jueves, 12 de marzo de 2015

En América del Norte, lo que más me gustó.....



.....en Toronto .....


     Fue un muy agradable paseo que hicimos en un barquito, por las islas cercanas que se encuentran en el Lago Ontario. Habíamos contratado una de esas excursiones que recorren la ciudad, con diferentes paradas desde donde uno puede bajar y recorrer para volver a subir, cuando después de haber hecho un largo recorrido por esta ciudad tan moderna y limpia, cuando en un momento se detiene sobre la Bay Street y nos indican que la recorrida seguía en barquito, por entre las islas vecinas.

    ¡ Que placer !! Con lo que me gusta andar por el agua. El paseo es corto, de más o menos una media hora o poco más, y luego de cruzar hacia las islas, se va metiendo por entre los diferentes canales que separan unas de otras, al modo de lo que ocurre en nuestro delta del Tigre. Las islas -al igual que la ciudad vecina- son perfectas, se advierte que en ellas hay grandes extensiones de parques y jardines de buenas dimensiones, con el pasto bien cortado y muy prolijo.
                                                                                   

                                                                             
                              Navegando entre las islas del Lago Ontario, frente a Toronto (Canadá)

   
     En realidad parecen deshabitadas, pero por lo que pude averiguar -y ver- allí se levantan las instalaciones de varios clubes, dedicados a la naútica,y otros deportes acuaticos; canchas de golf, recreos y hasta varias residencias importantes. Parece ser que los fines de semana se llena de deportistas y simples personas que sólo quieren disfrutar del aire libre, ya que están a muy poca distancia de la gran ciudad y en llegar hasta esas islas no se demora prácticamente nada.

....en Niágara......

     Uno podría casi descartar que lo que más me gustó fueron las famosas cataratas, que a decir verdad y sin falsos orgullos, no tienen el esplendor y la enorme fuerza que muestran las del Iguazú. Me gustó conocerlas, desde luego, y acercarme en un barquito prácticamente hasta el sitio mismo en el que caía el agua desde arriba, por supuesto salpicándonos todos, para la algarabía de la gente. Pero en verdad, lo que más me gustó de esa zona fue un viejo pueblito cercano al límites con los Es. Us., y que en la época de la Independencia se convirtió en la capital de los pocos Estados que no se sublevaron y permanecieron fieles a la Corona inglesa. Me refiero a Niagara-on-the-Lake
                                                                   
                            
                                                                     
                                                               En Niagara-on-the Lake

    Es una ciudad fascinante, de no mucho más de 10.000 habitantes, que ha quedado como perdida en el tiempo de las colonias, con esas típicas construcciones de dos pisos altos, de ladrillo vista y techos de pizarra negro; adornadas con flores de todos los colores, al igual que las veredas. Un placer poder recorrer sus calles tranquilas y disfrutar como de una visita a la historia, mientras desde los diferentes negocios que se encuentran en su calle principal, ofrecen a los turists -con mucha simpatía- sus productos más afamados, como un vino muy famoso y exclusivo de esa zona, que es la viñatera del Canadá. Un recuerdo imborrable.-

....en Quebec.....

    Es la ciudad capital de esa región, que permaneció fiel a las originales tradiciones francesas luego que toda esa vasta la zona norte del continente americano fuera tomada -precisamente en ese lugar- por las tropas inglesas y convertida en una Colonia Británica más. Todo allí respira a " francés"; es como si ese espíritu latino, alegre y díscolo, soñador y nostálgico, permaneciera en el aire, a las propias orillas del río San Lorenzo, que es el que une la región de los Grandes Lagos con el Oceáno Atlántico

                                                                                                              
       En Quebec (Canadá), placita en lo que habría sido la primera calle de América         


     La ciudad ha sido construída a partir del río y hacia arriba, superando un gran acantilado que se  puede superar por extenuentes escaleras o un montacarga mucho más agradable. Arriba nos recibe el antiguo Castillo Frontenac, una maravillosa e imponente construcción que nunca fue ni castillo ni fortaleza sino un lujosísimo hotel, en el cual se reunieron los capitostes de las tropas aliada durante la Segunda Guerra Mundial a planear la estrategia de lo que finalmente fue la invasión de Normandía.

