sábado, 23 de abril de 2016

Lo que más me gustó de las islas Británicas, fue.....



       ....de Londres (en Inglaterra)

     Por supuesto que todo....completamente todo lo de esta ciudad me resultó realmente fascinante. Por supuesto que me dejado admirado la Abadía de Westminster y todo su historial de tumbas reales y un jardincito interno que está muy escondido, pero más me atrajo la contigua y mucho más pequeña St. Margaret; quedé embobado disfrutando  del gótico del Parlamento -que algún día me gustaría conocer por dentro- y como hipnotizado admirando el viejo Big Ben; me impacté y disfruté mucho de una visita por el Buckingham Palace y toda su elegancia real; el cinematográfico cambio de guardia y los inmensos jardines del Palacio.

     Me quedé prendado del Támesis; de la antigua "parte izquierda", del otro lado, con sus historias truculentas vinculadas al viejo puerto; la transformación de sus edificios en modernas oficinas; la Torre de Londres con sus historias macabras, el famoso puente contiguo, la pequeña capillita interior que aún guarda los restos de Ana Bolena; la majestuosidad de la Iglesia de San Pablo; la estatua de Trafalgar, el Museo Británico, el Gabinete de Guerra subterráneo de Churchill. Un paseo por Piccadilly; disfrutar de la majestuosidad de Mayfair; hacer compras por Oxford St. o en Harrods; cenar en restaurancitos de South Kensington y Coven garden; ir al Teatro o pasear por Hyde Park; en fin todo.

      Pero hay un recuerdo que para mí es imborrable y que lo asocio por supuesto con lo que más me gustó de toda esa experiencia, y es del Palacio de Kensington en el extremo oeste del Hyde Park, adonde una tarde la vi llegar sola a Lady Diana Spenser, ya separada de Carlos, en un auto que ella misma manejaba. Me impactó, como todo ese agradable edificio de ladrillo vista que en ese momento era su hogar junto a sus hijos, el mayor de los cuales hoy vive allí mismo con su familia, como heredero de la Corona.

     Años después, ya puerta Lady Di pudimos recorrerlo por dentro, y lo más extraño de todos fue observar -con mucha pena- que de esa inmensa mujer no quedaba ni una pequeña foto, ni un recuerdo, ni un sólo objeto que hiciera pensar en ella; nada! Es como si se hubiera querido borrar su figura al punto de ignorar su existencia, y de quien sólo encontramos un pequeño altar con su imagen en un descanso de las escaleras de Harrods. Una verdadera pena y una injusticia notorio que espero, su hijo habrá sabido restablecer.

                                                                     
                                                           el Palacio de Kensington


....de Oxford ( en Inglaterra)

      Los campus universitarios me impactaron; en realidad uno ya viene acostumbrado porque los ha visto en muchas películas, pero estar ahí es otra sensación. Las enormes y reiteradas canchas de rugby; la mansedumbre del Támesis que por allí pasa haciendo sus primeras armas; esos edificios victorianos que albergan a cientos de alumnos, años tras año; los inmensos comedores estudiantiles, totalmente superados a las horas del almuerzo, el bullicio de las calles, la alegría de las tabernas, en fin, una ciudad universitaria como pocas.

     Pero a la hora de elegir me quedo con un pequeño puentecito de piedra, sobre un canal desde donde parten unos botecitos a remo, y que según me han dicho es desde donde los alumnos se lanzan al agua a la medianoche del 21 de marzo, siguiendo un especie de rito ancestral con el que allí se festeja la llegada de la primavera.
     
                                                                           
                                                                    en Oxford        
   
....de Greenwich (en Inglaterra)

       Si bien es cierto que hoy esta localidad tan cercana a Londres se encuentra prácticamente integrada a la gran ciudad, no es menos cierto que se trata de un sitio con su propia historia, al punto de ser la cuna nada menos que de ese importantísimo monarca que fue Enrique VIII. Pero más allá de eso, lo que siempre ha llamado mi atención es que por allí pasa exactamente el meridiano 0, que divide el horario del mundo hacia uno y otro lado, lo que está demarcado en el piso mediante mediante una tira de latón.

