la otra.

     La ciudad se mantiene intacta, al menos en toda su zona céntrica o medieval, ya que hay también un sector muy moderno con importantes edificios y todas las características propias de una ciudad europea. Pero aquel centrito histórico y, sobre todo la Plaza del Ayuntamiento, me volvió loco de felicidad. Era realmente como habernos transportado a la Edad Media: callecitas que desde allí se van alejando hacia afuera, construcciones de piedra y techos de pizarra, una farmacia que viene funcionando como tal desde el año 1422; una vieja casa de venta de pasteles, que hoy es un muy concurrido café, y ese centro neurálgico que es la Plaza, con el viejo -pero impecable- edificio del Ayuntamiento, lugar donde antiguamente funcionara la prisión y la sede de las torturas, a la vista de todos, para escarmiento generalizado. Una maravilla.




....de Helsilski (en Finlandia)
      El punto más al norte de nuestra gira fue esta impecable ciudad finlandesa que, lamentablemente, no pudimos conocer más que panorámicamente porque nos llovió y no estaba como para andar caminando. Nos impresionó, eso sí, la cantidad de espacios verdes, que se encuentra como metida en el mar y rodeada de importantes islas -por donde también se expande la ciudad-, con muchos edificios modernos y, casi casi, nada más.

      Pero lo que más me gustó fue una curiosidad: un templo construido debajo de una gigantesca roca, como si fuese un bunker. La idea, muy original, contaba sin embargo con muy buena iluminación natural -a pesar de la lluvia-, a raíz de grandes ventanales ubicados en el techo, en tanto que el recinto, que era redondo, del tipo de un pequeño teatro que se levantaba en torno de un muy sencillo altar que se encontraba en el frente.

       Hubiese querido que la visita fuera más silenciosa y recogida, como para poder hacer alguna oración personal sin tanto murmullo de gente, pero esto es  cada vez más difícil de lograr en lugares que, más que de oración, se han transformado en sitios turísticos. Igual me pareció una pequeña joyita arquitectónica.

                                                                               

....de San Petesburgo (en Rusia)

      ¡ Que no se puede decir de esta exquisita ciudad! Que le falte algo, porque a decir verdad, toda ella es una maravilla; de tal modo lo que más me gustó de ella fue precisamente eso: ¡ la ciudad! Esa impresionante y deliciosa maravilla que nos regalaron Pedro II y Catalina, la Grande. No hay un lugar mejor que el otro: desde nuestro increíble e histórico Hotel Europa, hasta la majestuosidad de la Catedral de San Isaac, con su cúpula semejante a la de San Pedro; desde sus cuidados Palacios hasta la multitud de canales que parten y vuelven al tranquilo río Neva; el Mausoleo Real que custodia los cuerpos de zares y zarinas, incluso la última familia Romanov, asesinada completa; las cúpulas de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada y sus impactantes iconos y pinturas interiores, en fin, todo en esta ciudad me dejó maravillado.

      Pero sería muy injusto si no dijera que el Museo del Hermitage, dentro del que fuera el Palacio de Verano de los zares y zarinas de dejó atónito. Una visita completa por el lugar nos llevaría a caminar nada menos que once kilómetros para recorrer todas sus salas y salones y admirar algunos de los tres millones de objetos que allí se exponen. Nosotros ingresamos por su impactante escalera de mármol de Carrara; visitamos la Gran Suite, con sus paredes repletas de espejos; el espectacular Salón del Trono, con grandes arañas de cristal iluminando desde techos todos adornados con oro.

       La capilla en donde se casaban; las colecciones de importantisimos cuadros, de cristales, porcelanas, ropajes, carruajes, collares, joyas, mobiliario, en fin, de cuanta cosa uno se le ocurra coleccionar, todo maravillosamente intacto a pesar de los 80 años de dominio soviético. Es que más allá de las ideologías, todo eso era patrimonio del pueblo ruso y como tal fue resguardado. Impresionante! Maravilloso! Sin palabras!.

                                                                         


     Un comentario adicional se merece el Palacio de Peterhof, a la orillas del mar Báltico y sobre el golfo de Finlandia, que fuera la residencia real más fastuosa de Rusia, la que no rivalizaba con ninguna otra, hasta que llegaron los nazis y la destruyeron en su locura por ingresar a San Petesburgo luego de un prolongado sitio, y cuya reconstrucción se ha llevado adelante durante los últimos 60 años, la mayoría de los cuales transcurrió durante el gobierno de los soviéticos.