     Desde allí se extiende, hacia arriba, toda esa impecable ciudad de calles de piedra -en la zona más antigua- y muy pero muy moderna y prolija después que te deja embobado por su serena belleza y, yo diría, hasta su respetuoso silencio. Queda claro que la ciudad me encantó, pero lo que más me gustó fueron las calles más antiguas, las que están entre el acantilado y el río. Dice que una de ellas fue la primera calle comercial de toda América, y pasear hoy por ella es realmente fascinante.

     Peatonal y con negocios muy elegantes a ambos lados, tiene una extensión no mayor de dos cuadras que se recorren pausadamente y disfrutando a cada paso, como si uno estuviese dentro de una revista elegante que abriera sus páginas coloridas para poder pasear por ellas. Fantástica.

.....en Otawa.....

    Me gustó la ciudad en sí misma. Pensar que se trata nada menos que de la capital política del país, adonde residen todas sus autoridades, y se respira un ambiente de paz y de tranquilidad realmente envidiables. Sus calles son limpias....casi en exceso; sus partes cuidados, por todos; sus edificios centenarios, como el del Parlamento, parece de cuento; sus museos amplios y muy bien presentados; sus iglesias resplandecientes; un centro comercial grande e impecable; y un hotel en el centro, antiguo y señorial, en el que almorzamos en el restaurante del último piso y con vistas a toda esa maravilla.-
                                                                      

Otawa, la capital de Canadá, junto al río que lleva su nombre




....de Mont-Tremblant ( en Canadá) 

     Fue poder conocer esta preciosa aldea de montaña que parecía salida de un librito de cuentos. Ubicada cerca de Quebec y junto a las montañas y el río San Lorenzo, es un importante centro de esquí invernal, al que nosotros llegamos en verano, pudiendo disfrutarlo caminando al aire libre y admirando todo ese maravilloso entorno, aun de noche, en donde nos dijeron que Celine Dion tiene su refugio. Un alto en el camino canadiense muy agradable 

                                                                                 
.                                                                 Mont-Tremblant

....en Montreal.....

     Aquí, en realidad, lo que nos faltó fue tiempo como para poder recorrer esta fantástica ciudad, también de habla francesa, situada en una isla ubicada entre los ríos San Lorenzo y des Praidires (las praderas). Pero lamentablemente no lo pudimos hacer, primero porque ese día se corría una carrera de bicicletas por toda la ciudad, lo que impidió su recorrida, que reemplazamos por un almuerzo inolvidable en un restaurante increíble. Por la tarde dimos alguna pequeña vuelta a pie por los alrededores del hotel, ubicado en pleno centro; pero como además a la mañana siguiente abandonábamos Canadá, el resto del día se lo llevaron los preparativos.

     Pero como siempre hay algo que a uno más le gusta de cada lugar, tengo que decir que a mí, de Montreal, en realidad lo que más me gustó -o divirtió- fue haber parado en el Queen Elisabeth Hotel, de la cadena Fairmont, el mismo en donde se alojaron John Lennon y Joko Ono cuando hicieron aquella famosa "encamada" de una semana por la paz durante la guerra de Vietman. En aquel momento ocuparon cuatro habitaciones contiguas en el piso 17; nosotros en cambio solo una, y en el 12.....pero igual me gustó.

                                                                    


.....en Boston.....

     Me gustó mucho esta ciudad, cuyos habitantes llevan con orgullo su pasado bien ligado a la historia de la Independencia, que precisamente se desencadenó a raíz de un hecho que ocurrió allí, en el puerto, cuando se echó por la borda de un barco inglés todo un cargamento de té, para no tener que abonar un impuesto muy alto que, como colonia, se supone que debían tributar. Me volví loco buscando la réplica del Dortmouth, que en las guías se decía que se encontraba en un muelle, para que finalmente alguien me explicara que estaba en reparaciones, en otro sitio.

     Me gustó mucho recorrer esas calles con tantas historias, también de las luchas seguidas por los negros para lograr un status mejor, caminar pausadamente por las silenciosas calles de Beacom Hill, admirando todas esas casitas iguales, de ladrillo vista y puerta estrecha tras superar cuatro escalones; cruzar caminando el puente sobre el ancho río Charles hacia el otro lado, en donde en el puerto se encontraba amarrado el Contitution, ese viejo velero de guerra botado en el año 1797, y que todavía, cada tanto, navega.

