" Uno puede entender que las enfermedades te arrebaten a la gente que quieres, incluso que un accidente pueda hacerlo, pero no se puede entender la brutalidad de que un hombre caiga sobre otro para arrancarle la vida" - Juan Manuel Serrat
Todos hemos leído algunas vez los relatos de los sobrevivientes de los Campos de Concentración nazis de principios del siglo XX, o visto películas documentales o de ficción ambientadas en tales sitios, pero la experiencia de estar allí, en el mismo lugar en donde se desarrolló aquella tragedia, caminar sus senderos, visitar sus lúgubres pabellones, horrorizarse con los acumulados objetos y recuerdos de las víctimas, me produjo una enorme consternación y una silenciosa tristeza, mientras mis pensamientos se detenían -una y otra vez- en las maldades que los hombres somos capaces de infringir a otros por la sola razón de ser distintos o de pensar de una manera diferente.
Como una ridícula paradoja nos recibió al cruzar la entrada la irónica frase del cartel aludiendo a que " arbeit macht frei" , vale decir que "el trabajo los hará libres" , como si allí se fuera a trabajar y como si alguno tuviera la posibilidad de salir libre. Es que la maldad más perversa consistía en el engaño de llevar a ese lugar a miles y miles de personas, desde niños hasta ancianos, con la promesa de poder instalarse para vivir en un mundo mejor, y por eso marchaban confiados y tranquilos......nada menos que a la muerte.....a una muerte masiva y por asfixia, mientras que a un "selecto" grupo se lo destinaba a larguísimas y agotadoras jornadas de trabajos de colaboración para con sus carceleros, en los que también dejaban poco a poco la vida .
Después de haber ingresado, la lenta recorrida por los distintos pabellones nos va metiendo, poco a poco, en un clima de tremenda angustia al poder imaginar las condiciones en las que vivían "los trabajadores", hombres y mujeres por separado pero cada cual identificado por una estrella de diferente color delatando las causas de su detención: judíos -una inmensa mayoría- de muy diferentes países, pero también gitanos, homosexuales, intelectuales de izquierda y sacerdotes católicos opuestos al régimen, quienes en forma indistinta recibían el mismo trato humillante, se les permitía una muy escasa higiene, elemental alimentación diaria, falta de abrigo pese a las duras inclemencias del clima polaco, todo con la finalidad de ir provocando su paulatino deterioro físico hasta alcanzar finalmente su muerte por inanición o enfermedad, luego de haberlos exprimido hasta ese límite. Una crueldad atroz.y sin nombre.
sus uniformes "de trabajo" ....
..... sus rostros
El día no nos acompañaba y cual si fueran lágrimas concentradas durante largos años, una lluvia muy tenue pero constante se nos fue metiendo en nuestros rostros y empapándonos las ropas como queriendo transmitirnos algo más de aquella fría realidad a la cual nos estábamos asomando, e impidiéndonos mostrar alguna molestia o malestar frente a ese imprevisto climático, ante la contemplación en vivo del horror que a cada paso experimentábamos.
Visitamos con un enorme fervor la celda subterránea en la que Maximiliano Kolbe -hoy santo de la Iglesia Católica- pasó tres semanas de ayuno riguroso, sin desfallecer, luego de haber ofrecido su vida a cambio de la de un padre de familia con hijos que había sido sorteado para morir -junto a otros nueve- en reprimenda por haberse dado a la fuga otro de los prisioneros. Como Kolbe no moría de inanición, finalmente fue fusilado, historia que conocemos por el propio testimonio de ese padre de familia que le sobrevivió.
En las rejas de la celda que ocupara san
Maximiliano Kolbe nunca falta una flor
Fue en el cercano campo de Birkenau hasta donde llegaban los rieles en los que era conducida en hacinados vagones de tren esa muchedumbre silenciosa que -ignorante de su destino- se dejaba llevar cual manada en espera de ese mundo mejor que se les prometiera. Y allí no más, al pisar esos andenes por los que con tanto respeto nosotros andábamos, eran separados "los sanos" de los condenados, por el sólo hecho de ser ancianos, débiles, mujeres o simplemente niños, que seguían hasta las lejanas construcciones que escondían en su interior a ese monstruo letal que los aguardaba -el gas- y que sorprendiéndoles salía por esas cañerías que -les habían dicho- eran duchas con agua, y a las que mansamente se habían entregado, más allá del rubor y la verguenza que les provocaba el verse todos desnudos para ese prometido baño colectivo. Daban ganar de llorar de impotencia al ver sus fotografías cuando caminaban confiados hacia ese destino que les deparaba "la solución final" de los nazis.