    El Palacio se extiende a cinco edificios ubicados en un inmenso parque de 1.000 has., rodeadas de bosques y canales, mediante un constante juego de aguas se extiende a partir de una gran fuente desde donde desciende una Gran Cascada. Es una maravilla! El Palacio fue reconstruido a nuevo, y esto es en realidad lo que motivó mi admiración, porque es una muestra del imbatible y esforzado espíritu ruso, que resistió al enemigo hasta la indecible, y que una vez expulsado, se volvió sobre sí mismo y comenzó con la reconstrucción, no solo de esta maravilla, sino de la ciudad toda que estaba semi-destruida. Valioso!

                                                                             


 ....de Moscú (en Rusia)

       Todo un emblema -para mi generación- la "prohibida" capital de Rusia, inaccesible para quienes crecimos y vivimos durante la segunda mitad del siglo XX, razón por la cual me resultó realmente fascinante estar allí, caminar sus calles, disfrutar de sus espacios, admirar sus iglesias, navegar por el río Moscova, quedarme hipnotizado frente al Kremlin, por un lado, pero al mismo tiempo conocer una realidad bien distinta de la que allí se vivía durante los largos años de gobierno soviético: el desparpajo y elegancia de sus bellicimas mujeres, la tremenda algarabía en sus calles, las multitudes agolpadas en los negocios, bares y restaurantes, la vida nocturna, el impactante desenfado de la juventud, en fin, una ciudad totalmente diferente a la que podríamos habernos imaginado.

           Pero más allá de esa sorpresa, de la belleza propia de edificios emblemáticos como el Bolshoy, la Catedral del Salvador, los distintos edificios del Kremlin, la arquitectura de las estaciones del Metro, la navegación tranquila por el río, la modernidad en los altísimos rascacielos de la nueva ciudad financiera, en contraste con los levantados por Stalin, todos iguales y muy semejantes a nuestro Kavanag o el de las antiguas galerías Gum, hoy transformadas en un gigantesco shoping, lo que más me impactó fue recorrer la Plaza Roja.

          Que no tiene ese nombre por connotaciones ideológicas, sino idiomáticas, ya que es "roja" por ser "bella". En sí la plaza no es más que una enorme explanada, a un lado de la cual se levanta la Tumba de Lennin, junto a las murallas del Kremlin, y del otro lado las Galerías Gum. Pero el hecho de estar allí fue lo que me impactó, en esa plaza de la que tanto había escuchado hablar durante mi lejana juventud, de la que viera cientos de fotos de otros tantos desfiles multitudinarios, de pura ostentación bélica, y que en su centro cuenta con esa perfección edilicia que es la colorida y magnífica Iglesia de San Basilio, el Beatro, que a decir verdad la componen cinco Iglesias más pequeñas, superpuestas en una misma superficie. Fantástico!!!

                                                                                   
  

....del Anillo de Oro (en Rusia)

           Se encuentran agrupadas bajo ese nombre un conjunto de antiguas ciudades localizadas al norte de Moscú, y que en los siglos XII se convirtieron en el centro de la Rusia medieval, como Sergei Posad, un centro religioso relacionado con Sergio Radonezh, un santo de la iglesia ortodoxa; Rostov. Yaroslav, Kostroma, la cuna de la familia Romanov, la de los últimos Zares, Suzdal y Vladimir, desde donde partió Yuri Dolgoruky a fundar Moscú, más al sur, que con los años dejaría a toda esta región sumida en sueños de un pasado más glorioso.

             Cada una de ellas tenía su propio encanto, que podía ser una fortaleza o Kremlin, una Iglesia emblemática, o un antiguo Monasterio, pero en lo personal, me quedo con mi encuentro con el río Volga, el más largo y caudaloso de todos los de Europa con sus más de 3.700 kilómetros de recorrido. Para mí ese encuentro fue lo mejor de esa gira, y lo pude disfrutar en dos lugares, del último de los cuales no me podía apartar. ¡ Que delicia haber podido disfrutar de la placidez de esas aguas, oscuras, pero muy tranquilas en su paulatino descenso hacia el mar!!

                                                                             
  


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