     Pero puesto -una vez más- a elegir que fue lo que más me gustó, fue haber podido conocer las instalaciones de la afamada Universidad de Harvard, fundada nada menos que en el año 1636, aunque a decir verdad no queda propiamente en Boston sino en Cambridge, del otro lado del río. 
                                                                        

                                                            El campus de Harvard
                                                                
     Me impactó recorrer ese campus en donde, tal cual lo imaginaba, cientos de chicos y chicas deambulan, a pie o en bicicleta, yendo y viniendo desde algún sitio; solos o en grupos.;recorrimos despacio sus espaciosos caminos entre edificios impactantes y otros más modernos; observamos una clase en la que un profesor estaba sentado debajo de los árboles y todos los alumnos a su alrededor; procuramos entrar en la Facultad de Derecho, sin más posibilidades que las de una foto; y nos imaginamos a cada paso, que por allí habría andado Rodolfo Quinto durante el año de su doctorado. 

      Haber podido disfrutar de todo ese mundo, tan reconocido, además, por los permanentes éxitos y logros de todo tipo de sus egresados, para mí fue realmente un placer inolvidable. 

.....en Nueva York.....

     ¡ Que dificil poder elegir que es lo que más me gustó.!....porque todo allí es una maravilla, ya sea durante el más crudo invierno como durante la alegría desebordante de la primavera. Estuve allí dos veces, en cada una de esas estaciones, y en las dos oportunidades quede fascinado con tantos tipos de escenarios tan diferentes. 

     Se puede pasear -lárgamente- por ese remanso solitario o, al mismo tiempo, reunión de multitudes que es el Central Parq; o recorrer a pie -hacia uno u otro lado- esa maravilla de la ingenieria que es el puente de Brooklin; o quedarse pasmado ante el silencio respetuoso del Ground Cero, donde antes estaban las Torres Gemelas; o trepar a lo más alto del Empire State; o maravillarse con el edificio de la Estación Central de trenes; o recorrer sus diferentes barrios, cada cual con sus propias características; o escuchar un concierto al aire libre en la plaza Brian, al caer la tarde, o la música que te transporta del Gosspel un domingo por la mañana o la de viejos banjistas en su reunión anual en la plaza Washington

                                                                               
la locura en Time Square

    Es muy dificil y, sin embargo, algo habrá que elegir, y allá vá. Desde siempre, siendo chico, la imagen de la Navidad está asociada, aún en nuestro hemisferio, al frío y a la nieve, y tenía ganas, alguna vez, de pasar esa fiesta en Nueva York y con el típico frío de las postales.....y al cumplir los 70 lo festejé allá y fue maravilloso haber podido disfrutar de toda esa parafernaria que se arma en torno de esta fiesta, que desde luego se vive en la calle, en los negocios, en los templos, en los bares, y sobre todo en el Rockefeler Center donde se levanta un gigantesco árbol repleto de mil y una lamparitas de colores, mientras la nieve, en serio, no como el algodón que aquí usamos para imitarla, va cayendo silenciosa a su alrededor, en medio del cántico de villancicos y el sonar de una campanita a cada paso, que hace sonar un Papá Noel diferente en cada esquina. Una maravilla, y con eso me quedo.
                                                                   
Navidad en Nueva York

....en Washington.....

     Otra ciudad fascinante que le añade a sus encantos el de ser la sede de uno de los gobiernos más fuertes del mundo. Aquí me encantó la limpieza de sus calles, aun en sitios bastante concurridos como el frente de los jardines de la Casa Blanca o el inmenso edificio del Congreso; sus jardines, verdes y prolijos, que abundan de un lado y el otro del río Potomac que corre, también, manso y tranquilo; y hasta el orden silente de Arlington, ese famoso cementerio, que a decir verdad está en Virginia. No parece, realmente, una capital políica.