punta de riel en Birmekau
Sin embargo, aquellos que "salvaban" sus vidas, por la sola circunstancia de ser jóvenes o fuertes, o contar con alguna habilidad, no por ello tenían un porvenir asegurado. Las secciones en las cuales eran alojados -por ejemplo las mujeres- se trataba de barracas infestas e infectas, adonde entre siete u ocho debían compartir sus noches en grandes camastros de tres pisos, el último al ras del suelo. También estuvimos allí, en un sitio cerrado que albergaba a más de mil personas apiñadas, con frío polar en el invierno y calor agobiante en el verano, si por casualidad alguna de estas víctima llegaba a sobrevivir en ambas estaciones, circunstancia esta que simplemente dependía del azar. Eramos muchos los que esa lluviosa tarde recorrimos esas barracas; sin embargo, nuestro llamativo silencio no significaba más que una señal respetuosa para con el dolor de esas mujeres, a algunas de las cuales en determinados sitios aun se las recordaba con una colorida flor.
Sin embargo, aquellos que "salvaban" sus vidas, por la sola circunstancia de ser jóvenes o fuertes, o contar con alguna habilidad, no por ello tenían un porvenir asegurado. Las secciones en las cuales eran alojados -por ejemplo las mujeres- se trataba de barracas infestas e infectas, adonde entre siete u ocho debían compartir sus noches en grandes camastros de tres pisos, el último al ras del suelo. También estuvimos allí, en un sitio cerrado que albergaba a más de mil personas apiñadas, con frío polar en el invierno y calor agobiante en el verano, si por casualidad alguna de estas víctima llegaba a sobrevivir en ambas estaciones, circunstancia esta que simplemente dependía del azar. Eramos muchos los que esa lluviosa tarde recorrimos esas barracas; sin embargo, nuestro llamativo silencio no significaba más que una señal respetuosa para con el dolor de esas mujeres, a algunas de las cuales en determinados sitios aun se las recordaba con una colorida flor.
los camastros colectivos
Cuando lentamente nos acercábamos al final del recorrido, volviendo hacia la entrada, nos encontramos con una importante casa, de dos plantas y un muy amplio jardín, y nos contaron que era la confortable mansión que allí ocupara Rudolf Hoss, el temible jefe de ambos campos, quien allí vivía confortablemente con su familia, y a todos nos produjo una súbita indignación, quizás solo aplacada minutos más tarde cuando se nos indicó cual era era el sitio en el que finalmente había sido ahorcado, luego de una merecida condena. En cierta forma se nos estaba explicando que todos los horrores que allí ocurrieron, en alguna medida se habían procurado castigar con esa sanción ejemplar, quizás como advirtiendo a las generaciones futuras que las mismas o parecidas fórmulas de exterminio masivo no podrían reiterarse nunca más.
Sin embargo el hombre no parece entender de las lecciones del pasado, o somos demasiado tozudos como para no comprender que todos pertenecemos al mismo género humano que nos hermana, y que nada ni nadie puede llevarnos a cometer esos o parecidos abusos hacia nuestros semejantes, y esas conductas lamentablemente se siguen sucediendo. Aquí, en nuestro país, lo hemos experimentado no hace mucho, mientras que actualmente el mundo no se sorprende de lo que está sucediendo con los miles y miles de refugiados afganos y sirios librados a su propia suerte, sin que a nadie pareciera importarle nada con tal de mantener sus propios status.
Sin duda que no se trata de una conducta semejante a la que deliberadamente asumieron los nazis, pero no por ello dejan de tener esa matriz de "deshumanización" cual si fueran nuevos Hosses que ven sin inmutarse como a su lado un sin numero de tragedias golpean y castigan día tras día a estos pobres parias que van quedando en el camino cual si fueran deshechos de la humanidad. ¿ Cuando aprenderemos?









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