     Lo que más me gustó, entonces, fue haberme podido sacar una foto con un pié a cada uno de los lados del meridiano 0.

                                                                        
                                                         en el Meridiano de Greenwich

....de Brighton (en Inglaterra)


      De este típico balneario, con una larga costanera de viejos edificios, al estilo de los antiguos de Mar del Plata, lo que más me gustó fue haber podido contemplar el mar del Canal de la Mancha, en una fría mañana del invierno inglés. La playa desierta; el mar muy calmo; el cielo encapotado y mi vista puesta en ese mar de color entre gris y azulado, que -como en todos los lugares en que me encuentro con el mar- me pierde.-

                                                                         
                                                                      Brighton

....de Windsor (en Inglaterra)

     No fue el famoso Castillo, que igualmente me agradó mucho conocer, y del que me encantó su pequeña capillita, albergando los restos de algunos miembros de la familia real, como la Princesa Margarita, y su padre, el rey Jorge V, el conocido tartamudo de la película sobre su vida. A mí lo que más me gustó de esta ciudad -moderna y pujante- levantada en torno de ese famoso Castillo, fue una callecita lateral, de adoquines, con mesitas en el medio y negocios a los costados, constantemente recreada por varias mujeres ataviadas al estilo de una época anterior, que con sus vestimentas de colores y con canastos con flores en las manos, nos dan la bienvenida a quienes hasta allí llegamos a tomarnos algo fresco, luego de la extenuante visita del Castillo.

                                                                       


....de Strattford-upon Avon (en Inglaterra)

      Nada menos que la cuna natal de Shakespeare, es una lindísima y agradable ciudad que aun conserva la casa en donde nació el genial escritor, y que desde luego pude visitar y admirar, hoy transformada en un completo museo de la época. Pero a mí lo que más me gustó de esta tranquila ciudad fue poder ver al río Avon dividiéndola por el medio: un remanso de paz y tranquilidad, en el propio centro neuralgico y comercial de esta pintoresca ciudad.

                                                                       
                                                    el río Avon al pasar por Strattford

.... de Dublin (en Irlanda)

     Encontrar algún sitio que sea el que más me gustó en esta ciudad es todo un problema, porque la verdad es que no me gustó. Me pareció muy fría, de edificios de piedra, triste, calles bastante vacías, bastante pobreza en las calles, en fin, para mí -y que me disculpe la sangre irlandesa de mis hijos- olvidable. Pero no puedo dejar de reconocer que tienen una indudable vocación por las bebidas alcohólicas, y los pubs están todos con mucha gente, a cualquier hora del día y, la verdad, que debo concluir que lo que más me gustó entonces de Dublin es su deliciosa cerveza negra, marca Guinness, que sirven a temperatura ambiente, y que allí descubrí. Todo un hallazgo.

                                                                                   


.... de Edimburgo (en Escocia)

     A diferencia de la ciudad anterior, esta escocesa me fascinó por completo; sería como el polo opuesto. Es una verdadera joyita que cuesta dejar atras, porque todo en ella es atractivo y, además, lo hacen todo bien a la hora de pensar en el turista. Es elegante, sobria, orgullosa de su historial, tanto de luchas -contra su vecina Inglaterra- como de sus personajes, a los que realzan al nivel más alto de la leyenda, limpia, alegre, juvenil, sus verdes y amplios jardines, sin olvidar -por supuesto- su devota aceptación del whisky, su bebida por excelencia, que fabrican y destilan en diferentes sabores.

     Me encantó esta ciudad y, como no podía ser de otro modo, lo que más me gustó de ella fue la Royal Mille, esa milla histórica que unen por el mismo centro el antiguo y viejo Castillo medieval original con el actual Palacio de Holyrood, actual residencia real en el lugar.                                                                          


                                                                   la Royal Mile


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