     Pero siempre he tenido una gran admiración por ese gran Presidente de los Es. Us., muerto trágicamente, que fue Abraham Lincoln, que soportó una guerra civil declarada por los Estados del Sur, para defender la reciente libertad otorgada a los esclavos. Le he admirado que era un hombre sencillo; autodidacta pero sabio; que sabía lo que quería para su país y lo llevaba adelante a pesar de todo lo que se le oponía; y porque fue un grande, necesariamente lo que más me gustó de esta ciudad fue el impactante Memorial construido en lo alto de una colina, para resguardar una impresionante estatua gigantesca de mármol, de ese tan interesante personaje.

                                                                   
                                                            En el Lincoln Memorial

.....en San Francisco.....

     Otro lugar inolvidable.....por su geografía de colinas "ciudadanas"......por su impresionante bahía cruzada por dos inmensos puentes colgantes.....por las playas con mar, tan cercanas......por la elegancia de sus barrios......por la edificación tan arriesgada en permanente desafío a los terremotos.....por su pasado hippy que aun se respira en algunos lugares.....sus plazas.....sus cafés.....su puerto.....en fin.....una ciudad inolvidable.

     ¿ Que fue lo que más me gustó? Andar en esos tranvías abiertos a la ciudad, subiendo y bajando colinas, apretujados de gente......pero muy....muy divertidos y además.....únicos. ¡ Un placer !!

                                                                       
Las calles de San Francisco


.....en el camino hacia el sur......

     Los Es. Us. es un país tan grande, casi un continente en sí mismo, que el trasladarse desde un sitio hacia el otro no es un simple trayecto.....se trata de un camino poblado de experiencias que se pueden llegar a constituir en un sitio individual, que merece un apartado especial en esta reunión de recuerdos. Así ocurre con el recorrido que nos lleva desde San Francisco hasta San Diego, junto a la costa oeste y pegados todo el tiempo al Pacífico.

     Allí se suceden poblaciones interesantísimas, nacidas bajo el señorío hispano o mexicano y a la sombra de las Misiones que fueron sembrando aquí y allá los frailes franciscanos, como Carmel, San Luis Obispo, Santa Bárbara, Ventura, etc., nos entregan, cada una sus particularidades, sus largos muelles que hunden sus viejas maderas en el mar, permitiéndonos adentrarnos en él hasta con los autos, sus barrios con casitas blancas y tejas rojas; sus montañas haciendo como de marco protector a todas ellas; y un buen tiempo permanente, quizás por la combinación perfecta entre el mar y la montaña.

     Aquí también tengo una preferencia, y es el camino costero denominado el Big Sur, unos cien kilómetros de carretera costera entre Carmel y San Simeón, que va siguiendo por distintos contornos de la costa, con curvas y contracurvas permanente, en lo alto de  acantilados que caen a pique hasta el mar. Creo que junto al camino de la costa amalfitana, entre Sorrento y Amalfi, al sur de Italia, no hay otra carretera con la belleza de esta, que nos obligaba cada tanto, a detenernos a contemplar el inmenso mar que se perdía allá lejos, en el horizonte, mientras un solo imperturbable descendía hasta esconderse en él. Fabuloso !

                                                                   
el Big Sur en la costa californiana


.....de Los Angeles......

      ¿ Cuantas ciudades hay en ese espacio que se llama Los Angeles? Es impactante....por un lado el centro financiero y algo más allá las playas de Santa Mónica......el Downtawn y cerca el Barrio Chino....la elegancia de Beverly Hills junto al glamour de Hollywood ......está todo.....pero cada cosa en su lugar, y además gente y más gente....circulando por calles, avenidas y rápidas autopistas conectando entre sí los distintos puntos de esa ciudad tan fascinante.

     ¿ Que elegir ? Creo que no hay nada igual que un paseo por Rodeo Drive......esa calle de no más de cuatro cuadras, pero de la elegancia más refinada.....tanto en el gusto de sus edificios comerciales, como en la vistosidad de sus vidrieras, la sofisticación de las mujeres que por allí pasean, el aroma del perfume que te dejan y ese permanente circular de los autos último modelo de las marcas más caras, en fin, es sentirse -uno- como dentro de una película galardonada con un Oscar y en la que en cualquier momento se nos aparecerán Harrison Ford o Julia Roberts.

                                                                                 
                                                                     en Rodeo Drive

.....en San Diego......

     Con lo que me gusta el mar y los barcos, creo que esta ciudad está hecha a mi medida. ¡ Que maravilla ! No por nada es la base naval de la flota estadounidense en el Pacifico, desde la destrucción de Pearl Harbour. Además es una ciudad que respira aires frescos, no solo los que vienen del mar, sino los que le imponen sus propios criterios de informalidad y de un vivir con mucha naturalidad, la libertad. Es un placer ver la tranquilidad que transmiten los que allí viven, que contagian al siempre ansioso turista, y lo bajan un poco a la tierra.

     Me encantó esta ciudad pegada al mar, y en donde los grandes navíos y acorazados nucleares conviven mansamente con pequeñas embarcaciones a vela o a motor, que se desplazan por los mismos lugares y sin entorpecerse unos a otros. Sin embargo, al momento de elegir un lugar, me inclino por el Hotel del Coronado, del siglo XIX, ubicado en el extremo norte de una larga península que lo hace aparecer como en una isla y al que se accede por medio de un largo puente.

   
                                                          Frente al Hotel del Coronado

     De impresionantes dimensiones y construcción de época, tiene grandes galerías y salida directa a la playa y el mar; amplios y confortables salones; y una particularidad histórica: allí fue en donde Edison instaló por vez primera en la araña del lobby central,  cientos de bombitas de luz eléctrica, que aun hoy en día iluminan el sector. Me he prometido volver y para allí.....vamos a ver si alguna vez se puede

.....en Puerto Vallarta.....

    En el oeste mejicano, sobre el mar Pacífico, se levanta este magnífico balneario, tipo o estilo "americano", con muchos hoteles en altura sobre la costa; otros grades edificios tomados por los "tiempos compartidos" (con los que uno se entusiasma y luego es un gran problema poderlos utilizar, porque quedan tan lejos!); y junto a ellos, un pueblito antiguo, de pescadores, con casas antiguas, blancas y frescas, comercios de antiguedades buenas junto a chucherías al paso, cantinas divertidas con números musicales muy alegres, los consabidos "mariachis" por todos lados, acariciando mis oídos con sonidos canturreados en de mi juventud; en fin, todo lo necesario para pasarlo muy bien

     El mar, quizás, es bastante templado a mi gusto, y un tanto calmo, pero esa calma me permitió recorrer las playas, el mar y el poblado desde arriba, en un paracaídas pero sujeto a una embarcación que avanzaba allá abajo, mientras yo disfrutaba de la paz y el silencio de los pájaros, admirando toda esa belleza desde el aire.

     Sin embargo no fue eso lo que más me gustó -aunque bien podría haber sido- sino una cercana playa a la cual se accede solamente desde el mar y que se llama Puerto Seguro. Se encuentra al final de una importante entrada angosta del mar,  conformada por sendos cerros o montañas bajas; de un azul -el mar- casi transparente; sin oleaje e ideal para nadar; con una playita espectacular, con algunas sombrillas de esas típicas de techitos de paja, con mesitas debajo como para poder disfrutar de una comida con mariscos recién sacados; en fin.....una verdadera fiesta para todos los sentidos, pero  sobre todo para la vista.

                                                                           
Puerto Seguro


....en la Riviera Maya.......

     Que está en el lado opuesto de país, sobre ese mar Caribe que baña toda la península de Yucatán, que a su vez es ese lugar tan emblemático en donde hace siglos se desarrolló una de las culturas más importantes de todas las establecidas en la América pre-hispana como fue la civilización maya, hoy nos encontramos con que todos esos paisajes en donde el mar casi llega a confundirse con la selva, se ha levantado un vasto paraíso turístico que en cada lugar tiene características  muy diferentes según como es que se quiera disfrutarlo.

     Por ejemplo Cancún  es el emblema más acabado de ese turismo de hoteles, altísimos, modernos y sofisticados, unos junto a otros, de frente al mar, tal como ocurre en Río, Miami o Panamá; luego está la zona de Playa del Cármen, un viejo pueblo de pescadores que poco a poco se ha ido transformando en una villa turística, pero de características constructivas distintas, con hoteles importantes pero que no crecen en altura sino más bien en extensión y diversas variedades de confort; y luego, algo más hacia el sur, se encuentra la zona de Tulúm, en donde se encuentran un gran pasado arqueológico con playas alusinantes, muy propicias para acampar o hacer camping. 

     Como se puede ver, para todos los gustos, lo que se repite en Cozumel, una isla que está enfrente, a la cual se llega en barquitos desde Playa del Cármen, y que geográficamente se pobló con anterioridad a los pueblos asentados en la península. Allí se encuentran entremezclados los hoteles "de alta gama".....los que son más familiares, y hacia el otro lado, junto al mar abierto, playas casi vírgenes, muy anchas e ideales para los deportes marítimos.

     Sin embargo, a pesar de todas esas bellezas naturales y sin ninguna duda muy atractivas desde lo turístico, por su clima tan estable y la tranquilidad del mar en sus orillas, yo a la hora de elegir me quedo con una pequeña isla, situada a pocas millas naúticas desde Cancún, exactamente en el límite entre el Mar Caribe y las aguas del Golfo de Méjico: me refiero a Cotoi

                                                                           
La isla Cotoi

     Se trata de una isla virgen, vale decir sin población estable,en donde solo pueden entrar -y regresar- 200 personas por día; un paraíso para miles de pájaros tropicales que pululan por todas partes y que con sus diferentes lenguajes, se van entremezclando hasta parecer como una orquesta de la naturaleza; sus playas son de arenas blanquísimas y el mar de un color turquesa claro, totalmente transparente y tranquilo, de esos en donde la profundidad recién se encuentra luego de caminar como 400 mts., mientras uno puede ver junto a sus pies, a pequeños pescaditos o algunos más grandes; rayas; cangregos y toda una fauna marítima variada pues se trata de un área totalmente protegida, en donde no se puede hacer fuego, encontrar agua, ni utilizar ningún producto contaminante. 

      Un verdadero paraíso, que además se puede recorrer por senderos que se van adentrando en un pequeño monte selvático hasta llegar hacia el otro lado, con las playas abiertas al mar Caribe, de aguas más movidas y frescas. Realmente  maravilloso!  

.....de Méjico DF......

     ¡ Que ciudad más contradictoria ! ¡ Cuantas facetas diferentes tiene! Reconozco que casi no puedo hablar de ella porque apenas me he encontrado allí de paso, un par de veces y  durante muy pocas horas, a punto que se trata de uno de los sitios a los cuales me gustaría regresar con más tiempo, para poder disfrutarla bien. Por ello es que el recuerdo de la pincelada que tengo de la ciudad es más bien del centro, y en particular del centro histórico vecino al Zócalo por donde anduvimos en una breve excursión.

     Ese recuerdo es el de una ciudad antigua, con mezcla arquitectónica entre hispana y colonial, con casas más bien bajas, de no más de una planta, con balcones y puertas estrechas, de ventanas ocultas tras pesados cortinados; desde luego que paseamos por grandes y prolijas avenidas, inundadas de tránsito, y nos maravillamos con esos inmensos monumentos que son la imponente Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, más esa enorme y concurrida Plaza de la Constitución en donde se mezclan elegantes profesionales con rumbo a sus lugares de trabajo; vendedores ambulantes; niños escolares disfrutando de una "salida didáctica"; banderas mejicanas por doquier; canciones que llegan uno no sabe desde donde; etc.
una verdadera y bulliciosa fiesta.

                                                                         
                                                                           El Zócalo

   
     ¿ Que me gustó más? Bueno, de esa muy breve visita lo que más me gustó fue un almuerzo, sentados a la mesa en un balcón de un edificio en altura y con frente al Zócalo, desde donde teníamos una vista muy parecida a la de la foto que está aquí arriba; distendidos; con muy buena atención y el sonido -en vivo- de mariachis que acompañaban a media docena de bailarines con sus atuendos típicos; más una comida exquisita y, claro está, bastante picantona. Fue nuestro debút en Méjico y desde luego todo nos resultaba fascinante; quizás es por eso que ese recuerdo se me ha quedado tan fresco en mi memoria. ¡ Pero volveremos ! !

No hay comentarios:

Publicar un comentario